Nájylla Duenas Nascimento, de 34 años, murió asesinada la tarde del pasado lunes en la localidad de Campinas, en el estado brasileño de San Pablo.
El crimen fue cometido en el mismo día de la boda de la mujer, celebrada apenas horas antes, y en medio de la fiesta de celebración del enlace. El matador fue Daniel Barbosa Marinho, de 55 años, y su flamante esposo.
Según informaron medios locales, durante la fiesta se produjo una fuerte discusión entre ambos. En medio de la disputa, el hombre tomó su arma de reglamento —es guardia municipal— y efectuó varios disparos contra la mujer. Luego salió momentáneamente del lugar, al que regresó para efectuar nuevos disparos contra su nueva esposa.
Los tres hijos de Nájylla —un varón de 15 años y dos niñas de 12 y 8 años, frutos de una relación anterior— estaban en la fiesta y presenciaron el crimen. La mujer fue asistida por paramédicos y trasladada a un hospital, pero no sobrevivió a sus heridas.
El oficial de la Policía Militar responsable de aislar la escena del crimen declaró que la mujer presentaba tres heridas de bala en la zona del pecho, dos en el antebrazo izquierdo y una en el dedo meñique de la mano derecha.
En el lugar de los hechos se incautaron 11 casquillos percutidos, tres cartuchos intactos y cuatro proyectiles deformados. Según el uniformado, los cartuchos intactos podrían indicar fallos de funcionamiento en el arma.
La madre de la víctima, Rosilaine Alves Duenas, de 49 años, declaró que el guardia tenía antecedentes de violencia cuando bebía. Según ella, ya le había advertido a su hija sobre las agresiones, pero Nájylla estaba enamorada y decidió casarse. La ceremonia tuvo lugar en el registro civil en la mañana y, en la noche, se hizo la fiesta que terminó en tragedia.
El agresor, que forma parte de la Policía Municipal desde hace 22 años, se entregó horas después de cometer el crimen y quedó a disposición de la Justicia.
Ahora podría afrontar cargos de feminicidio con agravantes, ya que el hecho de que regresara para seguir disparando no dejaría dudas acerca de su premeditación y alevosía. También el uso de su arma de reglamento para perpetrar una agresión mortal se sumaría a la lista.
Por todo ello, podría recibir penas de entre 20 y 40 años de prisión.