El insólito caso ocurrió en la región española de Cataluña, según informa el periódico El Mundo.
La crónica cuenta el caso de una mujer que denunció a su excompañero por hechos de violencia contra ella. Durante el proceso, se quedó sin el amparo de la Ley de Violencia Machista porque su novió cambió de género.
Debido a esa modificación de identidad, os golpes, insultos y agresiones que ella denunció el pasado 15 de agosto se tramitan como violencia doméstica, “una parcela mucho menos garantista (por razones lógicas) con los espacios de protección de las mujeres”, detalla el informe.
Por ejemplo, la denunciante ya no puede pedir una orden de restricción, ya quela Justicia considera que ya no hay una situación de abuso machista, sino un conflicto familiar como el que puede haber entre dos hermanos que se llevan mal.
Además, se ve obligada interactuar con su ex: ambos conviven en la misma casa, porque la escasa pensión que percibe la denunciante le impide marcharse.
El noviazgo comenzó en 2011, cuando ambos ya superaban los 50 años y habían tenido otras relaciones de pareja. La denunciante cuenta que en el año 202 su compañero empezó a cambiar.
“Quería ponerse ropa interior femenina en momentos íntimos. Pensé que podía ser fetichismo pero después me decía que se sentía mujer y me pidió permiso para hormonarse. Nunca ha querido cambiar de sexo”, asegura, y agrega que en ese momento decidió terminar la relación.
“Le dije que si él quería ese camino, yo le acompañaría pero como amiga, nunca como pareja porque soy heterosexual”, recuerda. Su compañero no tomó a bien la respuesta y allí comenzó la violencia, que la obligó a dormir en una habitación aparte y con candado en la puerta.
“Cada vez que me duchaba, se metía en la bañera y me toqueteaba, al igual que por la noche, cuando creía que yo estaba dormida, se metía en la cama para tocarme”, relata
La situación llegó a un punto de no retorno el pasado 15 de agosto cuando la denunciante llegó a su casa tras pasar la tarde cuidando de sus nietos. El candado de su habitación estaba forzado todas sus pertenencias revueltas y en desorden. Cuando confronto a su compañero, surgió la violencia física. “Después de decirme 'a callar, coño', empezó a darme empujones, golpes, me intentó quitar el móvil. Yo tenía sangre y arañazos”, rememora.
Consciente de que cuando una mujer es víctima de violencia machista hay derechos que se despliegan, fue al hospital para hacer un parte de lesiones para luego proceder con la denuncia.
Sin embargo, la policía no pudo registrar la denuncia bajo la caratula de violencia machista, porque el agresor se cambiado de género cinco meses antes, en marzo. “Cuando me senté delante del agente me comunicó con sorpresa que mi ex pareja tenía, ahora, nombre de mujer a efectos oficiales”, explicó la mujer.
Según la documentación consultada por el citado medio, el denunciado pasó a tener nombre femenino el pasado 28 de marzo en el Registro Civil tras haberlo solicitado un mes antes. En aquella primera visita, presentó el correspondiente peritaje psicológico que acreditaba que llevaba dos años con la intención de modificar su género y con los informes que demostraban que estaba hormonándose.
Con una copia de la nota registral, cambió toda su documentación, algo sobre lo que no informó a nadie de su entorno. Antes de que comenzaran los problemas entre ellos tras la decisión de cambiar de género, la denunciante concertó para su compañero una cita en el Servicio Público de Salud catalán.
“Era una psiquiatra experta en transexualidad. Tras la terapia, vino enfadado porque la médico puso que tenía tendencias al travestismo y no rasgos transexuales”, refirió
Además de la agresión antes descrita, en ese mismo mes de agosto se produjeron otros incidentes. “Me dejó fuera del apartamento más de cinco horas. Tuvo que venir la policía y tampoco quería abrir. Cuando lo hizo, los agentes vieron a un hombre vestido de hombre, pero no pudieron actuar”, contó.
En este proceso, Carmen está representada por una abogada y una asesora jurídica Nuria González, ambas connotadas activistas feministas.