Holandés cruzó un océano por amor, llama hogar a Colonia y conquista las redes sociales
El neerlandés siguió a su esposa uruguaya Fiorella a Uruguay y hoy muestra su vida a sus más de siete mil seguidores en Instagram.
Por Avril Andrés
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No es Haaland, pero se le parece. Y eso, en Colonia del Sacramento, ya es suficiente para que los niños le pidan fotos en el shopping. Peter Deen tiene 36 años, nació en Opmeer, un pueblo del norte de los Países Bajos, y desde febrero de este año vive en Uruguay.
Llegó siguiendo a su esposa, la uruguaya Fiorella Bergamasco (33), a quien conoció en Holanda, con quien convivió en Ámsterdam y con quien se casó en un castillo en Toledo, España. Hoy graban videos juntos para Instagram; él, en ocasiones, habla en un español inventado que le encanta a sus seguidores, y los dos afirman que se van a quedar para siempre en Uruguay.
La cuenta @holandesenuruguay nació a principios de julio de este año, tiene menos de 30 publicaciones y ya supera los siete mil seguidores. En ella, Peter mezcla humor, asombro cultural y las pequeñas revelaciones de alguien que descubre un país desde adentro. Fiorella está detrás de cámara. Los dos trabajan de forma remota y dicen que el proyecto nació para no caer en el piloto automático que, según cuentan, los amenazaba al llegar.
EL PRINCIPIO
Fiorella llegó a los Países Bajos en 2019. Había trabajado desde 2017 en Uruguay para una multinacional de logística y pidió transferirse a las oficinas europeas. En 2021, en plena pandemia, conoció a Peter. Ella vivía en el sur de Holanda; él, en el norte. A los seis meses decidieron mudarse juntos a Ámsterdam porque, como recuerda Fiorella, quedaba “en la mitad”.
“En cuanto la conocí, al muy poco tiempo ya supe que era la indicada”, afirma Peter a Montevideo Portal. Y agrega: “Para mí, desde la primera vez que nos conocimos, sentí algo especial; la forma en que ella me hablaba me hizo pensar: ‘Necesito mantener a esta persona en mi vida’”.
Fiorella lo describe con la misma intensidad: “Todo sucedió muy rápido, nos enamoramos enseguida. A los seis meses ya vivíamos juntos y nos casamos un par de años después; fue realmente una historia romántica. Lo que más me gusta de él es su amabilidad; tiene un corazón hermoso y muy auténtico”. Y recuerda que en sus votos, él le dijo: “Cruzaría un océano por ti”.
LA BODA DE PELÍCULA
En 2023, Peter le propuso matrimonio en Ámsterdam, rodeado de amigos uruguayos que habían viajado para estar presentes. La boda fue en Toledo, España, en un castillo. Ciento cincuenta personas viajaron desde Uruguay, los Países Bajos y distintos países de Europa.
“La boda fue el día más mágico de mi vida”, afirmó Peter. “Tuvimos una boda de príncipes y princesas, de película. Hubo discursos emotivos, banda en vivo que tocó canciones uruguayas en la recepción, fuegos artificiales y, lo más importante, toda la gente que fue con su energía y el amor que nos transmitieron ese día”.
Para él, el lugar era lo de menos: "Más allá del sitio, que era precioso, creo que la gente es la que realmente hace el sitio. Fue una mezcla de personas de los Países Bajos y de Uruguay; todo fue muy sincero: los votos, la gente... fue maravilloso”.
Foto: Gentileza de Peter Davus y Fiorella Bergamasco
Foto: Gentileza de Peter Davus y Fiorella Bergamasco
DESTINO URUGUAY
En febrero de este año dejaron Ámsterdam. El plan, conversado a lo largo de la relación, siempre fue ese: vivir unos años en Europa, viajar y mudarse a Uruguay cuando llegara el momento de formar una familia. Ese momento llegó.
“Nos mudamos en febrero; vamos a dedicar este año a mi integración en el país, aprender el idioma y luego queremos empezar a buscar formar nuestra familia”, explica Peter.
Fiorella, que vivió siete años en Holanda, lo pone en estos términos: “El primer año es pura aventura, y me encanta que la gente se vaya al extranjero; realmente hace falta salir para vivir esa experiencia y valorar de verdad tu propio país. Pero después de siete años fuera, empezás a pensar en dónde querés criar a tu familia, dónde querés tener hijos, y ambos coincidimos en que Uruguay era el mejor lugar para hacerlo”.
Los primeros cuatro meses en el país estuvieron ocupados por trámites migratorios, buscar dónde vivir y comprar muebles. Fue recién a principios de julio que abrieron la cuenta de Instagram, en parte, para salir del piloto automático.
“Nos dimos cuenta de que prácticamente nos teletransportábamos de un sitio a otro”, dice Fiorella, y agrega: “Así que buscamos una forma de motivarnos para integrar realmente a Peter y practicar español; empezamos esto como una actividad divertida para hacer en pareja”.
EL VIKINGO DE LOS PAÍSES BAJOS
El parecido de Peter con Erling Haaland, el delantero noruego del Manchester City, no es menor. Alto, rubio, fornido. En Colonia lo apodaron el Vikingo antes de que existiera su cuenta de Instagram.
“Es una ciudad pequeña donde prácticamente todos se conocen”, relata Fiorella, “así que le preguntaban a mi madre: ‘¿Ah, y dónde está el Vikingo?’”.
El episodio del shopping fue el detonante del nombre de la cuenta. “Unos niños pequeños lo confundían con Haaland; les pedían a sus padres que les tomaran fotos pensando que era él, y él reaccionaba diciendo: ‘Vale, sí, si eso es lo que quieren’”, relata Fiorella. Peter lo confirma entre risas: “Fue muy divertido”.
El apodo no es nuevo. “Mis amigos me llaman el Vikingo de los Países Bajos”, confiesa Peter.
La combinación de físico nórdico, vincularse a un apellido futbolístico y la tierra rioplatense resultó ser una fórmula difícil de resistir en redes.
EL CHOQUE CULTURAL
Peter trabaja de forma remota como fisioterapeuta, coach de nutrición y estilo de vida para una empresa holandesa. Su jornada va de las 7:00 a las 16:00 horas. Después, sale a correr por la rambla de Colonia o va al gimnasio con Fiorella. Casi todas las semanas tiene un asado o comida con amigos.
Y ahí está, quizá, la diferencia cultural que más lo sorprendió: la espontaneidad uruguaya frente a la agenda estricta holandesa.
“En los Países Bajos, la gente siempre se rige por su agenda y vive ocupada, mientras que en Uruguay se vive el momento”, explica, y agrega: “También está el ‘tranqui’: aquí todo es muy relajado. Si en los Países Bajos planeamos todo con demasiada anticipación —una cena con amigos o incluso tiempo con familiares se programa un mes antes—, acá, en Uruguay, siempre alguien me dice ‘che, ¿querés venir a un asado?’ y yo voy. Me encanta eso, vivir en el presente”.
Fiorella aporta otro choque cultural para ella, vivido en sentido inverso por estar casada con Peter: “En Uruguay cenamos a las 21:00 o 22:00 horas, mientras que allí [Países Bajos] comen a las 17:00 o 18:00. Así que planear una cena era una locura; yo pensaba: ‘¡Pero si esto para mí es una merienda!’”. Después de siete años de negociación conyugal, encontraron un punto medio: cenar entre las 19:00 y las 20:00. “Nos saltamos la merienda”, cuentan entre risas.
En tanto, el idioma sigue siendo el mayor desafío. Peter tiene clases de español dos veces por semana y practica con su entorno. Fiorella lo define con ternura: “Si no sabe, simplemente se lo inventa y eso resulta divertidísimo. Acaba siendo una especie de interpretación propia del español”. Peter lo acepta: “La barrera del idioma es el mayor obstáculo, pero lo estoy intentando y dando lo mejor de mí; además, recibo muchos comentarios en Instagram para mejorar”.
URUGUAY COMO HOGAR
Lo que más repite Peter cuando habla de Uruguay es el calor de la gente. Recuerda haber llegado en febrero con diez maletas y que alguien, espontáneamente, se ofreció a ayudarlo a llevarlas. “Yo pensaba: ‘¿Quién sos? Pero bueno’, simplemente me ayudaron; es algo típico y normal en Uruguay. Eso no es algo habitual en los Países Bajos, y me parece precioso”.
Fiorella dice que fue a través de los ojos de su marido que redescubrió cosas que ella ya tenía incorporadas: “Decimos todo el tiempo ‘cualquier cosa, a las órdenes’, y para él es superchocante que alguien le ofrezca ayuda así nomás. Fuimos a la feria y le ofrecieron una torta gratis”.
Para ella, eso se convirtió en orgullo: “Me emociona y me parece un orgullo ser uruguaya. Me da mucho orgullo que tratemos a alguien extranjero que no habla el idioma, que lo traten con tanta amabilidad”.
La comunidad que se fue formando alrededor de @holandesenuruguay los sorprendió a los dos. “Intento responder a todos los comentarios, pero es tanto que apenas puedo asimilar tanto cariño; es algo precioso”, dice Peter.
“Para mí Uruguay hoy significa hogar, y eso lo es todo. Lo es gracias a la gente que me ha dado la bienvenida, a cada persona que me hizo un lindo comentario de aliento para mejorar mi español, a todos los que me invitaron a asados con sus amigos haciéndome sentir uno más. Uruguay tiene unos valores muy lindos y quiero absorberlos y que pasen a nuestros futuros hijos también”.
El plan, dicen los dos, es quedarse. “Siempre; por ahora, es ‘siempre’”, dice Peter. Fiorella lo mira y responde: “Para mí también. Me quedaré aquí contigo”. Y se ríen.
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