Hogue y la pasión de un niño que encontró su camino: “Vivir del reconocimiento paraliza”
A los 73 años, repasó su carrera, el salto del banco al arte, el infarto que sufrió y el premio internacional que recibió en Portugal.
Por Agustín Bassini
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Horacio Guerriero, más conocido como Hogue, nació en Trinidad en 1953 y comenzó a firmar con ese seudónimo en 1978, cuando empezó a trabajar profesionalmente en el diario El Día. Desde entonces, su trayectoria atravesó la caricatura política, el dibujo, la publicidad, el diseño gráfico, la docencia y una obra personal e introspectiva que continúa desarrollando.
A sus 73 años, Hogue no parece demasiado interesado en mirar hacia atrás. Prefiere pensar en lo que viene: cada diciembre se pregunta cuál será su próximo proyecto y, hasta ahora, siempre encuentra uno.
En diálogo con Montevideo Portal, habló de sus comienzos, de las decisiones que tomó para dedicarse al arte, de los riesgos de abandonar la seguridad de un empleo estable, del infarto que sufrió hace una década y del reconocimiento internacional que recibió este año en Portugal.
Horacio y Hogue
¿Quién es Horacio Guerriero cuando no está dibujando?
La pregunta, para él, no tiene una respuesta sencilla.
“Es difícil eso, porque yo me siento integrado al dibujo desde siempre. Entonces es dificilísimo catalogar al otro cuando en realidad es el mismo”, explica.
La diferencia está, en realidad, en una fecha. “Horacio es el que nació en Trinidad en el año 1953 y Hogue es el que nace en el año 1978, cuando empieza a trabajar como profesional en el diario El Día. Después es el mismo, no hay diferencia”, comenta.
El dibujo, cuenta, apareció desde muy temprano. Y junto con él, otra pasión que tampoco lo abandonó: el fútbol.
“Yo creo que para el amor no hay mucha explicación. El amor, en general, me parece que es algo que no se explica, se siente. Es una pasión importante que tengo desde muy chico y que afortunadamente no ha aflojado nada”, afirmó.
El interés por la caricatura llegó algunos años después. Tenía ocho o nueve años cuando comenzó a mirar en el diario La Mañana los trabajos de Leonardo Galeandro, reconocido caricaturista. “Ahí surge el interés por la caricatura, la curiosidad por saber cómo se hace; las copiaba todo el tiempo”, recuerda.
Con el tiempo, aquella curiosidad infantil se transformó en profesión. Durante la dictadura trabajó especialmente en caricatura deportiva y, luego, en el suplemento semanal de El Día, en el cual abordó temas políticos internacionales, culturales y deportivos. Pero su incursión más formal en la caricatura política nacional llegó en los años noventa, cuando comenzó a trabajar en El Observador.
“Ahí empecé a trabajar más formalmente en la caricatura política, pero nunca dejé de hacer caricaturas en otras áreas: editorial, cultural, deportiva. La caricatura política siempre me interesó, analizar la política desde otro lugar”, comenta.
Mucho antes de convertirse en Hogue, Guerriero tenía otro trabajo. Era bancario y vivía en Durazno. Sin embargo, tenía bastante claro hacia dónde quería ir.
“Yo quiero ser publicista y caricaturista”, le decía a Yolanda, su tía, mientras estaba lejos de aquel objetivo.
Era la década del setenta y, desde aquella situación, la idea parecía una utopía. Pero el camino comenzó a abrirse cuando pudo trasladarse a Montevideo y trabajar en el Banco República, dentro del área de Relaciones Públicas.
Allí aprendió sobre originales para prensa y comunicación. Después llegó la publicidad. Y para dedicarse de lleno a lo que quería, tuvo que tomar una decisión que en aquel momento muchos a su alrededor consideraron una locura: renunciar al banco. “Amigos y familia me decían: ‘¿Pero cómo vas a renunciar al banco? Salario vacacional, el aguinaldo, las ventajas, trabajar cinco días’. En realidad no me interesaba eso, me interesaba otra cosa”.
El dibujo como forma de vida
En paralelo a la caricatura y la publicidad, Hogue desarrolló una obra personal que, según explica, nace desde otro lugar.
“Apenas vine, empecé a concurrir a los talleres de Clever Lara y, a partir de ahí, empecé a desarrollar una obra personal que no tenía nada que ver ni con la caricatura ni con la publicidad. Esa que sale de las vísceras, eso que no está condicionado por nada, la que sigo desarrollando hasta el día de hoy”.
Esa posibilidad de vivir de aquello que disfruta es, para él, uno de los mayores privilegios que puede tener una persona. “No debe haber algo más importante para un ser humano que trabajar y vivir de lo que le gusta hacer”. Pero no lo presenta como un camino sencillo. La creatividad puede dar satisfacción, pero también exige asumir incertidumbres.
“En un mundo donde la presión es tan grande, donde hay muchas personas que tienen que trabajar en lugares incómodos o que no les satisface, tener la chance de hacer lo que te gusta, y si además el gran paraguas de ese tema es la creatividad, es maravilloso”, comentó.
Para él, crear no es solamente una profesión. “Se trata de poder desarrollar el acto creativo, cualquier acto que tenga que ver con las ideas y con la creatividad. Me ha servido, me ha ayudado económicamente, me da felicidad, me da paz”, dijo.
Hogue también habló sobre los cambios de trabajo, de los riesgos y sobre su salud.
“Yo tuve un infarto y aquí estoy sobreviviendo”, “Hay cosas que no dependen de uno”, agregó. Lo que sí depende de él, dice, es seguir haciendo.
Hace años que tiene una dinámica: llega diciembre y comienza a pensar cuál será el proyecto del año siguiente.
“Siempre tengo un proyecto, y no necesariamente es un proyecto que lucre en lo económico”. En 2025 publicó Bichos políticos, un libro de caricaturas sobre los 40 años de democracia ininterrumpida en Uruguay. En 2024 expuso su obra personal en México y Estados Unidos, en Miami y Nueva York. También pasó por el Museo Zorrilla y la UTU, ilustró un libro que obtuvo el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil del MEC y, este año, volvió a ser reconocido fuera del país.
“Esa es mi vida. Hago cosas, pienso cosas y las ejecuto. Después, si funcionan o no, no sé, pero no me quedo con las ganas ni con la sensación de que podría haber participado”.
El tomatazo que llegó a Portugal
El reconocimiento internacional llegó este año en Portugal, en un concurso organizado por Lisboa Cultura y Egeac. Participaron 66 países y más de 3.000 diseños.
La propuesta, a la que llamó El tomatazo, estaba vinculada a las tradicionales sardinas de las festividades de junio en Lisboa. Hogue decidió llevar una idea diferente: un tomate explotando.
“Este año estoy haciendo una obra nueva para una muestra que voy a hacer el año que viene acá en Uruguay”, comentó.
Así nació El tomatazo: la silueta entregada por el concurso era la de una sardina, y Hogue transformó el tomate en parte de su cuerpo: la zona central se convirtió en la cabeza y las semillas y fragmentos de tomate completaron la figura.
La idea también tenía un componente histórico y cultural. Hogue tomó como referencia la tradición de arrojar tomates contra los escenarios cuando un espectáculo no era del agrado del público.
“Yo argumentaba que todas esas personas que tiraban el tomate se perdían la delicia, el sabor de lo que es el tomate dentro de la dieta mediterránea”, comentó.
El trabajo obtuvo uno de los cinco premios del concurso y tuvo una amplia difusión en Portugal, donde las sardinas forman parte de la identidad visual de las celebraciones de junio.
El premio fue importante, pero Hogue tampoco parece dispuesto a quedarse demasiado tiempo celebrándolo. “El reconocimiento empieza y termina ahí”, describe.
Agradece el reconocimiento y especialmente el apoyo que recibió de la Embajada de Uruguay en Portugal, pero entiende que los premios deben ocupar un lugar concreto y no convertirse en el centro de la vida profesional.
“No se puede vivir del reconocimiento todo el tiempo porque es paralizante”.
Por eso ya está trabajando en otra cosa: una nueva obra para una exposición que proyecta realizar en Uruguay el próximo año.
Tampoco es demasiado amigo de la nostalgia. Cuando se le pregunta si alguna vez se detiene a mirar todo lo que hizo, responde con una sonrisa conceptual: solamente cuando necesita actualizar su currículum.
Y quizás ahí esté una de las claves para entender a Hogue: después de casi cinco décadas de carrera, sigue teniendo la misma preocupación que cuando era aquel joven bancario que miraba desde lejos a Montevideo y pensaba que quería ser publicista y caricaturista.
No quedarse con las ganas.
Por Agustín Bassini
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