En su relato El misterio de los tres sobretodos, Roberto Arlt presenta el modo en el que una joven resuelve el enigma de los misteriosos robos ocurridos en la tienda donde trabaja, y cuyo importe es descontado del sueldo del personal.
Cuando todos los cacheos y revisiones de pertenencias resultan estériles, la joven, llamada Ernestina, tiene una siniestra, pero original inspiración: recuerda que el ladrón también arrasa con las medialunas que sus compañeros a veces dejan en sus escritorios. Así, una noche, al momento del cierre, decide dejar un regalo mortal.
Al día siguiente, la verdad sale a la luz de un modo terrible: encuentran muerto al sereno del lugar, un hombre al que le faltaba una pierna. En ese momento, descubren que usaba una prótesis hueca para cometer sus fechorías.
Si el amable lector ha soportado esta gratuita introducción literaria, descubrirá que posee dos fines válidos. El primero es recomendar una pieza narrativa de calidad, y el segundo es trazar un símil con un caso real —aunque más prosaico que el de Arlt— ocurrido en las últimas horas en la localidad brasileña de Bataguassu, un sitio que —apostando por la estadística— probablemente el amable lector no conozca.
En la mañana del pasado domingo, la Policía Civil de Brasil arrestó allí a un hombre de 62 años, quien tiempo atrás sufrió un accidente cerebrovascular que afectó drásticamente su movilidad.
Ante los agentes, el sexagenario reconoció ser el responsable de la muerte de un joven de 22 años, quien había sido encontrado muerto apenas una hora antes.
Según informara CNN Brasil, el hombre dijo que ya no sabía cómo librarse de las “reiteradas amenazas, invasiones y robos” que venía sufriendo de parte del joven. Por ello decidió —al igual que Ernestina— dejarle un regalo mortal. Menos refinado que el personaje de Arlt, el anciano preparó un refuerzo de mortadela envenenado con chumbinho, un raticida artesanal e ilegal, y luego esperó.
El autor del hecho fue detenido en flagrancia por la práctica de homicidio calificado mediante el uso de veneno, delito previsto en el artículo 121, inciso 2, fracción III, del Código Penal brasileño.
El occiso era conocido por la policía por su consumo problemático de drogas y por su participación en varios robos en la región; incluso fue indagado como sospechoso de robar cables de electricidad de postes de alumbrado público del municipio.