Entrevistas
"Si lo escuchaba, explotaba la radio"

Hablando con Alberto Sonsol... sobre algo más que el incidente con el presidente de Peñarol

Hablando con Alberto Sonsol... sobre algo más que el incidente con Juan Pedro Damiani, el presidente de Peñarol. Por Ana Jerozolimski.
08.12.2014 21:22
2014-12-08T21:22:00

A Alberto Sonsol lo conocimos hace varias décadas, cuando no era una figura identificada con el periodismo deportivo nacional, sino uno de los líderes en Macabi Tzair, un movimiento juvenil en la colectividad judía uruguaya. Mucha agua corrió bajo el puente desde entonces. Hoy está identificado con radio y televisión, con Canal 10.

Hincha de Peñarol, aunque como periodista no tiene reparos en gritar goles de Nacional. Recientemente, protagonizó un incidente con el presidente de Peñarol Juan Pedro Damiani, quien tras una fuerte entrevista que le realizó Sonsol y sin saber que estaba saliendo aún al aire, con micrófono abierto se refirió a él como "judío de m..."

Sobre eso y mucho más es esta entrevista.

Para muchos lectores, Alberto Sonsol es el periodista deportivo de radio y televisión. Para mí, Alberto Sonsol es uno de los líderes del movimiento juvenil Macabi y estrella en un festival de la canción... Me parece que te veo cantando la canción israelí "Goliat", de un conjunto en aquel momento muy famoso, y estoy hablando, claro, de hace más de 35 años... Pero hoy no hay quien no te identifique con el periodismo deportivo, ¿no?
Sí, lo que pasa es que todos nos vamos nutriendo de cosas a lo largo de la vida. Todos pasamos por dificultades, vicisitudes, tomamos decisiones, a veces erradas, a veces bien... ¡Y es la vida!
Me acuerdo en Macabi que teníamos un conjunto con un grupo de amigos que cantábamos todas las canciones de Sipurei Poogy del conjunto israelí Kaveret. Todo eso te nutre. Lo que uno vivía en esos años en el movimiento juvenil son grandes vivencias que quedan para siempre. Yo no tengo universidad y no tengo profesión, pero he vivido cosas que me han marcado.

DOS MUNDOS

Te cuento que yo nací en Minas y Cebollatí, en el barrio Palermo, el barrio de los negros. Dicen que soy el único rubio que toca el tambor. Y yo iba de mañana a la Escuela Mizraji, que era absolutamente hebrea, religiosa, y de tarde a la escuela del barrio, Aurelia Viera, que de mañana se llamaba Suecia. Yo hacía mis cumpleaños de chico y venían "los de la cole" y también los del barrio, y para mí era lo más normal. Me acuerdo de estar en Hebraica y salir corriendo del country con mi padre -que me llevaba a la cancha de Olimpia a jugar al básquetbol, porque yo jugaba en Atenas- y pasaba de un mundo a otro en cuestión de minutos. Todo eso me parece que se suma y hoy creo que la gente cuando yo estoy al aire de alguna manera lo percibe. De cada mundo aprendí algo.

¿Qué te dejó el mundo del barrio Palermo?
La calle, los amigos, la formación, la competencia. Creo que en Uruguay el barrio es una vivencia que no se da en muchos países del mundo.

¿Quedaste en contacto con alguien del barrio?
Más que nada con compañeros que jugaron conmigo al básquetbol en Atenas, que cada tanto se reúnen y me llaman. Me veo con muchos. Los sentimientos yo no los negocio, son como son, hasta el día de hoy. Yo estoy relatando básquetbol y me dicen "ganó Atenas" o "perdió Atenas", y yo siento una cosa que no se puede transmitir en palabras. Como digo yo: música para los oídos cuando gana Atenas.

Y todo el mundo sabe que vos sos hincha de Atenas.
Soy confeso, totalmente. Lo he dicho desde los primeros días. Si vos te metés en el periodismo deportivo, de fútbol o de básquetbol, primero fuiste hincha, o ibas al fútbol o ibas al básquetbol. Intentaste jugarlo bien o mal, y si lo jugaste bien, divino, y si lo jugaste mal, ahí viene "la bifurcación", como le digo yo. Si lo jugaste mal y te gusta mucho, sos periodista deportivo, juez, dirigente o te quedás en hincha. Todos tenemos un origen.

ISRAEL Y LA DECISIÓN CLAVE

El periodismo deportivo es hoy el mundo con el que se te identifica. ¿Cómo llegaste a esto? Habría que empezar quizás contando que a los 27 años trataste la opción de vivir en Israel...
Así es. Yo estaba acá, no daba pie con bola, quería estudiar y en aquella época no era tan fácil. Quería hacer Odontología y no prosperó porque había que esperar para anotarse. Empecé a trabajar y como que no embocaba... Y decidí probar. Cuando me enfoco en algo, va toda la energía para ahí, puede salir bien o mal. Si sale mal, sale mal, si sale bien, sale muy bien. Y bueno, me fui a Israel en enero de 1984 y trabajé de todo, pero veía que no avanzaba. Un día, trabajando en el restorán El Gaucho en Tel Aviv, recuerdo que empecé a hablar solo: "Esto no es para vos, vos estás para otra cosa, ¿qué te gusta, qué pagarías por hacer?", y dije: "Periodismo deportivo". Me dije: "No hay nada más en el mundo que te guste más que eso. Tenés que irte, acá no dominás el ambiente, tu lengua madre no es el hebreo, lo tuyo es Uruguay". Salí de ahí, laburé y al otro día les dije a mis amigos: "Me voy a Uruguay a hacer periodismo deportivo". Te imaginás las cosas que me dijeron, como buenos uruguayos: "Sos un nabo, ¿quién te creés que sos? ¿No ves que llega uno en mil?". Y me vine, y hoy, 30 años después, muchos de los que estaban allá ahora están acá y a veces me miran y se golpean el pecho, porque ellos saben cómo fue.

 Ahora, el éxito. Primero porque hacés algo que te gusta, como dijiste, nada te gusta más que eso. Pero aparte, ser hoy tan conocido, famoso en tu ámbito, eso también es considerado parte del éxito inevitablemente, ¿verdad?
Yo creo que hay una diferencia entre ser público y ser popular. Al público lo eligen, el popular se lo gana.

 ¿Te sentís popular?
Sí, pero ni más ni menos que otros. Me doy cuenta saliendo a la calle, pero ni más ni menos que otros. La gente te saluda, te pide una foto.

Una cosa es que te identifique, como vos dijiste, pero otra cosa es ser popular.
Sí, como que sea importante para la gente lo que vos decís. Puedo contar cosas que me han pasado relatando en radio, donde por supuesto la gente no ve el partido y vos decís: "Fue foul", y el tipo viene y después me dice: "Si vos dijiste que fue foul, para mí no hay lo qué ver". Y les digo: "No, pero yo le puedo errar". Y me dicen: "No, a mí... [me alcanza]". Eso tiene un peso. Vos estás jugando con las emociones de la gente, eso es...

Acá lo sufre y lo goza tanto el gerente del banco como el portero, el albañil como el arquitecto, ¿entendés que no hay escalafón? Yo he visto en el palco oficial los peores líos y es gente que la veo durante el día y no se puede creer. Empresarios, profesionales, gerentes de bancos, y se remangan y se enloquecen. Porque la gente piensa que los líos son en las zonas más populares y son en el palco oficial, donde están las principales figuras del país.

¿Qué es lo que hace el fútbol?
Transforma... el básquetbol también. Uno habla de Sudamérica, pero mirá que ahora en España mataron a uno, en Madrid mataron a uno... y no son hinchas... Y pasa por algo como "acá soy yo y que vengan los que vengan". Al jefe no se lo decís porque te quedás sin laburo, a tu mujer no se lo decís porque te quedás sin matrimonio, entonces pasa ahí. Perdón: y todo eso con el efecto dominó de que te calentás vos y se calienta el de al lado, y ya son 20, son 50, son 500 y ya no lo parás más. Lo he visto permanentemente.

EL INCIDENTE DAMIANI

Hablando de "calentarse": debe ser bravo para un hincha de Peñarol lo que te pasó con Damiani. Alguien me comentó que en otro país, un presidente de una institución nacional que dice algo así como "judío de m..." tiene que renunciar.
Yo te voy a decir algo, con la distancia. Me ha pasado de todo a partir de eso, y mirá que no tuve muchos episodios de esos en mi carrera, en los 30 años que tengo haciendo esto no, pero esto fue raro, porque de verdad que nos llevábamos bien fuera del fútbol. Hemos hablado muchas veces de su vida, de mi vida, de los hijos...

Y no necesariamente sólo por ser ambos de Peñarol.
No, ¡nada que ver! Yo hablo en los mismos términos con el presidente de Nacional y él sabe que soy de Peñarol y me lo dice. Mirá, el mejor elogio que alguna vez pude tener sobre este tema: Nacional sale campeón un domingo, a las siete de la tarde, y a las diez de la noche invito a mi programa en Canal 5 "La hora de los deportes" a Hugo de León, que era el técnico campeón con Nacional. Se sienta al lado mío y le digo: "Hugo, gracias por venir", y lo primero que me dijo fue: "Vengo a este programa porque, a pesar de que sos flor de manya, sé que sos honesto".
Que el tipo tres horas después de salir campeón, con todo el pueblo tricolor loco, me diga eso al aire... Te imaginás que surgió de él, yo no le dije nada. Ahí me gané a los hinchas de Nacional.

¿Nunca se te sale la manyada de adentro?
No, cuando estoy al aire no. Soy hincha mío.

Volvamos al tema de Damiani.
El tema de Damiani es raro. Primero porque de verdad yo no lo escuché en el momento, ni yo ni mi compañero [Alfredo] Etchandy, ni el otro compañero. Éramos tres en el estudio. Y yo no escucho eso porque cuando lo dice no lo dice al aire, lo dice medio cortando y yo estaba...

Pero se oyó al aire.
Claro, pero yo no [lo escuché]. Después de que hablé con él, me llamó y le dije: "Juan Pedro, vos te salvaste que yo no te escuché. Si yo te escucho no hay Damiani, no hay [José] Mujica, explota la radio, no me importa el mundo". Así le dije. "No te lo permito ni a vos ni a nadie. Te salvaste que no te escuché y el lío no es conmigo, olvidate, porque yo también soy calentón. El lío tuyo ahora es afuera". Hubo gente que me llamó diciéndome que lo meta en cana, que le haga una denuncia.

¿Judíos o no solo?
Judíos y no judíos. Acá está muy sensible el tema con la ley de la discriminación, la xenofobia. En mi barrio no se arreglaba esas cosas con denuncias... te ibas a pelear directamente.

Le dijiste: "Tuviste suerte que yo no te escuché" porque en el momento no reaccionaste furioso, pero cuando oíste que eso pasó...
Me quedé helado, no podía creerlo. Y vine acá a Subrayado -porque eso fue a las 15.00 y a las 19.00 yo salí al aire en Subrayado-, llego al canal y mis compañeros, Blanca [Rodríguez] y Roberto [Moar], me dicen: "¿Precisás 10 minutos, 20 minutos, media hora? Lo que quieras [de tiempo al aire]". Los noticieros son muy escuetos. Y les digo: "No, muchachos, con una frase se arregla. Me siento tan orgulloso de ser uruguayo como de ser judío, ¿está claro? Punto".

¿Había surgido en algún otro momento tu religión judía, para bien o para mal?
No.

Pero todo el mundo sabe que sos judío.
Pero de repente por mi apellido mucha gente no lo tenía. Mi apellido, el primero, Sonsol, no suena... Cohen ya es más... Y la corté ahí, en seco. Me llamaron compañeros de él, que están en la directiva [de Peñarol] y son judíos, y no lo podían creer.

Ahora, ¿te parece, Alberto, que te podías haber permitido otra reacción, si no fuera porque por tu trabajo tenés que estar en constante relación con los clubes?
No, si yo lo escucho en el momento, explotaba la radio, explotaba el mundo, no me interesaba nada.

Sos un calentón.
Pero todos los somos. Yo siempre fui. Hay cosas que tienen un límite. Si pasás el límite, fuiste.

¿Pensaste en algún momento que se disculpó porque salió al aire y, si no, no se disculpaba nada?
No, no entro en especulaciones. Fue automático nomás. Terminó el programa a las 15.00 y a las 15.01 me estaba llamando: "Alberto, me están diciendo que me calenté y dije no sé qué... ". Y le dije: "No sé, Juan Pedro, porque no te escuché", pero por otro lado llovían los mensajes a la radio, a mí, a él... "Te pido disculpas...". Eso fue 15.05. Me llamó 50 veces entre las 15.00 y las 16.00, él, gente de él, y a las 18.00 y poco, antes de salir en Subrayado, me llama para leerme el comunicado que iba a sacar para ver si estaba de acuerdo. "Juan Pedro, conmigo no hay más problema". Yo te puedo asegurar que él se sintió mucho peor que yo.

EMOCIONES

Me contabas antes de empezar a grabar que es un gran desgaste el relato deportivo porque ponés el alma...
Claro. En otros lados parece que te cuentan el partido, pero en el Río de la Plata se pone todo...Y si alguien me llega a decir: "Alberto, bajá un cambio", le digo: "Poné a otro, yo relato así. Si sirve, bien, si no sirve, todo bien".

¿Y te va a emocionar siempre lo máximo Peñarol?
No, lo máximo son mis hijos y mi familia, el mayor de 25, la menor de 16. Cuando estoy con el micrófono no me importa quién está jugando. Amigos míos me dicen: "¿Cómo podés gritar los goles de Nacional como los gritás?", pero para ser periodista deportivo por un momento tenés que despojarte del traje de hincha y ponerte el traje de periodista, ¿soy claro? Si Uruguay juega con Brasil y Brasil nos emboca, no voy a gritar el gol de Brasil, pero Nacional, Peñarol, Danubio, como periodista es lo mismo todo.

 ¿Te sentís realizado, Alberto?
En muchas cosas sí. En el tema profesional olvidate, mucho más allá que lo que imaginé aquel día que tomé la decisión de volver. Excedió claramente mis aspiraciones, porque una cosa es cuando vos tenés la idea, te gusta y otra cosa es después en la cancha si sí o no. Confirmar en los hechos que esa idea podía ser viable es una gran cosa.

 ¿Y qué queda por delante?
Que la gente me reconozca como un tipo de calle, de barrio, como son la mayoría de los uruguayos, y que cuando doy una opinión no me caso con nadie, con ningún club, ni con ninguna persona; es una opinión sentida de un tipo normal al que le gusta el fútbol, el básquetbol y punto. No aspiro a nada más que eso. Que cuando miren digan: "Poné a Sonsol, que me gusta cómo habla y lo que dice". No preciso nada más.

Por Ana Jerozolimski