Contenido creado por María Noel Dominguez
Entrevistas

Memoria colectiva

Haberkorn y su “Pacto de silencio”: “Tenemos la obligación de insistir”

En su nuevo libro, el periodista recorre dictadura y violencia política, cruces de relatos y zonas grises.

22.02.2026 07:50

Lectura: 9'

2026-02-22T07:50:00-03:00
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Por María Noel Domínguez

Hay libros que intentan cerrar una etapa y otros que asumen que no hay cierre posible. Pacto de silencio, el nuevo trabajo de Leonardo Haberkorn, pertenece claramente a la segunda categoría. No propone un punto final. Más bien insiste en lo contrario: que lo ocurrido en los años previos y durante la dictadura sigue operando en el presente, no solo en la Justicia, sino en la memoria colectiva y en la forma en que la sociedad uruguaya se cuenta a sí misma.

Haberkorn vuelve sobre nombres conocidos y rescata episodios poco difundidos. Se mete en expedientes, revisa documentos que estuvieron ocultos, entrevista a protagonistas que todavía pueden hablar y recupera testimonios que estaban dispersos. Lo hace, además, dialogando con sus propios libros anteriores, asumiendo que su obra forma parte de una investigación que nunca termina de agotarse.

En conversación con Montevideo Portal, reconoce esa continuidad temática, defiende la necesidad de contar tanto la violencia de la dictadura como la violencia previa al golpe y plantea que el “pacto de silencio” no es uno solo: es múltiple, complejo y está arraigado en distintos sectores. “Abierto 100% no va a estar nunca”, dice. Pero eso no significa dejar de buscar.

Pacto de silencio, tu último libro, da la sensación de que habla con todos tus otros libros. En realidad, uno te ve a vos hablando con todos tus temas. ¿Es consciente esa continuidad?

Es verdad que hay un poco de eso. Se nota en las notas al pie: hay muchas referencias a libros anteriores míos. Y eso no me gusta cómo queda, porque queda medio feo que uno se cite. Pero tiene que ver con eso que vos decís: uno sigue con los temas y dice “esto viene de aquello que ya investigué”, pero se agrega algo, hay algo nuevo, algo que sirve para entenderlo mejor.

Yo no siento que esté repitiendo lo mismo. Siento que estoy profundizando. Que aparecen documentos nuevos, testimonios nuevos, que cambian la perspectiva o la amplían. Entonces el libro dialoga con los anteriores porque la realidad también dialoga con lo que pasó antes. No son compartimentos cerrados.

El título es fuerte. La idea que deja el libro es que ese pacto de silencio no termina, que no se va a resolver del todo.

Pienso que sí. Me gustó mucho la tapa que hizo el diseñador, que es un cierre hecho con balas. Está casi cerrado, pero tiene un poquito abierto. Ese poquito abierto se puede interpretar de dos maneras: se está terminando de cerrar o quizás se abra un poquito más. Es una libre interpretación.

Yo tiendo a creer que abierto 100% no va a estar nunca. Primero, porque se están muriendo muchos protagonistas. Y, segundo, porque los pactos de silencio son múltiples. Hay pactos que son culturales, otros son como una cosa mafiosa, otros operan por conveniencia legal. Funcionan muy fuerte.

Entonces pienso que no todo se va a resolver. Pero también creo que tenemos la obligación de, en ese poquito que está abierto, machacar, insistir, buscar. Ir rescatando lo que se pueda.

Me empecé a dar cuenta de que se estaban muriendo muchos de los protagonistas

Usás una metáfora interesante en el libro: la del arqueólogo.

Sí. Es como buscar sabiendo que no vas a encontrar todo. Los arqueólogos saben que no van a encontrar todo lo que buscan, pero igual buscan lo más que pueden. Yo creo que eso es lo que tenemos que hacer como sociedad. No podemos resignarnos porque no vamos a tener la verdad completa. Tenemos que rescatar lo que todavía está disponible.

En el libro, queda clarísima la virulencia de la dictadura. Pero también aparecen hechos de violencia previa al golpe, incluso de la izquierda. Eso no siempre es cómodo de leer.

No. Para mí tenemos un choque de relatos. El primer relato que tuvimos fue el de la dictadura. Yo crecí con ese relato, en el que todo estaba centrado en la acción demoníaca del Partido Comunista y de los tupamaros.

Después, cuando vino la reapertura democrática y se empezó a saber más sobre lo que había pasado en dictadura, hubo otra construcción que avanzaba en contar esa verdad. Pero a la etapa previa, que era en la que la dictadura había puesto el énfasis, la negaba o la convertía en tabú. Empezó a ser un tabú hablar de la violencia previa al golpe.

Y yo creo que hay que contarlo todo. No para equiparar. No para decir que es lo mismo. Pero todo tiene que estar sobre la mesa. Si no, seguimos construyendo relatos parciales.

¿Eso es lo que te interesa cuando hablás de “grises”?

Exacto. Yo no creo que seamos todos iguales. No creo en esa idea. Hay gente que hizo cosas muy graves y eso es así. Pero sí creo que hubo relatos muy blanco y negro. Y creo que hay una serie de grises que es bueno admitir.

Por ejemplo, incluí la historia de los oficiales de la Fuerza Aérea que en 1983 boicotearon el llamado Plan Pulpo, que era un plan de la línea dura para detener a todos los políticos y descabezar el movimiento hacia la democracia. Eran oficiales que habían estado en la dictadura, pero en ese momento dijeron “esto ya no da para más”. Me parecía importante mostrar eso. Porque ayuda a entender que las cosas no son lineales.

También hay casos nuevos que sorprenden al lector. El del “alias Raúl”, por ejemplo.

Sí. Es un caso que me impresionó mucho. Es una persona de la que no se sabe el nombre, que era integrante del Movimiento de Liberación Nacional, que traicionó reglamentos de la organización y por eso fue ejecutado.

Lo encontré leyendo los Archivos del Terror en internet. Empecé a encontrar referencias y me impactó. Después me sorprendió que en un libro publicado por un extupamaro hubiera referencias y que en Uruguay nadie hubiera dicho claramente que esto estaba contado.

Hay otros casos nuevos. Uno menos sangriento, pero para mí igualmente revelador, es el del oficial del Ejército al que le mandan una corona fúnebre por su suegro y después descubrieron que ese suegro había estado afiliado al Partido Comunista 20 años antes. A partir de ahí, se montó una especie de inquisición interna: tribunal de honor, investigaciones sobre la esposa, sobre si había estado en una murga del Frente Amplio en el 71…

Para mí refleja una época oscura. Y uno piensa: si esto le hacen a alguien que está dentro del Ejército, lo que podían hacerle al que no estaba dentro.

Yo siempre estoy dispuesto. Todo el que quiera contar, yo estoy dispuesto

Hay un momento en el que hablás del caso de Julián Basilicio López y de documentos que estuvieron ocultos.

Sí. Lo que es un hecho es que a Julián Basilicio López lo mataron en un cuartel. Eso es un hecho. Y alguien debería pagar. Pero en ese caso hubo un documento que apuntaba hacia quien, para mí, era el verdadero responsable. Ese documento estuvo en poder de quienes defendían a los militares y se ocultó durante años. Se mostró recién cuando la persona que podía ir presa por eso murió.

Eso también es pacto de silencio. No es solo no hablar. Es ocultar activamente.

Cada vez que publicás sobre estos temas, aparece la idea de que Uruguay debería dejar el pasado atrás.

Sí. Me dicen: “Otra vez con esto. El país tiene que salir adelante”. Y claro que tenemos que preocuparnos por lo que pasa hoy. Pero eso no quita conocer lo que pasó.

No veo la solución mágica de decir “bueno, damos vuelta la página”. Esa fue, de alguna manera, la propuesta después de la amnistía y la Ley de Caducidad. Y no resultó. Seguimos empantanados en esto.

No hay manera de ir para adelante más unidos, más conscientes, sin saber lo que pasó. Después las valoraciones serán distintas, porque cada uno está parado en lugares políticos distintos. Pero los hechos son los que tenemos que asumir.

También conectás con discusiones actuales, como las que se dan sobre Venezuela.

Yo crecí en dictadura, hice todo el liceo en dictadura. Tenemos como compromiso generacional defender la democracia. Puede haber corrupción, puede haber torpezas, pero no se compara con una dictadura.

Cuando hay presos políticos, cuando hay torturas, no se puede relativizar. Eso lo vivimos acá. No es menor.

En el libro aparece una urgencia: hablar con quienes todavía están vivos.

Sí. Me empecé a dar cuenta de que se estaban muriendo muchos de los protagonistas. Estoy en la lista de distribución de una organización de ex presos políticos y cada vez que muere alguien mandan un comunicado. Me llegaban todos los días. Y pensé: en poco tiempo no vamos a tener a la gente que vivió esto.

Entonces salí a buscar. Con extupamaros, con militares, con políticos. Con algunos tuve suerte, con otros no. Con militares es más difícil, porque hay sectores que creen que la guerra sigue hoy.

Pero yo siempre estoy dispuesto. Todo el que quiera contar, yo estoy dispuesto a escuchar.

El libro

Editorial Planeta

Editorial Planeta

Haberkorn saca a la luz decenas de historias silenciadas para darle nueva voz a la memoria de los años duros.

Como un investigador dotado de reservas de paciencia y tesón que por momentos parecen inagotables, Haberkorn avanza por los estrechos pasadizos de lo que se conoce como historia reciente, siempre en busca de elementos que nos permitan alcanzar una auténtica comprensión de los años duros.

Este libro —que reúne decenas de artículos, entrevistas y documentos— es el resultado de una empecinada tarea contra el muro de silencio que aún oscurece aquel período. En ese contexto, la labor de Haberkorn responde solo a la intención de acceder a la verdad, toda la verdad, sin importar a quién pueda serle útil y a quién pueda enfurecer. 

Cada capítulo de Pacto de silencio aborda desde un ángulo distinto esas zonas del relato histórico que han sido obviadas deliberadamente por unos y otros. El resultado del conjunto excede a la suma de sus partes: es el retrato descarnado de un tiempo feroz y a veces ridículo, de los horrores que produjo y de las heridas que siguen abiertas a fuerza de callar.

Por María Noel Domínguez