Gustavo Zerbino, uno de los 16 sobrevivientes de la Tragedia de los Andes, que tuvo lugar en 1972, volverá una vez más a la Cordillera, esta vez con un destino marcado, la cima del Cerro Aconcagua. 

Él y su hijo Gustavo formaran parte de la expedición del Summit Aconcagua 2022, un desafío organizado por la Fundación Gran Fondo —liderada por Matías Gutiérrez Moyano y Augusto Rodríguez Larreta—, que reunirá a siete atletas olímpicos argentinos y siete personalidades de Argentina y Uruguay con el objetivo de escalar la montaña más alta de América y llevar a su cumbre "las banderas del deporte, del cuidado del medio ambiente y de la solidaridad", según informó Infobae

El ascenso a la montaña comenzará el 20 de enero y durante los siguientes 15 días los deportistas permanecerán en el Aconcagua, para luego regresar a Buenos Aires el 7 de febrero. 

Los participantes del desafío del que participará el exrugbier uruguayo son el tenista David Nalbandian, la judoca Paula Pareto, los regatistas Santiago Lange y Cecilia Carranza Saroli, la exjugadora de hockey Ayelén Stepnik, el ciclista Walter Pérez, el exboxeador Pablo Chacón, el gimnasta Federico Molinari, el montañista Tommy Heinrich, la remera Milka Kraljev, la periodista Cata Bonadeo y el rugbier y entrenador del proyecto Espartanos —que trabaja en cárceles de Argentina para expandir el deporte— Ezequiel Baraja. 

La expedición busca concientizar a la sociedad de que nada ni nadie está exento de las consecuencias del cambio climático, ni siquiera la montaña más alta de América, a la vez que tienen como objetivo recaudar fondos para dos comedores comunitarios que eran sostenidos económicamente por el atleta olímpico Brian Toledo, fallecido en 2020, y la Fundación Cecilia Baccigalupo, que trabaja en el desarrollo psicomotriz de niños y jóvenes con discapacidad intelectual. 

"Me llamó por teléfono un gran amigo, Chiro Escalante, para invitarme a ver si quería ser parte. Me comentó este emprendimiento que está realizado por la Fundación Gran Fondo y que el espíritu de esto es levantar las banderas del deporte, planificar objetivos, salir de la zona de confort y enfrentar miedos, como escalar el Aconcagua, para concientizar al mundo de los problemas que hay como el cuidado del medioambiente, especialmente el recalentamiento global", comentó. 

"Yo estuve durante 73 días en el Valle de las Lágrimas, un glaciar que tenía 3.000 años, que tiene casi seis kilómetros cuadrados. En estos 50 años pude ver el deterioro paulatino —yo voy todos los años, estuve ahora el 13 de octubre— y paso de ser, como el día que nos caímos, todo hielo y nieve, todo blanco, ni una sola roca a lo que es ahora. Ya no queda nieve, no queda hielo. Se derritieron dos Hospitales de Clínicas enteros en hielo, lo que era un helado con cucurucho ahora es un gran agujero que termina contra las paredes de la montaña. Prácticamente no hay glaciar. Es una prueba del daño que el hombre está haciendo al ecosistema", dijo Zerbino y recalcó que el objetivo del equipo del Summit Aconcagua 2022 es "dedicar su tiempo, toda su energía, con mucho amor, para automatizar los valores como la solidaridad, el cuidado del medioambiente" que "son tan importantes hoy en la vida". 

"En esta expedición soy un granito de arena, soy uno más, que quiero aprovechar que tengo 68 años, estoy vivo y quiero salir de mi zona de confort. Yo este año no podía caminar una cuadra. Jugaba al tenis los martes y los jueves y no podía correr una pelota dos metros. Decidí después de esta invitación demostrar que puedo vencer los miedos, salir de la zona de confort. Así que inicié un tratamiento con el doctor (Edgardo) Rienzi, para que me trate los tendones de Aquiles, con células madre y con plaquetas. Después de dos meses de tratarme y practicar de mañana y de noche hoy estoy entrenándome para ir a la montaña, a pesar de que en el medio tuve un virus que me duró un mes y medio, una gastroenterocolitis en la que perdí siete kilos", contó el exrugbier, que dijo que a pesar de todas las personas que le decía que no podía ir, siguió con el objetivo en mente y hoy está preparado para enfrentar el reto.

"Yo se que es difícil, pero lo imposible está en la mente. Así que me estoy preparando para disfrutar el viaje, llegaré hasta donde llegaré, pero mi objetivo no es llegar a la cima, es ser parte de este grupo humano maravilloso, que sigue demostrando al mundo que nos podemos juntar con proyectos más importantes que nosotros mismos", manifestó.

Consultado sobre lo que significa para él, al ser un sobreviviente de la tragedia de 1972, Zerbino recordó a quienes se quedaron en los Andes. 

"Mis amigos, que viven para siempre en mi corazón, descansan físicamente en el Valle de las Lágrimas, es decir, el glaciar que se derritió. O sea que las lagrimas del dolor por la perdida de nuestros amigos se han ido, no están más. Así que una manera de homenajear a mis amigos que están en el cielo ahora es escalar la montaña más alta de América, para estar más cerca de ellos y ser también voz de los que no tiene voz", expresó. 

"Ellos son los que siguen hablando a partir de mi movimiento, de que estoy vivo. Todo esto se lo debo a la solidaridad y al amor de ellos. Como dijo Gustavo Nicolich —conocido como "Coco", uno de los fallecido en la avalancha ocurrida luego del accidente, el día 29 de octubre de 1972— en la carta que le mandó a la madre. Le dijo: 'Desde lo más profundo de nuestro corazón le pedimos a Dios que este día no llegara, pero ha llegado y tenemos que aceptarlo con valor y fe'. Fe, porque si los cuerpos están ahí, es porque Dios los puso y después dice: 'Si llega el día en que yo pueda ayudar con mi cuerpo a mis amigos, lo haría con mucha alegría'. Un día antes de morir en la avalancha estaba escribiéndole a la madre el relato de la decisión que habíamos tomado colectiva, de elegir la vida y no la muerte. Y lo más importante, él estaba dispuesto a brindar su cuerpo, para que nosotros pudiéramos vivir. Entonces, es un testimonio de amor, maravilloso", concluyó Zerbino, que el próximo 18 cruzará la frontera junto a su hijo para volver nuevamente a la Cordillera.