El Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) de Estados Unidos anunció este martes la cancelación de 60 millones de dólares en subvenciones a la Universidad de Harvard, acusando a la institución de no haber tomado medidas efectivas contra el antisemitismo y la discriminación racial. La decisión se enmarca en la creciente presión que ejerce la Administración Trump sobre centros de educación superior considerados hostiles o inactivos ante expresiones antisemitas.
El secretario de Salud, Robert Kennedy, comunicó la medida a través de la red social X, donde afirmó que el HHS “está tomando medidas decisivas para defender los derechos civiles en la educación superior”. En su mensaje, Kennedy subrayó que la universidad no ha abordado adecuadamente el acoso y la discriminación, lo que justifica la rescisión de fondos provenientes de varios programas plurianuales, en especial los vinculados a los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC).
Una ofensiva prolongada y multimillonaria
El nuevo recorte eleva a aproximadamente 3.000 millones de dólares el total de fondos federales retirados por la Casa Blanca a Harvard desde que Donald Trump firmó en febrero una orden ejecutiva para combatir el antisemitismo en instituciones académicas. Esta orden creó un grupo de trabajo encargado de visitar diez universidades, entre ellas Harvard y Columbia, con el objetivo de investigar denuncias y recomendar acciones correctivas.
Según informes filtrados por medios como Daily Caller, el grupo federal acusó a varios profesores de normalizar actitudes y discursos percibidos como antisemitas, especialmente en facultades como salud pública, medicina y educación. “Nos preocupa profundamente que estas formas de intolerancia se estén normalizando en el ámbito académico”, dice el informe.
Respuesta y tensiones crecientes
Harvard, hasta ahora, ha rechazado públicamente las acusaciones y ha cuestionado los criterios utilizados por el gobierno para determinar la supuesta inacción institucional. No obstante, el retiro sistemático de fondos y la exposición mediática han colocado a la universidad en el centro de una batalla política y cultural de alta intensidad.
La presión también se interpreta como parte de una estrategia más amplia del gobierno de Trump para reconfigurar el ecosistema universitario, al que acusa de estar dominado por ideologías progresistas y de no garantizar un espacio seguro para todos los estudiantes.
Con información de AFP
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