Gleisis Estrada: la historia de la trompetista cubana que vive hace ocho años en Uruguay
“Todavía me asombra la cantidad de gente que me llama para tocar con ella”, dijo la artista.
Por César Bianchi
@Chechobianchi
Gleisis Estrada (29) nació y creció en una localidad con un nombre digno de Ricardo Montalbán: la Isla de la Juventud. Es una partecita de un archipiélago perteneciente a Cuba, donde la niña creció bailando y cantando. No es una metáfora. Desde pequeña, Gleisis se metió en aulas de música. A los 9 ya estaba estudiando solfeo y pentagramas, y a los 14 se mudó a La Habana para continuar su formación musical, sin el celo de su madre Iris y abuela Celeste, quienes la sobreprotegían en la isla.
Gleisis se amigó de la trompeta, aunque prefería cantar, y especialmente boleros, el género preferido de su abuela. En Cuba conoció a un percusionista uruguayo y se dejó enamorar. Con él —hoy su ex pareja— se vino a Uruguay hace ocho años, y acá su vida cambió radicalmente.
A lo Gieco en “Los Orozco”, la cantante y trompetista tocó con todos: con Ruben Rada, Hugo Fattoruso, Jorge Drexler, Ciro y los Persas, Chacho Ramos y No Te Va Gustar, entre tantos músicos de renombre, hasta sus formaciones habituales y más recurrentes: Kumbiaracha, Club de la Cumbia o la Selección Uruguaya Sinfónica (SUSI) Orquesta dirigida por Nacho Algorta. Ahora mismo se prepara para acompañar con la SUSI a Los Auténticos Decadentes en la Adela Reta, y luego tocará con la rochense Florencia Núñez, y este fin de semana con Cumbia Club en la Sala del Museo.
De Cuba extraña sus olores, el aroma de la comida, los paisajes y los mimos de su abuela, que ya no volverán. De Uruguay valora la libertad y, por supuesto, la democracia. “No tengo fe, no soy optimista”, dice, respecto a poder ver un régimen democrático a corto o mediano plazo en su tierra. Y lamenta la “desunión” de la comunidad cubana en Montevideo.
Procesando una etapa de duelos, y cercana a sus 30, la joven música cubana sabe que está pasando por un momento desafiante en su vida: “Estoy descubriendo de qué estoy hecha, en este momento”.
Foto: Javier Noceti/Montevideo Portal.
¿Quién sos?
Bueno, soy una chica muy humilde, con un corazón grande, tranquila, serena, así me considero actualmente. Soy muy tímida, callada, prefiero callar muchas cosas buenas, no soy de interactuar mucho, de socializar. He sido bastante malcriada por mi familia, (soy) hija única, creo que viene más por ahí.
Sos oriunda de Isla de la Juventud, una isla caribeña, la quinta en extensión del archipiélago de las Antillas Mayores. Hablame más de ese lugar, de tu tierra... Es una isla dentro de una isla…
Sí, todo el mundo se sorprende por eso. Es una isla que pertenece a Cuba. Mi tierra es una tierra poco conocida. De hecho, a todo el que le comento de dónde soy, dice: “¿Y eso dónde queda?” El nombre es hermoso, a pesar de que no hay muchos jóvenes actualmente. Pero sí se consideró Isla de la Juventud en un momento en que fueron a estudiar muchos extranjeros, sobre todo en la década de los 80 y los 90. Es un pueblo pequeño, de poca gente, donde todo el mundo se conoce.
El último censo dijo que vivían 78.000 personas. Hoy en día hay muchas menos porque se va todo el tiempo gente de la isla, así como de Cuba. De la isla van a La Habana, que cada vez está más incomunicada. Justo en estos momentos está pasando por una situación bastante complicada, incomunicada totalmente. La Isla de la Juventud es una zona urbana, que tiene una parte rural, y está rodeada de playas.
Los veranos son bastante cálidos, es el clima en Cuba, en realidad. Estuve hace poco y fue como recordar toda esa niñez feliz que viví ahí con mi abuela, con mi abuelo, con mi madre cuando estaba.
¿Cómo definirías tu infancia? ¿Cómo fue tu infancia?
Mi infancia fue la más feliz del mundo. Fui criada por mi abuelo materno hasta los 6 años. Ahí él falleció y el resto de mi infancia me crié con mi abuela hasta los 14. A los 14 me fui a La Habana a estudiar, a seguir con la carrera de música que había iniciado en la isla. Y así la defino: una infancia muy feliz, rodeada de música, porque a mi abuela le encantaba cantar. Tengo, también, familiares músicos que tocaban la guitarra. Había mucho arte en esa infancia.
Fuiste criada por tu madre y una abuela. ¿Conocés a tu papá?
Lo conocí a los 14 años, justamente. Lo conocí y no me pasa nada… La realidad es que no nos pasa nada a ninguno de los dos. Padre ausente toda la vida. Igualmente, cuando voy a la isla visito igualmente a su madre, y con él es como una relación fría. De hecho, la última vez que estuve, nos encontramos y… nunca hablamos de nuestra relación. Fingimos demencia todo el tiempo.
“Conocí a mi padre a los 14 años, y no me pasa nada… Padre ausente toda la vida. La última vez que nos encontramos, nunca hablamos de nuestra relación. Fingimos demencia todo el tiempo. Si lo vuelvo a ver, tendría unas cuantas preguntas para hacerle”
Cuando lo encontraste a los 14 años, o más recientemente, ¿pudiste hacerle las preguntas que querías hacerle?
Nunca, justamente por mi manera de ser. Yo me guardo todo y a veces digo: ¿cómo no tengo el valor de decirle las cosas que siento realmente? Que no estuvo nunca. Me quedo muda todo el tiempo. No sé por qué me sucede eso con él. El otro día hablaba con una amiga y le dije que, si lo vuelvo a ver una próxima vez, tendría unas cuantas preguntas para hacerle.
Hablaba con mi amiga de ese mismo tema, porque le pasa algo similar a ella. Su padre vivía en Canadá y ella lleva 10 años sin verlo y decidió ir a Canadá justamente a hablar con el padre. Y yo creo que me surgieron las ganas de preguntarle qué fue lo que pasó, por qué, cómo quisiera relacionarse él de aquí al futuro… Hoy hay cero contacto, no hablamos de nada.
Esas dos mujeres que te criaron, tu madre y tu abuela materna, ¿fueron las “culpables” de que seas música? ¿Ellas te inculcaron el gusto por la música?
De mi madre (Iris) tengo recuerdos de chica, escuchaba y cantaba muchas canciones de Pablo Milanés. Cantaba con un amigo, mientras él tocaba la guitarra y cantaba en actos políticos. Y con mi abuela (Celeste) escuchaba mucho bolero. Mucho bolero, música mexicana, porque mi abuela tenía una radio y se pasaba todos los fines de semana escuchando música mexicana. Mucha ranchera, y, sobre todo, boleros. Fue la que me inculcó el amor por ese estilo. Hoy me defino amante del bolero. Es lo que más me gusta cantar e interpretar.
Tu historia con la música comenzó a los 9 años, en la Escuela Vocacional de Arte Leonardo Luberta Noy. ¿En qué consistió esa formación, tan temprana?
Ahí aprendí los inicios de la música: leer en pentagramas, desarrollar el pulso, conocer ritmos, figuraciones rítmicas. El inicio de toda carrera de música fue ahí, a los 9 años. Es mucha responsabilidad. Yo ahí comencé mi carrera para dedicarme a la música. Estudié solfeo, historia de la música, apreciación musical. Y además instrumentos.
Y formación gratuita, además...
Sí, totalmente gratuita. No existía una escuela privada en ese momento. Eso lo agradezco.
Es una de las cosas de Cuba que, obviamente agradezco, la formación que me dio.
Estudiaste guitarra, y luego trompeta y fagot, pero te costó agarrarle el gustito a la trompeta, ¿no? Lo que, en realidad, te gustaba era cantar...
De niña me encantaba cantar. Estaba en coros, me presenté a concursos de canto y ganaba premios. Pero no existía la carrera de canto, en ese momento. Después sí, pero justo en el momento que yo iba a entrar a la escuela, no. No había esa posibilidad. Y me ofrecieron instrumentos de viento. Hice flauta, guitarra… Igualmente, con la guitarra, hasta hoy, he tenido una relación de amor y odio, porque nunca di pie con bola con la guitarra.
La flauta me encantaba en ese momento. Todas queríamos agarrar la flauta. Era como lo más femenino que veíamos. Y la trompeta no la conocía. Hice flauta, guitarra, trompeta y fagot, y aprobé fagot y trompeta. Y ahí tenía que elegir uno de los dos, y elegí la trompeta, por suerte.
¿Por qué “por suerte”?
Porque tiene mucha más salida laboral, hoy en día, tanto en clásico como popular. Sin desmerecer el fagot, ¿eh?
“La primera vez que llegué a La Habana a estudiar, estaba deslumbrada. Para mí ir a La Habana era como conocer Nueva York en ese momento. Llegar a la capital y estar más libre, era como salir a descubrir el mundo, después de salir de la sobreprotección de mi abuela”
¿Actuaste con agrupaciones importantes o en ascenso en Cuba?
Sí. Actué con muchas bandas, sobre todo femeninas. La más potente, era Las Chicas del Sol. En Cuba existe una orquesta insigne cubana, femenina, que es Anacaona, es la más antigua. Es la orquesta insigne, donde todas las mujeres queremos estar cuando crecemos. Tiene casi 90 años el grupo. Y después de Anacaona estaban Las Chicas del Sol, que es un grupo mucho más joven. Arrancó en los años 90. Fue a lo que pude aspirar en ese momento, ya que estaban necesitando trompetista. Ni me acuerdo cómo fue que llegué, la verdad. Fue la primera orquesta en la que empecé a trabajar a la par de los estudios en La Habana. Igualmente, en la Isla (de la Juventud) yo había actuado con un grupo de son y de sucu-suco, que es el género de mi pueblo.
A los 14 te mudaste a La Habana para seguir estudiando. ¿Qué pudiste ver de cerca en la capital cubana?
Yo me acuerdo la primera vez que llegué a La Habana a estudiar, estaba deslumbrada totalmente. Para mí ir a La Habana era como conocer Nueva York en ese momento. Siempre chica de casa, que nunca había salido, llegar a la capital y estar más libre, porque ya no tienes padre ni madre que te cuide, era como salir a descubrir el mundo, digamos así, después de salir de la sobreprotección de mi abuela.
Sin embargo, la realidad de La Habana está muy lejos de la de Nueva York…
Sí, sin dudas. Pero en ese momento yo lo vivía así. Ver edificios, el transporte que era abundante en esa época, y aparte la zona en la que estaba, que era como la high line de La Habana, el municipio Playa. Yo lo sentía así, como estar en Nueva York en ese momento. Hoy en día voy y es otra cosa. Había música en la sociedad, en las calles.
Cuando ibas por el centro, veías pobreza, veías a la gente que la estaba pasando mal. En esa época no era tan consciente de eso, yo vivía totalmente aislada. Y, aparte, no creo que estuviera La Habana, en ese momento, como está ahora. Fueron muchas Habanas en esos momentos. Yo estaba en mi mundo, digamos: de concierto en concierto, tocaba abundante con la escuela. Obviamente cuando salía, era fascinante todo igualmente. No veía tanto lo que se ve ahora.
En octubre de 2018, a los 21 años, por primera vez emigraste. ¿Por qué Uruguay? ¿Por qué decidiste continuar tu búsqueda personal aquí?
Yo había venido de vacaciones el año anterior, en el 2017. ¿Por qué Uruguay? Porque conocí a mi pareja —actualmente no estamos juntos—, pero nos conocimos en La Habana, en 2013. Él estudiaba y trabajaba allá en Cuba como percusionista (es uruguayo). Vivió 10 años en Cuba y nos conocimos en ese periodo. Y él decidió venirse para acá, dejar de trabajar en Cuba y venirse a Uruguay, porque extrañaba a su familia. Y yo justo terminaba la carrera. Hablamos de venir para acá, de probar, a ver cómo nos iba acá a Uruguay.
Yo no vine porque me quería escapar de Cuba y tal. No vine por motivos políticos ni económicos. Vine porque quería estar con él y punto. Vine para acá y obviamente quería trabajar y hacer de todo acá. Pero sobre todo formar una vida con él. Esa era mi intención.
Has actuado como sesionista en infinidad de artistas, desde Chacho Ramos hasta Ruben Rada o Jorge Drexler. ¿Cómo se dio ese proceso en el que pasaste a ser una artista a ser convocada con tanta frecuencia por otros artistas?
Uf, yo no me lo esperaba. De hecho, hoy en día me asombro de la cantidad de gente que me sigue llamando. Pero no me esperaba llegar a esos lados que he visto actualmente. Todavía no me lo puedo creer. Tengo tan poca fe en mí que…
Tenés el síndrome del impostor…
Exactamente, me pasa eso, sí. Pero sí, estoy agradecidísima con todo lo que me está pasando.
¿Y a qué lo atribuís? Digo, que tantos músicos renombrados quieran contar contigo.
No sé…
¡Sos buena tocando la trompeta!
Y sí, me cuesta decirlo, pero sí, creo que sí. Y eso se lo agradezco a la formación en Cuba. Me siento especial por eso.
Además, sos integrante estable de Kumbiaracha, Cumbia Club o Ronda de Candombe...
Sí, eso me da cierta estabilidad. En Cumbia Club cobro un fijo mensual. Eso es un arreglo que hicimos hace dos años. Con el resto de los grupos vamos cobrando dependiendo de los toques, después de cada show. Pero está bueno tener formaciones estables, claro, y no depender de cada convocatoria.
¿Te gusta el candombe?
Me encanta, me encanta. Lo asumí como propio, ¿sabes que sí? Me está pasando eso. Lo estoy asumiendo como mío. Aparte siempre encuentro alguna similitud rítmicamente con Cuba, que obviamente van a decir que no, pero es lo más parecido, por así decirlo, a mis ritmos allá de Cuba. Creo que por ahí fue donde me enganchó.
¿Y en qué quedó el canto, tu primer amor?
¡Sigo cantando! Canto en todos los grupos. Se me conoce hoy en día como trompetista y cantante. Eso nunca lo voy a abandonar. Y quiero componer mis propias canciones. Ya estoy en eso.
“Me encanta el candombe. Lo estoy asumiendo como mío. Le encuentro alguna similitud rítmicamente con Cuba, es lo más parecido, por así decirlo, a mis ritmos allá de Cuba. Creo que por ahí fue donde me enganchó”
¿Te considerás feminista?
(Piensa un instante) Me considero, sí. Lo pensé, porque es un término que estoy descubriendo todavía, después de conocer Uruguay, de vivir acá en Uruguay, de rodearme de personas feministas. Estoy todavía descubriendo eso, esa parte de mí.
¿En qué cosas el feminismo te representa y en qué cosas no?
Me representa en la lucha por los derechos nuestros de las mujeres, obviamente. Y no me representa en esa otra parte, el feminismo que no me gusta para nada, el de la agresión, del “no al macho”, eso no.
¿Con qué frecuencia volvés a Cuba para visitar a tus familiares?
Intento que sea todos los años. Después de pandemia fue donde comencé a ver mucho más el deterioro del país. Cuando estás lejos a tu familia y ves que tu familia está pasando mal, la vida se te viene abajo. Empiezas como en una rosca de pensar todo el tiempo en Cuba y, claro, si entras en esa no vives. Pero es triste. Estuve en junio y fue shockeante, no quiero ni recordarlo.
Si vos tocás en el Antel Arena -como lo has hecho- le podés enviar fotos y videos a tu abuela o tu madre, pero, ¿lo dimensionan?
Yo quiero creer que sí, pero no tanto. Al estar del otro lado, no toman dimensión de lo que significa. No toman dimensión de nada lo que vivo acá, de que vivo corriendo de un ensayo para otro, de un show a otro. Creo que tomaron más dimensión cuando las traje en 2024. Me di ese placer y se los di a ellas, de traerlas y conocer dónde vivo y cómo. Y vieron más o menos el ritmo al que ando yo acá, que, de hecho, apenas nos vimos porque vinieron ellas justo en marzo, y en marzo tuve mucho trabajo.
Incluso viajé a Argentina, y claro, me veían subir la escalera, bajar la escalera, todo corriendo. “Me voy, que esto, que lo otro”. Y ahí sí tomaron un poco de dimensión. Sobre todo, lo vieron cuando me fueron a ver a algunos shows. Lo notaron, lo sintieron y vieron a la gente aplaudiéndome. Ahí las lágrimas les corrían, por así decirlo, de orgullo. Este ha sido un año bastante especial para mí, porque perdí a mi abuela, y me separé.
“No me interesa la política de mi país. La de acá de Uruguay, sí, me tiene que interesar porque justo en las próximas elecciones voy a votar. En Cuba no, perdí todo tipo de optimismo. Acá veo todo y me interesa mucho aprender”
¿Tenés fe en llegar a haber un régimen democrático en tu país?
No, no tengo fe. Estoy resignada.
¿Te interesa la política?
No me interesa la política de mi país. La de acá de Uruguay, sí, me tiene que interesar porque justo en las próximas elecciones voy a votar. Pero también quiero aprender un poquito más de eso. En Cuba no, perdí todo tipo de optimismo. Acá veo todo y me interesa mucho aprender.
¿Qué te enamoró de Uruguay?
Bueno, en parte eso: ver a la gente que puede decidir por sí misma lo que quiere. Si tienes ganas de manifestarte, vas a la calle y lo haces. Eso me enamoró. Sus paisajes, sus atardeceres, las playas, que por suerte, las conozco casi todas. El interior también me encantó. El candombe. El mate, tomo mate, sí.
Tengo entendido que igual nunca pudiste adaptarte a nuestro clima (que, de todos modos, está muy cambiante últimamente)…
No, se me ha hecho eterno esto. Sobre todo, con tanta niebla, nunca viví con tanta niebla. Pero no, no me adapto.
¿Ya sos ciudadana uruguaya tras ocho años de vivir aquí?
Sí, soy ciudadana, pero no tengo credencial, y me está afectando muchísimo ese tema. Me la piden para concursar en Uruguay. De hecho, actualmente salió un llamado para la banda departamental de Canelones, que estoy hace mucho esperando que me llegue la oportunidad de presentarme a un concurso para poder tener un trabajo más estable, y aportar al BPS. Pero, en realidad, no puedo presentarme porque no tengo credencial cívica.
¿Tenés contacto con la comunidad cubana en Uruguay?
Con algunos. Me han llamado para tocar, alguna vez. Pero siento que hay mucha desunión en parte de los cubanos acá, y no lo veo así con los venezolanos. Los venezolanos los veo mucho más unidos, organizan cosas. Los cubanos no los veo tan así. Hay mucha división.
Pero a diferencia de otros que quizás han tenido que olvidarse de sus títulos académicos y trabajar de lo que encuentren, vos has podido dedicarte exclusivamente a la música. En ese sentido, sos una afortunada: podés vivir de lo tuyo, del arte.
Sí, soy una afortunada. Y no tomo la dimensión todavía, pero lo soy, sí.
¿Qué tendría que pasar para que decidieras volver a radicarte en tu país? ¿O es algo que está descartado, no está en tus planes?
No lo descarto. Porque, de hecho, compré una casa el año pasado. No es que no voy a volver más a Cuba, obviamente voy a seguir yendo. Igual ahora decidí poner un stop y no ir por un buen tiempo, hasta que en algún momento algo cambie... En los próximos 20 años, no creo que cambie nada.
Mi madre y mi abuela vinieron una única vez en 2024. Porque, claro, económicamente no me daba para traerlas a las dos todos los años, y ellas no podían pagarse el pasaje, ni soñar con eso. Es un tema económico nomás. Ahora que no está mi abuela, mi madre está pensando en venirse a radicar acá conmigo. Ahora que estamos las dos solas, nos tenemos una en la otra.
¿Qué shows se vieran en breve? ¿Qué desafíos tenés por delante?
Mucha Rueda de Candombe, por suerte, y Club de la Cumbia. Tengo shows ahora con Florencia Núñez, el próximo mes. Ahora con la SUSI Orquesta (Selección Uruguaya Sinfónica), otra orquesta a la que pertenezco, tocamos el 3 de octubre con los Auténticos Decadentes en la Adela Reta del Sodre.
“Extraño a mi gente, extraño las comidas, ahora consigo las necesarias, pero no, si no las cocina mi abuela, no, no hay chance. Soy muy nostálgica, de mirar todo el tiempo fotos y de lo que fui antes de venirme para acá”
¿Qué extrañás de tu pueblo y tu país?
Extraño a mi gente, extraño las comidas, ahora consigo las necesarias, pero no, si no las cocina mi abuela, no, no hay chance. Soy muy nostálgica, de mirar todo el tiempo fotos y de lo que fui antes de venirme para acá, eso sí. Sobre todo, de la niñez. Extraño mi casa también, en la que me crié. De hecho, ya no voy a volver más ahí, porque la vamos a vender. Extraño mi barrio, los vecinos…
¿Y qué es lo que más te gusta de vivir en Uruguay?
Las posibilidades que me brinda trabajar, de ser quien soy hoy en día, el cariño con que todos me reciben, el lugar que me dan, tan especial. Mis amistades que conformé acá.
¿Sos feliz?
(Piensa) Sí… Separando todo lo que estoy viviendo actualmente, sí. Profesionalmente, lo soy. Personalmente, actualmente no tanto, pero por lo que me viene pasando. Estoy descubriendo de qué estoy hecha, en este momento.
Por César Bianchi
@Chechobianchi
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