A comienzos del año, la presidenta de Ceibal, Fiorella Haim, fue reconocida en Londres como una de las diez mujeres más destacadas del mundo en educación y tecnología. La distinción se dio en el marco de la feria Bett, uno de los principales eventos globales del sector, y la ubicó como la única representante de América Latina.
“Fue bastante impresionante”, dijo en entrevista con Montevideo Portal al referirse al momento en que recibió la noticia. La postulación había surgido sin mayor expectativa y el aviso llegó tiempo después. “Yo hasta me había olvidado”, contó.
Para Haim, el reconocimiento no se explica en lo individual, sino que “reconoce todo un trabajo de posicionar a Uruguay en esta área”, afirmó. En los mismos días participó en instancias internacionales en los que, según señaló, la experiencia local fue tomada como referencia.
Haim también cuestionó una tendencia que observó en eventos internacionales, en los que detectó un crecimiento de herramientas con inteligencia artificial “sin un uso claro”.
“Parecería que se hacen para decir ‘tengo algo que hace inteligencia artificial’”, señaló.
Frente a eso, explicó que Ceibal trabaja con un enfoque distinto que se basa en seleccionar herramientas en función de problemas concretos del sistema educativo.
En esa línea, mencionó el desarrollo del laboratorio educativo de IA, lanzado en 2025, que actualmente reúne 43 proyectos en distintas etapas. Algunos están en fase inicial. Otros ya avanzan hacia su implementación a mayor escala.
Entre los ejemplos, destacó una herramienta que adapta libros de texto a distintas situaciones de discapacidad. Permite ajustar tipografía, contraste y vocabulario, de modo que todos los estudiantes trabajen sobre el mismo contenido.
El sistema ya pasó por pruebas en centros educativos y continúa en proceso de mejora.
Un puente entre educación e innovación
De cara al futuro, Haim definió el rol de Ceibal como articulador. “Se convirtió en un puente entre el ecosistema educativo y el innovador”, afirmó.
Ese posicionamiento se apoya en su estructura institucional y en el trabajo coordinado con organismos como el Ministerio de Educación y la ANEP.
El objetivo, en un escenario constantemente cambiante, es tomar los desarrollos tecnológicos y “poder transformar esas ideas en políticas públicas”, resumió, y concluyó que la tecnología no es un fin en sí mismo, sino que el punto es cómo se usa y, sobre todo, para qué.