Entrevistas

Relatos de un náufrago

Esteban Valenti presenta: “Naufragios. Crónica de mi viaje personal”

Entre navegaciones y naufragios, Esteban Valenti decide contar su historia, desde que salió de Italia hasta ayer: "Una de las grandes tragedias del mundo actual es que la revolución está desapareciendo".
19.06.2019 15:16
2019-06-19T15:16:00
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Entre navegaciones y naufragios, Esteban Valenti decide contar su historia, desde que salió de Italia hasta ayer. Desde su entrenamiento en la KGB hasta su alejamiento del Frente Amplio. Sus miedos, sus amores y su particular visión del mundo aparecen en este libro que revela documentos, miserias y explica parte del Uruguay de hoy.

Montevideo Portal: "Naufragios" es tu libro más personal, que necesariamente nos lleva a conocerte.

EV: Cierto. Yo en la presentación decía que en las novelas y los cuentos te podés permitir mentir, y cuanto más mentís, más imaginación le ponés y más interesa la novela. En esto es exactamente al revés: tenés que ser preciso, no decir cosas de más, sobre todo si hablás de vos y tratás de recomponer algo que para mí era fundamental, ya que me empezaba a olvidarme de cosas. 

Es mi historia y para contarla elegí cosas. Elegí dos grandes períodos: uno que es el menos conocido, desde que me trajeron de Italia a los 8 meses, por eso también lo del naufragio. Vine en un barco que era un naufragio ambulante. Esos años son entre Argentina y Uruguay y es el período de mi vida que no controlo, que controla mi familia. Es un período de altibajos terrible.

Y después el descubrimiento del Uruguay, desde que empecé a trabajar en Codavi.

MP: Empezaste a trabajar y a militar muy joven: tus 16 años están tan lejos de cómo viven los adolescentes ahora...

EV: Yo me afilié a los 14 años y a los 16 tengo el primer registro en la Dirección Nacional de Información e Inteligencia que se mantienen hasta el 2003.  Era Secretario General de los Estudiantes de Secundaria, participaba en los debates sobre el cisma chino-soviético. Era otra realidad; ni mejor ni peor. Reivindico esa época, porque a los 16 años ser dirigente estudiantil, defender una idea, es lo que quiero reivindicar.

Después, está todo ese período hasta el 74 que llego a ser dirigente comunista. No era de los principales ni mucho menos, pero hacía política en todo sentido. Después el Partido me manda a Buenos Aires a hacerme cargo del aparato político militar logístico.

Estuve hasta el 78 en Argentina: un período muy duro. Es este libro no hago un análisis de la caída del socialismo, lo hago desde el gusto del polvo de ladrillo, lo hago desde mi derrota, de mi naufragio.

No es que se cayó el muro, cambió el mundo. Y yo sigo en otro proyecto político. Hice todo lo que hice en 28 años de militancia comunista porque tenía un sueño real, concreto, que era la revolución.

Una de las grandes tragedias del mundo actual es que la revolución está desapareciendo. Se confunde la revolución tecnológica con la revolución de la organización social y humana, cultural, intelectual e ideológica. Y la culpa de que haya fracasado no es de las revoluciones.

MP: ¿Es de las personas?

EV: No, eso es una manera de lavarse las manos. Fracasaron y fracasaron sucesivamente. Hoy esas revoluciones, las últimas revoluciones, anticoloniales, socialistas... todas ellas están en proceso de retroceso y de fracaso, algunos estrepitosos. Como los casos de Nicaragua y Venezuela.

MP: Hay momentos de tu militancia como el entrenamiento de la KGB que también están presentes, así como te referís al tema de la plata del PCU.

EV: Ya a esta altura estoy como blindado de amianto. Que me vengan a hablar de diamantes ahora cuando sigo trabajando... ¿Qué voy a esperar, a los 90 años para gastar la plata? Y además las miserias humanas: no te preocupó nada cuando yo pagué toda la campaña electoral de Tabaré Vázquez de la 1001, no te preocupó nada cuando me pedían plata de todos lados porque las finanzas del partido se desfondaron; ahí no te preocupabas si era de los diamantes o el tráfico de esclavos.

MP: Hay muchos naufragios, además de las rupturas del PCU, donde se vuelven a presentar a elecciones internas.

EV: Yo ya me había ido. Vinieron mis compañeros a pedir que me presentara y lo hice. Los que se quedaron, se quedaron con algo que ellos pensaban y siguen pensando que va por un camino. Cambiaron la esencia el partido.

MP: Hay otras dos rupturas fundamentales, ya que tanto de Tabaré Vázquez como de Danilo Astori eras amigo.

EV: Era amigo político y la política es muy cruel. La política es una actividad humana donde se pone en juego lo más dramático y lo más complejo de las relaciones entre los seres humanos, que es el poder. Desde que el hombre salió de las cavernas e hizo política y salió el primer jefe, ya el poder adquirió esas características. Bueno, yo me hice amigo por esa razón, con la diferencia de que nunca les pedí nada. Me lo pidieron ellos a mí. No será un gran mérito, pero yo nunca fui funcionario de nada. Nunca hice una campaña electoral pagada ni aquí, ni en la Argentina, ni en Paraguay. Hice la campaña por militancia. Y en la campaña electoral no me ha ido tan mal. Basta ver los resultados. Pero las hago porque me apasiona como parte de la militancia. Que después algunos de ellos haya decidido romper conmigo y yo también romper con ellos: porque no me quedo corto en eso.

MP: Pero el libro tiene otras cosas

EV: Sí, que me interesan más: como las ausencias, la gente que falta, el archivo de inteligencia de 22 páginas que conseguí, que se extiende desde mis 16 años hasta el 2003. Hay veintipico de años de democracia donde se hacía inteligencia.

Y después están las botellas que son mensajes. Los náufragos tienen el máximo de optimismo que puede tener un ser humano: lanzan al mar una botella y esperan que alguien la encuentre. Escribo esas botellas a los que más quiero, los que más han impactado en mi vida: a Arismendi, a Jaime Pérez, a mi familia, a Selva que es mi gran salvavidas... Es también un esfuerzo por tratar de sacarme de la reflexión política.

MP: Hay una reflexión política permanente en el libro, con conceptos tan tajantes como cuando hablás de la "lumpenización de la cultura" que deja el gobierno del Frente Amplio, tu diagnóstico sobre la gestión de la intendencia de Montevideo, etcétera.

EV: Vi el debate en televisión entre Talvi y Andrade. Fue un gran salto democrático. Buen nivel, pero hay temas que no se trataron. Fue un debate a sombrerazos. Faltaron los hechos. Yo digo: el primer gobierno del Frente Amplio fue un muy buen gobierno y la gente lo supo apreciar. Sobre ese gobierno cabalgamos para elegir el segundo. De ahí para adelante cambió la esencia. No fueron pequeños errores, fueron proyectos políticos fracasados. No tuvo en cuenta los seres humanos.

¿Cuál es hoy el rasgo más trágico que tiene este país? La pérdida de confianza de la gente. ¿Cuál fue el gran aporte? Sí, fueron las cifras sociales, todos los indicadores, las estadísticas, pero lo más importante es que después de 50 años de decadencia, los uruguayos volvieron a creer que el Uruguay es un país no solo posible, sino que podía transformarse en algo diferente de progreso permanente. Y se nos quedó una parte del otro lado y una zanja cada vez más profunda. Después incluso lo que habíamos logrado ese clima... se perdió. Hoy en la calle ves la falta absoluta de interés por la política.

Que a pocos días de las elecciones, pases por la rambla y encuentres dos o tres banderas, que aparezca un personaje como Sartori, es un indicador del estado de la salud de la cultura uruguaya.

Eso es lumpenización. Vos sos dirigente sindical, conseguiste de todo, y la mayoría de los uruguayos piensa pestes de los sindicatos. ¿Eso es un avance de la cultura progresista o de la batalla cultural necesaria para poder transformar una sociedad? Sin embargo, fue la época en que hubo más avances en los derechos sindicales y ¿se fortaleció la cultura de trabajo en este país? No. Nunca hubo tanta gente que falta por enfermedad. El debate fue muy respetuoso, pero no se habló de lo que nos pasa todos los días. En la zona sur de Montevideo hay tres asesinatos cada 100.000 habitantes y la zona norte y oeste hay 28, lo mismo que en Guatemala. Eso después de 15 años de gobierno del Frente Amplio.

Y con el gobierno de Montevideo, ¿esta es la ciudad que yo me imaginaba?  La ciudad futura es uno de los aportes fundamentales de Gramsci, hubo más revolución en el campo uruguayo, pero en Uruguay cambiaste lo público y lo privado, no es una ciudad que se quiere a sí misma. ¿Dónde están los grandes proyectos para transformar el espacio colectivo en un elemento de integración?

Todos somos responsables, pero no hay nada más demagógico que si todos somos responsables.

MP: Pero vos sí sos responsable.

EV: Sí, y en el libro lo digo con toda claridad. Cuando uno dice que es náufrago se hace cargo de la responsabilidad. Yo no me lavé las manos ni de Sendic. Tendría que haber sido mucho más feroz para que no llegará a ser vicepresidente, porque era una vergüenza para el país y para la izquierda.

En realidad, todo el libro tiene una pregunta implícita o dos. Una es para qué escribo el libro.

MP: Y la respuesta es...

EV: Lo escribo porque quiero contar mi versión de la historia. Quiero parar la pérdida de memoria. Quiero tratar de recomponer el clima de esa época, que visto desde esta época es muy difícil. Es muy difícil pensarse a los tiros en el centro de Buenos Aires.

La otra pregunta que está implícita y yo la hice explícita es ¿por qué hicimos todo eso? ¿Por qué nos jugamos la vida? Algunos más que yo y algunos pagaron un precio mucho más alto que el mío, porque sigo vivo, tengo 14 nietos y puedo seguir contando cuentos.

¿Por qué los 20 de mayo desfilamos con los carteles siempre jóvenes después de 40 años? ¿Por qué lo hicieron? ¿Sabés por qué lo hicimos? Lo hicimos por la revolución.

Y hoy no está en el escenario nacional y mundial de ninguna manera. Hoy en Uruguay estamos más lejos de la de la revolución que antes.

MP: ¿De qué revolución?

EV: Es la francesa, es la revolución norteamericana, y te puedo hacer una lista interminable. La revolución tiene que tener un gran proyecto de gran transformación profunda y radical de la vida de una sociedad. La revolución en Uruguay ¿dónde comienza? Con el libertador, el personaje político que dio nacimiento a este país, que terminó decenas de años exiliado y que fue el pensador y el libertador más avanzado de la historia América Latina. Artigas fue un caudillo de las provincias con una visión absolutamente revolucionaria para su época.

Entonces, el concepto de revolución es esa idea en que vos te proponés cambiar las injusticias y conquistar las libertades. ¿Se pueden hoy conquistar más libertades? ¡Cómo no! Lo que pasa que es cambiaron los protagonistas. Ya no es el proletariado. Lo que está cambiando el mundo del trabajo, ¿no necesita una revolución? Necesita la capacidad de los seres humanos de transformar las sociedades. Estamos tan lejos de las metas del milenio. Estamos lejos en uno de los aspectos más trágicos: la crisis climática.

Los derechos de las mujeres son otro ejemplo. El feminismo es la comprobación de que nos falta mucho para poder alcanzar la igualdad del hombre y la mujer. 

Lo que trato es de analizarlo desde mi historia personal. Porque esos muchachos, estas muchachas pelearon, a su manera sufrieron, murieron, desaparecieron porque se habían propuesto hacer la revolución.

Cuando hablamos hoy de mis 16 años y los de otros militantes, ¿fue por un viento que pasó y nada más? No. Fue porque estaba en el centro de nuestra vida, la vida de todos los demás. Estaban en el centro de nuestras vidas las tragedias del mundo. Y hoy no están.

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