Las autoridades españolas investigan como un atentado yihadista el ataque a varias iglesias con un muerto y cuatro heridos, uno de ellos sacerdote, por parte de un marroquí en situación irregular pendiente de expulsión a su país pero que no estaba fichado por la Policía por su radicalización.

"No estaba en el radar de ningún servicio nacional por radicalización" ni "en ninguna base de datos de los distintos países" en los que tuvo alguna residencia, dijo este jueves el ministro español del Interior, Fernando Grande-Marlaska, en Algeciras.

En esta ciudad del sur de España fue donde en la víspera Yassine Kanjaa, de 25 años, asesinó con un machete a un sacristán tras irrumpir en dos iglesias e intentar acceder a otra, gritando "muerte a los cristianos" y "Alá es grande" mientras portaba un gran machete y vestía una chilaba.

"Naturaleza terrorista"

Su único antecedente policial en España es de junio de 2022, cuando se le abrió expediente de expulsión por entrada irregular.

El ministro añadió ante los medios que "no hay ninguna otra persona involucrada" mientras prosigue la investigación sobre lo que "puede ser de naturaleza terrorista", aunque "todas las hipótesis siguen abiertas".

Grande-Marlaska viajó a Algeciras para dar el pésame a la familia del asesinado y reunirse con responsables de la investigación policial.

Fuentes policiales informaron a EFE de que el detenido tenía propaganda yihadista "rudimentaria", descubierta en un registro de la casa donde residía, de la que salió con un Corán en la mano.

La Audiencia Nacional española le investiga por un delito de terrorismo de carácter yihadista y tiene previsto interrogarle en los próximos días, cuando sea trasladado a Madrid una vez que concluyan los interrogatorios de la Policía.

El juez de la Audiencia Nacional Joaquín Gadea considera que Yassine Kanjaa actuó guiado por una "voluntad terrorista" que vincula en principio con el "salafismo yihadista".

Un auto del juez, al que tuvo acceso EFE, relata que sobre las 18.30 (hora local) entró en la iglesia de San Isidro, donde hirió "de gran gravedad" al sacerdote Antonio Rodríguez, de 74 años.

Luego fue a la iglesia de La Palma, a unos doscientos metros, donde encontró al sacristán, Diego Valencia, abandonando el templo por una puerta trasera, agrediéndole mientras gritaba "unas palabras en árabe entre las que se escucha la palabra allah".

Consumado el asesinato, se dirigió a la cercana ermita Europa e intentó entrar, pero "sin prestar resistencia" fue detenido por la Policía.

Concentración de repulsa

Cientos de ciudadanos expresaron su repulsa en una concentración en esta ciudad del sur de España, de unos 122.000 habitantes, con cinco minutos de silencio.

La ciudad está situada en el Estrecho de Gibraltar, en el que se encuentra Marruecos a unos catorce kilómetros, y cuenta con unos 12.000 musulmanes entre sus vecinos.

Driss Mohamed, un portavoz de la comunidad musulmana, reclamó que este ataque "no ponga en tela de juicio el clima de convivencia y hermandad" que hay en Algeciras.

El párroco de la iglesia de La Palma, Juan José Marina, aseguró que siempre ha existido una "buena relación" con la comunidad musulmana.

El secretario general de la Conferencia Episcopal Española, César García Magán, pidió que no se "demonice a ningún colectivo" ni se caiga en provocaciones que identifican el terrorismo con alguna religión.

La Federación Musulmana de España instó a los musulmanes que viven en el país a "que cierren filas frente a este terrorismo".

El sacristán asesinado es la quinta víctima en tres ataques yihadistas en iglesias católicas de la Unión Europa desde 2016. España no había sufrido hasta este de Algeciras ningún ataque de este tipo en templos católicos.

La Policía ha reforzado la vigilancia en los principales lugares de culto en la región española de Cataluña, donde en 2017 en varios atentados yihadistas murieron 16 personas y más de 150 resultaron heridas.

EFE