AgregarSuscribite al canalWhatsApp AgregarAgreganos en GoogleGoogle

A palos

España: desalojo a la fuerza de una anciana incapacitada movilizó a una multitud

Celebridades como Ana Belén y Carlos Bardem se sumaron a la protesta, pero no pudieron evitar el desahucio.

23.09.2026 09:14

Lectura: 9'

Compartir en

El desalojo de Maricarmen, una mujer de 87 años que llevaba cerca de siete décadas viviendo en el mismo inmueble de Madrid, se convirtió en el centro de una movilización de vecinos, activistas y organizaciones defensoras del derecho a la vivienda. La mujer resistió varios intentos de lanzamiento antes de que, finalmente, esta mañana se ejecutara la orden judicial.

La imagen de la octogenaria rodeada de personas que intentaban impedir su expulsión se transformó en uno de los símbolos de la crisis de vivienda en España. Personalidades como Ana Belén y Carlos Bardem se sumaron a las protestas, aunque la movilización no consiguió frenar el desalojo.

Detrás del caso existe una disputa judicial que se prolongó durante años y que involucra sucesivos cambios en la propiedad del inmueble, un antiguo contrato de alquiler y la situación de vulnerabilidad económica de la inquilina, según detalla una crónica publicada por el periódico El Plural.

El conflicto también puso nuevamente sobre la mesa el debate sobre los contratos de renta antigua y el equilibrio entre el derecho de propiedad y la protección de los inquilinos en situación de vulnerabilidad.

Una propiedad que cambió de manos

Uno de los principales puntos de inflexión se produjo en 2018, cuando la finca fue adquirida por Renta Corporación, una de las principales compañías inmobiliarias de España. Poco después, la empresa ofreció a Maricarmen comprar la vivienda por 247.000 euros.

La pensionista no pudo afrontar la operación, tanto por el importe solicitado como por las dificultades para obtener financiación bancaria a su edad.

Posteriormente, el inmueble pasó a manos de Urbagestión Desarrollo e Inversión SL, que también opera bajo la denominación Urbagesa. Según información difundida por el Sindicato de Inquilinas y recogida por El HuffPost, detrás de esta sociedad se encuentran los empresarios Ricardo y Fernando Alonso.

La compañía rechaza definirse como un fondo de inversión y se presenta como una entidad dedicada al análisis y asesoramiento de operaciones inmobiliarias.

Según el Sindicato de Inquilinas, la empresa elevó el alquiler de Maricarmen de unos 500 euros a 2.650 euros mensuales. Posteriormente, ofreció reducir la renta a 1.650 euros. La compañía también rechazó una propuesta para que una donante anónima se hiciera cargo de la diferencia entre la cantidad que podía pagar la anciana y la renta exigida.

Casi 70 años en la misma vivienda

La relación de Maricarmen con el inmueble de la calle Alcalde Sainz de Baranda, en el distrito madrileño de Retiro, comenzó en 1956. Ese año, su padre formalizó un contrato de alquiler sometido al régimen de renta antigua, que durante décadas permitió a numerosas familias españolas mantener una residencia estable.

Después del fallecimiento del titular original, el contrato pasó a su madre mediante una subrogación. En 2005, Maricarmen asumió la titularidad del arrendamiento con el consentimiento de la propiedad.

Desde entonces, el inmueble continuó siendo su residencia habitual.

La disputa judicial

El conflicto se centró en la vigencia del contrato de alquiler que permitió a Maricarmen permanecer en la vivienda. La propiedad sostuvo ante los tribunales que la segunda subrogación debía haberse extinguido en 2007.

En primera instancia, un juzgado rechazó esa interpretación y falló a favor de la arrendataria. Sin embargo, el proceso continuó y tanto la Audiencia Provincial como posteriormente el Tribunal Supremo determinaron que esa segunda subrogación únicamente podía mantenerse durante un período limitado, de acuerdo con la normativa aplicable.

Uno de los elementos determinantes fue el grado de discapacidad reconocido a Maricarmen. La mujer presenta movilidad reducida como consecuencia de varias intervenciones de cadera y tiene reconocido oficialmente un grado de discapacidad del 50%.

Los tribunales consideraron, sin embargo, que no alcanzaba el 65% establecido por la legislación para acceder a determinadas protecciones adicionales.

Un alquiler que supera su JUBILACIÓN

Tras la resolución judicial, la situación económica de Maricarmen cambió de forma sustancial. Según los datos difundidos por el Sindicato de Inquilinas, la nueva propiedad estableció inicialmente una renta mensual de 2.650 euros y posteriormente planteó reducirla a 1.650 euros.

La cantidad continuaba siendo superior a la pensión de la mujer, que ronda los 1.300 euros mensuales.

Hasta ese momento, Maricarmen pagaba aproximadamente 500 euros al mes, de acuerdo con las condiciones de su antiguo contrato.

La diferencia entre esa cantidad y la nueva renta se convirtió en uno de los principales argumentos de quienes reclamaron que la mujer pudiera permanecer en el inmueble, al considerar que el nuevo importe resultaba imposible de asumir para una pensionista de su situación.

Una escritora ofreció pagar el alquiler

Pocos días antes del desalojo, una conocida escritora ofreció hacerse cargo de parte del alquiler para evitar que Maricarmen tuviera que abandonar la vivienda.

Según informó El País, la mujer prefirió mantener su identidad en reserva y se puso en contacto con el Sindicato de Inquilinas para negociar con el abogado de la empresa propietaria.

La propuesta consistía en que Maricarmen continuara pagando los 500 euros mensuales que abonaba hasta entonces y que la donante asumiera el resto hasta completar los 2.650 euros exigidos por la empresa.

La escritora también se comprometió a hacerse cargo de la deuda acumulada y a continuar pagando el alquiler durante el tiempo que fuera necesario.

La propiedad rechazó la propuesta.

De un conflicto vecinal a una movilización nacional

El litigio, que durante años permaneció circunscrito al ámbito judicial y vecinal, terminó adquiriendo una dimensión nacional.

Los distintos intentos de ejecutar el desalojo generaron concentraciones de vecinos, campañas de solidaridad y una amplia cobertura de los medios de comunicación. La participación de organizaciones sociales y la presencia de personas conocidas del ámbito cultural contribuyeron a convertir el caso en uno de los ejemplos más visibles de las reivindicaciones por el derecho a la vivienda en España.

El último intento por evitar el desalojo

Antes de la ejecución definitiva, los representantes legales de Maricarmen mantuvieron durante más de una hora conversaciones con la comisión judicial encargada de ejecutar la orden y con representantes de Urbagestión.

La defensa intentó encontrar una alternativa que permitiera evitar que la mujer abandonara su vivienda. Según explicó la abogada Beatriz Duro, entre las propuestas estuvieron la suspensión cautelar del procedimiento por motivos humanitarios, esperar a que el juzgado resolviera un escrito presentado recientemente, aceptar que un tercero asumiera el pago de la renta o conceder algunos días adicionales para que las administraciones pudieran buscar una solución residencial.

"Ninguna de las opciones ha sido aceptada", lamentó la abogada.

La defensa también sostuvo que la propiedad no accedió a conceder unas horas adicionales para que Maricarmen pudiera recoger sus pertenencias.

"Hemos intentado acordar una salida digna y no ha sido posible", afirmó Duro ante el edificio del distrito de Retiro.

Según la versión de la defensa, la única alternativa planteada por Urbagestión fue que la inquilina proporcionara una dirección posterior a la que pudieran enviarse sus muebles y pertenencias.

El caso de Maricarmen quedó así convertido en un conflicto que va más allá de su situación personal y vuelve a poner en discusión el tratamiento de los contratos de renta antigua y las medidas de protección aplicables a los inquilinos vulnerables.

La jurisprudencia detrás del caso

El abogado madrileño Javier Flores, que siguió de cerca el caso, explicó en un hilo de X los pormenores del caso de Maricarmen, y consideró que la normativa debió interpretarse de otro modo.