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Una hora, 31 minutos y 41 segundos. Ese fue el tiempo que el escalador estadounidense Alex Honnold tardó en llegar a la cima del Taipei 101, el primer edificio en superar los 500 metros de altura y que supo ser el más alto del mundo hasta 2009, cuando se inauguró el Burj Khalifa. Como si esto no fuese suficientemente impresionante, lo logró sin cuerdas, arnés ni ningún otro equipo de seguridad, utilizando las vigas metálicas horizontales del rascacielo para impulsarse con sus manos.
Para muchos, “el mejor escalador del mundo”. Honnold alcanzó su fama como escalador extremo en 2019 al ganar un premio Oscar por su documental Free Solo, en el que se lo ve trepando en solitario El Capitán, la pared de granito de casi 1.000 metros de alto situada en el Parque Nacional de Yosemite, Estados Unidos. El título del documental hace referencia a la modalidad extrema de escalada libre donde el deportista asciende sin ningún equipo de seguridad. Cualquier error puede significar una caída directa hacia la muerte.
El evento fue transmitido en directo por Netflix, que decidió retrasar 10 segundos la emisión del evento por tratarse de un hecho potencialmente mortal. Lejos de cualquier tragedia, el norteamericano logró no solo conquistar una de las construcciones más imponentes del mundo, sino también, como dijo en la conferencia de prensa posterior, recordarles a quienes lo observaban con miedo y asombro mientras arriesgaba su vida que “el tiempo es finito” y que hay que “aprovecharlo de la mejor manera”.
Para este reto, Honnold tuvo que pedir permiso al edificio y al gobierno de la ciudad. Recibida la autorización, el estadounidense pasó dos meses y medio preparándose para el desafío y planificando los pasos a dar sobre el gigante asiático. Así, cuando llegó el momento y los miles de espectadores ya estaban reunidos en las afueras del edificio, Honnold lo tenía todo bajo control.
En primer lugar, Honnold sorteó la base del rascacielos, compuesta por 113 metros de losa inclinada de acero y vidrio, en menos de 20 minutos. “Al empezar, sentí que estaba un poco más nervioso al despegar. Y luego, a medida que subía, me fui relajando cada vez más. Pensé: 'Oh, esto es tan divertido.' Quiero decir, por eso lo hago. Fue increíble”, comentó Honnold luego del evento.
Superado este tramo inicial, el escalador se enfrentó al segmento más largo y exigente: las “cajas de bambú”. Este tramo central se compone de 64 pisos divididos en ocho segmentos empinados y en voladizo, separados por balcones donde descansaba unos segundos mientras subía.
El tramo final, señalado por los organizadores como el más peligroso, comenzó al llegar a la torre superior del edificio. Desde allí, Honnold avanzó cuidadosamente por los anillos hasta la aguja, coronada por una pequeña esfera metálica suspendida sobre el vacío. “Había mucho viento, así que pensé: 'No te caigas de la aguja'. Intentaba mantener el equilibrio. Pero fue una posición increíble, una forma hermosa de ver Taipéi.”, relataría más tarde.
Es la segunda vez en la historia que alguien alcanza la cima del Taipéi 101 desde afuera. En 2004, Alain Robert, conocido como “el Spiderman francés”, tardó cuatro horas en trepar el edificio, solo que, en aquella oportunidad, Robert utilizó cuerdas de seguridad debido a la lluvia.
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