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Directo al grano.

Es colombiano, vino desde España y vende café en Tristán Narvaja: la historia de César

Lleva 16 años en Uruguay y cuenta una vida que cruza continentes, amores y la pasión por el café.

01.08.2026 15:43

Lectura: 5'

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Por Agustín Bassini
  [email protected]

César Alarcón es colombiano, tiene 16 años viviendo en Uruguay y una historia que atraviesa continentes, amores y sacos de café. Llegó desde España enamorado de una uruguaya, se quedó por su hija y hoy vende café de especialidad en una barra en la feria de Tristán Narvaja. Su infancia transcurrió entre los cafetales del departamento del Huila, donde su padre compraba hasta 200.000 kilos de café en un fin de semana de cosecha. Ahora importa granos de Colombia.

Alarcón salió de Colombia a los 17 años con el permiso de su madre y la ausencia de su padre, ya fallecido. Fue a estudiar a la universidad, pero tuvo que abandonar la carrera para trabajar. “Hice de todo: construcción, jardinero, mozo, lo que pintara con tal de no dejarse morir de hambre”, recuerda. Estuvo 10 años en España, hasta que conoció a una uruguaya en una discoteca.

El abrazo que lo trajo

Cuando ella decidió volver a Uruguay en 2010, Alarcón dudó. Ganaba bien en España y los sueldos uruguayos eran bajos. Pero el amor pudo más. “Todo fue un abrazo, un beso, una lágrima o muchas lágrimas. Dije: 'dejo todo en España y me voy contigo'”, relata. Se casaron, convivieron un tiempo y luego se separaron. Ella vive ahora en Rivera; él se vino a Montevideo.

“Me imaginaba que Uruguay era un país tropical como Colombia. Dejé toda la ropa de invierno y cuando entró el invierno dije: 'No, esto es como en Europa, esto es frío a lo loco'”, cuenta entre risas.

Pero lo que encontró lo sedujo: un país organizado políticamente, con llanuras, vacas, arquitectura que lo impactó y, sobre todo, tranquilidad. “Es un oasis de paz comparado con los otros países de Latinoamérica. Eso hizo que me quedara: su paz, su estabilidad política, las normas claras”, comentó.

El café en la sangre

Alarcón creció en el negocio familiar del café. Su padre compraba en Gigante Huila, zona cafetera por excelencia, y todos los hijos debían colaborar. “Desde el más chico hasta el más grande tenía que ayudar en la economía de la casa”, explica. A él le tocó coser sacos, juntar café, secarlo en los patios y acompañar a su padre a comercializar, perdiendo días de clase en el proceso.

“Al principio no me gustaba porque era muy niño. Pero le agradezco a mi papá que me haya enseñado todo el tema del café, porque es lo que ahora es parte de mi economía”, reconoce. Ese conocimiento, heredado y profundizado con los años, es hoy su sustento y su pasión.

Ejército de uno

Alarcón no tiene familia extendida en Uruguay. Su núcleo es su hija, su pareja dominicana y poco más. “Un amigo uruguayo me dijo una vez: César, usted es muy valiente con todo lo que hace con el café, esa pasión que vive. Usted es un ejército de uno”, cuenta. Ha tenido caídas duras, momentos en los que pensó en abandonar. “Pero luego se encuentra gente que lo ve trabajando duro, lo motiva, lo ayuda. Y uno dice: no, acá no voy a tirar la toalla. Vamos hasta donde dé la salud, hasta donde dé la vida”, añade.

Tiene un proyecto en marcha: traer lotes de café desde Colombia, tostados en origen, con presentaciones que rendirán homenaje a Uruguay. “Ese café se va a comercializar muy pronto, en tiendas y en Tristán. El café lleva un proceso de por lo menos dos años, pero dentro de dos años, ese café ya va a estar acá”, adelanta.

Para quienes quieran emprender, su consejo es directo: “Que no desfallezcan, que insistan. Tarde o temprano va a salir. Y que siempre miren la calidad, que sean sinceros con el público final. Si es café, que sea un buen café, que no le mientan a la gente”, comentó.

“Soy uruguayo de corazón”

César Alarcón es ciudadano uruguayo, aunque conserva su acento colombiano. “No hincho por Uruguay en fútbol, pero es mi segunda selección. Colombia siempre va a ser la primera, pero Uruguay va en mi corazón donde quiera que vaya”, considera con emoción.

Lo que más extraña de Colombia es su familia y el clima. “Allá siempre es verano. Acá tenemos dos o tres meses de calor muy rico y luego el otoño y el invierno, que se hacen muy largos. Mucha neblina, mucha lluvia, mucha humedad. Eso no me gusta del Uruguay. Del resto me gusta todo: la carne, la rambla, el verano, las playas limpias y amplias. La gente también“. comentó.

Su mensaje final es de gratitud: “Darles las gracias a este país por todo, por todo lo que me ha dado, por todo lo que he podido desarrollar acá, a toda la gente que ha estado a mi lado apoyándome. Cuando me vaya en un futuro, va a ser un país que voy a llevar en el corazón. Me siento muy feliz acá. Gracias a Uruguay por todo“, concluyó.

Por Agustín Bassini
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