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Su camino

Era sacerdote, se hizo astrólogo y fundó su propia escuela: la historia de Astroalquimia

Después de 12 años vinculado a la iglesia, el argentino Enrique Carriquiry habló de sentirse “asfixiado” por su estructura.

29.09.2026 14:30

Lectura: 16'

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Por Felipe Capó
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Desde temprana edad, el argentino Enrique Carriquiry supo que era una persona espiritual. Esa misma cualidad desembocaría en una experiencia de 12 años vinculado a la Iglesia católica antes de cambiar por completo el rumbo de su vida. Se formó durante nueve años, se ordenó sacerdote y ejerció durante otros tres, hasta que decidió apartarse de la institución y comenzar un proceso de “reinvención personal”.

Tiempo después conoció a Belén Castellanos, hoy su esposa, y comenzó a profundizar en la astrología como una herramienta vinculada al “autoconocimiento”. Juntos fundaron Astroalquimia, un proyecto que comenzó en 2020 de forma completamente virtual y que actualmente ofrece cursos, formación y consultas.

Carriquiry define la astroalquimia como una “metodología propia” dentro de lo que denomina astrología de tipo evolutiva o psicológica. A diferencia de las corrientes predictivas, sostiene que su trabajo no busca anticipar acontecimientos ni decirle a una persona qué decisiones debe tomar, sino utilizar la carta natal como una herramienta de autoconocimiento.

En diálogo con Montevideo Portal, habló de su salida de la Iglesia, la relación entre aquella etapa y su trabajo actual, los prejuicios alrededor de la astrología y los límites que entiende que deben existir cuando una persona busca respuestas para decisiones importantes de su vida.

Antes eras sacerdote y hoy te dedicás a la astrología. ¿Cómo fue ese recorrido?

Siempre tuve inclinación por el mundo de la espiritualidad, desde muy chico. No entendida solamente como algo místico, sino como algo que nos sirviera de puente entre los seres humanos. La espiritualidad como un puente no solamente hacia lo divino, sino también hacia el otro.

Con ese espíritu me embarqué desde muy joven en una búsqueda dentro de la Iglesia católica, porque sentía genuinamente un llamado espiritual. Participé durante 12 años. Me formé como sacerdote; después de nueve años me ordené y durante tres años ejercí ese ministerio, ese servicio.

En un momento consideré que no era el camino para mí por un montón de razones. Sentía que no estaba cómodo, que no me podía proyectar hacia adelante y di un paso al costado hablando con las autoridades de la Iglesia de ese momento.

Luego, tuve un período de reinvención personal muy fuerte. Varios meses después de dejar la Iglesia conocí a Belu, que hoy es mi mujer. Después de un proceso de un par de años decidí seguir acompañando a la gente, pero desde mi propia experiencia y mi propio mundo interior espiritual, que para ese entonces ya estaba muy empapado del lenguaje simbólico de la astrología.

Ahí fue cuando, con Belu Castellanos, creamos Astroalquimia Escuela. Arrancó durante la pandemia como una comunidad de gente que tenía ganas de atravesar ese proceso tan fuerte que vivimos todos los seres humanos. El proyecto nació 100% online y empezamos a acompañar personas a través de talleres y formaciones.

Dimos talleres de meditación, de acompañamiento holístico, distintos cursos y también de astrología. Poco a poco, eso fue derivando en que hoy estemos abocados 100% a la astrología desde una perspectiva propia que llamamos astroalquimia.

¿Qué es la astroalquimia y en qué se diferencia de otras formas de astrología?

La astrología tiene muchas miradas y muchas escuelas. Básicamente hay dos grandes ramas: una es la astrología predictiva, también llamada judicial, que es más determinista. Es una astrología que de alguna manera pasa por encima de la libertad del individuo porque baja un pronóstico o una predicción.

Esa no es la astrología que hacemos nosotros. Estamos dentro de una rama que se llama astrología evolutiva o astrología psicológica, en la que estudiamos la carta natal de cada persona. Miramos el momento y el lugar en el que nació y tratamos de entender simbólicamente qué está diciendo ese cielo y qué le dice a esa persona.

Todos los días hago sesiones de cartas natales y de autoconocimiento vinculadas con este tipo de astrología, además de enseñarla en distintas formaciones.

¿La astrología predictiva sería la que habitualmente se ve en los horóscopos?

No necesariamente. Incluso hay personas que hacen horóscopos o astrología de divulgación desde una línea humanística o evolutiva.

Hay mucha gente que se dedica a lo que nosotros llamamos “clima astrológico”, que nosotros también hacemos. Pero hay una diferencia enorme entre una astrología y otra. Una puede decirte: “Este mes, tal día, no salgas de tu casa, no firmes un contrato, no hagas esto”. Es superdirectiva.

Nosotros trabajamos desde otra perspectiva, vinculada al autoconocimiento.

¿Qué reacción hubo en tu entorno cuando dejaste de ser sacerdote y empezaste a dedicarte a la astrología?

Si hubo reacciones malas, no las escuché o no me las hicieron llegar. En general, la recepción fue bastante buena.

Me crié en Buenos Aires, en un colegio católico y dentro de un entorno con mucha formación en ese sentido, aunque mi familia no puso el acento educativo en lo religioso.

Recuerdo que un amigo de ese entorno, cuando le conté que me estaba dedicando a la astrología y que iba a hacerlo más a fondo, me dijo: “Qué bueno. Estoy seguro de que te va a ir muy bien porque vos siempre fuiste una persona espiritual y estás continuando un poco eso”.

Creo que todavía puede existir mucho prejuicio con la astrología, y es normal que exista porque durante mucho tiempo hubo también mucha gente que se dedicó a hacer charlatanería y no una astrología de verdad.

Cuando empezás a estudiar astrología, te das cuenta de que es una ciencia antigua, con una metodología. Tiene un costado muy matemático para establecer, por ejemplo, las posiciones de los planetas y después tiene una dimensión muy simbólica y mucho más subjetiva. Por eso también cada astrólogo le da su particularidad a la interpretación de una carta natal.

¿Creés que ese prejuicio también se generó porque hubo personas que utilizaron la astrología de una forma poco seria?

Sí. Como cualquier saber, podés utilizarlo para el bien, para acompañar, servir y brindar un servicio genuino o podés tirarte a chanta y usarlo solamente para tu propio beneficio.

Todo servicio es pasible de esa “prostitución” y con la astrología pasa un poco lo mismo. Como no tiene un dogma centralizado, se puede volcar para cualquier lado. Puede aparecer cualquier persona hablando del tema y que eso pase como astrología.

La astrología es sublime; es muy profunda. Yo siempre digo, citando y parafraseando a otros autores, que la astrología hay que estudiarla. No es algo en lo que uno vaya a creer. Hay que sumergirse y estudiarla para comprender la profundidad y la seriedad que tiene.

¿Sentís que hay algo de tu etapa como sacerdote que sigue presente en lo que hacés hoy?

Sí. Por eso hoy elijo presentarme en las redes como exsacerdote y astrólogo. Mucha gente me pregunta por qué digo que soy exsacerdote, por qué pongo el foco en el pasado si ahora me dedico a la astrología.

La realidad es que, en algún lugar, sigo siendo todo lo que hice y todo lo que recorrí. Más allá de que “exsacerdote” pueda ser una designación sintética y concreta para explicar rápidamente mi recorrido, yo me siento una persona que está al servicio de la espiritualidad de la gente.

Esa es la función sacerdotal: el puente entre lo humano y lo divino. Siempre me gustó y siempre me sentí llamado a estar ahí. Creo que no hay una sola forma de hacerlo, pero hay una vocación en mí que tiene mucho que ver con ayudar a la gente a conectar con ese principio espiritual, ese principio divino que habita en cada uno de nosotros.

¿Qué le dirías a alguien que piensa que la astrología consiste simplemente en decirle a una persona qué le va a pasar a partir de su signo?

No sé si le diría algo específico, porque me gusta que la gente haga lo que quiera. Respetar la libertad de cada uno me parece lo más importante.

Pero siento que muchas veces a los seres humanos nos da mucho miedo conocernos y explorar otras dimensiones de nosotros mismos. La carta natal, como herramienta fundamental de la astrología, es un gráfico que expresa las posiciones de los planetas del sistema solar y algunos otros emplazamientos en el momento de nuestro nacimiento. De alguna manera muestra nuestro yo total, dimensiones que nuestra conciencia por ahí no admite, reconoce o acepta de sí misma.

Creo que muchas veces debajo de la negación de la astrología está un poco ese miedo, que es natural y comprensible, a abrirnos a nuevas dimensiones de nosotros mismos.

Lo primero que le diría a alguien es que vaya a estudiar. Hace poco decía en Instagram: “A todos los que creen que la astrología es superstición les digo que vayan a estudiar, con todo el amor del mundo”. Que vayan a leer y se metan un poco antes de afirmar que algo es o no es una cosa.

Y lo segundo es que no tengan miedo a lo que puedan encontrar.

¿Considerás que la astrología permite predecir acontecimientos o la entendés como una herramienta de autoconocimiento?

Entiendo la astrología como un pentagrama de la música que escuchás. Cuando leés un pentagrama podés imaginarte la música en la cabeza, pero tenés que ser Mozart para imaginártela exactamente como es.

Leer una carta natal es como leer un pentagrama, pero cuando te encontrás con una persona cara a cara, lo que encontrás es una sinfonía. Más allá del pentagrama que hayas podido leer, la gente nunca deja de sorprenderme.

Las cartas natales tampoco son líneas de tiempo de la vida de las personas.

Hay una rama que se llama astrología mundial, que estudia el devenir de los acontecimientos a la luz de la interpretación de los astros. Yo no creo que uno pueda anticipar acontecimientos concretos mirando cómo va a estar el cielo o los emplazamientos del sistema solar dentro de dos años.

Lo que sí se puede hacer es mirar un espejo energético de lo que está sucediendo. La astrología funciona como un espejo y diría que funciona más en tiempo real. Cuando tratamos de usarla para predecir el futuro, empezamos a intentar controlar lo que es incontrolable.

Por ejemplo, 2026 empezó muy movido a nivel político y mundial. Fue un enero muy intenso y veloz. Había dos grandes planetas, Neptuno y Saturno, entrando en Aries, que es el primer signo del zodíaco y un signo de mucho fuego, intensidad y velocidad.

En tiempo real podés mirar lo que sucede y decir: “Claro, Neptuno y Saturno entraron en Aries, hay una energía muy intensa que se está moviendo”. Pero de ahí a decir qué va a pasar específicamente, me parece que es ficción.

¿Cómo se aplica esa idea, por ejemplo, en una revolución solar?

Una revolución solar es un aprendizaje que va desde tu cumpleaños de un año hasta tu cumpleaños siguiente. Se toma una foto del cielo en el día de tu cumpleaños y la disposición de los planetas marca, de alguna manera, el aprendizaje o el espejo simbólico del año que estás viviendo.

Nosotros hacemos esa sesión con muchos reparos. Cuando viene alguien, primero miro los tránsitos importantes de los últimos 10 o 15 años y me dedico alrededor de media hora a hablar de la persona, de sus procesos de transformación y de cómo viene viviendo. No del año que va a vivir, sino de los últimos años.

Después volvemos a la revolución solar y, en una charla de ida y vuelta, vemos dentro de una línea de continuidad de procesos qué es lo que la persona está más dispuesta a aprender, qué puede vivir como desafío o incorporar como aprendizaje.

Pero de ninguna manera es válida la predicción.

Una vez, una chica vino y me dijo que el año anterior había hecho una revolución solar conmigo. Después se había ido a ver a otro astrólogo porque quería saber qué le iba a pasar. Ese astrólogo le había dicho que iba a conocer al amor de su vida en noviembre.

Le pregunté: “¿Y lo conociste?”. Me respondió que no.

Ahí tenés lo que yo llamo astrología ficción: decir “en noviembre te va a pasar esto”. Eso no sirve. Por eso a veces hablo de charlatanería. Hay gente que hace predicciones y, aunque pueda existir un fundamento matemático dentro de la astrología, la libertad de una persona nunca la podés anticipar. Imaginate la del resto de los seres humanos. Es imposible. El factor libertad es fundamental.

¿Cómo funciona una consulta de astroalquimia y qué puede esperar llevarse una persona después de una sesión?

Primero necesitás la hora exacta de nacimiento de la persona y el lugar, la ciudad donde nació, para tener las coordenadas geográficas desde donde calcular la mirada del cielo. Eso cambia totalmente la ecuación.

Si lo pensás filosóficamente, esos datos son espacio y tiempo. Con esas coordenadas calculás una carta natal.

Lo que enseñamos en nuestras formaciones y lo que te llevás de una sesión es un mapa simbólico de cómo funciona tu energía. Ponemos el foco en cuatro puntos claves de la carta, que son como sus coordenadas geográficas, los puntos cardinales.

Cuando venís a una sesión, la idea no es que te vayas con la cabeza estallada de información que no sabés cómo unir, sino que aprendas cómo funciona el equilibrio de tu energía y cómo podés encontrar en vos mismo un equilibrio entre tus propias contradicciones.

Trabajamos mucho con la idea de que la energía es bipolar. Muchas veces uno siente una tendencia o un impulso hacia un lugar en la vida y, por otra parte, siente todo lo contrario. Esas contradicciones interiores son las que uno puede trabajar en una sesión de carta natal.

¿Qué pasa cuando alguien quiere tomar una decisión importante —sobre pareja, trabajo, salud o dinero— basándose en una lectura astrológica?

Muchas veces, dentro de una sesión de astrología, y también puede pasar en otras sesiones terapéuticas, los seres humanos tenemos la tentación de delegar el poder que tenemos en el terapeuta o en la persona que tenemos enfrente.

Uno tiene que estar preparado para darse cuenta cuando eso está sucediendo, cuando el otro está depositando en vos la expectativa de recibir un criterio que sea determinante para tomar una decisión.

Es importante detectarlo porque yo no puedo darle un criterio determinante para que tome una decisión. Lo que vamos a hacer es trabajar sobre su propio autoconocimiento. Las decisiones puntuales quedan por fuera del ámbito de una sesión nuestra.

La libertad está siempre puesta en la otra persona. El poder está en la persona.

También es una tentación para quien está de este lado cuando alguien quiere delegarte su libertad o su poder. Se te puede agrandar el ego y decir: “Bueno, te voy a ayudar, ¿por qué no hacés esto?”. Ese lugar es muy peligroso para un terapeuta y para cualquier persona que se dedique a servir a los demás.

Es muy lindo cuando podemos decirle a la persona: “Vos sos libre, sos poderosa, tenés que tomar tus decisiones por vos misma”. Porque puede irse de la sesión desde un lugar de empoderamiento, con la sensación de que es libre, de que puede dar pasos por sí misma y buscar su propia felicidad.

No necesita nada externo para buscar su felicidad. Ni siquiera una carta natal. La carta natal es una herramienta.

Pasaste por dos mundos diferentes: la Iglesia y la astrología. ¿Qué cambió en tu forma de entender la espiritualidad?

Hay algo evidente, que es el marco institucional. El cambio es enorme porque trabajar con la gente siendo parte de una institución implica estar permanentemente alineándote con sus objetivos, sus propuestas y sus caminos.

Eso fue lo que a mí me desgastó un poco dentro de la Iglesia. Si lo tuviera que resumir, sentía que tenía que estar pidiendo permiso todo el tiempo para hacer cosas que me nacían hacer.

Dentro de la institución fui fiel a todo lo que proponía, pero permanentemente sentía que el peso de lo burocrático era una traba. Creo que eso me empezó a marchitar un poco.

Yo tenía 32 o 33 años, estaba en la flor de la vida y tenía ganas de empujar muchas cosas y muchos proyectos, como los que empujo hoy. Hoy tengo una escuela, estoy creando una familia y acompaño a miles de personas. En aquel momento, tenía ese impulso, pero se apagaba porque siempre había una prioridad que venía de arriba y de la que me tenía que ocupar.

Cuando fui a hablar con el obispo para plantearle mi situación, ya estaba cansado y un poco quemado. Durante mis años de formación me había pasado lo mismo, pero con la promesa de que una vez que fuera sacerdote iba a tener un poco más de movilidad. Cuando fui sacerdote, creo, no sé si no fue peor.

Entonces dije: “Hasta acá llegué”. Hasta acá llegué con la agenda de la institución, porque me asfixiaba.

No digo que esa agenda sea mala ni buena, no la juzgo. Me parece perfecto quien está ahí y vive su espiritualidad en ese contexto. A mí esa agenda y esa estructura me agobiaron.

Hoy soy independiente, con todos los desafíos que eso tiene. No solamente como emprendedor, porque tengo que sostener una familia y trabajar de manera independiente, sino también como una persona dedicada a servir espiritualmente a los demás. Eso implica un compromiso muy fuerte desde otro lugar. Me tengo que mantener muy a raya y muy coherente conmigo mismo para vivir lo que quiero vivir, porque, si no, además, no me cree nadie.

Si pudieras hablar hoy con el Quique que era sacerdote, ¿qué le dirías sobre la vida que terminaste construyendo?

Le diría que siga su corazón, que siga su instinto y que siga tal cual lo va sintiendo a cada paso en el camino.

Después de hacer un proceso en el que estoy reconciliado con mi pasado y mi camino —no porque haya estado dividido, sino porque logré integrar todos los aspectos positivos y todo lo que aprendí en la Iglesia a mi presente—, creo que ese es mi gran logro de los últimos años.

Durante ese proceso, muchas veces me pregunté si no hubiera sido mejor cambiar de camino antes. Quizás, en vez de terminar el seminario, haberlo dejado a la mitad, cuando tuve una crisis.

Pero si pudiera verlo hoy al Quique cura le diría: “Seguí confiando en tu instinto, sé libre como siempre y dale para adelante”.

Desde esa libertad llegué hasta acá, confiando en mí mismo, aunque muchas veces haya sido con temor y temblor.

Cuando me fui de la Iglesia no tenía nada. No tenía un mango, no tenía dónde ir y tampoco sabía qué iba a hacer. Fue un tiempo bastante difícil, en el que me volví a encontrar conmigo mismo desde un montón de lugares y estuve un par de años remando bastante.

Le diría: “Seguí así, seguí escuchándote y no te traiciones. No te traiciones a vos mismo”.

Por Felipe Capó
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