(Por Ana Jerozolimski. Publicado también en el Semanario Hebreo)


En esta entrevista de tono personal, el Dr. Castillo, ampliamente conocido como "Ney", cuenta cómo se combinan todos sus mundos: su condición de director del Servicio de Hemato Oncología Pediátrica del Hospital Pereira Rossell y de pieza clave en la Fundación Pérez Scremini que lucha contra el cáncer infantil, su amor por el deporte y su cargo como presidente de la Asociación Uruguaya de Básquetbol, así como su incursión en la política como candidato colorado a la Intendencia de Montevideo, en el Partido de Concertación.
Son distintos frentes... en los que el desafío es ganar.
Optamos por destacar uno, el de la oncología, lucha en la que lleva muchas victorias acumuladas, o sea vidas salvadas.

No puedo evitar comenzar esta entrevista quitándome una duda... ¿De dónde viene tu apodo "Ney"?

"Ney" me dicen en mi casa desde que nací. Mi padre fue a ponerme el nombre y no era el acordado con el resto de la familia, terminó poniéndome el nombre de él, que es Luis Alberto. Y entonces inmediatamente empezaron a buscar un nombre alternativo y me pusieron "Ney". Mi tía era de alguna manera amante de la historia de Napoleón (Bonaparte), "Ney" era un general suyo, que creo que además de ganar muchas batallas perdió la de Waterloo. Y "Ney" quedó.

¿Y tú también eres un ganador de batallas?

Por lo menos soy un peleador. Creo que ganar es estar siempre en las peleas que valen la pena.

Médico: un sueño desde niño

Pues de varias peleas quiero hablar en esta entrevista. Nuestro primer contacto, ya hace años, fue cuando estabas en la Fundación Peluffo Giguens y te entrevisté por un proyecto de Jornadas Hemato-Oncológicas con expertos uruguayos e israelíes, al cual aportaba la B´nai B´rith. Ahora estás en la Fundación Pérez Scremini. Fue todo un proceso nada sencillo, cuyos detalles, aunque los has compartido conmigo, dejo esta vez de lado, simplemente por falta de espacio. ¿Cómo resumirías por qué optaste por este camino, ser médico?

Siempre, desde chiquito, tuve claro que iba a ser médico y que iba a trabajar con niños, no sé por qué. Yo pasaba por el ómnibus por la Facultad de Medicina y le decía a mi madre: "Yo voy a venir acá".

Tuve un tumor benigno en un testículo a los dos o tres años, que creo que me marcó un poquito, me marcó mucho el doctor que me venía a buscar en el auto por la estación de tren de Colón y me traía al Sanatorio Americano para hacerme ver y después, finalmente operarme.

El médico te recogía en tu casa, ¿cómo es eso?

Era otra época. Era un conocido de mi papá, nosotros veníamos de afuera, me recogía en la estación de tren y me llevaba al Americano, donde me veía el doctor (Frank) Hughes, que era un urólogo. Me operó y siempre me quedó marcado que cuando yo fuera grande iba a ser médico para ayudar a los chicos.

Cuando entré a la parte definitoria de la carrera, empecé a ir al Hospital Pedro Visca y realmente en el lugar en el que me sentí útil era un lugar de cáncer de niños. En aquella época había muy pocas soluciones, era todo más bien enigmático y me atrapó enseguida. Así que antes de tener el título de pediatra yo ya estaba metido ahí adentro y ya sabía que iba a hacer eso.

A lo largo del camino, ¿qué vivencias te acompañaron que reforzaron esa convicción de que estás en el lugar adecuado?

Tengo siempre una historia que le cuento a los muchachos jóvenes cuando empiezan, porque me pasó a mí. Al principio la persona que estaba encargada del departamento desaparecía cuando los niños se ponían muy mal, la mayoría terminaba muy mal en aquella época. Yo era bastante inexperiente y me acuerdo un chico que se puso muy mal, previo a fallecer, y yo también me borré, me fui. Me costó muchísimo lidiar con eso, era mi primera experiencia y en el momento decisivo me fui. Estaba convencido de que ya no podía hacer nada.

Volver al hospital me costó mucho después, me hice un autoanálisis para definir si volvía a hacer esto, y me di cuenta de que el momento en el que más te necesita la familia no es cuando las cosas van bien sino cuando van mal. Hay que estar, el médico tiene que estar. Sentí que aún sin poder hacer nada para curar a ese niño muchas cosas tenía para dar en esos momentos difíciles. Creo que fue un momento muy importante que me marcó para el futuro, para saber cómo manejarme. Aprendí solo, porque en ese momento no teníamos desarrollo en el Uruguay.

Lo otro de lo que me di cuenta es que si quería seguir haciendo la profesión me tenía que ir del país para aprender. Me fui a Estados Unidos primero, fue una experiencia maravillosa. Yo ya había salido por motivos deportivos, pero nunca había tenido una experiencia de ese tipo. Vine, pero no tenía trabajo, había perdido mi trabajo en el Sanatorio del Banco de Seguros por la dictadura. Era un momento difícil, me fui sin trabajo y mi jefe en Minneapolis me consiguió un trabajo y un curso de doctorado en Inglaterra. Ahí estuve yendo y viniendo casi tres años e hice el doctorado. Cuando volví alguna puerta se me abrió acá y el resto fue mucho trabajo y dedicación, al final no quedó ninguna puerta cerrada.


El apoyo en la lucha por la vida


Lo que contaste antes, cuando te fuiste... deja en claro que el médico no es solo un técnico que tiene que saber qué tratamientos aplicar en cada situación, sino que quizás, especialmente tratando de niños, tiene que saber apoyar, fortalecer...

Ahora se ha intelectualizado eso un poco más, pero es claro que acá hay dos tipos de pacientes. Unos son aquellos que vienen, se hace el diagnóstico, se le explica a la familia y a los chicos de la enfermedad y lo que va a pasar, y va todo bien, y el chico se cura. Afortunadamente hoy esa es la mayoría de los casos.

Pero hay otro tipo de paciente, un pequeño porcentaje, un 20 %, que en un momento recaen en su enfermedad e inexorablemente se van a morir. Actualmente hay toda una estructura de cuidados paliativos, o de apoyo, para que utilicen aquellos pacientes que uno sabe que no los va a curar. Los médicos hemos aprendido claramente que eso lo tenemos que seguir haciendo nosotros, porque la familia se ha apoyado en este equipo para tratar de curar al niño y para lo que pase. En ese momento que sabemos que no lo podemos curar hay muchas cosas que podemos hacer, es el tránsito hacia el fallecimiento, pero sin complicaciones, sin dolores, de la mejor manera que pueda hacerse ese proceso.

Siempre es muy complicado, porque el cáncer de niños o la muerte de un niño por una enfermedad es un hecho absolutamente antinatural. Nosotros estamos preparados para enterrar a nuestros abuelos, a nuestros padres, pero no para enterrar a nuestros hijos. Eso es muy difícil de sobrellevar. Lamentablemente esas son cosas a las que nosotros estamos acostumbrados, la profesión nos lleva a acompañar al paciente hasta el final, eso es algo que todo el equipo acá valora.

¿Hay reacciones muy diversas, de distintos tipos de familias, a esa tragedia cuando el niño está enfermo y no se lo puede salvar?

Y sí, no hay dos personas iguales; ni dos personas, ni dos pacientes iguales. El hecho de decirle a una mamá o a un papá que su hijo no se va a curar es un acontecimiento muy complicado para nosotros y podrás imaginar que terriblemente complicado para la familia. La primera reacción siempre es no aceptarlo, es muy difícil aceptar un diagnóstico de ese tipo. Ante eso se le ofrecen segundas opiniones, generalmente tienen que hacerse en el extranjero, porque nosotros conformamos un equipo nacional, segunda opinión acá prácticamente no hay. De a poco se consigue pasar a una situación de aceptación.

¿Qué me podrías contar de los niños mismos?

Creo que son las experiencias más maravillosas que uno tiene porque la inocencia de los niños es única, y aparte muchos de estos niños son muy especiales porque pueden ser muy chiquitos pero maduran rápidamente. No todos, pero muchos de ellos son capaces de transmitirte cosas que son únicas. Nosotros vemos cómo los niños cuidan a sus padres en situaciones complicadas para que no sufran por ellos. Muchas veces nos lo dicen y lo expresan.

Acá veo que tenés varios dibujos que hicieron los niños... es una forma de expresar...

Justamente. Y uno de ellos que ves aquí, es de un nenito que falleció y antes de fallecer la mamá me regaló ese cuadro para que yo lo conservara. En todas las zonas expuestas del cuadro el niño es como un sol. El niño, de seis o siete años, le decía a la mamá que no se preocupara que él le iba a seguir dando luz, la iba a seguir iluminando. Te imaginás que las cosas que los niños transmiten son maravillosas y únicas.

Dios mío, qué fuerte...

También está la parte maravillosa de todo esto, que es la más frecuente. Ayer estaba sentado en el consultorio y me golpeó una persona de 32 o 33 años con barba, me dio una tarjeta, era visitador médico, se vino a presentar... y resulta que fue paciente mío.

De chiquito lo salvaron.

Sí... Son desafíos de todos los días, periódicamente tenés desafíos nuevos y algún paso atrás, pero esto continúa porque todos los días tenés un desafío que te renueva.

Y la forma en que tú lidias con el trabajo, la emoción de salvar a alguien, la tristeza de no lograrlo... ¿eso va cambiando?

Lo de salvar no sabés, porque terminan los tratamientos y vos no sabés si salvaste o no a alguien, pero sigo sintiendo... El otro día le decía a unos compañeros, porque ya por mi edad estoy pensando en que en unos años ya no voy a estar acá, que yo vengo a trabajar con alegría, me despierto con ganas de venir a trabajar, de estar acá, de leer cosas nuevas. Además mirás para atrás y ves lo que se ha conseguido con toda esta gente, con los padres y mis compañeros, con los que compartimos ruta durante muchos años.
Uno no tiene mucho tiempo para hacer biografías o hacer un balance general, siempre estás pensando en lo que viene y no en lo que pasó, pero creo que con los compañeros hemos tenido la virtud de que dejamos cosas.


¿Cómo es la relación con los padres?

Hay de todo también. Las cosas que más me emocionan en realidad son los vínculos que tengo con papás que perdieron a sus hijos en la enfermedad. A veces voy a Salto por el básquetbol y hay papás que se enteran y vienen al hotel a verme, a saludarme y a hablar del hijo. Obvio que reconozco muchísimo a los papás cuyos hijos tuvieron suerte y se curaron y que hoy están trabajando con nosotros. Es maravilloso que no se sientan desligados de una lucha que ahora es de otros y no de ellos. Pero todavía lo que más me emociona es cuando un papá que perdió un hijo viene a saludarte, a reconocerte el esfuerzo y a recordar la lucha que hicimos juntos.

Hasta en el tema más delicado y más emotivo hay diferencia entre los recuerdos generales y una carita que podés recordar, cuando podés poner cara, nombre y apellido a un dolor, a una vivencia. ¿Tenés símbolos que llevás contigo?

Tengo... no son amuletos, ni cosas personales, tengo recuerdos de muchísimos chicos, te imaginarás, en muchos años tengo muchos recuerdos. Los amuletos son personales, cosas como la que te dije hoy, ¿cuándo me siento más importante para tratar a un paciente, a la hora del servicio, qué cosas puedo aportar en cada momento? Son muletillas que tengo para manejarme diariamente y para dejar alguna cosa en los que están viniendo. No cosas especiales de una cara o algo así, no, trato de evitarlo porque si no...

Uno enloquece.

No me ayudaría.

Me imagino que cuando se trata cáncer de niños muchos de los pacientes no saben ni entienden.

Sí, los nenitos chicos no entienden y se hace difícil explicarles. Nosotros hemos desarrollado una cantidad de cosas para ya en la edad escolar explicarles algo, hay libros de cuentos que se los leen los papás. Los adolescentes hoy te exigen respuestas, con internet hoy es muy complicado y es mejor que se lo digas tú a que lo reciban por internet. A veces tenemos dificultades con los padres todavía, que no quieren que nosotros les demos la información a los chicos, les explicamos también cómo es la situación, que hoy por hoy no es como en la época de ellos, van a estar acá, van a ver a otros chicos sin pelo. Es muy sencillo hoy enterarse, porque los chicos, sobre todo los adolescentes, tienen mucho más acceso a internet y manejan mejor la información que nosotros, y más vale que sea una buena información a que sea una mala.

La guerra contra el cáncer

Tú aclaraste recién que no se puede decir cuándo salvás a alguien porque son procesos. ¿Se puede decir en forma tajante, según la enfermedad que sea, cuánto tiempo llevará saber con certeza si la persona está curada, o siempre está la espada de Damocles de fondo?

No. Hay enfermedades que claramente si no recaen en un año, por ejemplo, no recaen. Hay otras en las que el proceso para poder decir que realmente está curado se extiende cinco años, por ejemplo. También es cierto que hay leucemias que nosotros consideramos de riesgo "estándar", que son niños chicos con determinadas características biológicas que tienen altísimas chances de curarse, arriba del 95 %. Eso es maravilloso. Rara vez perdemos un paciente con ese tipo de leucemias.

¿Cómo evaluarías el desempeño de la Pérez Scremini y de la Peluffo con la que estuviste mucho tiempo?

Creo que se ha cumplido una función social muy importante, sobre todo porque había un desnivel muy importante en aquella época entre lo que era la atención privada y mutual y la atención pública. Acá hoy centralizamos a la mayoría, los problemas sociales los mitigamos a través de la fundación. Hay un soporte asistencial a las familias de bajos recursos, porque a veces tienen que pasarse meses acá adentro. No se solucionan los problemas sociales pero se mitigan a través de un apoyo muy importante. Eso ha permitido que los niños que provienen de familias de muy bajos recursos hoy tengan las mismas chances de curarse que niños que provienen de clases privilegiadas.

Este trabajo lo hicimos, no es por menoscabarnos, pero no es porque somos genios. Uruguay es un país chiquito, sin grandes accidentes geográficos, con facilidades para la comunicación, centralizar el tratamiento no ha sido un obstáculo mayor. No importa los gobiernos que han estado, todos han apoyado con los medicamentos que están comercialmente disponibles. Hicimos un salto de calidad en un momento muy importante. La Organización Mundial de la Salud, que es la que publica datos comparativos de los distintos países, nos pone a la cabeza de todo Latinoamérica. Por eso la preocupación nuestra de mantener el aggiornamiento tecnológico que nos permitiría seguir dando los pasitos, que son cada vez más difíciles.

¿Es un mito eso de que el cáncer en niños o jóvenes indefectiblemente avanza mucho más rápido que en adultos o una persona mayor?

No, es cierto. Los cánceres en niños son diferentes a los de los adultos, por eso son especialidades diferentes. No es para todos los casos, pero en la gran mayoría los tumores de los niños se comportan biológicamente de forma diferente, son en general muy sensibles a la quimioterapia, al revés que los de los adultos. Son de crecimiento mucho más explosivo y eso también facilita su sensibilidad a la quimioterapia, porque como la quimioterapia actúa sobre todo en las células que se multiplican, y la mayoría de los tumores de los niños tienen la mayoría de las células en multiplicación, eso facilita la sensibilidad a las drogas.

¿Hay cáncer que afecta sólo a niños?

Hay una frontera un poco gris entre el adulto joven y el adolescente, hay tumores que se entrecruzan, pero hay patologías oncológicas que son específicamente de niños y que no se ven en el adulto.

Oncólogo candidato a intendente

Yo te decía que te iba a preguntar sobre varias batallas. Con esta enorme responsabilidad de fondo, ¿para qué precisas la política?

No la preciso, pero provengo de una familia luchadora, de clase trabajadora, de origen humilde. Yo soy un trabajador social en el fondo, siempre estuve en el costado, pero nunca participé en nada, y creo que los líderes del Partido Colorado tampoco pensaron que podía dar una mano en nada. Entendían que yo era bueno en unas cosas y las otras había que hacerse un profesional de la política. Yo también creo que son mejores políticos los que se dedican a la política que los que nos dedicamos a la medicina. Eso me parece bien.

Pero igual trataste una vez y seguís intentando.

La vez pasada me vinieron a buscar del Partido Colorado para que fuera candidato a intendente de Montevideo, pero era una candidatura simbólica, no había ninguna chance de ganar. Hicimos una campaña de dos o tres meses, nos fue relativamente bien, porque el Partido Colorado había votado 14 % en Montevideo (en las elecciones nacionales) y nosotros conseguimos casi 20 % cinco meses después. Con lo cual me fui a mi casa tranquilo y satisfecho de que había cumplido con el partido.

No pasaste vergüenza.

Exactamente, no pasé vergüenza. Porque además teníamos muy claro que fuera quien fuera que se postulara por el Frente Amplio iba a ganar la elección. Me fui para mi casa y seguí haciendo lo que hago normalmente. Ahora hay un mecanismo, que es el Partido de la Concertación, que ciertamente va a dar la chance de ganar la Intendencia (de Montevideo). Me vinieron a hablar de que yo había hecho un camino, que sería una pena que no les diera una mano una última vez, porque hay una chance cierta de ganar, cosa que yo creo también.
Creo que hay una chance, creo que el Partido Colorado a través de esta Concertación que se hizo ciertamente puede ganar.

Creo que es necesario un cambio porque después de 25 años es claro que Montevideo ha cambiado muy poco. Sigue teniendo los mismos problemas que tenía antes, nada más que tiene mucho más tráfico. Hicieron una promesa hace 25 años de solucionar los problemas de la basura y la iluminación, por ejemplo, pero sigue igual. Los carritos que nos dan vergüenza a todos, no solo porque son una mala muestra, sino porque sigue sujetando cierto pequeño porcentaje de la población a mal trabajar con la basura, ellos y toda la familia.

Tuve la oportunidad de estar en la campaña anterior y quedé asombrado de cómo toda la familia trabaja con la basura, niños chicos en su domicilio, es un desastre. Creo que podemos dar una mano, rodeados por un equipo técnico importante, y al final me convencieron.

¿Y si ganas...?

¡Qué lío!

Exacto, ¡qué lío! Vas a precisar consejos del ex presidente y quizás futuro presidente (Tabaré) Vázquez de cómo se es presidente y oncólogo al mismo tiempo, aunque lo tuyo sería la intendencia...

Va a ser muy difícil, porque hay mucha cosa en la Intendencia. A mí me gustaría no trabajar en la parte privada, pero como mi vida y mis afectos están acá me gustaría mantenerlo durante una pequeña parte del día y dedicar el resto a la Intendencia.

¿Se puede conciliar dos grandes pasiones?

Lo que yo voy a dejar es el básquetbol, eso seguro. Pero en el hospital me parece que todavía tengo que estar un poquito más para consolidarlo más. Después sí dejar que sigan las nuevas generaciones.

¿Tú estás al frente de la fundación?

No, la fundación la preside un ex papá y lo secundan otros. Yo soy el "director técnico" del equipo.

El deporte

Con esta expresión juntás los dos mundos, el "director técnico" en la fundación y está el básquetbol, aunque además jugabas al fútbol.

Sí, yo jugaba al fútbol y además presidí la Comisión Administradora del Field Oficial también. Siempre fui un deportista, todavía tengo el espíritu del deportista, de competir.

Me hacés acordar de una entrevista que le hice a Fernando Morena, que aún no he publicado... y le preguntaba si es puro lema eso de "lo principal es competir" y él decía: "No, el futbolista quiere ganar".

Yo jugué a todo lo que se juega acá, al fútbol y al básquetbol, y creo que lo principal es ganar. Lo que pasa es que cuando pasan los años y lo mirás de lejos, lo racionalizás y decís: "¡Qué lindo que estuve ahí, aunque perdí!", "¡qué lindo haber sido parte de eso!". Los recuerdos de la época de deportista son maravillosos. Los amigos que mantengo de toda la vida son compañeros del deporte de los 15 o 16 años.

Pero hay diferencia entre ser jugador y encabezar la Federación Uruguaya de Básquetbol...

Obviamente es otra cosa, pero creo que haber sido deportista de cancha te da una ventaja. Las cosas que les pasan a los deportistas las conocemos, las sabemos, lo que hay que hacer es administrar y promover. Hoy el deporte se ha profesionalizado muchísimo con respecto a lo que era antes, y no es sólo hacer buenas competencias, sino que se necesita una estructura económica, un buen departamento de marketing. Se ha complicado un poco, pero en el fondo de todo siempre sigue estando la pelotita y el jugador.

Trato de unir en mi mente tus distintos mundos... Hay siempre una sensación de que podés aportar cambiando cosas.

La verdad que no lo sé, pero siempre tengo la idea de que puedo hacer cosas. No me tranquilizaría decir "Pasé por acá sin hacer algo", o dejar algo para la gente que creyó que podía aportar algo. Me encanta hacer cosas, conformar equipos de gente para llevar adelante proyectos, en todos los lugares tengo tres o cuatro personas que me han acompañado y que son terriblemente valiosas y que además tienen el mismo valor que yo, pero hay cantidad de personas que uno les reconoce que anónimamente -porque lo mío a veces luce más, vamos a decir- me han ayudado a recorrer todo este camino.

Las raíces, la familia

Antes mencionabas que venís de una familia de origen humilde. ¿Cómo era el hogar en el que creciste?

Nací en Santa Lucía, mis papás se casaron antes de los 20 años, mis abuelos eran porteros de la Colonia Etchepare. Una de mis abuelas era española de un origen muy humilde, la otra también, era empleada doméstica. Es una familia maravillosa, como eran las de antes. Me crié ahí como hijo único, nieto único, sobrino único durante 10 años, así que con muchísimos afectos. Después nos mudamos a Lezica, vivía atrás del Saint Bois. Me acuerdo que mi papá tenía que hacer la cola en el expendio: tenías un carnet de pobre y te facilitaban la leche, la carne y los huevos a un precio especial. Me acuerdo que había que ir en la madrugada a hacer las colas para conseguir esas cosas.

Siempre fui un chiquilín feliz, jugué a todo, me encantaba jugar, nunca pensé que iba a ser otra cosa que no fuera jugador de algo, pero siempre tuve claro que la educación era el frente para mejorar. La familia me apoyó muchísimo, mi papá laburaba de sol a sol y fue un ejemplo. La vida me dio oportunidades.

¿Se puede estar especialmente agradecido a la vida cuando uno viene de un trasfondo en el que hubo que luchar mucho?

Sí, yo soy un agradecido, te imaginarás que creo que también una de las cosas que me une mucho a la gente con pocos recursos es que vengo de ahí, siempre pensé que podía dar una mano en cosas, como por ejemplo trabajar en el Hospital de Niños. Es gratificante haber podido hacerlo y seguir haciéndolo.

En estos mundos que conforman tu vida, ¿qué es lo que más emoción te despierta?

Tener la familia que tengo, obviamente. Mi mamá, que todavía vive y de alguna manera disfruta que me vaya bien, mi señora, mis hijas, tengo nietos.

Tengo dos hijas, una es oncóloga de adultos, es docente en la Facultad. A la otra le ha ido muy bien también, es muy inteligente, trabaja en el Banco Interamericano de Desarrollo, es ingeniera agrónoma. Se han abierto camino solitas, son muy laburantes, cada una tiene sus hijos. Tengo tres nietos. Esa es la parte que le da sostén al mundo.

¿Sos un abuelo activo?

No, soy un desastre, fui un desastre como padre y soy un desastre como abuelo.

Te referirás a falta de tiempo...

Sí, con mis hijas estuve un poco más, pero siempre más para jugar que para educarlas. Yo estuve mucho tiempo viviendo afuera, ellas no podían perder clase y venirse, se iban conmigo y después terminaban viniéndose antes. Mi señora fue un puntal muy importante para mantener la estructura de la familia.

Si fui mal padre te imaginás que como abuelo soy un desastre. Voy y juego con ellos, les prohíbo que me digan "abuelo", me dicen "Ney", esas cosas.

¿Por qué? ¿Sos coqueto?

No, pero les digo que abuelos son los otros que son unos viejos. Yo soy "Ney".

El abuelo intendente

¿Dónde van a estar "Ney" el abuelo y el doctor Luis Alberto Castillo, en 2015?

¿Quién sabe?, ¡ni yo sé! Tampoco soy un planificador de la vida, de dónde voy a estar dentro de tres años, no, ni cuando tenía 25 me lo planteaba. Fui tomando oportunidades y decisiones a medida que pasaban las cosas.

¿Realmente quisieras ganar la Intendencia?

Qué buena pregunta. Sí, obviamente, pienso que voy a ganarla.

¿Sí? ¿Tenés esa sensación?

Tengo esa sensación de que voy a ganarla y me va a complicar la vida. Pero bueno, nunca tuve una vida fácil ni hice cosas fáciles, así que no me asusta.

Las desventajas ya las sabemos, pero, ¿qué puede tener de ventaja un político abocado a la medicina?

Creo que tengo un rol social para cumplir muy importante. Me parece que el país lamentablemente está muy politizado y dividido, los que somos colorados no queremos a los frenteamplistas, ellos no nos quieren a nosotros ni a los blancos. El país lamentablemente está demasiado dividido. Me gustaría, a pesar de que sé que me van a castigar porque soy colorado, porque a veces escribo algún tuit y me pegan fuerte, ser un puente para terminar con esa... si llego a ser intendente voy a ser el intendente de todos, me gustaría que eso fuera real.

Todos dicen eso.

Sí, pero a mí me gustaría que fuera real. Aparte creo que en Montevideo hay tanta cosa por hacer, una de las cosas que nunca hice tampoco es dirigir algo desde una oficina, me gustaría tener mucha presencia en los barrios, ver con la gente en qué cosas se puede ayudar, qué se puede hacer. Creo que puedo hacer cosas, podemos hacer cosas. El de intendente de Montevideo es un puesto muy pesado, hay mucho dinero, la gente paga impuestos altos, realmente me parece que se pueden hacer muchas más cosas de las que se han hecho en los últimos 30 años.

¿Y te ves lidiando con Adeom, con un montón de cosas, con la basura?

Peleador soy. Me gustaría que todas las cosas fueran más sencillas, porque si vos vas a dirigir un club te preguntás cómo puede ser que haya oposición, si somos todos hinchas de lo mismo... Una vez que haya cinco años de gobierno creo que no hay que hacer oposición, hay que ayudar, porque es para mejorar la ciudad de todos.

Yo sé que no va a ser fácil, pero como te dije, nunca nada es fácil.