Contenido creado por María Noelia Farías
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Entrevista a Javier Miranda

El director de Derechos Humanos del Ministerio de Educación y Cultura, Javier Miranda, habló sobre los refugiados sirios. "Creo que una de las cosas notables que tiene esto es la solidaridad que hemos podido canalizar, que tenían y tienen muchísimos uruguayos", dijo Miranda. Por Ana Jerozolimski.

03.11.2014 10:29

Lectura: 17'

2014-11-03T10:29:00-03:00
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Hace pocas semanas llegó a Uruguay un primer grupo de refugiados de la guerra en Siria, 42 personas de cinco familias, que habiendo vivido los horrores de la situación bélica en su país natal, lograron huir al vecino Líbano. Ahora, apuestan a una nueva vida, gracias a una iniciativa humanitaria de Uruguay. El desafío no es sencillo y habrá aún que lidiar sin duda con numerosos obstáculos. Pero se está dando una oportunidad de una vida mejor a gente para la que seguramente, en determinado momento, el horizonte parecía totalmente oscuro.
Uno de los grandes propulsores del proyecto es Javier Miranda, director de Derechos Humanos del Ministerio de Educación y Cultura, que también viajó al Líbano de antemano para conocer a la gente en cuestión.

Hace pocos días, pudimos disfrutar de una conversación con él sobre este tema, un resumen y análisis de la primera etapa -sabiendo que aún hay varias más por el camino-.
La entrevista es publicada también en "Semanario Hebreo".

 

UN PRIMER RESUMEN PRÁCTICO

Javier ¿cómo vas resumiendo todo este proyecto impresionante de traer a los refugiados sirios a Uruguay? ¿Cómo te estás sintiendo con esto?

El proyecto salió muy bien en general, salió de acuerdo a lo que veníamos planificando. Tuvimos suerte también, porque hicimos algunas previsiones y nos salieron bastante bien. Primero: traer hasta 120 personas -que era lo razonable-; segundo: traerlos en dos etapas, no traer a toda la gente junta. En esta primera etapa vinieron 42 personas, son cinco familias nada más, lo que nos permite ajustar.
Pasada la etapa de lo realmente emocionante, hasta de euforia, ahora viene la etapa de aterrizaje y empiezan a verse las situaciones concretas. Hasta hace 15 o 20 días nosotros pensábamos que venía un conjunto de 42 personas, y hoy tenemos propiamente cinco familias que son distintas, con distintos orígenes y distintas inquietudes. Y dentro de cada familia empezás a ver las individualidades.

Claro, ya no es el grupo de "los refugiados sirios", algo amorfo sin nombre y apellido.

Ahora son Juan, Pedro, María.

Bueno... seguramente Muhammad, Ahmed, Ziad... Bromas aparte... cada uno ya tiene su propio rostro y personalidad distinguible...

Claro... Eso nos exige ajustar los dispositivos que teníamos preparados, que tienen que ajustarse a la realidad que se está presentando. Creo que venimos muy bien, pero por supuesto que permanentemente ajustando los mecanismos. En particular porque en este momento hay 42 personas que están conviviendo en la Casa San José, en el hogar de Los Maristas. Y toda convivencia tiene sus complejidades, desde temas de comida a horarios, acostumbrarse a rutinas comunes de gente que no es necesariamente amiga, que no se conocía antes y que ni siquiera es del mismo origen.

Y ni que hablar que de por medio hay también un tema de idioma...

Pues te diré que el proceso de aprendizaje del idioma español es excepcional.

Para los chiquilines más que nada, ¿no?

Como era esperable, para los niños y los adolescentes especialmente. Las maestras nos dicen que superan incluso las previsiones que ellas habían hecho de su capacidad de aprendizaje.

Así que cuando vaya los voy a poder entrevistar en español...

No creo que tanto... pero bueno... Realmente (se están adaptando) muy bien. La parte de capacitación laboral recién la estamos iniciando, estamos previendo esta semana tener las primeras conversaciones en ese sentido. Está muy bien la parte de recreación y estimulación de los chiquilines. Estamos en un proceso muy bueno. Ya quedan sólo muy pocas semanas para que estas familias empiecen a radicarse en distintas localidades del país, así que estamos viendo el proceso de radicación, los lugares y las oportunidades laborales que se van a generar.

¿Hay alguna idea a dónde van a ir?

Sí, tenemos una idea. Te diría que para cada una de estas cinco familias tenemos por lo menos un plan A. En algunos casos estamos pensando en un plan B. Porque acá se genera una tensión: por un lado, las oportunidades que podemos brindar no son infinitas. No puedo decirle: "¿Usted qué prefiere: vivir acá o allá?, ¿trabajar en esto o en lo otro?", las ofertas que tenemos son acotadas. Por otro lado tampoco podemos imponerles "Usted va a vivir aquí y va a trabajar en esto".
O sea que hay que ir dialogando con las familias.

¿Por dónde los van a radicar? ¿En el Interior o en Montevideo?

En los dos lados. Pero siempre en centros poblados, nunca en lugares aislados ni abandonados. En el medio del campo seguro que no, pero algunos vinculados a producción rural...

¿Dependiendo de lo que hacían en Siria?

Sí, relacionado con lo que ellos declararon, e incluso con las charlas que están manteniendo en estos días con trabajadores y psicólogos viendo un poco cuáles son sus posibles orientaciones. Porque hay una familia en la que hay dos muchachos que tienen estudio universitario, entonces parece razonable darles la oportunidad de que se queden en Montevideo para que puedan retomar sus estudios universitarios. No va a ser el año que viene, pero esperamos que sea lo más pronto posible. Hay que dar esa oportunidad en un país donde además la universidad es gratuita.

¿Ellos plantean o ustedes le preguntan algo relacionado al deseo de que se mantengan algunas familias juntas?

No apareció ese tema de que quieran permanecer en la misma localidad dos o más familias. Lo que sí surgió es alguna inquietud del tipo "A mí no me gustaría irme al campo", porque evidentemente tienen perfil ciudadano y no deberían ir al campo. Es bastante evidente. Por otro lado hay otro jefe de familia que me decía: "Yo hago todo lo que sea trabajar en la tierra", es claramente un perfil agrario. Yo todavía le tomaba el pelo y le preguntaba: "¿Se anima a trabajar con vacas?", y me dice: "Yo prefiero trabajar con ovejas, pero si hay que trabajar con vacas trabajo con vacas". "¿Se anima a ordeñar?", lo voy desafiando, porque sé además que seguramente tengamos oportunidades laborales en tambos, entonces lo venía preparando para decirle: "Mirá, tengo la posibilidad de trabajo en tambo, ¿por qué no te venís para este lado?"

O sea que hay un mar de detalles prácticos concretos en los que pensar...

Así es.


LA EMOCIÓN DE LA AYUDA

Javier, vayamos un poco hacia atrás... Antes hablaste de "emoción". Aunque no tengo que ser adivina para saber la respuesta... ¿qué es lo que emociona?

Uno juega con la razón pero también con el corazón. No puede no jugar con el corazón. Es más, a veces tiene que cuidar un poco el corazón y tener la cabeza más fría cuando está planificando una operación de este tipo. Pero el ser consciente de que uno está dando una mano a algunas personas que han sufrido mucho a uno lo conmueve, la expresión de las familias diciéndote: "Yo confío en vos", realmente es brutal. Cuando ves a los chiquilines te das cuenta de que esto tiene mucho sentido humano.
Pensaba que 120 personas es nada con respecto a la crisis en Siria, porque hay tres millones de refugiados registrados por la Agencia de la ONU para los refugiados (Acnur), hay un 1.2 millones refugiados en el Líbano solamente, y nosotros traemos 120 personas.

En El Talmud se dice que "Salvar una vida es salvar un mundo entero".

Exactamente, ese es el razonamiento. Yo decía: "Esto es una gota en el océano", pero el océano está hecho de gotas. Lo otro es que en los grandes números 120 en 1.2 millones, que es la situación en el Líbano, seguramente sea nada, pero para cada una de estas familias es el 100 %.

Y para cada familia si un hijo muere -Dios no lo permita- perdió el mundo.

Exacto, eso es brutal.

Cuando uno da, no sólo ayuda al que recibe... sino que se está enriqueciendo a sí mismo... ¿Qué le hace esto a Uruguay a tu criterio?

Justamente te iba a mencionar los gestos formidables acá en Uruguay. Creo que una de las cosas notables que tiene esto es la solidaridad que hemos podido canalizar, que tenían y tienen muchísimos uruguayos que realmente te lo muestran. Desde un señor cualquiera que te dice: "Yo tengo una chacra y estoy dispuesto a darla para que esta gente pueda vivir y trabajar. Se la presto por seis u ocho años, no tengo problema".

Qué hermoso...

"Y mire, la casa está un poco fea, yo la puedo arreglar". Y le respondo: "No, no, pará que la arreglamos nosotros". Eso te conmueve. La cantidad de manifestaciones de solidaridad es formidable, los gestos de la gente, del barrio cuando llegaron. Nadie los llamó, pero vinieron solos, por su iniciativa. Pintaron cartulinas que decían "Bienvenidos" en español y en árabe, y a una señora le preguntaron cómo hizo... Y resulta que ¡lo googleó y lo copió! ¿Entendés? ¡Es brutal! Esas cosas te conmueven. Te mueven con el otro. Eso es conmoverse: moverse con el otro.

¿Ya aprendiste algo de árabe con todo este emprendimiento?

"Yalla yalla", que es "Vamos, vamos por favor"...

Te diré que se usa también en hebreo, pero en efecto es árabe, algo así como moviéndose, apuren...

Te diré que ha sido un proceso desde el punto de vista humano, fantástico. Y con algunos gestos especiales...

¿Por ejemplo?

El presidente Mujica es un personaje. El sábado dijo: "Tengo unos zapallos y unas conservas de tomate y con la vieja no los vamos a comer porque hicimos mucho", y fue y llevó sus zapallos... yo ni estaba. Es un gesto muy de gente, muy de persona, que es muy valioso. Por eso te digo: tiene un enorme sentido este proyecto.

Precioso... Esto a ellos los salva, pero también enriquece a la sociedad que los recibe...

Exactamente, a eso iba. Lo primero es que vos tenés a 120 personas que les das una oportunidad de retomar un proyecto de vida, de volver a creer y creer que hay futuro y que tiene sentido el futuro. Pero a nosotros nos hace mucho bien.

LAS PREOCUPACIONES

¿Tenías en algún momento temores de que algo no funcionara? Es que la buena intención no alcanza ¿no?

Te diré que en todo caso, las preocupaciones las seguimos teniendo. Un período crítico sin dudas era el viaje, por eso decidimos acompañarlos. Perfectamente podíamos haberlo dejado en manos de la Organización Internacional de Migraciones, que se portó excepcionalmente bien. Fue la que se encargó de todos los aspectos logísticos, de encontrar a las personas en sus casas en el Líbano, desde hacer un chequeo de salud de cada una de las personas y tener sus historias clínicas, hasta llevarlos en agosto cuando hicimos las entrevistas al norte de Beirut.
Nosotros optamos por acompañarlos incluso en el avión porque era un momento crítico, es un viaje muy largo para personas que nunca en su vida se habían subido a un avión, que además se subían a un avión no para hacer turismo sino dejando atrás 14.000 kilómetros de distancia y probablemente para toda la vida.

Claro, porque se salvaron de la guerra pero por otro lado es irse de su mundo.

¡Claro! Dejaron familia, amigos, historias. Quizás alguno pueda volver, ojalá vuelvan y ojalá puedan hacerlo pronto, cuando se termine esa guerra estúpida -como todas las guerras- pero nada hace prever que el conflicto en Siria se resuelva rápidamente.

En los primeros encuentros ¿dirías que se podía percibir en esta gente que había vivido la guerra?

No. Cuando hablabas con ellos no...Yo diría que más que nada, estaban viviendo una situación difícil en Líbano. De inestabilidad... no quiero decir de exclusión porque no quiero ser injusto con los libaneses que tienen una situación terrible. En una población de algo más de 4 millones de personas hay 1.2 millones de sirios, que además están en todo el país, no están en campos de refugiados.

Y con toda la tensión que hay dentro del Líbano...

Por supuesto... Evidentemente la situación es muy compleja. Eso a nosotros nos llevó a que decidiéramos que la gente a reasentar fuera refugiada en Líbano y no en Jordania o en Turquía. Es que así, también ayudábamos a Líbano.

¿Cuándo llega el resto?

En principio habíamos previsto que llegaran a finales de febrero pero estamos viendo cuál es el mejor momento.


ENTRE EL DURO PASADO Y LA ESPERANZA DE EXITOSA INSERCIÓN

¿Qué tendría que pasar para que digas "Esto fue un éxito"? No es sólo que todos consigan trabajo y tengan casa, ¿no?

A ver... lo que pasa es que es muy difícil eso. A mí me encantaría, por un lado, que dentro de seis, ocho o diez años esos chiquilines estén insertados en Uruguay, que hablen español... Uno tiene esa ansiedad de ver que efectivamente sean un uruguayo más, que se hayan insertado y hayan podido desarrollar su vida. Eso sería fantástico. Y también, que alguno pudiera volver a caminar por Alepo, Homs o Damasco... eso también sería un éxito.

Pero claro que eso ya no depende de Uruguay... Javier ¿esta gente habla algo de lo que vivieron?

No, muy poco. En todo caso esa tampoco es mi función. Nosotros tenemos un equipo de acompañamiento familiar integrado por un psicólogo y un trabajador social, que acompaña a la familia, va viendo cómo se siente y la va orientando en temas laborales y culturales. En todo caso esa transmisión viene más hacia ahí y me parece que es una tarea técnica que hay que cuidar. También hay un tema de equilibrio que es cómo ayudo pero no sobreprotejo, no paternalizo o no me convierto en una "idishe mame"... Ese es un equilibrio siempre delicado.

Estuviste muy ocurrente con la comparación...

UN DESAFÍO: LA SEGURIDAD

Se trata pues de hacer el bien, sabiendo que hay que tomar en cuenta mucha cosa en el camino... temas complejos seguramente...

Por supuesto. Hay, por ejemplo, temas de seguridad.

Cuando tengo un conflicto en Medio Oriente, cuando tengo grupos fundamentalistas islámicos que hacen actos terroristas indefendibles y ponen en jaque la viabilidad de la vida en la región, se crea una situación por la que , por ejemplo, amigos míos me plantearon: "Pero loco ¿vas a traer musulmanes?"

Algo así como "¿Para qué te metés en eso?"

Claro, y me lo dijeron amigos míos judíos y no judíos, de todos los colores. De derecha y de izquierda. Sea como sea, te diré que nosotros tomamos medidas de seguridad.

¿Podés entrar en detalles?

No, pero seríamos unos irresponsables si no lo hiciéramos. Las medidas de seguridad pasan desde Acnur, que no refugia a cualquiera, hasta el gobierno libanés que tampoco te deja ir así nomás, y algunas otras.
Yo no puedo meter una célula terrorista en Uruguay. Lejos quiero eso. Creo que es fundamental y además hay que decirlo, no hay que tenerle miedo a decirlo. Y yo con esto no estoy diciendo que todos los musulmanes son terroristas, porque no lo son.
Pero que tengo que tomar medidas de seguridad, claro que sí. Por lo menos no tengo que ser ingenuo. Se tomaron.

 

LA CRÍTICA

Javier, quisiera plantearte también un aspecto más polémico de todo esto. Como bien sabemos este emprendimiento se abrazó cruzando partidos y sectores, pero también surgieron voces críticas que dijeron: "yo no tengo trabajo" o "no tengo casa", "¿por qué ellos la pueden recibir y yo no?" ¿Cómo hay que contestar a ese argumento?

Lo primero: que es legítimo, porque además nos lo planteamos todos: ¿Está bien esto? Damos una mano, oportunidades de trabajo y acceso a la vivienda a un montón de gente, ¿y qué pasa con los nuestros? Está ese dicho, que también usamos mucho: la caridad empieza por casa. No sé, no estoy tan seguro. Me acuerdo de cuando mi mamá me rezongaba cuando yo era adolescente y me decía: "Estoy harta de esto de que van a hacer la revolución en la calle y acá en casa no se lavan ni la taza de leche", porque yo iba a trabajar a los cantegriles con los jesuitas y después dejaba la taza de leche arriba del mármol y mi vieja se ponía furiosa. No sé, pongamos que la caridad empieza por casa, pero en todo caso no termina en casa, eso seguro, de eso sí estoy convencido.

Creo que estamos intentando hacer un montón de cosas en Uruguay, se ha avanzado muchísimo. Desde el punto de vista social seguimos teniendo dificultades pero hemos avanzado enormemente, una cosa no excluye a la otra. El hecho de que demos una mano a algunas personas tan lejanas geográficamente -pero sólo geográficamente- no nos impide que seamos solidarios y que hagamos un enorme esfuerzo hacia Uruguay.

Por otro lado, creo que esto nos sirve también para multiplicar la solidaridad dentro de Uruguay. ¿Por qué yo puedo lograr este nivel de solidaridad con familias sirias y por qué no termino logrando lo mismo con Uruguay?, ¿qué nos pasa a los uruguayos y qué le pasa a la conducción del gobierno que no somos capaces tal vez de sintonizar esa solidaridad que está presente?

Y no es sólo porque ellos vinieron de la guerra y uno siente que es urgente ayudarlos. ¿Hay algo más de fondo?

Algo de eso también hay. Por supuesto, no hay peor experiencia que la guerra, ¿qué les voy a contar a ustedes?, no hay peor tragedia que la guerra porque es la irracionalidad, es el sinsentido. Pero el despliegue de solidaridad, no digo que sea unánime, pero sin duda es mayoritario.
Las voces críticas además son buenas, porque sino uno se marea con los aplausos, es un problema.


EL APOYO DEL COMITÉ CENTRAL ISRAELITA

Javier, cuando llegaron estas cinco familias sirias, me encantó ver una foto, que reproducimos también en la entrevista, que les tomaron a ti, con el ministro Ehrlich y Sergio Gorzy...

Justamente, una de las cosas de las que yo me siento orgulloso, y esto lo digo porque además a consciencia de que estoy hablando para el Semanario Hebreo, es que la comunidad judía, que el Comité Central Israelita institucionalmente diga: "Nosotros apoyamos al proyecto". ¡Es formidable!

El día de la recepción me bajo del auto con el canciller (Luis) Almagro y le doy un abrazo a Sergio Gorzy. Y eso que él había tenido intercambios con Almagro bastante subidos (de tono). Esto demuestra que más allá de las discusiones políticas, que las podemos tener, cometemos errores, nos criticamos y está bien, es parte del debate, mientras el debate sea racional, hay cosas en las que nosotros somos capaces de unirnos más allá de religiones, identidades partidarias y formas de ser.
Es super valioso. Además del Comité Central Israelita hay comunidades judías, católicos, evangélicos, metodistas, valdenses... En Juan Lacaze nos recibe el cura de la Iglesia Católica y el pastor valdense, además del director del hospital y la maestra de la escuela... y qué sé yo. Eso es formidable.

Javier, me imagino que todo esto que comentás, tanto sobre el Comité Central Israelita como sobre comunidades religiosas... te alegra, pero no por eso te sorprende...

No, no sorprende porque creo que todos están convencidos de que acá no hay segunda jugada. No estamos buscando ningún rédito político partidario. Uruguay tiene algunas manifestaciones de solidaridad social muy fuerte cuando creo que la población ve que acá no hay una segunda intención. Que se juega con el corazón limpio, y creo que Uruguay tiene una enorme potencia en eso. Tenemos que aprovecharlo, hay que saber canalizarlo. Yo no lo sé canalizar pero creo que esto es una muestra de una posibilidad de canalizar el ser bueno.