Entrevistas

Memoria intacta

Entrevista a Giza Goldfarb, sobreviviente de la Shoá

"Lo central de mi historia es que durante toda la vida, yo como todos los sobrevivientes, no hablaba", contó Giza Goldfarb. Por Ana Jerozolimski.

10.11.2015 12:54

Lectura: 20'

2015-11-10T12:54:00
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La historia de Giza Alterwajn de Goldfarb ha sido ampliamente difundida. Se la conoce como "la niña de la maleta", una historia dramática de salvación y entrega, en la que se combinó la muerte de sus padres a manos de los nazis, con el amor que recibió de la familia polaca cristiana, que se arriesgó para salvarla.

Era la familia Slazak de Varsovia, un matrimonio con seis hijos, en cuya casa Giza vivió casi cinco años y medio, desde que tenía unos meses de edad hasta un tiempo después del fin de la guerra. Y su contacto hoy es con Danuta Galkowa, que ahora tiene 91 años, su hermana adoptiva (con su apellido de casada) y sus hijos, nietos y bisnietos.

La entrevista con Giza la realizamos hace pocos meses y aunque es siempre de interés, la intención era publicarla en un momento que encerrara un simbolismo especial. Consultamos al respecto a Giza días atrás y ella misma nos dio una sugerencia inmejorable: "En estos días se conmemoran los 50 años de la Declaración Nostra Aetate. Me parece que es una buena oportunidad para publicar el artículo, ya que si bien mi historia es una de las tantas que se conocen, tiene la particularidad de ver cómo dos familias: judía una (la mía) y cristiana la otra (mi salvadora y todo su entorno) estamos muy unidos y participamos permanentemente del crecimiento de nuestros respectivos nietos y bisnietos. Sólo juntos, judíos y cristianos, podremos enfrentar al antisemitismo global".

 

 

Giza, aunque mucho se ha contado ya de tu vida, y el tema central que nos convoca hoy es tu reencuentro con la familia polaca cristiana que te salvó, es ineludible pedirte que compartas con nuestros lectores lo central de tu historia.

Lo central de mi historia es que durante toda la vida, yo como todos los sobrevivientes, no hablaba. Hubo excepciones muy raras como Chil Rajchman, que tuvo el don y fue el líder, el vocero de todos los sobrevivientes, de los que no hablábamos, y a quien le debo mucho, un ejemplo de vida.

Chil Rajchman, recordemos, que como tú, luego de la Shoá, llegó a Uruguay.

Así es. Te diré que mi despertar después de ese largo silencio, fue la llamada que recibí en 2009, que no fue fortuita sino porque tuve la suerte de que un familiar mío viajó a Varsovia por problemas laborales, y la señora, que es la hija de un primo mío, fue al Centro Documental Judío de Varsovia a buscar su árbol genealógico para ver si había gente en otra parte del mundo de su familia. Y dejó el nombre de todos los integrantes de la familia Alterwajn entre ellos el mío, sin yo saberlo. Y por el otro lado, esta familia polaca me había estado buscando durante 65 años, no es poca cosa y no cualquiera lo hace. Danusia, mi hermana adoptiva, le dijo a sus hijas: "Yo tengo todo resuelto en la vida pero hay una cosa que no está resuelta. Quiero saber qué es de mi hermana chiquita, de Stefcia, si vive, qué es de su vida".

 

FUERA DEL GUETO, ESCONDIDA EN UN BOLSO, HACIA LA SALVACIÓN

Antes de adentrarnos en ese reencuentro, recordemos los hechos previos, cómo llegaste a esa familia.

Yo nací en noviembre de 1940 en el Gueto de Varsovia. Mis padres, que se dan cuenta que no hay salida, que no hay salvación, toman la decisión heroica de que por lo menos yo me salve. No sé por qué vías pero supongo que son por las vías que todo el mundo conoce, me sacaron en un bolso del Gueto...Yo tenía pocos meses de edad. Me llevaron a una casa de familia que me adoptó.

Supongo que te llevaron allí sabiendo que era un lugar digno para salvarte, que esa familia velaría por ti.

Así es. Mi padre adoptivo inclusive murió en el campo de concentración de Flossenbürg. Creo que llegó al campo porque los nazis sabían que él tenía muchos amigos judíos y cuál era su pensamiento, y todo polaco que no era afín a los nazis trataban de limpiarlo. Lo llevaron a los campos y parece que no duró más de tres semanas en Flossenbürg, donde murió.

Cuando a ti te adoptaron ¿todavía estaba?

Él estaba pero en el interín de mi estadía en esa casa, en una redada en la calle se lo llevaron. Danusia guardó entre sus tesoros una carta que yo dicté a mis hermanas adoptivas cuando era chica, cuando mi padre desapareció y no llegaba, y no volvía, y yo lo extrañaba, dicté una carta diciendo: "Papito mío, ¿cuándo vas a volver? Te extrañamos mucho. Tu hija chiquita te extraña y está llorando por ti". Está fechada el 23 de julio de 1944. Y aunque parezca increíble, te cuento que ese mismo día, o sea un 23 de julio, nació mi nieta mayor.

Y estuviste con ellos hasta el fin de la guerra.

Unos meses más. Casi cinco años y medio. Los tíos que se salvaron, que son mis tíos maternos (por el lado de mi padre no había nadie, el único hermano estaba acá en Uruguay desde mucho antes de la guerra) me fueron a buscar.

¿Recordás la vida con la familia que te salvó? Cinco años y medio... no eras tan chica cuando te fueron a buscar...

No, pero se ve que hice un cierre que es una forma de autodefensa. No tengo ningún recuerdo de mis años allí.

¿No te acordás si sabías que sos judía?

No sabía nada. Yo la película que me hice, que por supuesto tenía que estar escondida en un sótano, que no tenía nadie que saber que yo estaba ahí porque, obvio, si sabían sabemos qué final podía tener toda la familia. Eso es lo que yo pensé pero no fue así, porque la portera del edificio los denunció a la policía. Y les dijo: "A la señora Slazak hace tiempo que no la veo embarazada y de la noche a la mañana apareció un bebé en la casa". Pero esa familia era muy querida y en la comisaría trabajaba un agente de policía que era muy amigo y que le debía muchos favores a esa familia entonces corrió a la casa a avisarle lo que estaba pasando y ahí un cura (allegado a la familia) confeccionó mi fe de bautismo, de modo de que pareciera que era la sobrina de ellos, la hija de un primo que falleció en la guerra.

O sea que el cura también sabía que eras judía y que tenía que ayudar.

Todo. Cuando llegó la policía yo ya tenía todos los papeles. Inclusive mi madre adoptiva armó tal escándalo que con tal de sacársela de encima le dijeron: "Por favor, disculpe, disculpe, disculpe". Pero la historia no termina ahí. Cuando termina la guerra Danusia se encuentra con la portera y está con las dos piernas de metal. Una bomba le cortó las piernas.

Dios la castigó, puede uno interpretar. ¿Habló algo?

No, solo la miró. Nada más. Ahora me cuentan que yo tuve una vida normal, que era una integrante más de la familia y que aparte era la mimada por todos porque era la chiquitita y eran tres hermanas y tres hermanos más grandes. Fijate que Danusia, que era la hija mayor, tenía 17 años cuando yo llegué a esta casa y ella ya era una partisana. Ya luchaba en la resistencia polaca de noche.

No llegaste a cualquier casa.

No. En su familia nadie lo sabía, salvo el padre, la madre y Danusia. Porque tenían miedo que los hermanitos jugando con vecinos los pudieran descubrir.

Eso te iba a preguntar. El cura sabía, el padre, la madre, Danusia pero el resto de hermanas y hermanos no.

No caí en cualquier lugar. Es como yo digo siempre: "Dentro de mi desgracia tuve mucha suerte". Y lo que yo más reprocho, que pasaron tantos años sin tener contacto con esa familia, que para mí... Me cambió la vida.

 

"EN URUGUAY COMPRENDÍ QUE ERA SOBREVIVIENTE"

¿Cuándo llegaste a Uruguay?

En noviembre de 1947, y en marzo de 1948 ingresé en la Escuela Chile.

¿Te acordás qué es lo que pensabas? O sea, ¿cómo había sido tu vida y adónde llegabas?

No. ¿Sabés qué? Yo ya no quería saber de nada. Lo que yo quería era estar en un solo lado, no preguntar ni saber nada. Sabía que había estado escondida en una casa pero nada más. Y debo ser sincera: yo tampoco pregunté. Estaba bloqueada, no quería saber nada.

¿En qué momento recordás que entendiste que eras sobreviviente?

Ahí me di cuenta, cuando llegué al Uruguay y cuando ya tenía siete años de que era huérfana, de que no tenía padres. Sabía que estuve escondida, pero lo borré, no quería saber ni dónde ni cómo.

Te olvidaste de la familia.
Lo encapsulé y no quise saber. No quería más novedades.

Por un lado, te protege no ser consciente de todos los detalles, y por otro lado, no te atormentaba la pregunta de quién soy, de dónde vengo.

No, yo sabía...Yo tenía fotos de mis padres biológicos. Las tenía mi tío que estaba en Uruguay y me las dio. Y mi tía biológica también tenía fotos, tengo fotos de los dos.

¿Sentías que no tenías identidad?

Exacto. Lo que sí sabía es que era huérfana y que tenía que agradecer a la vida, nada más. Y vivir para adelante.

 

EL COMIENZO DEL CAMBIO: LA LLAMADA DESDE POLONIA

Antes de eso, no sabías nada, ni tampoco recordabas. Ahora, sigues sin recordar pero sabes. Y el cambio comenzó hace solamente unos años, en el 2009.

Así es. Recibí una llamada shockeante desde Polonia... que terminó en que finalmente viajé al encuentro de la familia de mis salvadores. Suerte que no viajé sola, porque no hubiera aguantado esa emoción. Fui acompañada y protegida por mi esposo, por mis grandes amigos Raquel y Gerardo Swedzki, por mi prima Edith Gelbtrunk junto a su esposo (también hijo de sobrevivientes). Edith, es la hija del tío que tenía los papeles arios y que era el mensajero entre la familia polaca y los tíos que estaban escondidos del lado ario.

A tus padres, cuando tu tío pasaba y recibía esos mensajes, ya los habías perdido.

Así es. A mis padres ya se los habían llevado. A Treblinka a mi madre y a Auschwitz a mi padre.

Volvamos al viaje... al encuentro. De hecho ¿con quién te fuiste a encontrar?

Con mi hermana adoptiva, Danuta. Te diré que conocí una familia que ojalá hubiera conocido toda la vida. Porque los amigos los elegís, la familia no, y esa es la familia que uno hubiese elegido tener en su vida. En mi primer contacto telefónico con Danusia le dije: "Yo tengo miedo, no quiero viajar allá", y me dice en polaco: "Querida mía, gente buena y mala hay en todas partes del mundo". Y ahí me di cuenta que esas pocas palabras eran de una gran sabiduría. Y bueno, tal cual, porque lo que recibí de ellos en los viajes que hice, que estuve allá, es indescriptible.

Danuta Galkowa, luchadora antinazi, condecorada en varias ocasiones es habitualmente invitada a participar en las Conmemoraciones del Levantamiento del Gueto de Varsovia del 19 de abril de 1943, y del Levantamiento Nacional Polaco del 1 de agosto de 1944, del cual fue parte. Además ella y sus padres fueron declarados "Justos entre las Naciones" el 24 de marzo del 2011. Dicha ceremonia se realizó en el Palacio Potozki que es parte de la Universidad de Varsovia, con la presencia del Embajador de Israel Zvi Rav-Ner, numerosas autoridades nacionales y embajadores de varios países y por supuesto con la presencia del Embajador del Uruguay en Polonia Dr. Julio Giambruno Viana. Por supuesto estuvo presente toda la familia de Danusia, sus correligionarios, el General que comandaba su Compañía, y nosotros con nuestros primos.

¿Se mantienen en contacto todo el tiempo?

Todas las semanas, lo mínimo una vez por semana, o dos veces, por teléfono. Ella tiene 91 años, ella no maneja internet. Las hijas y los nietos sí, pero ella no.

¿Hablás con ella en polaco?

El único idioma que ella habla es polaco. Yo lo hablo pero no lo sé escribir.

Y cuando fuiste a ver a Danuta, también fue un encuentro con los campos de la muerte...

Así es. En el primer encuentro nuestro tuve una sorpresa, que habían venido, viajando especialmente de Japón, un cameraman y un reportero japonés para tomar nuestro encuentro porque la historia de Danusia es conocida en Japón porque ella escribió un libro sobre su vida, que se llamó: "Fuimos los Robinsones de Varsovia". Dicho libro fue traducido al japonés. Cuando llegué a Auschwitz perdí la compostura. No pude más, cambié completamente. No quería ver a nadie, empecé a correr y a correr. Me desparramé y me perdí entre los miles de personas que había. En ese momento quedé sola. Quedé perdida, no sabía dónde estaba. ¿Sabés una cosa? El que estaba pegado al lado mío era el fotógrafo japonés que me acompañó constantemente sin yo darme cuenta. Yo llevaba una banderita de Uruguay chiquita, pegada a mí, y él qué hizo, me la levantó para que me vieran de lejos, mi gente, y ahí percibieron dónde estaba y me vinieron a buscar.

 

"LOS SOBREVIVIENTES SOMOS DISTINTOS"

Aunque no eras consciente de lo que habías pasado hasta los casi 70 años, igual se puede afirmar que el ser sobreviviente te marcó la vida también hasta los 70.

Ana, cualquier sobreviviente que tú te encuentres verás que no son seres como vos. Somos distintos. No solamente nosotros somos distintos, nuestros hijos también son distintos, sobre todo los mayores, los primeros.

Inclusive si no tenés consciencia de lo que pasaste.

Efectivamente

¿En qué son distintos?

En los miedos que tenemos adentro, en las formas de pensar, en el razonamiento. Te voy a repetir una frase de Chil Rajchman, que para mí es clave: "¿Ustedes se creen que nosotros somos normales? Podemos parecer normales pero es imposible ser normal". Algunos somos más normales que otros y el de afuera lo distingue. Hay casos que han pasado horrores y que no han podido volver y que son monólogos que durante toda la vida repiten y hasta cansan a la gente porque cuántas veces podés repetir la misma historia todos los días. Y como dice Elie Wiezell: "El que estuvo adentro no pudo salir, y el que estuvo afuera, no quiso entrar".

A la gente le cuesta lidiar con eso.

Le cuesta lidiar con eso. Y más hoy en día que el mundo no aprendió nada y que, no sé si está igual, creo que está peor. Y te digo lo que me pasó a mí. Yo aprendí que cuando me invitan ya no quiero hablar más de mi historia. Me invitan por mi historia pero ¿sabés lo que contesto? Si quieren saber mi historia yo tengo acá el documental, que está excelente y después que vean el documental, cuando me quieran hacer preguntas, me hacen. Yo le digo a la gente: "Si ustedes quieren saber más de mí, hoy en día con internet pongan en Google Giza Goldfarb y ahí van a tener toda mi historia. Pero yo estoy acá para mostrarles que yo, en persona, sobreviviente de la Shoá, les marco que el mundo no aprendió y que hace poco yo viví acá en el Uruguay una situación que no se la deseo a nadie". No es el Uruguay que quiero para mis hijos y para mis nietos.

 

EL MENSAJE CENTRAL

¿Qué pasó?

Cuando fue lo de Gaza, el antisemitismo a flor de boca que era políticamente correcto afloró, y justo en ese momento a mí me invitan de un colegio, no judío obviamente. Allí yo les expliqué mis temores como judía. Pero esa situación en el día de mañana podía ser vivida por un cristiano o de otra creencia.

Ahora podés hablar, cambiaste de actitud, ¿Es un alivio?

Estoy encantada con la nueva Giza que conocí al poder hablar. El primer liceo al que fui y que fue el que me marcó, lo agradezco mucho a Ana Resbani, una extraordinaria profesora de Historia (a quien mucho respeto) del liceo de Barros Blancos, un lugar crítico. Me invitó cuando dan la Segunda Guerra Mundial, a mí y a un profesor de Historia de ascendencia armenia, por el genocidio armenio.

Y cuando te ponés a hablar ¿Cómo te presentás ante los chicos?

"Señores, yo me llamo fulana de tal, soy judía"... Nunca habían visto a alguien judío, no sé lo que me imaginaban de un judío y te lo cuento porque las devoluciones que tuve después, que me trajo Ana a casa, las cartitas que se las dejo como legado a mis nietos, son fantásticas. Fui y les conté mi historia.

¿Cómo les decís lo que pasó?

Todo, desde que nací, quién era, qué fue de mi destino, cómo llegué al Uruguay, qué fue de mi vida. Cuando terminé los chicos lloraban.

¿Qué edad tenían?

Juntaron a quintos y sextos de todos los horarios. Eran más de 600 chicos. Lloraban, en fila venían a abrazarme, a besarme y una de las cartas que me trajo Ana de las devoluciones, que para mí fue lo más importante que creo que fue haber ido a ese liceo, fue la revelación de un chico que le dijo: "Profesora, tengo que confesarle algo porque no puedo vivir con esto, que me remuerde. El año pasado, jugando con unos compañeros míos, no sé por qué les dije ‘Mirá, Hitler tenía que haber hecho jabón con los judíos'". Para él era como decirle andá a la p...que te p... No sabía ni el sentido ni lo que estaba diciendo. Y continúa: "Hoy aprendí la historia, aprendí la vida y siento vergüenza de mí mismo. Jamás en mi vida voy a volver a decirlo, aprendí lo que es ser un judío". Y bueno, eso es a lo que yo me dedico, a contar y explicar, para que los chicos sepan y entiendan.

Serán muchas las vivencias que habrás acumulado en los liceos...

Por supuesto. En la Casa de la Cultura de Libertad adonde me acompañaron de noche mis queridos amigos Shai Abend, al que mucho quiero, y Guille Fremd, de Paysandú. Se ve que ahí tienen un periódico local en la ciudad de Libertad, en el departamento de San José, e hicieron un anuncio y los invitaron no solamente a los alumnos del liceo de libertad sino a todos los vecinos a la Casa de la Cultura, que quedó chica. Fue algo impresionante porque en ese diario local se anunció de la historia mía y que iba a ser en vivo expuesta y fue algo fantástico. ¿Qué pasó? Cada uno de ellos tiene sus historias, pasaron la dictadura, pasaron hechos familiares muy fuertes y cada uno asimiló esa historia mía como la hizo suya, entonces la Shoá pasó de ser vista como una historia del pueblo judío, a un hecho a nivel transversal de toda la humanidad.

¿Cómo se llega a ese punto? ¿Cómo, partiendo del dolor del pueblo judío, los chicos captan finalmente ese mensaje universal?

Mirá, te voy a traer solamente una frase y que la quiero leer porque no es mía, es de Jaume Benet, que fue uno de los realizadores del documental, que me mandó por mail cuando pasaron la película en Barcelona, y el comentario que fue. Está en un mail que nos dirigió a mí y a Silvia Morón Sompolinsky, que también fue parte del equipo de David Serrano en el documental:

"Querida Giza, Silvia ya te ha informado de los distintos y exitosos pases que hemos hecho del documental. Nos han sorprendido mucho y en positivo las reacciones de las personas que lo han visto. Mucha gente que ha pasado por procesos de pérdida de algún ser querido se ha sentido directamente interpelada por el documental, lo que ha provocado reacciones emocionales intensas. Esto nos confirma que la película trasciende ampliamente el drama de la diáspora causada por el Holocausto para convertirse en una metáfora del duelo universal".

Muy fuerte. Giza, ese mensaje, la importancia de las lecciones contra el fanatismo, contra la intolerancia, es parte clave de todo esto. También transmitís el mensaje de superación. O sea, el mensaje a los chicos como ejemplo de vida, de que uno puede salir adelante. ¿Ese también es un objetivo?

Por supuesto, por eso me invitaron al Jubilar. Porque el Jubilar es un instituto donde todos los chicos están en situación crítica. Cuando me invitaron y fui por primera vez fue cuando estaba Gonzalo Aemilius. Y hace un tiempo fui de nuevo por tercera vez donde me encontré con el Cardenal Sturla. El director del Jubilar, es Ricardo Villalba, una persona muy cálida con la cual tengo un vínculo muy lindo.

O sea que hay diferencias, credos distintos, y también muchos puntos de unión.

Por supuesto. Es como dice Danusia: "Yo tengo una familia judía del otro lado del Atlántico y ella tiene una familia cristiana atravesando el Atlántico en Europa". A eso voy, a que somos todos iguales, y nos respetamos en nuestras diferencias. Y en todo esto, para mí hay un antes y un después.
Comprendí que no podía seguir encapsulada, que debía contar mi historia, pero que no es para mostrar simplemente sino porque es mi obligación porque lo que yo estaba viendo que la gente no lo captaba, era que esta película se está repitiendo. Sin ir más lejos, ayer una señora me mostró en su celular una foto que tomaron ayer de Nueva York con unos carteles colgantes, unos pasacalles enormes, en inglés: "Los judíos se están abarcando todos los espacios". Y eso lo vivimos antes de la guerra.

El antisemitismo muestra que el mundo no cambió, no aprendió.

No aprendió y al contrario, se multiplicó.

¿Qué te deja a ti el contacto con los alumnos uruguayos no judíos?

Me deja primero una gran satisfacción de poder transmitirles. Siento que me escuchan. Siento que entienden lo que les transmito, que es lo más importante. Yo no quiero repetir mi historia, lo que quiero es transmitir y protegerlos a ellos, que ellos vivan un mundo mejor y que luchen por un mundo mejor.

¿Es importante para vos como judía y como uruguaya transmitir ese mensaje? ¿Se pueden disociar las dos partes de tu identidad?

Es importante para mí como judía antes que nada y es importante para mí como ser universal.
Yo tuve una infancia extraordinaria hasta los cinco años, con la familia polaca que me salvó. Y gracias a esa familia polaca yo estoy en el Uruguay. Eso no lo puedo olvidar, no lo debo olvidar, y lo tengo que decir a los cuatro vientos.

¿En qué te enriqueció a ti, o qué te dio a ti, este contacto con tantos jóvenes uruguayos no judíos?

A mí me enriqueció muchísimo como persona porque me di cuenta que tenía en mi interior para transmitirle valores que yo misma no conocía.

Y aparte ellos en su devolución y su forma de reaccionar ¿te mostraron quizás una dimensión del Uruguay que no habías conocido?

Exacto. Tal como lo has dicho tú. Ponelo así. Es tal cual.

Muchísimas gracias Giza. Por tu tiempo, por tu relato, por compartir. Y por poder ahora, al fin, hablar.

Gracias a ti Ana por esta entrevista.