Los anales de 61 tomos establecidos por la Agencia de la Casa Imperial, después de 24 años de trabajos, facilitan pocos detalles que permitan esclarecer hasta qué punto fue responsable este emperador de la política belicista del Japón de entonces.
Los documentos publicados muestran a un hombre, considerado entonces como un semidiós, opuesto a los militares que llevaron a Japón a un conflicto a gran escala contra China en 1937, con la promesa de que la batalla sería corta y la victoria fácil.
Pero los mismos documentos retratan también a un líder satisfecho con los triunfos de sus ejércitos en los lejanos campos de batalla.
Japón invadió la región de Manchuria en 1931, donde estableció un gobierno títere y una base estratégica para conquistas posteriores.
En 1937, las tropas imperiales atacaron y saquearon Nankin, donde murieron decenas de miles de civiles. Los documentos no aportan detalles nuevos sobre este episodio.
Tras ser informado de la caída de la ciudad, el emperador Hirohito transmitió sus felicitaciones a las tropas: "Estoy profundamente satisfecho por el coraje mostrado en la toma de la capital de Nankin".
Por otro lado, Hirohito se mostró preocupado por los riesgos de una "guerra temeraria" que lo haría sentirse "muy triste por (sus) ancestros imperiales", durante los preparativos del ataque sorpresa contra la flota norteamericana en Pearl Harbour, en diciembre de 1941.
La figura de Hirohito tiene muy divididos a los historiadores. Según algunos, era la marioneta impotente de un Estado militarista descontrolado. Según otros, la invasión y ocupación de una parte de China no fueron posibles sin al menos la aprobación tácita del jefe del Estado, que en teoría tenía la última palabra.
Los archivos, precisamente, revelan pocas pruebas tangibles sobre las decisiones de Hirohito, al que los norteamericanos mantuvieron en el trono después de la capitulación japonesa en agosto de 1945, para preservar la estabilidad.
Los documentos dan más bien la imagen de un líder simpático, sin detallar si tuvo un papel decisivo o no en la actitud belicista del Japón de aquella época.
Esta ambigüedad, y la controversia en torno a la figura imperial, explican por qué la Agencia de la Casa Imperial ha necesitado 24 años para presentar estos anales de 12.000 páginas, basados en 3.152.
Con información de AFP
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