Seré curioso

SERÉ CURIOSO

Emir Abdul: el chico que sufrió bullying hoy sueña con llenar estadios con sus bailarines

El jurado de La Máscara es un reconocido coreógrafo de fama mundial. Vive un momento pleno y quiere formar una familia.

16.06.2022 09:40

Lectura: 23'

2022-06-16T09:40:00
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Por César Bianchi

Fotos: Javier Noceti / @javier.noceti

Tenía seis años cuando yendo con su mamá a la escuela le reveló qué quería ser de grande: quería ser bailarín. Es probable que en esas caminatas por Nuevo París se cruzara con algún picado de gurises jugando al fútbol. Pero lo suyo no iba por ahí. Es curioso, pero hoy, a los 28 años, Emir Abdul dice que su “sueño” es llenar estadios, pero no como futbolista, ni siquiera como cantante. Él quiere vender tiques para un estadio para bailar con sus bailarines, y que algunos cantantes entren a cantar algún tema, como invitados.

Emir hoy es reconocido por su rol de jurado en La Máscara, el formato que compró Teledoce y revolucionó la TV local. Pero los más jovencitos ya lo conocían muy bien, acá y en el exterior: Emir tiene 6.4 millones de seguidores en Instagram, y otra cifra igual de abrumadora en Tik Tok. Lo siguen fans de sus coreografías de danza urbana (street y reggaetón, pongamos) y de su estilo muy propio. Fue coach en Bailando por un sueño, y le armó coreos a Daddy Yankee, Karol G, J. Balvin y Ricky Martin, a quien le dio clases por zoom.

De antepasados libaneses, el recuerdo de su padre, también libanés, quien falleció cuando él tenía 15 años, lo marcó mucho: decidió dejar la vivienda del asentamiento 6 de Diciembre, donde vivían, para buscar su propio camino. Se dedicó a formarse para ser quien quería ser, y hoy es un referente internacional en la materia. Tras muchos años radicado en Buenos Aires, por estos días volvió a Montevideo para grabar La Máscara, y dar clases regulares de baile. Pero cuando se acerca el fin de semana, toma su valija armada y se va a ejercer la docencia en el exterior.

Todavía no llegó a los 30, pero ya tiene claro que no quiere planificar tanto, sino disfrutar qué le depara el día a día.

"Yo estudié muchos años acá, pero era tanta la discriminación que sufría de mis colegas acá, empecé a estudiar afuera. Iba a tomar maratones de clases a Argentina con profes que venían de Estados Unidos o Brasil. Acá no me sentía cómodo"

-Tu papá falleció cuando eras un adolescente de 15 años. ¿Cuánto te afectó y cuánto influyó en quién sos hoy?

-Somos seres en constante evolución. El fallecimiento de mi viejo me afectó, ahora creo que lo superé bastante. Me encantaría que mi viejo estuviera viendo lo que me está pasando hoy… Yo le decía a mi viejo: “Papá, yo voy a ser bailarín, y me va a ir muy bien”. En ese momento el bailarín no estaba bien visto. Había un estigma, que lo sigue habiendo, aunque no tanto como antes. Yo siempre fui muy independiente, siempre hice lo que no querían los demás que hiciera. Papá quería que yo fuera doctor. Pero al llegar a quinto de liceo, elegí Artístico. Me afectó sí, pero para bien.

Él falleció de cáncer. Mientras mi madre lo cuidaba, yo hacía las compras para la casa, después lo cuidaba yo y estudiaba mientras lo cuidaba. (Su muerte) me hizo aprender mucho a ver la vida de otra manera.

-Mientras la mayoría de los niños uruguayos sueña con ser jugador de fútbol, ¿vos soñabas con ser bailarín?

-Sí, claro. Iba a un colegio de monjas y a los 6 años le dije a mamá que quería ser bailarín. Yo veía gente bailando en la tele, y quería hacer eso. Veía que la gente tiraba felicidad. Veía bailar gente, y eran felices. Y nadie en mi familia era artista, ni mis primos o tíos. Miraba mucho MTV, los programas de la tele, me encantaba cómo bailaba Shakira y quería ser bailarín de ella, en ese momento estaba Natalia Oreiro con Muñeca brava. Me acuerdo que fue a hacer una presentación en el Devoto, y yo no conseguí entrada y me puse a llorar. Mamá decía: “Se le va a pasar con el tiempo”, pero no, no se me pasó.

-Dijiste en Sábado Show que anhelabas dedicarte a ser bailarín, aunque tenías "todo el mundo en contra". ¿Qué tenías en contra? ¿Tu familia no te apoyaba?

-Mi familia no me apoyaba, no me apoyaba nadie. Yo era muy gordito, me veían bailar y me decían: “¿Qué estás haciendo?” Era extraño porque yo sentía algo muy lindo en el cuerpo cuando bailaba, pero la gente me prejuzgaba. Y mi mamá también. Con los años entendí que era miedo a que yo fracasara. Mamá es geminiana, y es bruta para hablar. Me decía cosas hirientes: “Vas a mover el culo gratis” o “te vas a cagar de hambre bailando”. Mamá es lo más grande que tengo igual, eh.

-¿Sufriste bullying en la niñez o la adolescencia?

-Sí, muchísimo. Tenía el pelo largo, era gordito, bailaba. En ese momento ya el hecho de bailar te condicionaba a una orientación sexual. Era muy discriminatorio todo. Yo no tenía amigos, me daba miedo que la gente no fuera a mi cumpleaños. Era mucha la discriminación y mucho el bullying. Yo hoy eso lo llevo a mis clases, y entendí que la gente es muy hiriente en cómo tratar a las personas. Muchas veces percibís la inseguridad de alguien y la atacás, ¿viste?

Yo trato de trabajar la seguridad en clase. A mis clases van gorditos, flacos, altos, morenos, extranjeros, gays, heteros. Yo veo el talento de la gente. Por eso creo que tuvieron tanto éxito los videos que grabé, porque mostré gente “normal”, no estereotipada, como los de los videos musicales. Y a la gente eso le encantó, porque podían pensar que ellos podían estar en los videos. Había gente que me decía: “Grabaste un video y pusiste un moreno, una gordita, un flaco, para quedar bien con todos”. No, se daba naturalmente, yo ponía gente que tenía condiciones nomás.

-Tu formación en la danza comenzó en Uruguay, pero la ampliaste en el exterior, sobre todo en Argentina y Brasil. ¿Por qué salir a formarte al exterior? ¿Uruguay no te daba lo que vos estabas buscando?

-No, no me la daba, pero no porque no hubiera buenos profes acá. Yo estudié muchos años acá, pero era tanta la discriminación que sufría de mis colegas acá, empecé a estudiar afuera. Yo daba clases acá y estaban súper llenas, tenía lista de espera, y en ese momento era gordito y tenía 50 o 60 personas que querían tomar conmigo clases de reggaetón. Y había personas que habían entrenado en Arizona, y que habían competido en el Hip Hop International y tenían cinco personas. Y preguntaban: “¿Y por qué a él se le llenan las clases y a mí no?”. Hablaban mal de mí… entonces no me daban ganas de tomar clases con ellos. Y más que nada en ese momento, que tenía muchas inseguridades. Entonces me iba a tomar maratones de clases a Argentina con profes que venían de Estados Unidos o de Brasil. Acá no me sentía cómodo.

"Los niños en mis clases nunca perrean. Y cuando el niño está copiando algún movimiento sexy les digo que no lo hagan, que no quemen sus etapas, porque el problema está en el ojo que lo ve, no en el cuerpo que lo está bailando"

-¿Cuáles son tus influencias? ¿Lo que más trabajás es lo que se conoce como danza urbana?

-Lo que hago es danza urbana, sí. Yo en mi vida he tomado clases de lo que me gustaba y de lo que no me gustaba mucho. Tomé folclore, tango, hip hop, street, ballet contemporáneo, jazz. Traté siempre de aprender un poquito de cada cosa para poder amoldarme y crear mi propio estilo. Lo que funciona es tu propio estilo, tu propia esencia. Cuando yo formo gente le doy una información y les doy información de otros profes para que ellos puedan buscar su propio estilo, y puedan tener éxito. La mayoría de mis alumnos dan clases en distintas partes del mundo o acá en Uruguay, y las tienen súper llenas, pero no es porque bailaron con Emir, sino porque les gusta lo que hacen ellos. Yo he tomado de todo, y lo que doy más que nada es street y reggaetón, pero es mi estilo, en base a cómo me formé.

Yo cuando doy una clase de reggaetón, digo: “Cuarta posición”, “segunda posición”, hablo de posiciones de ballet, si doy un paso de danza afro, por qué se llama así, les doy toda la información. Y siempre les digo que tienen que seguir tomando clases en otros lados, con otros profes. Si van a tomar clases a otros lados, representarán mejor al maestro y si son agradecidos con su maestro, está genial.

-A propósito del reggaetón, he visto que hay quienes te cuestionan porque bailás con niños y niñas, considerando lo explícitas de algunas letras de ese género musical. ¿Cómo tomás ese cuestionamiento?

-Yo cuido mucho a mis niños. A mi me da mucho rechazo cuando el niño sexualiza el movimiento. Muchas veces en mis seminarios doy clases all levels, hay niños y adultos. De repente la canción dice “carajo” y yo les digo que Carajo es un lugar que queda súper lejos a donde van los adultos cuando se portan mal… Les doy ejemplos para que se imaginen cosas.

-El propio baile es muy sexual, por poner un ejemplo: el perreo.

-Los niños en mis clases nunca perrean. Y cuando el niño está copiando algún movimiento sexy les digo que no lo hagan, les digo que no quemen sus etapas, porque el problema está en el ojo que lo ve, no en el cuerpo que lo está bailando. En mi clase se podría perrear, pero no me gusta, porque a mí me choca verlo.

Te cuento una: yo todos los fines de semana viajo a distintos lugares, y un fin de semana me tocó ir a Posadas, Misiones, donde había una competencia. Di dos clases y al otro día tenía que ser jurado y ver 200 coreos. En su momento había mucha gente junta, íbamos por la coreo 120 ponele, y había un grupo de niños bailando (como 15 niños). Aparece un padre y me dice: “Vos sos jurado, ¿no ves esa niña que está desnuda ahí?” Yo miraba y no veía ninguna niña desnuda. “¡No puede ser que esta competencia sea tan horrible! ¡Todo el mundo viendo una niña desnuda!” Miré bien y vi una niña gordita, de 8 años, que estaba súper feliz bailando y tenía una tetilla afuera. Es horrible cómo el adulto tiene un problema en la cabeza.

Muchas veces leo en redes que dicen: “¿Cómo pueden permitir que una niña de 6 años baile esos temas?” La canción dice: “Hoy se quiere soltar, no quiere amarrarse, solo quiere party, party”. Es un tema trend global, la niña lo va a escuchar donde sea. Primero, el padre está pagando para que el niño tome clases conmigo; yo soy consciente de lo que está haciendo el niño. El niño está bailando… Ya hoy en día los niños no bailan “Barney, es un dinosaurio que vive en nuestra mente”. Entonces, lo que me molesta es que el padre tiene la responsabilidad, y yo soy el profe, vos no sos el padre del niño, preocupate por cómo querés criar a tu hijo, y no lo lleves a aprender clases de baile con Emir. Y todos contentos. ¡Si el padre está atrás de cámaras mirando cómo baila el niño! Hay que abrir la cabeza… Y si el niño hace algo muy fuerte, yo lo corrijo, porque a mí mismo me choca.

-Tu costado docente empezó a los 15 años, cuando te largaste a dar clases por YouTube. ¿Cómo surgió esa idea?

-Yo empecé a estudiar a los 11 o 12 años, yo tomaba clases en el Apex, en la Unión, que ahora cerró, y la profe que me daba clase me dijo: “Vos tenés que dar clases, tenés muchas condiciones”. Eran clases como de ritmo, de zumba. Eran como 80 o 90 personas. Era como un club deportivo, y ahí empecé a dar clases. Lo viral por YouTube y redes fue hace cuatro o cinco años.

"¡Flasheo! Fui a los Grammys representando a Tik Tok, el único uruguayo representando a Tik Tok en Latinoamérica, y vinieron Camilo, Bizarrap, Nati Pelusso, Danna Paola a saludarme y decirme que les encanta lo que yo hago"

-De niño querías ser bailarín. ¿Cómo nace el coreógrafo y el docente en vos?

-Coreógrafo es el que hace coreos, y docente es el que quiere que el profe crezca, y el que se enfoca en que el alumno pueda tener su vocación por bailar y por enseñar. Yo de niño soñaba con ser coreógrafo y bailarín. Con los años fui formándome y cuando empecé a dar clases me empezó a gustar mucho. Yo a los 16 años pensaba coreos y me parecía súper mágico ver que lo que salía de mi mente después se materializaba en personas, cómo todo lo que salía de mi cabeza después lo hacían personas. Me parecía salado. Y eso me empezó a gustar.

Yo tomé la inspiración de varios profes, fui aprendiendo, pero yo quería poder dar mi información a la gente y que la gente se motivara a hacerlo.

-Fuiste coach en Showmatch, pero te escuché decir que esa experiencia no te llenó, no fue lo que esperabas. ¿Por qué? ¿Qué cosas no te gustaron?

-Yo hay cosas que no puedo contar, y en algún momento me encantaría contarlas. Uno tiene que ser agradecidos con las oportunidades que le dan. Y me abrieron una ventaba muy grande. Pero te puedo decir que amo ser coreógrafo, pero no amé ser coreógrafo del Bailando por un sueño, realmente. Por momentos era un ritmo por mes, y terminó siendo un ritmo por semana, y en los hechos terminé siendo productor. Yo tenía que encargarme de enseñarle a una persona que tenía la mejor predisposición -Karina, la Princesita- a aprender un ritmo que no sabía bailar, encargarme de elegir la música, el vestuario, las pantallas, los tiros de cámara, de todo yo solo, una vez por semana. Pero yo, además de Bailando, viajaba todos los fines de semana, daba clases, grababa contenidos para mis redes. Y dormía dos horas por día. Ensayaba cuatro horas por día de lunes a lunes, tenía que llegar a preparar el próximo ritmo, y el triángulo era de mí para la productora, de ahí a Karina, de ahí a vestuario, producción, y después al final me daban el ok.

Era una picadora de carne eso… Ángel de Brito me llamaba para invitarme a su programa a hablar mal de alguien, y yo estaba para trabajar. Yo soy uruguayo, viste que si me entero que vos hablaste mal de mí, te ignoro, te doy vuelta la cara. Allá todos aprender a ser políticamente incorrectos.

-Fuiste el primer coreógrafo y bailarín en firmar contrato con la disquera Warner Music, y tomaste como bandera eso de destacar el rol de los bailarines como artistas. ¿Qué lectura hacés vos de ese hecho?

-Es, más que nada, ayudar a que el bailarín deje de ser un relleno. Porque todo el tiempo es como que el bailarín cobra dos mangos, el bailarín no puede vivir del arte, el bailarín no puede llegar a fin de mes. Bailarines de artistas argentinos muy grossos de ahora (no quiero dar nombres): el artista cobra un show 50.000 o 60.000 dólares, y al bailarín le pagan 80 o 90 dólares por el show. Si son 10 bailarines, son 1.000 dólares. Imaginate que 10.000 dólares gastan en el escenario, o sea que todo lo demás es ganancia. Y el bailarín cobra dos mangos de ese cachet.

Mi contrato con Warner consiste en hacer música: la música es mía y del artista y el feat mío es bailado, no cantado. El primero fue con Agus Padilla ft. Emir Abdul (NdeR: Movimiento #1 se llama), pero lo mío es bailado, no cantado. Yo tengo el mismo protagonismo que el artista.

-Cuando estabas de coach en Showmatch empezaste a tener ofertas en Estados Unidos, pero este mismo año has recorrido España, Perú, Bolivia, Puerto Rico, Paraguay y México dando clases como coreógrafo... ¿En qué consiste tu éxito? ¿A qué lo atribuís?

-Yo mismo me lo pregunto. No sé por qué la gente quiere ir a mis clases. Yo hace poco estuve en Francia dando clase, y no podía creer que la gente me pidiera fotos en la calle, en Francia, y me hablaban en francés y no les entendía lo que me decían… O lo mismo los uruguayos, que me vienen a decir cosas muy lindas. No sé si es porque yo, cuando grabo contenidos y cuando hago videos, quiero que se note lo que amo hacer lo que hago. Cuando yo veo que se habla como un producto o que “tiene que ser viral” siento que se pierde la magia… Cuando yo grabo contenidos con los niños, los padres nos dejan, y nos matamos de risa con los niños, y jugamos, además de bailar coreografías. Hace poco grabé contenidos con los padres, y los niños, fue emocionante. Los padres vieron un video en vivo.

-Has trabajado en las coreografías de artistas internacionales de la talla de Daddy Yankee y J. Balvin, entre otros. ¿Cómo conocieron tu trabajo? 

-También hice coreos oficiales que me pidieron los sellos para Karol G, Seba Yatra: “Escuchame Emi, necesito que hagas la coreo oficial de tal artista” y yo lo hago para redes, porque eso lo que hace es posicionar la coreo de esa canción en distintos países. Pero fue una experiencia súper linda trabajar con J. Balvin o Daddy Yankee…

¿Y cómo conocieron mi trabajo? Por las coreos que he hecho en YouTube. Igual, flasheo… Hace dos semanas grabando La Máscara me apareció una opción en Instagram de chequear qué cuentas verificadas me seguían, y ahí me enteré que me seguía Ricky Martin y yo no lo seguía, o Nicky Jam. Eso es súper emocionante… porque yo los admiro. Hace poco tuve un zoom con Ricky Martin, a quien le di una clase a distancias por el nuevo tema de él. ¡Pero flasheo! Fui a los Grammys representando a Tik Tok, el único uruguayo representando a Tik Tok en Latinoamérica, y vinieron Camilo, Bizarrap, Nati Pelusso, Danna Paola a saludarme y decirme que les encantaba lo que yo hago… Yo pensé que ni me iban a junar, y en cambio, ellos súper buena onda. Yo siempre soñaba con eso: con poder estar con los artistas así, a la par.

"En NY me pidieron que fuera al super a comprar muzzarella, y ahí, pensé: 'Vamos a hacer un baile, en el súper, con un carrito'. Elegí un tema de J. Balvin y fue viral mundialmente… Lo hicieron en lo de Jimmy Fallon,  lo hizo Shakira, hay dos millones de videos con mi coreo"

-Una muy amiga tuya me dijo: “En él nada que le pasa es casualidad. Para los que creemos en la ley de atracción, él atrae lo que le pasa con su energía y su trabajo”. ¿Es así?

-Sí, es así. Yo pienso que el límite está en la mente. Si uno se propone algo, el límite es tu cabeza, no es la persona que te lleva y te da para adelante. Hay personas que no tienen tanto talento y llegan muy lejos, a donde se lo propusieron.

-Pero seguramente porque trabajaron muy fuerte para lograrlo, no por soñarlo con ansias.

-Pero pasa que si vos lo soñás, todo el tiempo estás haciendo el camino, inconscientemente, para llegar. Vos tenés que plantearte en tu cabeza llegar a tal lado, y vas haciendo cosas para que eso pase, hasta que lo lográs. Me ha pasado millones de veces… Yo quería trabajar en el Conrad, porque no aceptaban gente gordita. O desfilar en un desfile de modas. Y lo logré, y ahí me acuerdo que yo lo soñaba de antes. O trabajar con un artista como Daddy Yankee… ¿Un uruguayo de Nuevo París trabajar con Daddy Yankee? Yo a veces no soy consciente de lo que estoy viviendo.

-¿Cuál es el desafío más loco que te pasó, al conocer a alguno de estos artistas famosos en el mundo entero?

-Mirá lo que me pasó: yo quería conocer a J. Balvin. Y como me seguía, le escribí por Instagram y le dije que quería conocerlo, cuando yo estuve en Nueva York y di seis clases. Me dijo: “Ok, vamos a conocernos”. Pensé que la iba a dejar por esa. A los dos días me escribe: “Emir, ¿cómo estás? Hoy esto de paracaidismo. ¿Cómo son tus tiempos?”. No concordamos vernos ese viaje. Pero fue conmigo una amiga que había tomado clases conmigo, y dice en voz alta: “Emir dijo que esta coreo se la pidió J. Balvin” y una chica que había tomado las seis clases conmigo contestó: “Yo lo conozco, es mi mejor amigo”. Y llegué a conocerlo. La última noche que yo me quedaba en NY me pidieron que fuera al supermercado a comprar muzzarella, y cuando estaba ahí, pensé: “Vamos a hacer un baile, en el súper, con un carrito”. Elegí un tema de él, In Da Ghetto (todavía no era un hit) y fue viral mundialmente… Lo hicieron en el programa de Jimmy Fallon, que me nombró, lo hizo Shakira, dos millones de videos se hicieron copiando mi coreo del carrito en el súper.

-Me contaron que no sólo enseñás a bailar en tus clases. También hacés hincapié en valores: en la autoestima, en que persigan sus sueños, en que no hay límites.... ¿Hay algo de terapia en eso, tanto para vos como para el otro?

-Sí, creo que sí. Yo quiero que una persona que tome mis clases esté en su 100, que saque lo mejor de sí. Muchas veces me siento filosófico, porque hablo mucho en clase. Pero trato de sacar lo mejor de cada uno. Siento que en el mundo todos vinimos a cumplir una misión: vos desde el lado del periodismo ayudás a informar cosas que pasan para poder concientizar a la gente, en mi caso la vida me puso el baile para poder ayudar a personas a que puedan creer en sí mismas.

-“Siempre quiso ser famoso”, me dijo alguien sobre vos. ¿Es cierto?

.De pendejo, sí. Quería ser conocido por lo que me gustaba hacer. Pero sí, de niño soñaba con tener todo lo que tengo ahora. Yo me levanto feliz, muchas veces me quejo por mi cuerpo, me duele mucho porque doy mucha clase, pero me siento bendecido y estoy viviendo mi sueño.

-Otra fuente me dijo que sos “manipulador, pero manipulador del bien”. ¿Existe eso? ¿Te identificás con esa descripción?

-Esa fue Leti (Píriz, influencer marketing). Migue, que es mi manager y es como mi papá, siempre me dice: “Vos tenés que lograr con tu cabeza que pase lo que vos querés en tu cabeza”. Manipulador suena a negativo… Yo quiero que vos vayas y quieras ir a tal lado, y con mi cabeza, lo vas a hacer. Por eso yo necesito estar bien mentalmente. Por eso cuando algo me perturba la mente, lo dejo. No me importa la plata que pierda. Si algo me hace estar mal psicológicamente, me perturba la mente, lo dejo. Fui así toda mi vida. Y alguna vez era, hasta quedar en la calle.

"Con La Máscara se buscaba que la familia pudiera reunirse frente al televisor, después de tantos años. Y sentir esa adrenalina y esa ansiedad por descubrir quién está detrás de la máscara"

-¿Tenías ganas de hacer TV en Uruguay? Te lo pregunto porque Mario Pergolini me dijo hace algunas semanas que la TV murió, que solo los viejos miran tele... Y vos hoy protagonizás un éxito en rating televisivo.

-Sí, tenía ganas. Cuando era chico soñaba con estar en un programa de TV. Está bueno que las personas que son influyentes en determinados sitios, puedan tener ese lugar, porque le dan pocas posibilidades a personas que tienen mucha llegada. Las personas mayores no tienen muchas veces el lenguaje de los guachos que están todo el tiempo en redes. Hoy en día me para mucha gente en la calle -de 15, 20, 25 o adultos- para hablarme de La Máscara. Más ahora que cuando estaba en Bailando. Es una locura… Y si hoy los jóvenes no lo miran en vivo, lo miran después en redes.

-¿Disfrutaste el rodaje de La Máscara?

-Muchísimo. Descubrí una nueva pasión, eh. El tener una cuca (NdeR: cucaracha se le llama al audífono de los conductores en piso)Me cuidaron muchísimo. Tuve propuestas de otros canales, pero elegí el 12, porque mi abuela vive en el barrio, confiaron en mí cada vez que yo tenía un proyecto nuevo. Me sentí como en casa.

-¿Qué le aportó ese programa de entretenimientos a la televisión uruguaya?

-Cuando empezamos a grabar, no buscábamos que el programa tuviera éxito. Se buscaba que la familia pudiera reunirse frente al televisor, que la gente se junte en familia a ver un programa, después de tantos años. Y sentir esa adrenalina y esa ansiedad por descubrir quién está detrás de la máscara.

-Hay una frase que dice: “Dedicate a hacer algo que te gusta, que ames con locura, y no tendrás que trabajar”. Es tu caso, ¿no?

-¡La digo siempre! Yo siento que no trabajo ningún día de mi vida. Y en realidad meto muchas horas. Los lunes tengo reuniones y grabo contenidos, los martes doy clases regulares, miércoles y jueves grabo, viernes estoy en Buenos Aires, los fines de semana me voy a alguna provincia (argentina) o viajo a algún país a trabajar. El lunes vuelvo, casi sin dormir, a dar clase y grabar contenidos. Así estoy de lunes a lunes.

-¿Cuál es tu próximo desafío?

-En 2019 te hubiera dicho cuáles son mis desafíos. Hoy vivo el día a día, y disfruto el momento. Quiero que la vida me sorprenda, porque siento que ya estoy realizado.

-¿Y un sueño?

-Llenar estadios. Solo yo y mis bailarines. Y que entren artistas sí, pero como invitados. Pero que el show sea de bailarines.

-¿Te gustaría formar una familia?

-¡Sí! Claramente… Y cuando le doy clase a niños, quiero ser padre todo el tiempo. Quiero formar una familia.

-¿Sos feliz?

-Sí, me siento muy feliz. El ser humano tiende todo el tiempo a autoboicotearse y a ver el lado negativo, pero estoy disfrutando todo lo que hago. Me siento plenamente feliz y quiero compartirlo con la gente que está alrededor.

Por César Bianchi