El descubrimiento de vestigios de la Wehrmacht -las fuerzas armadas unificadas de la Alemania nazi- en cuarteles del ejército, provocó polémica y puso de relieve la ambivalencia del país a la hora de enfrentar el pasado nacional.
"Creo que la Bundeswehr -fuerzas armadas unificadas de Alemania- debe mostrar claramente, tanto interna como externamente, que no se sitúa en la tradición de la Wehrmacht", declaró recientemente la ministra conservadora de Defensa, Ursula von der Leyen.
Aunque parezca una evidencia, esta línea de conducta provoca divisiones, a tal punto que fue debatida el miércoles en la cámara de diputados tras la detención de dos militares cercanos a la extrema derecha sospechosos de haber planeado un atentado, un escándalo que agita al ejército.
Tras el hallazgo de restos de la Wehrmacht en el cuartel de los detenidos, Von der Leyen, cercana a la canciller Angela Merkel, anunció una rápida inspección de todos los edificios de la Bundeswehr, la reescritura del "decreto sobre las tradiciones" del ejército de 1982, un refuerzo de las reglas disciplinarias y una mejor educación cívica de las tropas.
Dos medidas simbólicas concentran toda la atención: un proyecto para "rebautizar" la veintena de cuarteles que evocan aún al Tercer Reich y la retirada de un retrato del excanciller Helmut Schmidt, con el uniforme de la Wehrmacht, en el internado de la Universidad de la Bundeswehr en Hamburgo.
En memoria de los padres
"En otros tiempos, se habría hablado de caza de brujas", criticó el exministro socialdemócrata de Defensa, Rudolf Scharping, lamentando la retirada "mezquina, peor, indignante" del retrato de Helmut Schmidt decidida por la propia universidad.
Rainer Arnold, especialista en cuestiones de defensa del mismo partido, aseguró que esta foto era "la mejor manera de examinar la historia de los militares bajo (la dictadura de) Hitler", especialmente porque Helmut Schmidt contó en repetidas ocasiones lo que él llamaba su "guerra de mierda".
Pero el debate ha sobrepasado rápidamente la cuestión de las "tradiciones", con las que debe dotarse la Bundeswehr, ejército creado en 1955, para hablar del lugar de los 18 millones de soldados que pasaron por la Wehrmacht en la memoria íntima de Alemania.
"El respeto que le debemos a nuestros padres y nuestros abuelos pide" evitar una "condena en bloque" de la Wehrmacht, declaró el conservador bávaro (CSU) Hans-Peter Uhl, al igual que otros diputados de este partido aliado al de la canciller, que denunciaron un proceso "inútil".
"No dejaré que la foto de mi padre como soldado de la Wehrmacht descanse en una caja de zapatos (...) No veo por qué tendría que avergonzarme de él", dijo Theo Sommer, antiguo allegado de Helmut Schmidt en el ministerio de Defensa, en el semanario Die Zeit.
Varios historiadores reclamaban desde hace tiempo revisar el nombre de los edificios militares, algo que se inició en 1995 con intensos debates a propósito del cuartel bávaro Eduard-Dietl, que toma el nombre del general implicado en la invasión de Polonia, Noruega y Finlandia.
Polémica exposición
Esta medida sin embargo no crea la unanimidad. Algunos municipios se oponen y Theo Sommer, cuyo padre participó en la campaña en el norte de África de Erwin Rommel, rechaza que los dos últimos "cuarteles Rommel" sean rebautizados.
"La estrategia y la táctica del 'Zorro del desierto' deben seguir enseñándose", estima.
El debate reaviva también las cuestiones sobre el papel de la Wehrmacht en los crímenes nazis, reprimidos en la inmediata posguerra, cuando la humillación se concentraba sobre la Gestapo y las SS.
En los años 1990, el historiados Omer Bartov investigó sobre las atrocidades cometidas por la Wehrmacht en el frente del Este y demostró la fanatización de las tropas, sometidas ellas mismas a una cruel disciplina.
Pero para la opinión alemana, la sorpresa vino con una exposición itinerante montada en 1995, "Guerra de exterminio. Los crímenes de la Wehrmacht", que recorrió hasta 2004 Alemania y Austria en un contexto de polémica.
Pocas veces una exposición dividió hasta este punto al país, con una campaña de protesta de la CSU, altercados con neonazis e incluso un atentado con bomba contra el evento en Sarre en 1999.
AFP
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