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El ocaso de un líder de Conexión Ganadera: quién es Pablo Carrasco, la cara de la empresa

El empresario es, desde que comenzó la causa, la persona con más exposición. Esto último se mantuvo desde que se asoció a Basso.

07.02.2026 09:00

Lectura: 6'

2026-02-07T09:00:00-03:00
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Por Joaquín Symonds

Pablo Carrasco, de 63 años, caminó con notoria dificultad los 25 metros que lo dividían de la puerta del asiento donde debía sentarse para asistir a la última audiencia de Conexión Ganadera. El hombre, imputado por estafa y lavado de activos, se abrazó con su esposa, Ana Iewdiukow, y ambos permanecieron tomados de la mano durante poco más de una hora, hasta que la instancia terminó.

Iewdiukow se encuentra en la cárcel de Florida, dado que también fue imputada por estafa y lavado de activos. Carrasco, en tanto, está en Punta de Rieles y los momentos en los que se ven son durante las audiencias.

En los últimos meses de cárcel, Carrasco habla poco, no mantiene tanto diálogo con su familia a la hora de la visita y comenzó a tener algunas dolencias físicas.

Pero durante los 25 años que duró la empresa siempre fue una persona muy conocida en el ambiente agropecuario uruguayo y se podría decir que esto sucede desde su etapa de estudiante. En la Facultad de Agronomía de la Udelar, desde los primeros años, era alguien que sobresalía por opinar siempre buscando la polémica alrededor de los temas técnicos.

Años después de que comenzara a estudiar, fue profesor de la materia Nutrición. Esto hizo que su “fama” se expandiera no solo a su generación, sino también a las más chicas.

Carrasco conoció a su actual esposa en esa facultad, quien también es ingeniera agrónoma. Desde chicos representaban, por sus apellidos, una pareja con proyección en el ámbito profesional. Ella surgió de una familia vinculada al agro y él se había especializado en varios temas de la gestión ganadera.

Pablo Carrasco y Ana Iewdiukow. Foto: Dante Fernández / FocoUy

Pablo Carrasco y Ana Iewdiukow. Foto: Dante Fernández / FocoUy

Desde siempre hubo ciertas contradicciones en cuanto a la personalidad de Carrasco. Quienes no conocían al empresario lo veían como alguien pedante y que prefería mantener distancia.

Sin embargo, actores del sector aseguran que su forma de ser es la de alguien “entrador”. De hecho, esa facilidad para hablar de varios temas –políticos, culturales y sociales– hizo que Carrasco fuera un factor vital para que Conexión Ganadera comenzara a ganar cada vez más inversores, dijeron sus allegados a Montevideo Portal.

Pero para dar cuenta de esta forma de ser, solo resta poner como ejemplo el vínculo que Carrasco forjó con quien sería su socio, Gustavo Basso –cuya esposa, Daniela Cabral, es otra de las imputadas por estafa y se encuentra en prisión preventiva–. En 1990 ambos se conocieron por negocios menores que cerraron: Basso en su rol de dueño de escritorio rural y Carrasco como productor.

Las idas y vueltas de las ferias de ganado y los asados posteriores llevaron a que la dupla Basso-Carrasco imaginara la alternativa necesaria para hacer que Uruguay dejara de estar de espaldas al agro, en palabras del hoy imputado.

Con este argumento nació Conexión Ganadera. Dos empresarios confiables, con apellidos reconocidos y que representaban una garantía en caso de que algo fallara. “Basso era una roca financiera”, pensaban muchos inversores cuando, por algunos segundos, se les pasaba por la cabeza la idea de que el “fondo ganadero” pudiera dejar de pagar los intereses.

Conexión Ganadera subió varios escalones de una sola zancada y Carrasco, junto con su esposa, usaron el reconocimiento para seguir escalando en lo económico y social. De la mano de la empresa nació Stradivarius, una boutique de carne feedlot encabezada por el matrimonio que ofrecía carne criada en los campos donde Conexión Ganadera hacía engordar el ganado.

Durante el tiempo que el fondo funcionó, Carrasco fue un generador de opinión en redes sociales, columnista en El País y en El Observador, y un invitado asiduo a los programas rurales.

En el caso del matrimonio Carrasco-Iewdiukow siempre tuvieron una dependencia mayor del dinero generado por Conexión Ganadera porque, a diferencia de los Basso, sus negocios por fuera del “fondo” eran escasos. En otras palabras, la familia concentró todos sus esfuerzos en la empresa.

Si bien el empresario imputado poseía campo, a lo largo de los años vendió gran parte de esas hectáreas y se dedicó de lleno al crecimiento de la compañía fundada con Basso.

Cuando la bomba explotó y Carrasco se sentó frente a una cámara junto al contador Ricardo Giovio, aseguró que dejaría el pellejo para que todos cobraran. Horas antes, había dicho a su círculo más íntimo que él no tenía nada que ver con la gestión financiera de Conexión Ganadera y que de eso se encargaba Basso, quien se suicidó el pasado 28 de noviembre, meses antes de que la empresa cayera.

“Él tenía claro el flujo de plata de la empresa. Lo que entraba y lo que salía”, relató, según dijeron algunos de los participantes de esa reunión.

Para la Fiscalía está comprobado que durante los dos últimos años Carrasco e Iewdiukow usaron dinero de los inversores para comprar bienes, por ejemplo en Madrid, a sabiendas de que el “fondo ganadero” se estaba yendo a pique.

Hay elementos que indican que Carrasco tenía idea de lo que estaba sucediendo y que la preocupación creció exponencialmente luego de la muerte de Basso, que se dio en el mismo momento que las denuncias contra República Ganadera y el Grupo Larrarte.

Pese a esta sospecha, el empresario seguía siendo la cara visible de Conexión Ganadera en gran parte del país. Si bien el nombre de Basso nunca pasó desapercibido, en Montevideo y varios departamentos más era Carrasco quien daba entrevistas, explicaba el negocio del fondo ganadero y vertía sus consideraciones sobre los próximos pasos de la compañía.

Foto: Facebook Gustavo Basso Negocios Rurales

Foto: Facebook Gustavo Basso Negocios Rurales

Y es que esto último tiene sentido si se va a la génesis de la empresa, dado que Carrasco y Basso se plantearon acercar al ciudadano de a pie al campo uruguayo. Y por su largo recorrido en Montevideo, primero como estudiante y después como gestor de negocios ganaderos, Carrasco tenía un perfil ideal para ser un factor publicitario.

Cuando la audiencia de este miércoles finalizó, Carrasco e Iewdiukow se miraron y se dieron un beso. Él recorrió los mismos 25 metros con la cabeza gacha, rengueando y evitando el saludo de los presentes.

Por Joaquín Symonds