El impacto del kirchnerismo en Uruguay
El 25 de mayo de 2003 Néstor Kirchner juró como presidente de Argentina después de ganarle por walkover una elección a Carlos Menem. Comenzó una década “K”, continuada por su esposa, Cristina Fernández, en la Presidencia desde 2007, con fuertes impactos en Uruguay derivados de una dura política exterior y de una línea económica cambiante.
24.05.2013 17:56
Cristina Fernández celebra "la década ganada" a partir del 25 de mayo de 2003, cuando su difunto esposo, Néstor Kirchner, asumió como presidente de Argentina. De este lado del río, los diez años "K" quedaron marcados por las dificultades que el Frente Amplio admite y que opositores y empresarios gritan a los cuatro vientos.
La política exterior y la línea económica kirchneristas causaron en Uruguay fuertes dolores de cabeza a los gobiernos de Tabaré Vázquez y de José Mujica en la medida que afectaron la actividad de empresarios, trabajadores y de la población en general, así como por exponerlos a la crítica política de la oposición.
Néstor Kirchner llegó al sillón de Rivadavia en 2003 con sólo el 22% de los votos. El expresidente Carlos Menem había obtenido 2 puntos más que él en la primera vuelta electoral, pero no se presentó al balotaje. Así, el santacruceño debía ampliar su poder político para no terminar depuesto y llegar en buenas condiciones a las siguientes elecciones en 2007.
Esa necesidad de apoyo popular y de consolidar su estructura política hizo que respaldara las protestas de Gualeguaychú y que no se alejara de la postura anti Botnia del exgobernador entrerriano Jorge Busti. Así lo explicó a Montevideo Portal el diputado José Bayardi, que durante el gobierno de Vázquez fue subsecretario y ministro de Defensa y hoy es presidente de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del Frente Amplio (Carifa).
De ese juego de poder, nació el conflicto papelero y se empezó escribir la letra del tango que Vázquez imaginó en febrero de 2006, que contaba "cómo el hombre le pegaba a su mujer a cuenta de que quizá la mujer lo engañe con otro en cuatro o cinco años, sin saber si realmente lo va a engañar o no".

Enemigos
El bloqueo duró cuatro años en el puente de Fray Bentos. En Concordia y en Colón, a la población no le convino o no le interesó. Por tanto, el paso terrestre más corto entre Montevideo y Buenos Aires fue el obstruido. Eso afectó el tránsito de turistas y de mercaderías, con un costo difícil de precisar en tiempos en que la actividad económica de todas formas creció en todos los sectores.
En esos años, los uruguayos se familiarizaron con los nombres de una larga lista de enemigos.
Alberto Fernández (exjefe de Gabinete, disidente), Rafael Bielsa y Jorge Taiana (excancilleres), Héctor Timerman (canciller actual), Aníbal Fernández (exministro del Interior), Romina Picolotti (exsecretaria de Medio Ambiente, echada en 2008), Susana Ruiz Cerutti (jefa de la delegación argentina en La Haya), los piqueteros de Gualeguaychú (José Pouler, Jorge Fritzler, entre otros), Alfredo de Ángelis (líder agrario que impulsó el piquete), Jorge Busti (exgobernador de Entre Ríos), Daniel Irigoyen (exintendente de Gualeguaychú), Juan José Bahillo (intendente actual), Evangelina Carrozzo (reina de carnaval, vedette y heroína ecologista).
Del lado uruguayo, todo el sistema político cerró filas en defensa de las plantas de celulosa, aunque con críticas cruzadas.
Gonzalo Fernández (exsecretario de la Presidencia y segundo canciller de Vázquez), Reinaldo Gargano (primer canciller de Vázquez), Francisco Bustillo (exembajador uruguayo en Argentina), Mariano Arana (exministro de Vivienda y Medio Ambiente), Jaime Igorra (exsubsecretario de Vivienda y Medio Ambiente), Alicia Torres (exdirectora de Medio Ambiente), Héctor Lescano (exministro de Turismo), Omar Lafluf (intendente de Río Negro), Héctor Gros Espiel (jefe de la delegación uruguaya en La Haya), Carlos Gianelli (exembajador uruguayo en Estados Unidos, sustituyó a Gros Espiel al final del proceso), la multipartidaria (Sanguinetti, Larrañaga, Mieres, Lamorte y Brovetto, convocados por Vázquez).
Hasta entraron en escena a fines de 2006 el rey Juan Carlos de España y su "facilitador", Juan Antonio Yánez Barnuevo, un peso pesado de la diplomacia mundial que trabajó por el fin de los conflictos en Yugoslavia y en Ruanda, pero que no tuvo ningún éxito con uruguayos y argentinos.
El nivel de estrés subió a medida que se fueron acercando las elecciones argentinas de 2007 y no bajó después de que Cristina Fernández resultara electa.
Tan grave fue la situación que Vázquez llegó a plantearse la posibilidad de que derivara en un conflicto bélico y le pidió a Bush que dijera que Estados Unidos y Uruguay eran países amigos, lo que generó un fuerte revuelo en Montevideo y Buenos Aires cuando lo reveló en 2011. Néstor ya había fallecido y Cristina se mostró indignada en un acto en Gualeguaychú. La senadora Lucía Topolansky también lanzó cuestionamientos y Vázquez, en respuesta, comunicó que se retiraba de la política partidaria.
Bayardi aseguró que en aquellos tiempos "las relaciones entre los ministerios de Defensa de Uruguay y Argentina siempre fueron de mucho diálogo" y que los jerarcas cuidaban sus salidas públicas.
"Cuando éramos interrogados por los medios de comunicación de Uruguay y Argentina, ambos teníamos una misma respuesta: el problema de los cortes y de la instalación de la planta de celulosa lo tenían que solucionar el Palacio San Martín y el Palacio Santos, que son las sedes de las Cancillerías", afirmó. "Tratábamos de aventar, cada vez que éramos interpelados, la posibilidad de que eso terminara en un conflicto bélico, cuando ya se había encauzado incluso para La Haya", explicó.

El levantamiento del bloqueo llegó en 2010. Según Bayardi, la solución se dio por el fallo de La Haya. De todas formas, hubo un claro acercamiento entre José Mujica y el matrimonio Kirchner que determinó que en Argentina se recurriera a denunciar ante la Justicia a los piqueteros para que se rindieran. Pero Bayardi insistió: "El fallo igual hubiera encaminado la situación. Obviamente, fue facilitado por el relacionamiento que hubo entre la presidenta Cristina Fernández y el presidente Mujica".
La oposición acompañó al gobierno uruguayo, fue a La Haya, participó de reuniones multipartidarias, pero fue crítico sobre la gestión diplomática.
"Las relaciones con Argentina demuestran que nuestro gobierno tiene falta de profesionalidad y hasta tiene ingenuidad. Los dos gobiernos del Frente Amplio se han manejado con una política exterior que no ha tenido la fuerza suficiente para hacer valer el derecho internacional y eso es porque el club de amigos puede más que las obligaciones jurídicas. Nosotros quedamos encerrados en la prepotencia argentina y la indiferencia brasileña", opinó el senador nacionalista Sergio Abreu, que sucedió a Gros Espiel en la Cancillería durante el gobierno de Luis Alberto Lacalle y viajó a las audiencias de la Corte Internacional de Justicia durante la administración de Vázquez.
El senador colorado José Amorín Batlle, que era ministro de Educación durante el gobierno de Jorge Batlle y los primeros años de Kirchner, sostuvo que la política de Vázquez fue "muy dura y por tanto no hubo relaciones", además de que "el gobierno argentino no cumplió con lo que imponía el Mercosur y pasamos cinco años muy malos".
En el sector empresarial, el presidente de la Cámara del Turismo, Luis Borsari, expresó una visión muy crítica de los Kirchner. "La puja sorda o no sorda, visible o no visible, entre Uruguay y Argentina por diferentes temas, que todos arrancan con el tema de los puertos, tiene ya 200 años. Lo que pasa que los Kirchner han sido virulentos con respecto a este tema. La virulencia del gobierno de Buenos Aires, como prefiero llamarle, con Uruguay se ha manifestado como nunca antes, o quizás sea únicamente comparable con la época de Perón, en los años 40. Es una virulencia sorda. Se ve a doña Cristina diciendo ‘Pepe' y se da media vuelta y la cuchilla la atraviesa de lado a lado".
Financiamiento
Durante la administración de Cristina, Argentina empezó a enfrentar un problema de financiamiento externo que lo llevó a tomar medidas para el comercio exterior que se convirtieron en un nuevo golpe a Uruguay.
Hubo siete ministros de Economía en la década "K". Roberto Lavagna, Felisa Micelli, Miguel Gustavo Peirano, Martín Lousteau, Carlos Rafael Fernández, Amado Boudou y Hernán Lorenzino. Y entró en escena Guillermo Moreno, secretario de Comercio Interior, que pasó a ser el nuevo enemigo de la oposición argentina y de los exportadores uruguayos.
En primer lugar, Moreno comenzó a ponerle trabas a las importaciones y afectó a varios sectores exportadores uruguayos desde hace unos tres años. Por otra parte, las autoridades impusieron un "cepo cambiario" que le restó poder de compra a los turistas argentinos e incluso algunos dejaron de venir. Además, generó un mercado paralelo de dólares que distorsionó los mercados y ahora son los uruguayos que viajan a Argentina a hacer compras, con efectos negativos en el comercio local.
"En la segunda etapa, en el relacionamiento actual entre ambos países, sigue primando la defensa de un interés inmediato en la Argentina, donde se expresan algunas dificultades en lo que tiene que ver con el financiamiento externo, que la ha llevado a la aplicación de una medida de carácter neoproteccionista en relación a lo económico comercial con el mundo y dentro de la región", explicó Bayardi.
Y aseguró: "Eso genera dificultades que el gobierno ha tratado y sigue tratando correctamente de solucionar a través de la negociación. Cualquier relación que haya con Argentina de futuro no tiene otra alternativa que la negociación".
"La política interna argentina condiciona mucho la política exterior. Esto es muy omnipresente. Desde el punto de vista teórico en lo que tiene que ver con el discurso político, hay mucha atención a la integración regional. En la práctica, las dificultades no le han permitido mucho mantener esas posiciones que se tienen en el discurso", agregó.
Borsari comentó que "además de la menor cantidad de visitantes argentinos, se agrega que el que viene gasta menos, porque no tiene alternativa".
"Estoy asombrado de las diferencias. Argentina debe ser el país más barato del mundo y el nuestro el más caro. Es una brecha que no sé cómo hacen los argentinos cuando vienen a Uruguay para afrontar el gasto", señaló.
El presidente de la Cámara Industrial de la Vestimenta, Luis Badano, opinó que en su sector hoy ya se hizo "insostenible la exportación a Argentina. No sólo por las licencias no automáticas, sino por el tipo de cambio y por el riesgo que hoy significa dar crédito en Argentina o que la mercadería quede en depósitos".
"La verdad es que es lamentable la situación y no entendemos cómo el gobierno no toma alguna medida espejo. La protección de Argentina al sector de la vestimenta, ha desarrollado y dinamizado todo el sector en ese país. De estar devastado por políticas aperturistas a esta protección, se ha desarrollado muy bien. Hoy estamos viendo que son competitivos con productos chinos. Con apoyo y subvenciones del gobierno, como esto que es Ropa Para Todos, que con dos vintenes te podés vestir y calzar. De alguna manera, pensaba que nos convenía mudar la fábrica a Argentina", manifestó.
Para el asesor inmobiliario Julio Villamide, en materia de inversiones de capitales argentinos, "a Uruguay le ha beneficiado la política económica de los Kirchner, en particular a partir de la salida de Lavagna".
Sostuvo que "un momento de quiebre fue la intervención del Instituto Nacional de Estadística y Censo (Indec) y el comienzo de la divulgación de un dato ostensiblemente equivocado de la inflación".
"Hay un antes y un después de ese momento. A partir de ahí, se ha generado un estado cada vez más hostil hacia la inversión, en particular a los que no son amigos", entendió.
Eso tuvo como consecuencia que muchos inversores argentinos llegaran a Uruguay. "En principio productores rurales, pero también gente del sector inmobiliario. Una parte de las inversiones inmobiliarias de los argentinos se han radicado en territorio uruguayo, en particular en Punta del Este. Eso se mantiene y se ha exacerbado con los últimos acontecimientos, el cepo cambiario", señaló Villamide.
Apuntó que "el beneficio no ha sido estable ni querido por las autoridades argentinas, que siempre han tratado de perjudicar a Uruguay y lo han hecho". Además, "las medidas que se introdujeron en octubre de 2011 han llevado a una gran distorsión en el mercado inmobiliario argentino y en las plazas más expuestas a los compradores argentinos, como Punta del Este, Colonia y en menor medida Montevideo. Nadie sabe cuáles son los precios en Argentina. Nos hubiera convenido que Argentina hubiera tenido una política económica ortodoxa".
Para enfrentar los problemas comerciales, Uruguay ha tenido un actor importante: el exviceministro de Economía, Luis Porto, que ahora es vicecanciller. "Porto vivía viajando a la Argentina, a veces más de una vez por semana para acolchonar los disparates de las medidas restrictivas. Sabemos muy bien la función que cumplía y ahora va a cumplir oficialmente, que es la de apagar incendios un día sí y otro también", narró Luis Borsari.

Dragado
En 2012, un nuevo incidente diplomático estalló cuando se reveló que el embajador itinerante Julio Baráibar afirmó que Bustillo lo habían querido sobornar para favorecer a Riovia, empresa que realizaba el mantenimiento del dragado del canal Martín García, en la Comisión Administradora del Río de la Plata.
El gobierno aclaró que Baráibar no escuchó eso, Bustillo dijo que participó de un almuerzo con argentinos en que la conversación tomo un giro que lo llevó a tomar el recaudo de retirarse. Mientras se trataba de aclarar la confusión política, en Argentina se aprovechó para suspender la licitación del dragado y volver a postergar una vieja pretensión uruguaya.
Recién un año después, habiendo quedado Riovia por el camino, los gobiernos reanudaron las conversaciones por el dragado del canal. "El canal Martín García ha estado estancado, aunque ahora está bastante encaminado, esperemos que termine teniendo el resultado definitivo", expresó Bayardi.
Borsari cree que la política argentina "tiene una incidencia interna" que termina favoreciendo al gobierno. "Es como un sedante que adormece al uruguayo, y me incluyo, que en vez de preocuparnos un poco más por lo que aquí tenemos, miramos tanto al de enfrente que nos olvidamos de lo que padecemos que no es menor. Políticamente le han servido muchísimo al gobierno uruguayo las maldades del gobierno argentino porque la gente, en Uruguay, en vez de mirar dentro de fronteras, vive mirando fuera de fronteras y criticando a Cristina, pero se olvida de que esto no es tan sencillo de sobrellevar", opinó.
A nivel político, el senador Abreu entendió que la conflictiva relación con Argentina "demuestra que el gobierno uruguayo tiene falta de profesionalidad y hasta tiene ingenuidad".
"Cristina y Néstor son lo mismo con distinto sexo. El mismo desprecio por el derecho y por las obligaciones. Para ellos el tema Uruguay es absolutamente adjetivo. En la asimetría aplican la prepotencia y no el respeto. Hay que tener una política exterior mucho más activa y profesional que la simple recepción de incumplimientos permanentes. Hay que eliminar aquí el sistema de la diplomacia presidencial, que debe ser el último eslabón de una negociación y no la primera", entendió.
Amorín, a las críticas por la dureza de Vázquez en las relaciones, le agregó una "desastrosa" gestión de Mujica. "Fue la política de ceder, ceder, ceder y más ceder hasta que al final se dio cuenta de que la cosa no venía para más y que la vieja era más dura que el tuerto", sentenció.
Montevideo Portal / Alejandro Amaral
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