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Un rosario especial

El guasquero uruguayo que prepara un regalo para el papa León XIV con un material especial

Pablo Reyes, de Sarandí, elabora a mano un rosario de cuero para el pontífice con cerda de un caballo que marcó su vida y su historia.

22.10.2026 14:38

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Montevideo Portal

Pablo Reyes vive en Sarandí, en el departamento de Florida, y se dedica a la guasquería. Da clases en su taller, viaja a la capital de Florida a enseñar el oficio y también trabaja con grupos de Sarandí. Cuando desde la Intendencia de Florida le preguntaron si podía preparar algo para la visita a Uruguay del papa León XIV, no lo dudó, y decidió hacer un rosario en tiento, hecho a mano, con materiales que tienen historia propia.

La pieza que está terminando es un rosario completamente elaborado en cuero. Usa trenzas de doce, corredores, cuentas tejidas con técnicas pluma y barquero, y una cruz formada por una trenza de doce que desemboca en veinticuatro tientos de un milímetro y medio cada uno. Cada cuentita está hecha con un tientito de apenas un milímetro de espesor. El centro, donde iría la imagen de la Virgen, está tejido en cerda.

Pero no es cualquier cerda. Es de un caballo que Pablo tuvo durante años y que tuvo que ser sacrificado por lesiones. Cuando surgió la oportunidad del regalo al papa, la decisión fue inmediata: “Tiene que tener algo especial, en lo personal”. La cerda usada para la imagen de la Virgen proviene, además, del hijo de ese mismo animal.

El trabajo lleva aproximadamente un mes, aunque no de corrido. Pablo trabaja en sesiones de tres o cuatro horas porque el tiento fino cansa la vista. “Te ponés a trabajar en esto y se te fueron cuatro horas y vos decís, no avancé en nada”, explica. Al momento de la entrevista le faltaban los remates finales, las terminaciones superiores donde va la cruz, el cierre de algunas puntas y un repaso general.

La entrega al Papa

La repercusión ya llegó antes de que el rosario esté terminado. Medios locales cubrieron la historia, el intendente de Florida vio la pieza por primera vez durante esa jornada y quedó impresionado. Los alumnos de Pablo también reaccionaron, entre broma y el orgullo genuino: “El profe no va a venir más a dar clases”, le comentaban.

El plan es que Pablo pueda entregar el rosario personalmente cuando el papa llegue a Florida, en el momento previo a que suba al papamóvil, junto con otros regalos que prepara la intendencia. Lo que más le gustaría en ese momento no es escuchar, sino poder explicar: “Que me dé el tiempo de poder explicarle que no es que sea un trabajo más porque agarré cualquier cuero, no, fue un cuero elegido por algo especial para mí, para hacerle algo especial para él”, dice.

También le importa contextualizar el regalo en la cultura uruguaya. La guasquería es patrimonio nacional, y Pablo quiere que el papa entienda eso. “Poder contarle lo que es la cultura de la guasquería en Uruguay, sumarle lo que significa el trabajo para mí”, comenta.

En cuanto a su motivación, Pablo menciona a su pareja, que lo acompañó durante todo el proceso. “Ella me dice que puedo, yo pienso que puedo, lo tengo que hacer”, sostiene.

El oficio, por herencia

Pablo aprendió la guasquería de manera autodidacta, con un punto de partida familiar. Su padre trabajaba el cuero, pero falleció cuando Pablo era chico. Quedaron herramientas y trabajos sin terminar que, de niño, no le llamaron la atención. Fue recién a los catorce o quince años que el interés apareció. Entonces recurrió a su abuelo materno, el abuelo Acosta, que sabía técnicas básicas. “Le llevé todas las cosas y digo acá tengo que aprender”, recuerda.

De ese punto de partida, siguió solo: desarmaba trabajos viejos para estudiarlos, buscaba cuero cuando no era fácil conseguirlo y fue desarrollando técnicas por su cuenta. Hoy enseña a grupos muy diversos, desde gurises hasta mujeres y personas mayores, incluyendo gente que pasó toda la vida en el campo y nunca aprendió a hacer un botón. “Poder enseñarles a esa gente también es algo que tiene un valor”, dice.

Su mensaje final va dirigido a quienes tienen ganas de aprender el oficio y todavía no se animaron. “No se queden con las ganas. Si tienen algún lugar para arrimarse, que lo hagan. Que se arriesguen”, afirma. La guasquería, insiste, es patrimonio uruguayo que no se puede perder.

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