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Apariciones

El encanto, el misterio y el magnetismo de La Aurora que aún convocan visitantes

A medio siglo del relato de las apariciones, el predio permanece cerrado, pero la Gruta del Padre Pío sigue atrayendo peregrinos y curiosos.

10.07.2026 10:34

Lectura: 7'

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Pedro Dutour

A casi 50 años de los primeros relatos que convirtieron la estancia La Aurora en uno de los lugares más conocidos del país por presuntos fenómenos extraordinarios, el establecimiento rural ubicado en el departamento de Paysandú, en el límite con el de Salto —con el río Daymán de por medio—, continúa despertando interés.

La estancia ya no abre sus puertas al público, como sucedió hasta comienzos de la década de 1990, pero la Gruta del Padre Pío sigue recibiendo personas que llegan desde distintos puntos de Uruguay y del exterior en busca de un espacio de oración, de tranquilidad o, simplemente, para conocer el lugar donde nació una historia que aún divide opiniones.

Para Eduardo Rodríguez, periodista, comunicador e investigador salteño radicado en Paysandú, que dedicó varios años a reconstruir la historia del predio y de la familia Tonna, la principal característica de La Aurora es precisamente su permanencia.

“La Aurora sigue tan vigente como antes. Todo indica que cada vez llega más gente, incluso desde lugares más lejanos, aunque no exista una medición científica que permita cuantificar ese movimiento”, afirmó a Montevideo Portal.

“Las personas que están allí todos los días sostienen que nunca deja de llegar gente. No importa si hace frío o calor. Además, hay un recambio generacional. También los jóvenes comenzaron a incorporar la visita a La Aurora”, añadió.

Del fenómeno ovni al camino espiritual

La notoriedad de La Aurora comenzó en febrero de 1976. Fue entonces cuando la familia Tonna denunció una serie de episodios que rápidamente trascendieron las fronteras departamentales y llegaron a ocupar espacios en medios nacionales e internacionales.

Entre los relatos más conocidos figura la denominada “explosión del ombú”. De acuerdo con las versiones recogidas durante décadas por investigadores del fenómeno, una fuerte detonación habría dejado un profundo hueco junto a un árbol del establecimiento. Posteriormente comenzaron a circular testimonios sobre supuestos niveles elevados de radiación detectados en ese punto y diversas hipótesis que intentaban explicar lo ocurrido, desde fenómenos naturales hasta interpretaciones vinculadas con inteligencias extraterrestres. Ninguna de esas teorías pudo ser comprobada.

Ángel María Tonna. Foto del periodista argentino Alejandro Agostinelli.

Ángel María Tonna. Foto del periodista argentino Alejandro Agostinelli.

Un año después, en febrero de 1977, nuevos relatos incrementaron la repercusión del lugar. Ángel María Toto Tonna aseguró haber observado un objeto luminoso de gran intensidad que descendió sobre un corral de la estancia y provocó distintos efectos materiales, entre ellos daños en alambrados, la interrupción del suministro eléctrico y la muerte de algunos animales, siempre según su testimonio y el de otras personas que afirmaron haber presenciado aquellos hechos.

Esos episodios convirtieron a La Aurora en un punto de encuentro para investigadores de fenómenos ovni, periodistas y curiosos. “Venía gente de Buenos Aires, venían ufólogos, llegaban medios de comunicación y también muchísimos peregrinos. Durante años hubo un movimiento impresionante”, mencionó Rodríguez.

Sin embargo, sostiene que el eje del fenómeno cambió con el tiempo. “Hoy siguen apareciendo personas que dicen observar luces o determinadas manifestaciones, pero ya no ocurren hechos como los que se narraban en la etapa inicial”, explicó este oriundo de Villa Constitución (departamento de Salto).

Tonna y el ombú que, de alguna manera, representa el inicio de la historia.

Tonna y el ombú que, de alguna manera, representa el inicio de la historia.

A su entender, el interés actual ya no gira exclusivamente alrededor de los relatos sobre objetos voladores no identificados, sino que se agregó el aspecto más espiritual. “La cuestión de las luces dejó de ser lo central. Hoy el valor que tiene La Aurora pasa por la experiencia espiritual, por la conexión con Dios, con la paz, con aquello que trasciende lo físico”, aseveró.

La explicación oficial

Mientras el fenómeno consolidaba su fama popular, el Estado también comenzó a intervenir. Desde 1979 funciona en el ámbito de la Fuerza Aérea la Comisión Receptora e Investigadora de Denuncias de Objetos Voladores No Identificados (Cridovni), organismo encargado de analizar reportes sobre este tipo de episodios.

Rodríguez subrayó que la posición oficial siempre sostuvo que los hechos denunciados en La Aurora podían explicarse mediante fenómenos atmosféricos, causas naturales o acciones humanas. “La Cridovni asegura que no existe ningún elemento que permita atribuir esos episodios a un origen extraordinario”, resumió.

No obstante, el investigador considera que quedó un aspecto pendiente. “Nunca investigaron los hechos originales de 1976 y 1977 ni entrevistaron a Ángel María Tonna, que fue quien relató las experiencias más importantes”, señaló.

La Gruta del Padre Pío.

La Gruta del Padre Pío.

Rodríguez también indicó que, según testimonios recogidos durante su investigación, algunos integrantes de organismos oficiales llegaron a concurrir al establecimiento con una postura abiertamente escéptica respecto de los relatos de la familia, aunque aclaró que se trata de versiones obtenidas durante su trabajo periodístico y no de hechos oficialmente documentados.

Una familia que nunca quiso explotar el fenómeno

A pesar de la enorme repercusión alcanzada por La Aurora durante las décadas de 1970 y 1980, Rodríguez sostiene que la familia Tonna jamás intentó convertir esa notoriedad en un negocio.

“Recibían gente durante días enteros y nunca cobraron absolutamente nada. Todo lo contrario. La situación terminó perjudicándolos”, aseguró, porque la permanente llegada de visitantes alteró la vida cotidiana de la estancia y hasta les afectó los negocios.

Había personas interesadas genuinamente en conocer el fenómeno, pero también quienes utilizaban el predio simplemente como lugar de campamento. Con el paso del tiempo, la situación se volvió difícil de controlar y la familia decidió cerrar definitivamente el acceso al lugar.

Peregrinos en la Gruta del Padre Pío.

Peregrinos en la Gruta del Padre Pío.

“Esa exposición les hizo perder negocios y credibilidad. Ellos siempre fueron productores rurales y nunca buscaron beneficiarse económicamente con todo esto”, afirmó Rodríguez.

Hoy el establecimiento permanece cerrado al público y únicamente puede visitarse la Gruta del Padre Pío, ubicada sobre el límite del predio.

El legado de la gruta

La gruta constituye otro de los elementos centrales de la historia de La Aurora. Fue inaugurada en mayo de 1987, 15 años antes de que el Vaticano proclamara santo al padre Pío de Pietrelcina, un hecho que en su momento generó tensiones con autoridades de la Iglesia católica.

“La familia incluso se endeudó para comprar ese terreno porque Ángel María Tonna entendía que allí debía levantarse ese espacio”, dijo Rodríguez.

La estatua en la gruta se reivindica como la primera dedicada al santo que se erigió en las Américas.

La estatua en la gruta se reivindica como la primera dedicada al santo que se erigió en las Américas.

Con el tiempo, la relación con la Iglesia atravesó momentos difíciles y hubo autoridades eclesiásticas que cuestionaron públicamente el lugar al desalentar las peregrinaciones. Esa situación comenzó a revertirse en 2007, cuando la diócesis retomó las celebraciones religiosas en la gruta.

Hoy, el predio permanece abierto de forma gratuita. “Cualquiera puede ingresar a la gruta. Solamente se pide respetar algunas normas básicas de convivencia. Es un espacio abierto para todos, más allá de la religión que profesen”, destacó el investigador.

Un lugar que sigue despertando interés

Aunque las historias sobre ovnis son el aspecto más conocido de La Aurora, Rodríguez cree que esa dimensión terminó ocupando un lugar secundario frente a la experiencia espiritual que viven muchos visitantes.

“Hay personas que siguen diciendo que observan luces, pero quienes llegan hoy buscan sobre todo un lugar de paz y de conexión interior”, subrayó.  

Mientras la estancia continúa cerrada y los hechos ocurridos en las décadas de 1970 y 1980 permanecen sin una explicación aceptada por todos, la Gruta del Padre Pío mantiene un flujo constante de visitantes y conserva vigente uno de los relatos más singulares del interior uruguayo, donde se da la convivencia de la fe, la memoria de una familia y un misterio que, para muchos, todavía sigue abierto.