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El cura Lucho Ferrés: “Creo que las circunstancias hacen más difícil ser sacerdote”

Señaló, además, que está “todo dado” para que el papa León XIV visite Uruguay a finales de año: “Diría que hay un 90% de probabilidades”.

05.04.2026 08:00

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2026-04-05T08:00:00-03:00
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Por Tomás Gebelin

En la semana más importante del calendario cristiano, cuando la Iglesia Católica celebra la Pascua y millones de fieles recuerdan la resurrección de Jesús, la figura del sacerdote cobra una dimensión especial.

Para Luis Ferrés —Lucho, como lo llaman todos— esta Semana Santa llega en un momento de transición personal: acaba de asumir como párroco de San Francisco de Asís, en la Ciudad Vieja de Montevideo, tras seis años al frente de la parroquia de los Sagrados Corazones, en el barrio Las Acacias.

Ordenado sacerdote en 2018, Ferrés, quien se define como un cura “carismático”, es una figura que no encaja del todo en el molde tradicional. A sus 35 años, tiene presencia en TikTok, Instagram, YouTube y Spotify, donde difunde canciones de su autoría y comparte reflexiones sobre la fe, la paz y la vida cotidiana.

En esta entrevista con Montevideo Portal, habla de los desafíos de predicar la palabra en un Uruguay cada vez más laico, de la relación entre fe y salud mental, del legado del papa Francisco y de las expectativas que genera la posible visita del papa León XIV antes de que termine el año.

¿Cómo surgió esta vocación y cómo llegaste a hacer lo que estás haciendo hoy?

En abril voy a estar cumpliendo ocho años como sacerdote, y eso implica un camino largo, porque también tenemos muchos años de preparación. Nací en una familia católica creyente aquí en Montevideo, fui al colegio La Mennais, llegué incluso a comenzar la universidad con otros planes para mi vida. 

Siempre me gustó mucho la música, fue uno de mis sueños de adolescente. Cuando tenía 19 años tuve una experiencia fuerte de oración en la parroquia de Belén, donde había ido desde que nací. Allí sentí que pasé de una fe más heredada y de la mente a vivirla desde el corazón y a palpitarla. Y junto con eso, nació la vocación. 

Hoy tengo 35 años. Empecé el camino del seminario, donde nos preparamos en lo pastoral, lo espiritual y los estudios —filosofía, teología—, y llegó la ordenación en 2018. Estuve un año en la parroquia del barrio Borro, otro en Belén, y en enero de 2020 asumí como párroco en Sagrados Corazones de Possolo, en Las Acacias, donde estuve seis años. Ahora estoy comenzando una etapa nueva en la parroquia San Francisco de Asís, en la Ciudad Vieja.

Mencionaste esa faceta musical que tenés. ¿Cómo hacés para acompasar esas dos cosas y poder hacer las dos cosas al mismo tiempo?

Es una historia muy linda, porque realmente como sacerdote se me dio cumplir muchas cosas de ese sueño que tenía de niño, que para mí era impensable. En mi familia, sobre todo por el lado materno, la música estaba muy presente entre primos y tíos. Mi hermano, el que me sigue, se dedicó de lleno a la música, y de hecho es con quien hoy produzco mis canciones. 

Tuve bandas de rock en la adolescencia; tocaba guitarra, bajo, cantaba. Cuando llegó la vocación, lo viví interiormente como un sacrificio: vendí mi guitarra eléctrica, que había comprado con todos mis ahorros, como diciéndole a Dios 'entrego todo'. Pero en el seminario empezaron a necesitar la faceta musical, y volví a cantar en misas, campamentos, distintas instancias. En 2015 surgió el volver a componer, ya con letras de fe, de paz, canciones cristianas. Despacito, con mi hermano, una o dos canciones por año, hasta que el año pasado pude publicar mi primer disco, Amor Verdadero, que me llevó diez años. 

También tuve la oportunidad de cantar en la beatificación de Jacinto Vera en el Estadio Centenario; o sea que siendo sacerdote pude presentar un disco en vivo y cantar en el Centenario, cosas que eran mi sueño a los 13 o 14 años. Siempre digo en broma que si no hubiera sido sacerdote y me dedicaba de verdad a la música, no sé si ya cantaba en el estadio (risas).

Aparte de tu vocación, también tenés presencia en redes sociales. ¿Sentís que eso es un canal para que se acerquen más jóvenes a la fe? ¿Te ha pasado que personas se acercaran y te dijeran: ‘Te vi en redes y me interesó, y por eso me acerqué’?

Sí, trato de usarlas. En un primer momento me metí por la música, como una manera de difundir mis canciones, así fue como arranqué a estar presente. Pero después empecé también a subir contenido más amplio: reflexiones sobre lo que vivimos en el mundo o mensajes que puedan aportar más allá de la fe. 

Es un trabajo bastante a pulmón, somos autodidactas en eso. Me ha pasado que personas se acercaron a la parroquia diciéndome que me vieron en redes. No es algo que pase a cada rato, pero pasa. TikTok creo que ha sido lo que más se ha viralizado, y detrás de eso mucha gente escribe o busca. A veces es difícil contestarle a todo el mundo, pero uno trata de estar disponible en la medida de lo posible.

Pasando a la parte coyuntural, hay distintos indicadores que marcan que la población uruguaya es mayoritariamente laica. Si bien la Iglesia Católica tiene una presencia fuerte, cada vez crece más el porcentaje de personas que no se identifica con ninguna religión. ¿Cómo lo analizás y cómo se afronta este desafío desde la iglesia?

Los tiempos han cambiado mucho, pero para mí es una situación que nos desafía a ser más auténticos, más coherentes y a vivir en verdad lo que predicamos. Eso llega. Cuando uno vive el Evangelio de verdad, la gente lo percibe. Tengo un programa en Radio María, y hablamos de la paz, pero no alcanza solo con hablar de la paz: también hay que transmitirla. Me pasa que la gente me dice que encuentra en mí paz, más allá de lo que yo diga, quizás por el modo de hablar o la personalidad. Ahí está un plus: no es solo venir a hablar, sino que la gente vea que lo vivís, que es real.

En agosto de 2024, se publicó una nota en El País acerca de que en todo ese año no había ingresado ni un aspirante a sacerdote en Uruguay. Teniendo en cuenta ese tema, sumado a aquellos que inician el seminario y luego abandonan, ¿cómo lo analizás y a qué factores lo atribuís? 

Las circunstancias de la época influyen mucho. Me tocó ver en el camino a muchos compañeros y amigos que lo fueron dejando, eso lamentablemente es normal, aunque antes de la ordenación está bien: el tiempo de preparación es para eso, para ver si es tu vocación, y si no es, espectacular. 

Hoy en día creo que las circunstancias hacen más difícil ser sacerdote. Pero este año, al seminario, entraron ocho, que es un número grande para lo que venía siendo. Hay tres generaciones donde no hay nadie, para que se tenga un indicador de lo que venía pasando. Pero está ese brote de esperanza. Yo trato de contagiar con el testimonio: vale la pena, aunque no es nada fácil.

Además de tener indicadores de menos fe en general, también hay un tema que nos flagela como sociedad uruguaya, que es la salud mental. Quizás las personas que tienen un credo se aferran a eso en vida y tratan de vivirlo de esa manera. ¿Vos pensás que una cosa puede influir en la otra?

Por mi vocación pastoral, me toca permanentemente acompañar personas de todas las edades, también jóvenes, que atraviesan depresión, ansiedad e incluso intentos de suicidio. La fe es un apoyo, es un sostén y algo de lo que aferrarse. Es un camino donde los creyentes pueden encontrar paz, consuelo y sentido a la vida. Muchas veces el gran problema es que falta un sentido, y la fe ciertamente aporta ese ingrediente y hace todo más llevadero.

Siempre voy a recomendar que las personas tengan el acompañamiento que puedan, en todas las dimensiones: la psicológica y, si es necesario también, la psiquiátrica. La dimensión espiritual es distinta, pero se complementa e integra en la misma persona. En mi caso, creo que el complemento espiritual ayuda muchísimo, pero sin descartar los otros. 

Siempre les recomiendo a las personas que hagan, en sus posibilidades, todas las ayudas posibles para tener integralmente una mejor respuesta a lo que atraviesan. A veces se da que me piden un acompañamiento espiritual, y uno va aprendiendo herramientas, desde la fe y desde lo humano también. Y uno ve que las personas quedan agradecidas, que realmente son ayudas.

Hace casi un año falleció el papa Francisco, y por la conexión rioplatense estaba la expectativa de que pudiera venir a Uruguay, algo que finalmente no se dio. ¿Tenés la expectativa sobre que el actual papa pueda venir durante su período a visitar nuestro país?

Fue una pena que el papa Francisco no haya venido. Lo veíamos muy cercano, sobre todo por lo cultural y el idioma: cuando hablaba usaba imágenes y modismos a los que estamos acostumbrados. Yo tuve la posibilidad de ir a la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro cuando él vino, y fue increíble. Ahora, cuando asume el papa León, tiene muy claro cuáles son los países que quedaron pendientes, y sabe que cuando arranque a viajar seguramente empiece por acá. 

Lo más probable es que venga a finales de noviembre. Desde el Vaticano suelen dar la agenda por semestre, así que todavía no confirmaron el segundo semestre. Pero por lo que se ha manejado, lo que ha hablado el cardenal [Daniel Sturla] y las invitaciones del presidente que han trascendido, pienso que está todo bastante dado. Diría un 90% de probabilidades de que venga este año.

El Papa León también tiene una raíz en Latinoamérica; si bien no es nacido acá, tuvo gran parte de su experiencia en Perú. Sobre la cercanía con Francisco, ¿notás que durante estos últimos años su figura atrajo gente uruguaya a que se acerque a la fe o a la iglesia?

Sí, me ha pasado mucho. Incluso este año, en los últimos meses, he tenido gente que veo que Francisco la marcó para acercarse a la iglesia por la imagen, por el testimonio, por ese dar autenticidad de lo que hablamos. León también habla español y tiene un acercamiento cultural, pero todavía no he notado eso: empezó hace muy poco. Siempre digo que es bueno darle tiempo para que se muestre. De Francisco, sin duda. De León, esperemos.

¿Qué te gustaría que sucediera de aquí a un futuro cercano con la iglesia? Si tenés como objetivo que más personas se acerquen a la fe, ¿cuál sería lo que más te gustaría que suceda de aquí en más?

A corto plazo, y pensando en la Iglesia Uruguaya, sin dudas sería un sueño que venga el papa. Desde 1988, cuando estuvo Juan Pablo II, no viene ningún pontífice. Yo ni había nacido, nací en el ‘90. Creo que si se concreta va a ser una linda oportunidad para reunirse, celebrar y dar testimonio. Pienso que le haría mucho bien a la Iglesia Uruguaya, y también a toda la sociedad. Es un sueño para este año: que venga el Papa y que eso traiga renovación para la Iglesia y para todos.

Por Tomás Gebelin