El coleccionista de Rolling Stones que no escuchó el último disco porque espera un vinilo
Es barman y dj, pero si algo define a Santiago Urquhart es su fanatismo por The Rolling Stones.
01.08.2026 08:00
Por César Bianchi
@Chechobianchi
Santiago Urquhart (38) es una de esas personas bendecidas por poder dedicarse profesionalmente a lo que otros sueñan hacer como hobby o pasatiempo. Es dj y barman, dos oficios que, dice, tienen en común que son practicados por-personas-para-personas. Esto también tiene que ver con su forma de concebir la vida: Santiago se siente profundamente humanista, amante del ser humano.
Vive en el este y se da el lujo de no trabajar de lunes a jueves. Viaja a Montevideo los fines de semana para preparar tragos o “pinchar” discos en el boliche Inmigrantes (Paullier y Guaná), y si acaso, tiene más trabajo en temporada, en Punta del Este y José Ignacio, su zona de residencia.
Pero si algo define a Urquhart no es ni la música que elige pasar ni los cócteles que mejor prepara. Es su fanatismo por The Rolling Stones, y cómo, a caballo de esa admiración, se volvió “sin querer” en coleccionista. Tiene centenares de discos de los Stones, no sólo de la banda, si no también del universo paralelo de sus miembros en clave solista o colaboraciones. Además, luce un reloj con la icónica lengua stone, tiene medias temáticas y hasta juegos de mesa temáticos, con los Rolling como excusa.
Y lo curioso es que lo vio en vivo una sola vez: cuando la legendaria banda británica vino a Montevideo, en febrero de 2016. De todo eso y de por qué todavía no escuchó el último disco del combo liderado por Jagger y Richards (Foreign Tongues, 2026) hablamos una tarde en Inmigrantes.
¿Quién sos?
Un simple mortal.
¿Sos bartender o barman? ¿Es lo mismo o hay una diferencia?
Es lo mismo: hombre de barra o atendedor del bar, es lo mismo.
¿En qué momento te diste cuenta que había una vocación ahí?
La primera vez que laburé en un restaurante, vi cómo fluía la energía ahí adentro. Y lo sentí enseguida un rubro muy humano. Yo soy amante de la humanidad, absoluto. Y entonces dije: “bueno, ahí está”. Esto es un rubro de humanos para humanos. Y encima está vinculado al placer y al entretenimiento. Y a la alimentación. “Esto es lo mío”, dije.
Pero también la cocina está vinculada al placer, y no agarraste para la cocina.
No, no, porque el cocinero pasa encerrado en la cocina. A mí me gusta estar en contacto con la gente. Por eso lo elegí. Igual, tampoco elegí ser mozo de sala. Porque la barra tiene lo mejor de los dos mundos. Porque tenés contacto con el que está tomando o comiendo, y además tenés la parte de la creatividad a la hora de mezclar bebidas. Bueno, igual creatividad hay en todo. Todo es un acto creativo. Pero en mi caso, creatividad dentro de la gastronomía, porque también elegís cómo reaccionar al frente a las situaciones en base a las herramientas que tenés y ahí vas pintando la situación. Pero en el caso de la coctelería también jugás con distintos ingredientes, tanto sólidos como líquidos. Por eso me volqué por la barra y no por la cocina o la sala.
¿Qué significa que seas “amante de la humanidad”?
Que amo a los seres humanos. Amo a mis iguales. Considero que vivir entre humanos es lo mejor que hemos elegido para nuestra vida hace milenios y milenios.
¿Y lo de ser dj?
Es muy común que un bartender devenga en dj. Conozco varios casos como el mío.
¿Cuál es el denominador común entre ambos oficios?
Que el DJ se para al lado de la barra. Creo que viene por ahí. Y en mi caso yo siempre fui gran amante de la música, desde chiquito. En mi casa se escuchaba música todo el día. Mi hermano era músico, veía circular músicos todo el día por casa desde chico. Y eso fue una semillita…
Mis hermanos me inculcaron el escuchar discos desde chiquito. Tengo tres hermanos mayores, una hermana y dos hermanos. Y cada uno de ellos tenía un tipo de música bien definido que escuchaba. Por ejemplo, tengo un hermano que falleció, que era fanático de los Beatles. Mi hermano mayor es el músico, toca en una banda que se llama Elefante. Es fanático de la electrónica, de Depeche Mode ponele.
Y vos te hiciste fanático de los Rolling Stones…
Yo me hice fanático de los Stones. Mi hermana, que escuchaba música rioplatense y brasilera, dice que cuando yo era chiquito, tenía un cassette de los Stones que lo gastaba. Te hablo de cuando era bebito... Ahí me empezó a entrar la situación de los Stones ya desde el inconsciente.
Pero, ¿en qué momento te diste cuenta que servir tragos en una barra o pasar música dejaron de ser un pasatiempo para ser tu modo de vida?
Son dos etapas distintas, ¿no? La del bartender es lo que te conté: que este es un rubro muy humano, de humanos para humanos, todo esto del proceso de alimentación y de la búsqueda del placer y la búsqueda de emociones también. Porque eso es lo que viene a buscar una persona a un establecimiento gastronómico, sea cual sea.
Mi hermana, que escuchaba música rioplatense y brasilera, dice que cuando yo era chiquito, tenía un cassette de los Stones que lo gastaba. Te hablo de cuando era bebito... Me empezó a entrar la situación de los Stones ya desde el inconsciente
Ahora está muy ampliado el slogan de “vivir la experiencia”...
Es cierto, pero no tiene por qué necesariamente ser una experiencia, sino más bien vivir la hospitalidad que tiene para brindarte el otro o el boliche donde estás consumiendo. Puede ser una experiencia si es algo temático o si es algo nuevo, pero si vas a tomar el mismo whisky acodado en la misma barra servido por el mismo barman con los mismos hielos, pasa a ser un hábito. Ya no es una experiencia, pero siempre estás buscando que te atiendan, que te cuiden, que te mimen y que te escuchen también.
El barman me imagino que escucha mucho también. O, por lo menos, es lo que muestran las películas. Pienso en El resplandor de Kubrick, con un Jack Nicholson brillante y su escena de diálogo con el barman cuando le sirve un whisky…
¡Pah! ¡Peliculón! Increíble esa escena de la charla cuando se imagina todo el baile y él se siente sapo otro pozo y es el barman que le dice: “Che vení, acércate”. Eso es hospitalidad. Eso es hospitalidad pura y dura.
Pero volvamos a lo que te preguntaba: ¿En qué momento te diste cuenta que podías vivir de eso? Porque para mucha gente es un hobby pinchar discos, por ejemplo; no para vos.
Yo me lo tomé en serio y me fui hasta el hueso. Fue un devenir de las cosas y que tiene altibajos, ¿no? No hubo un momento como una epifanía, fue sucediendo y sabía que me quería dedicar a esto. Le fui buscando la vuelta. Esto, lo que tiene, es que es un laburo inmediato, que te da de comer de manera inmediata. Tiene salida laboral al toque. Hay un montón de personas que, en realidad, quieren hacer otra cosa, pero se mantienen con esto. Eso es la cuestión.
Pero también es un rubro seductor. Y a veces es por hobby también que lo hacen. Pero son dos caminos distintos. Es muy fácil entrar en gastronomía con cero experiencia y empezar a generar un sustento de vida.
¿El bartender es un rubro de la gastronomía? Para mí, gastronomía es cocinar…
Sí, por supuesto. Cocinar platos es culinaria, no gastronomía. Gastronomía es todo. Y dentro de la gastronomía también está la hospitalidad. Son varios círculos dentro de uno más grande que es la hospitalidad, el cuidado del ser humano cuando entra en un boliche o en un establecimiento.
¿Y qué te da más de comer?
Depende de la época del año. En invierno, dj y en verano, la barra. Bueno, en verano pintan lindas fechas como dj, pero en realidad, como consigo laburo de temporada, es mejor, es más jugoso. En realidad, yo vivo en Punta del Este y vengo los fines de semana a Montevideo para pinchar.
¿Cómo nace tu vinculación con los Rolling Stones? ¿Algún mayor de los recomendó o escuchaste un disco de casualidad y te copaste?
Mi hermana tenía un cassette de los Stones que escuchaba cuando yo era bebé y eso me fue entrando desde chiquitito. Mi hermano mayor escuchaba otra música y mi otro hermano otra, pero se ve que conecté más con los Stones que con la música de los otros dos. Los Stones tampoco eran la banda favorita de mi hermana ni mucho menos. Tenía un cassette o dos, y ta. Pero me pegó fuerte en la gira del Voodoo Lounge, cuando vinieron al Río de la Plata en 1995… En realidad, fueron a Argentina, pero se armó un revuelo en todo el Río de la Plata. Ahí me acuerdo que empezaron a aparecer las tapas del Voodoo Lounge por ahí y también la tapa del Flashpoint, la del fondo rojo con fosforito. Y eso, visualmente, fue un primer impacto. Y después empecé a escuchar las canciones porque pasaban en la radio desde niño.
Empecé a escuchar, a escuchar, a escuchar y más sobre la adolescencia, me acuerdo que había un par de publicidades con canciones de los Stones. Era la época en que en que se podían bajar canciones y tenía un amigo que estaba enfermo con eso y le pedí que me bajara muchas canciones de los Rolling Stones, y ahí me empecé a castigar.
Cocinar platos es culinaria, no gastronomía. Gastronomía es todo. Y dentro de la gastronomía también está la hospitalidad. Son varios círculos dentro de uno más grande que es la hospitalidad, el cuidado del ser humano cuando entra en un boliche o en un establecimiento
Con el Ares…
No me acuerdo, no me acuerdo. En mi casa no había computadora. Yo tenía que comprar el CD virgen, y hacerlo graba. Ahí empecé y después empecé a estudiarlos por disco. Y cuando los seguí estudiando me gustaban cada vez más. Después ya fue imparable.
¿Y cómo nace el coleccionista?
Fue sin querer. Un día un amigo me dijo: “Boludo, ¿no te das cuenta que sos un coleccionista enfermo?” “No, ¿qué voy a hacer coleccionista?”, le dije. Y ahí, cada vez que le contaba que me había conseguido tal o cual disco, me decía: “¿Viste? Eso es de coleccionista”. Hasta que al final tuve que admitir que era coleccionista.
Pero no solo tenés discos, ahora nomás tenés puesto un reloj con la lengua de los Stones…
Tengo este reloj, tengo el (juego de caja) Monopoly con los Stones, que se juega igual que cualquier Monopoly, pero con la temática stone. O sea, en vez de tener las tierras, tenés los discos y tenés los shows, los billetes emulan un ticket de concierto… Y tiene piecitas coleccionables, como la lengua, los wild horses (caballos salvajes), acá —muestra— está el estudio ambulante que tenían, que por eso tienen tanto material en vivo grabado, porque este bondi iba a todos los shows, la batería de Charlie Watts, el case para llevar instrumentos, los dados girando (tumbling dice). En Maldonado tengo un Trivia de los Stones, también.
¿Cuál es la principal rareza que tienen los Stones?
Rarezas hay varias. El Monopoly me lo regalaron, pero es muy difícil de conseguir. El Trivia de los Stones es más raro todavía. Tengo una colección de simples uruguayos con tapitas que son rarísimos, muy difíciles de conseguir. Bueno, este reloj no se lo he visto a ningún otro ser humano en mi vida. Este me lo trajeron del exterior.
¿Tenés ropa interior de los Stones?
Tengo medias de los Stones, sí. Son varias cositas…
Doy por sentado que viste a los Rolling Stones un montón de veces...
No, los vi solamente cuando vinieron acá (16 febrero de 2016 en el Estadio Centenario). Porque la vez anterior a la que vinieron acá fue en 2005 (NdeR: en rigor, tocaron en Buenos Aires) y yo todavía era menor de edad. Y en el 95 era un pebete. Vinieron (a Buenos Aires) en el 98 también y era niño. Y en mi casa no es que había un fan de los Stones dándome manija: “Dale pendejo, que te llevo”.
Tengo este reloj, tengo el Monopoly con los Stones, que se juega igual que cualquier Monopoly, pero con la temática stone. O sea, en vez de tener las tierras, tenés los discos y tenés los shows, los billetes emulan un ticket de concierto… Tengo un Trivia de los Stones, ¡y hasta medias!"
¿Nunca pensaste en ir a verlos a Estados Unidos o a Europa?
No, no. Nunca me lo planteé porque la plata me la gasté en material. Pero, además, nunca se dio de tener tiempo libre y dinero y justo que haya un show de ellos. De hecho, viví en Nueva York y no hubo ningún show de ellos en el tiempo que viví en Nueva York, viví en Brasil y no hubo ningún show, viví en Argentina y no hubo ningún show. Nunca ligué que se me hayan alineado los planetas.
Sin embargo, sí estuviste en el Centenario en febrero del 2016…
Y, de hecho, el restaurante donde trabajaba decidió cerrar porque yo me iba ese día. Imaginate: tuve que mover cielo y tierra, pero estuve ahí. Éramos dos barmen, pero uno era el ayudante de barra, entonces dijeron: “Bueno, hace mucho que no les damos un libre”.
El 16 de febrero se cumplieron 10 años de ese concierto histórico. ¿Cómo lo recordás?
Fue un momento inolvidable, el día entero. Fue una cosa de locos. Estaba viviendo en el este como ahora, me levanté tempranito, me tomé un bondi, llegué acá, ya me estaba esperando un amigo en un bar para tomar cerveza. Tomamos infinitas cervezas y nos fuimos a hacer la cola interminable, también con cerveza en el medio. Después entramos, hacía un calor tremendo, mucho calor, me acuerdo. Y me descalcé para poder pisar el pasto del Centenario descalzo. Levanté unas chapitas de plástico que habían puesto para proteger el césped, y puse las patas arriba del pasto. Ese fue un recuerdo que me quedó de ese día. Estaba bastante adelante, no fue la más VIP de todas, pero fue la segunda. Me costó como 300 dólares.
¿Y musicalmente?
Musicalmente no hay nada para decir. Para un super fan de los Stones, arranca el concierto y sale Jagger, y sale Richards, fue como ya está, me puedo morir tranquilo Me dije: “No puedo creer que estoy viviendo este momento”. Yo soy de la escuela de “boys don't cry”, pero… se me cayó un lagrimón y todo.
Habíamos ido con un grupo grande de amigos y me acuerdo que me perdí del grupo y me fui para adelante, adelante, y terminé trepado de la reja… Estaba enfermo, enfermo.
Empezaste con este fanatismo desde niño y en la adolescencia se fue incrementando… Nunca te imaginaste que ellos, con casi 83 años, iban a seguir tocando y sacando discos. ¿O sí?
No, no, no... Es que en ese momento yo vivía el día. Ahora sí me imagino qué irá a pasar con mi banda favorita en el futuro. O me lo pregunto y trato de no responderlo porque capaz que me da miedo, jaja… Yo sé que me voy a morir, vos te vas a morir, todos nos vamos a morir y ellos van a seguir sacando cosas porque no solamente tienen un montón de temas de descartes que no quedaron en los discos y no sé qué, sino que tienen un acopio de material grabado en vivo gigante.
Si mal no recuerdo, son 30 discos en vivo que tienen ahora. Ninguna banda tiene 30 discos en vivo. Y cada show que hacen, lo graban, entonces hay material para tirar con onda. Además, están los descartes y siempre sacan algo. Hace poco sacaron un remix, sacaron un remix con Fatboy Slim, y siempre hacen alguna asociación de un tema que ya tenían, pero: “Bueno, vamos a hacer una parcería y hacemos un mashup, una coproducción”.
El 16 de febrero de 2016 me levanté tempranito, me tomé un bondi, ya me estaba esperando un amigo en un bar para tomar cerveza. Tomamos infinitas cervezas y nos fuimos a hacer la cola. Adentro, levanté unas chapitas blancas y me descalcé para pisar el pasto del Centenario
¿Qué te pareció el último disco, Foreign Tongues?
Todavía no lo escuché. Estoy esperando que me llegue el disco físico, porque me pedí una edición especial y demora más tiempo en llegar.
O sea, estás esperando el vinilo y te aguantaste la curiosidad. No entraste a Spotify a escucharlo, porque preferís escuchar el disco con su mejor calidad.
No uso Spotify. Sí vi los videoclips, vi algo en YouTube, los videoclips. Pero no voy a poner una imagen de la lengua y escuchar la canción en el celular o en un parlantecito de esos, por Bluetooth. Prefiero esperar un vinilo con su mejor calidad y escucharlo bien.
Eso habla mucho de vos. Pudiste frenar la ansiedad, la curiosidad, para escuchar el disco físico y con la mejor calidad de sonido.
Exacto, y por el formato que a mí me gusta también, el vinilo.
Me quedé pensando en que un fanático como vos los vio en vivo una sola vez… ¿No te lamentás por no haberlos visto antes, cuando eran más jóvenes y vitales?
Pero es como llorar sobre la leche derramada. Mejor, en vez de lamentarme, me concentro en encontrar la edición del disco que quiero, porque hay mucho en el mundo Stone para andar lamentándome por eso.
Hay todo un mundo de los Stones fuera de los Stones, detrás de la música, ¿no?
Sí, claro, y también corro atrás de eso. Son 1.200 discos alrededor.
¿Cómo?
Mil doscientos discos grabaron los miembros de la banda fuera de la banda: colaboraciones con otros, discos solistas. Brian Jones tiene uno solo, que por ahí lo tengo, es una rareza, él fue productor del disco. Se fue a Marruecos, a grabar con una tribu que tocaba con unos instrumentos rarísimos. Se llevó un sonidista, un ingeniero sonido y los roadies para cargar los equipos y nada más. Los grabó a los tipos y es lo único que tiene oficial. Yo solamente voy por el camino de lo oficial, no de lo pirata.
No uso Spotify. Sí vi los videoclips, vi algo en YouTube. Pero no voy a poner una imagen de la lengua y escuchar la canción en el celular o en un parlantecito de esos, por Bluetooth. Prefiero esperar un vinilo con su mejor calidad y escucharlo bien
¿Cómo cambiaron los Stones después de la muerte de Charlie Watts? ¿Cambió mucho el sonido de la banda con Steve Jordan en batería?
Jordan es el baterista de los Expensive Winos también, la banda que tiene Keith Richards. Ya había una conexión muy grande. A él ya lo había escuchado con los Stones porque está en Hackney Diamonds, y se siente una diferencia, sí, sobre todo en la técnica que tenía Charlie Watts, que es única. La ausencia de Charlie la siento en el espíritu más que en la técnica, se nota que hay un integrante original menos, se nota cuando hablan, la ausencia de lo emocional, ¿viste? Y se nota cuando dan entrevistas que ya no es lo mismo. Aparte ellos decían que Charlie era un tipo único, que los hacía reír a todos, que la energía que le metía era una cosa que ya no existe. Eso se nota y los fans más sensibles, por lo menos, lo notamos. Es algo más metafísico, si se quiere.
¿Cómo explicás que estén tan enteros Jagger y Richards con todo lo que han tomado y consumido?
Vivieron como cinco vidas e hicieron un pacto con el diablo... Dicen que se cambian la sangre, qué sé yo, ya no toman, no se drogan, no consumen más, entonces creo que la historia va por ahí, y sumale que tienen a su disposición a los mejores médicos del mundo. Es algo sui generis, único en su especie, punto.
¿Tocás algún instrumento? ¿Intentaste ser músico?
No, de niño tocaba, pero fue una carrera frustrada.
DJ, bartender, coleccionista de los Rolling Stones. ¿Qué pesa más? ¿Qué le gana a las otras dos?
Coleccionista de los Rolling Stones y después todo lo otro.
Pero lo que te da de comer son tus dos oficios, el coleccionismo te saca plata…
Pero me alimenta el alma. Bueno, ser dj me alimenta el alma, la gastronomía me alimenta el alma. Te lo pongo así: ser fan de los Stones es como ser de un país que su selección de fútbol gana todos los mundiales. Yo acá (en Inmigrantes) a veces gano, a veces pierdo, pinchando discos a veces gano, a veces pierdo, y con los Stones no pierdo nunca.
¿Sos feliz?
Sí, claro, obvio. ¡Tengo disco nuevo para escuchar, en camino! ¿Cómo no voy a ser feliz?
Por César Bianchi
@Chechobianchi
Acerca de los comentarios
Hemos reformulado nuestra manera de mostrar comentarios, agregando tecnología de forma de que cada lector pueda decidir qué comentarios se le mostrarán en base a la valoración que tengan estos por parte de la comunidad. AMPLIAREsto es para poder mejorar el intercambio entre los usuarios y que sea un lugar que respete las normas de convivencia.
A su vez, habilitamos la casilla [email protected], para que los lectores puedan reportar comentarios que consideren fuera de lugar y que rompan las normas de convivencia.
Si querés leerlo hacé clic aquí[+]