En 2014, Holger Franz dejó su Alemania natal para recorrer el mundo en su bicicleta. Viajaba y vivía con diez euros por día hasta su asesinato en abril de 2018, en México, a los 43 años.

A lo largo de su épico viaje alrededor del mundo, Holger recorrió 62.000 kilómetros a través de 38 países, hizo amigos en todos ellos y se volvió casi una celebridad dentro de la gran comunidad internacional de ciclistas.

Sin embargo, para los que tuvimos la suerte de conocerlo, solo después de su muerte se tornó claro el significado político que encerraba su elección existencialista de vivir lejos del espectáculo corrosivo del consumismo.

En este artículo me propongo contar parte de la historia de Holger. En esta época de pandemia, con el capitalismo moderno en bancarrota y una desestabilizante agitación política, la simplicidad con la que eligió vivir su vida cobra más significado que nunca.

MUERTE EN MÉXICO

Durante buena parte del 2017, Holger cruzó los Estados Unidos y a lo largo de este viaje compartió observaciones y anécdotas maravillosas en Instagram. Sus palabras revelaban su mirada fresca y sus fotos lograban capturar esos momentos simples y sublimes al mismo tiempo que muchos no sabemos ver. Ese mismo año conoció a una chica francesa en el oeste de Canadá y juntos descendieron por la costa hasta San Francisco.

Su travesía por México comenzó en enero de 2018, luego de varios años en los que viajó por Europa, los Estados Unidos y Asia Central. Sus aventuras incluyen un viaje por El Tíbet, donde fue rescatado por un camión repleto de monjes cuando su bicicleta se rompió en un paso de montaña, y otro por Irán, donde un hombre del lugar lo acogió bajo su protección y durmió junto a su tienda durante la noche para asegurarse de que estuviera a salvo.

A finales de enero de 2018, Holger visitó Puerto Vallarta y se hospedó con unos amigos que teníamos en común. Allí lo conocí. Planeaba explorar cada rincón de México antes de dirigirse al sur a través de América Central y los Andes, y alcanzar por último Tierra del Fuego, donde tomaría un barco de regreso a África o Europa para, desde allí, regresar finalmente a Alemania.

Desde Puerto Vallarta viajó a Guadalajara, Ciudad de México (donde tuvimos un encuentro breve) y luego a Oaxaca antes de llegar al pueblo histórico de San Cristóbal de las Casas en el estado de Chiapas, a mediados de abril de 2018. En el camino se enamoró de México y de su gente e hizo amigos por todo el país.

Luego de pasar allí varios días, Holger dejó San Cristóbal la mañana del 20 de abril de 2018, con la intención de cruzar las remotas montañas de Chiapas para visitar en Yucatán a una amiga que yo le había presentado. Él había calculado que sería un viaje de dos días hasta su destino en Ciudad del Carmen. Pero nunca llegó.

Los últimos mensajes que envió a amigos de la Ciudad de México y Yucatán son también del 20 de abril. El 25 de abril de 2018, hice la denuncia sobre la desaparición de Holger en la embajada de Alemania.

En un siniestro giro de los acontecimientos, el 26 de abril, es decir, un día después de mi denuncia sobre la desaparición de Holger, se encontró en Chiapas el cuerpo de Krzysztof Chmielewski, un ciclista polaco de 37 años. Chmielewski había sido asesinado y su cuerpo arrojado en un pronunciado barranco que descendía a la vera del mismo camino que Holger planeaba seguir para ir desde San Cristóbal a Ocosingo. Chmielewski había sido decapitado, le habían cortado un pie y extraído el corazón.

El 4 de mayo el cuerpo de Holger fue encontrado metros más abajo en el mismo barranco, con un único tiro en la cabeza.

Chmielewski y Holger no eran compañeros de ruta, solo coincidieron en ese desafortunado día. Chmielewski también había dejado San Cristóbal el 20 de abril, algunas horas antes que Holger. Los investigadores creen que ambos hombres fueron asesinados el mismo día, el 20 de abril, por las mismas personas.

Sólo después de una larga y costosa lucha con las autoridades mexicanas para recuperar el cuerpo de Holger y su bicicleta, su hermano Rainer y su familia pudieron cremarlo en México y luego trasladar sus cenizas a Alemania. Rainer viajó a México dos veces y debió quedarse varias semanas para identificar los restos de Holger por medio de registros dentales y análisis de ADN.

SU FUNERAL EN ALEMANIA

El funeral se realizó en la iglesia católica del pueblo medieval de Gelnhausen, el pueblo natal de Holger, el 4 de agosto de 2018. Más de 200 personas asistieron. En un gesto que honra la naturaleza homérica de la vida de Holger, Rainer usó los ahorros que había heredado de él para llevar a los amigos de su hermano desde México, Estados Unidos y Europa a Alemania para el fin de semana del funeral.

La bicicleta de Holger decorada con flores y abrazada por las banderas mexicana y alemana

En otro gesto de grandeza, Rainer hizo arreglos para que todos nos quedáramos en una posada del siglo XIV, ubicada en el centro de la plaza de Gelnhausen, donde tuvimos la oportunidad de compartir el desayuno cada mañana e intercambiar nuestras historias sobre cómo conocimos a Holger.

Luego de un funeral muy emotivo, pasamos toda la tarde en un club campestre lleno de verde, sentados sobre unas mantas en el césped bajo la sombra de los árboles, compartiendo historias sobre Holger, bebiendo vino y cerveza, jugando al fútbol y al frisbee mientras los niños y los perros corrían libremente. Cenamos tarde y a la noche aún seguíamos contándonos historias sobre Holger sentados en la terraza del club, rodeados de verdes plantas.

En el sermón del funeral de aquella tarde, el sacerdote africano dijo que con la "libertad inconmensurable" que Dios nos otorga, "Holger había decidido ser feliz, vivir de un modo minimalista y criticar la idea del consumo como la fuerza motriz de nuestro modo de vida; no como algo dado por Dios, sino hecho por las personas".

También dijo que otra persona había mal utilizado esa misma libertad dada por Dios y había decidido arrebatarle la vida a Holger.

Aunque es poco probable que el crimen se resuelva algún día, las mutilaciones en el cuerpo de Krzysztof hablan claramente de un asesinato al estilo narco, especialmente cuando se sabe que la ruta montañosa que ambos ciclistas seguían es conocida por la gente del lugar como territorio peligroso controlado por grupos del narcotráfico.

Holger nunca consumió más drogas que un vaso de vino o una cerveza ocasional. No fumaba. Sin embargo, es probable que él y Krzysztof se hayan cruzado con algo que no deberían haber visto, por así decirlo. Esta resulta ser la mayor ironía en esta historia ya que, con miles de millones de dólares por año en la venta ilegal de droga mexicana en Estados Unidos y Europa, el narcotráfico es la expresión por antonomasia del lado oscuro del consumismo global.

El reconocido periodista Ed Vulliamy, autor de "Amexica: War Along the Borderline", lo explica de esta manera:

La guerra (del narcotráfico) en México no está impulsada por una causa, un objetivo y, por cierto, tampoco está guiada por una ideología dominante. Es un conflicto de una era pospolítica. Pertenece a una época de materialismo hiperagresivo. Por supuesto, los capos narcos no están solos en esto. Existen corporaciones "legítimas" en todo el mundo cuyo único credo es la avaricia y su único valor icónico es "la marca".

UN HÉROE SILENCIOSO CONTRA EL CONSUMISMO

La crítica de Holger hacia el consumismo era implícita, no declarada formalmente. No era un ideólogo. Vivía según sus creencias y eso lo hacía feliz. Para aquellos que lo conocieron, incluso fugazmente, sus defectos pasaban a segundo plano y lo que quedaba a la vista era ver la felicidad que irradiaba. La medida ilusoria del éxito social y financiero que domina las vidas de muchísimas personas no formaba parte del vocabulario de Holger.

Aunque el capitalismo de consumo ha conquistado el planeta a paso triunfal, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, este avance ha tenido un enorme costo psicológico y ambiental. El filósofo Eduardo Giannetti describe una crisis global en la "ecología psíquica" que refleja la crisis ecológica externa en el medio ambiente.

En los países más desarrollados, el estado emocional predominante es el de una ansiedad económica y social extenuante, exacerbada por lo que la escritora Kat Kinsman llama "la incertidumbre como arma".

¿Qué sucede cuando alguien decide vivir su vida por fuera de la conexión basada sobre datos entre el capitalismo financiero global y el despliegue publicitario de los medios? Aunque todavía no es ilegal, uno se pregunta si es siquiera posible. Y si lo es, ¿cuáles son las consecuencias?

Holger fue uno de esos individuos únicos que respondieron a esas preguntas.

NO NECESITAMOS MUCHO PARA VIVIR

Los años de Holger como enfermero en Alemania hablan ya de su compasión y compromiso con la vida, pero recorriendo el mundo en su bicicleta encontró una fuente de conexión con sus sentimientos mucho más profunda.

En la alternancia entre esos largos períodos solitarios de recorrer caminos y acampar sin compañía alguna en remotas áreas de cuatro continentes, y esos otros períodos de intimidad humana, igual de intensos, durante los cuales vivía y compartía comidas con amigos y conocidos en las ciudades, Holger había logrado una conexión más profunda tanto con la naturaleza como con la sociedad.

En un mundo dominado por el consumismo, el ciclista Holger Franz llevaba una existencia heroica y auténtica

Su Instagram está sembrado de historias sobre las alegrías simples de su vida minimalista. El 4 de agosto de 2017, por ejemplo, junto a una foto de Holger (arriba) sentado frente a una humeante estufa de campamento, escribe:

Me encanta tomarme el tiempo en la mañana para preparar el desayuno, un café y simplemente disfrutar la vista o leer un poco. ¡Es la mejor forma de lograr el estado de ánimo justo que el día requiere ! El café y la avena saben diez veces mejor cuando estás en la naturaleza que dentro de cuatro paredes.

El 17 de abril de 2018, leemos este comentario bajo una foto de Holger (abajo) con la nariz hundida en una bolsa de ropa recién lavada:

Hay pequeñas cosas en la vida que te hacen feliz. Por ejemplo, una ducha después de una semana pegajosa en las montañas o algo tan simple como lavar tu ropa. Te acostumbras tanto al olor de tu ropa sucia (y al olor de tu propio cuerpo sucio) que oler tu ropa limpia, recién lavada y con aroma floral, se transforma en un momento glorioso. No necesitamos mucho en la vida.

Para muchas personas, la vida que Holger llevaba puede parecer extremadamente austera; sin embargo, es precisamente este contraste con los imperativos frenéticos del consumismo constante lo que resulta más aleccionador. La simplicidad de sus observaciones y placeres pone de relieve lo efímero de la vida consumista moderna, y el estado de pandemia actual junto con el colapso económico presente hace resaltar aún más su sabiduría.

CUANDO CONOCE A HERA EN EL ÁRTICO

En una conversación durante un almuerzo en un pueblo pesquero de México, en febrero de 2018, Holger me dijo que estaba de acuerdo con la distribución de la riqueza tal como la propone Thomas Piketty en su exitoso libro El capital en el siglo XXI. A Holger no le gustaba polemizar, pero tenía opiniones muy fuertes respecto a las desigualdades que había observado alrededor del mundo. Yo también las tengo, y fue un lazo que nos unió.

Nuestras coincidencias en materia política venían de experiencias muy diferentes. La postura de Holger nacía de sus viajes en bicicleta por el mundo en los que vio la desigualdad y el deterioro ambiental desde primera fila y sin filtros. Mi posición se forjó a lo largo de años en la organización política y en viajes por el mundo, los últimos años, en los que observé y en algunos casos participé en diversas acciones de innovación política en Europa y en el continente americano.

Sin embargo, no fue hasta que conocí a una joven ciclista holandesa llamada Hera Van Willick en el funeral de Holger que llegué a comprender mejor la atracción de mi amigo por la bicicleta como el medio perfecto para explorar el mundo.

Holger y Hera en la cima del mundo

Hera y Holger viajaron juntos a lo largo de la autopista Dalton en el Ártico. Igual que Holger, Hera ha recorrido con su bicicleta más de 40 países, y realizó un minidocumental titulado Pedal en el que narra sus experiencias y por el cual ganó varios premios. Cuando le pregunté qué habían sentido y qué habían visto ella y Holger en el Ártico, Hera me describió las inmensas y deslumbrantes noches árticas, con su cielo repleto de estrellas hasta el horizonte y el aullido de los lobos resonando en los cañones boscosos y nevados.

Acampando en el límite primitivo del continente, Holger y Hera compartieron sus historias personales y exploraron sus creencias más profundas. Hera me habló del miedo siempre presente cada vez que armaba su carpa, sola, en medio de la noche en áreas remotas a lo largo y ancho del planeta. Holger era más reservado, pero claramente compartía esos sentimientos.

La "libertad inconmensurable" que alimentaba su deseo de seguir explorando un mundo lleno de maravillas, se pagaba muchas veces con una soledad abrumadora y la sombra de un profundo miedo existencial. En el Ártico, estaban fraternalmente unidos por este conocimiento compartido.

En el camino, advirtieron el contraste entre la vastedad y belleza de los paisajes naturales y el panorama de la diversidad cultural y la vida abarrotada de las ciudades, lo cual les dio una clara perspectiva acerca de cuál es el lugar que ocupamos en este planeta. Era sobrecogedor y excitante en igual medida. Momentos que creaban lazos intensos y un caleidoscopio de vivencias internas que eran el reflejo de su odisea en el mundo exterior. Sin otra energía que la de sus propios cuerpos, se impulsaban hacia un universo inalcanzable pero palpable, al borde de lo infinito.

DECIR "SÍ" A LA VIDA

En una historia de Instagram del 5 de agosto de 2017, desde un sendero que bordea el Lago Ontario, Holger compartió la foto de un cartel vertical que enumeraba una serie de actividades prohibidas en esa área: "prohibido arrojar basura, prohibido jugar al golf, prohibido usar fuegos artificiales, prohibido beber alcohol, prohibido cualquier comportamiento molesto u ofensivo." El comentario de Holger fue simplemente "di sí a la vida" y añadió también la etiqueta #noesinaceptable.


Personas especiales como Holger y Hera nos dicen con su ejemplo que no tenemos que aceptar la pequeñez de aquellos que dicen "no a la vida" por medio de destrucción y avaricia.

No es necesario subirse a una bicicleta para decir "sí a la vida". Podemos comenzar abriendo el corazón y la mente a la idea de que vivir libremente, según nuestros ideales más humanos, es más apasionante y liberador que cualquier cosa que se pueda comprar con dinero.

Traducción: Doy unas "gracias" enormes y muy especial para Luciana Slaen por su excelente traducción de este artículo tan difícil para traducir. Ahora Luciana es la traductora oficial del boletín de Reimagining Politics y estamos trabajando juntos para traducir todos nuestros artículos en español en los próximos meses.

Nota: Quiero agradecer al hermano de Holger Rainer Hagenbusch, su esposa Marion y sus hijos Nils y Nela por su enorme generosidad y hospitalidad al llevar a los amigos mexicanos de Holger a Alemania, incluyéndome a mí, y por su autorización para el uso de sus fotografías en este artículo. También quiero agradecer a Mireille Acquart y Rita del Castillo por su paciencia durante nuestras aventuras en Alemania. Gracias a Hera van Willick por compartir sus conmovedoras y bellas historias conmigo y todo el grupo en Alemania y por su permiso para el uso de su foto con Holger en el Ártico. Esta es la página de Hera y aquí está su corto premiado Pedal.