El calvario del uruguayo que vino de El Salvador y la Policía lo acusó de estafa por error
La primera foto del verdadero delincuente ya daba cuenta del error, contó Durán. La Fiscalía le pidió disculpas al hombre de 50 años.
Por Joaquín Symonds
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A fines de mes, la Jefatura de Policía de Montevideo informó que había detenido a un hombre de 50 años por, supuestamente, estafar a una anciana bajo la modalidad del cuento del tío.
Quienes llevaron adelante las actuaciones policiales fueron los efectivos de la Zona Operacional II. En la denuncia, la mujer de 70 años aseguró que, además de la estafa, había sido víctima de un robo de un reloj marca Rolex.
En el comunicado de la Jefatura de Montevideo, se informó que el allanamiento que llevó a la detención del ladrón fue en la zona de Tres Cruces, dado que el hombre se encontraba en un hotel.
Además de la captura, los agentes incautaron cuatro teléfonos celulares, una tablet, lentes de sol, dos relojes, US$ 5.700 y $ 11.000. Para la Policía, el caso estaba claro y esperaba que la Fiscalía de Flagrancia de 14º Turno lograra una condena o, por lo menos, la correspondiente imputación.
El penalista Ignacio Durán recibió una llamada que le informaba sobre la detención. El hombre, un uruguayo que vive en El Salvador, había vuelto por dos motivos: la hija de su mejor amigo cumplía 15 años y su propia hija se iba a radicar en Uruguay.
El hombre se instala, cada vez que visita el país, en un hotel ubicado detrás de la terminal Tres Cruces. Además de ir al festejo, compró dos celulares: uno para su hija y otro para él, porque los teléfonos que tenía estaban bloqueados, dado que solo pueden operar en el territorio salvadoreño.
El uruguayo, además, había sacado poco más de US$ 5.000 para ayudar a su hija a instalarse en tierras locales, ya que la mujer regresaba para probar suerte y, al principio, buscaría un alquiler temporal.
Durán narró a Montevideo Portal que su cliente se estaba bañando y le golpearon la puerta; atendió la hija, y los efectivos le solicitaron hablar con su padre. Ante esto, accedieron adonde estaba el hombre, lo encañonaron y le pidieron que se vistiera rápido para poder ser derivado a una dependencia policial.
Gaston Britos / FocoUy
A todo esto, el por entonces detenido no entendía qué pasaba y preguntó en varias ocasiones. Los funcionarios policiales le respondieron: “Así que te gusta hacer el cuento del tío, te gustan las estafas a veteranas. Dale, nos vamos”.
Cuando se lo estaban llevando, le dijo a su hija que todo era un malentendido. Luego, un policía lo arrinconó contra la pared y le dijo: “Sí, un malentendido va a ser. Estafador”.
El hombre fue llevado a la Zona II, en el Centro de Montevideo, el pasado viernes. Desde el minuto uno, cuenta Durán, negó ser el responsable de la estafa. Sin embargo, los efectivos policiales le aseguraban al penalista que el caso estaba claro, porque había grabaciones de cámaras que daban cuenta del recorrido del estafador.
Al otro día, a las 8:00 horas, Durán y su cliente acudieron a la Fiscalía de 14º Turno —a cargo de Viviana Maquieira— para la audiencia. Las fiscales le explicaron al hombre que, por lo que le dijeron por teléfono los policías a cargo de la investigación, no había mucho para indagar y que le ofrecerían un acuerdo abreviado luego de formalizar una investigación en su contra.
A todo esto, el detenido le insistió a la Fiscalía que no tenía nada que ver, que no entendía por qué debería aceptar un acuerdo abreviado. Las funcionarias tomaron las palabras del hombre con cierta gracia, dado que, para ellas, todo estaba bastante resuelto gracias al trabajo policial.
Sin embargo, al acceder a la carpeta fiscal, Durán notó que ya la primera imagen del delincuente no correspondía con la de su cliente. “¿Y esta persona quién se supone que es?”, preguntó el penalista.
Las fiscales quedaron igual de sorprendidas, porque notaron que no se trataba del hombre que tenían enfrente y a quien iban a imputar por la estafa. “Solo en una imagen, de espalda, es mínimamente parecido”, comentó Durán.
Sin embargo, el delincuente verdadero no tenía tatuajes y su cliente sí. Además, el hombre que fue detenido por error, a la hora de las grabaciones, estaba comiendo en La Pasiva, lo que fue acreditado al acceder a las cámaras del negocio.
Las fiscales le terminaron pidiendo disculpas por el malentendido, y el hombre comentó que estaba indignado, que había vuelto a su país y terminó sintiendo que eran “los peores días de su vida” porque la situación fue “indignante”.
“Los fiscales terminaron pidiendo perdón con total honestidad”, sostuvo Durán. El sábado, a última hora, el hombre recuperó la libertad y fue enviado a El Salvador.
Por Joaquín Symonds
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