Educación: cayó el nivel en lectura y matemática en 2025 y la ANEP no alcanzó sus metas
Las pruebas Aristas evidenciaron dificultades crecientes en los aprendizajes y menor motivación para estudiar entre alumnos de noveno grado.
Montevideo Portal
Los estudiantes uruguayos de noveno grado registraron un nuevo deterioro en sus desempeños de lectura y matemática durante 2025, en una tendencia descendente que se mantiene desde 2018. Los resultados, además, quedaron por debajo de las metas fijadas por la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) y evidenciaron importantes diferencias según el contexto socioeconómico y cultural de los centros educativos.
Así lo establece el informe Aristas Media 2025, presentado por el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed), que también identificó una caída en la motivación de los adolescentes y en sus expectativas de continuar estudiando, además de un uso extendido de herramientas de inteligencia artificial (IA).
En matemática se registraron las mayores dificultades: el 69,4% de los alumnos quedó ubicado en los tres niveles más bajos de desempeño, frente al 66,2% de 2022 y el 63,1% de 2018. En consecuencia, solo el 30,6% alcanzó el nivel 3 o superior, por debajo del objetivo del 36% establecido por la ANEP para 2025.
En lectura, el porcentaje de estudiantes en los niveles inferiores pasó del 22,5% en 2018 al 24,8% en 2022 y al 28% en 2025. El 72% restante alcanzó el nivel 3 o superior, cinco puntos porcentuales menos que la meta del 77%.
El presidente del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed), Martín Pasturino, reconoció en diálogo con Telemundo (Canal 12) que no se alcanzaron las metas establecidas por la ANEP. Sobre los resultados en lectura, sostuvo que el nivel alcanzado por los estudiantes “es bajo”, aunque aclaró que, en comparación con otros países de América Latina, “es uno de los más altos”. De todas formas, señaló que “no se llegó a los resultados previstos por la propia administración”.
En cuanto a matemática, advirtió que “los resultados no son buenos, han venido cayendo” y señaló dificultades tanto en la comprensión de los problemas planteados como en la aplicación de operaciones matemáticas.
La evaluación, realizada a fines del año pasado, comprendió una muestra efectiva de 9.508 estudiantes de 306 centros educativos públicos y privados del país. Se trata de la tercera edición de Aristas Media, después de las realizadas en 2018 y 2022, lo que permite comparar la evolución de los aprendizajes.
Uno de los aspectos más relevantes del informe es la persistencia de las desigualdades vinculadas al contexto socioeconómico y cultural de los centros.
En matemática, mientras el 60,6% de los estudiantes de centros de contexto muy favorable alcanzó el nivel 3 o superior, entre los de contexto muy desfavorable apenas lo consiguió el 12,5%. La diferencia fue de 48,1 puntos porcentuales, una brecha que se mantiene relativamente estable respecto a las mediciones anteriores.
En lectura también se observaron diferencias importantes: el 90,4% de los alumnos de centros de contexto muy favorable alcanzó esos niveles, frente al 55,8% de quienes asisten a instituciones de contexto muy desfavorable. En este caso, el organismo identificó indicios de un aumento de la desigualdad.
El informe también advierte que la brecha en lectura entre los contextos socioeconómicos extremos se amplió de manera sostenida: pasó de 27,5 puntos porcentuales en 2018, a 32,8 en 2022 y 34,6 en 2025. En matemática, en cambio, la diferencia se redujo ligeramente, aunque permanece en niveles elevados.
Las diferencias también aparecen al analizar los tipos de centros educativos. En matemática, el 36,2% de los estudiantes de liceos privados no alcanzó el nivel 3, porcentaje que ascendió al 73% en los liceos públicos, al 87% en las escuelas técnicas con educación básica integrada y al 94,3% en los grupos de formación profesional básica.
En lectura, los porcentajes de estudiantes por debajo de ese umbral fueron del 7,6% en los liceos privados, del 28,1% en los públicos, del 43,7% en las escuelas técnicas con educación básica integrada y del 62,2% en formación profesional básica.
No obstante, el Ineed advierte que estas diferencias están estrechamente relacionadas con las características socioeconómicas de los estudiantes que concurren a cada institución. “Si eliminamos todo el efecto de la situación socioeconómica y cultural de los alumnos, los resultados se igualan. Es más, en algunos casos, los resultados de un liceo público son mejores que los de un colegio privado”, afirmó Pasturino.
Más allá de los conocimientos evaluados, el informe identificó un deterioro de la motivación y la autorregulación del aprendizaje, habilidades relacionadas con la organización del estudio, el cumplimiento de objetivos académicos y la perseverancia frente a las dificultades.
Estos indicadores habían permanecido relativamente estables entre 2018 y 2022, pero registraron un descenso en 2025, especialmente en los contextos socioeconómicos más desfavorables.
Consultado sobre la pérdida de motivación de los adolescentes para continuar estudiando, Pasturino advirtió que se trata de uno de los principales desafíos para el sistema educativo. “Para aprender hay que tener motivación, y esta ha venido cayendo a lo largo del tiempo”, sostuvo.
Según explicó, esta situación también repercute en el trabajo cotidiano de los profesores. “Eso hace muy difícil la labor en clase. Realmente se les está complicando mucho a los docentes”, señaló, y consideró que es un fenómeno que deberá estudiarse “con mayor detalle”.
También disminuyeron las aspiraciones educativas de los adolescentes. El 45,5% manifestó que le gustaría estudiar en la universidad, frente al 49% registrado en 2022. Las diferencias por contexto son pronunciadas: mientras el 68,7% de los estudiantes de centros muy favorables expresó esa aspiración, en los de contexto muy desfavorable la proporción fue del 26,8%.
Por otra parte, el 84,1% de los adolescentes cree que terminará la educación media en los próximos años, mientras que el 13,4% no sabe si lo conseguirá y el 2,5% considera que no finalizará sus estudios. Entre quienes no están seguros de terminar o creen que no lo harán, cuatro de cada diez mencionaron el deseo de trabajar para obtener ingresos propios.
El Ineed también constató una disminución del gusto por la lectura y del tiempo que los estudiantes dedican a leer, dos factores asociados positivamente con los resultados académicos.
Otro de los fenómenos relevados fue la incorporación de la IA a las actividades educativas. Según el informe, el 86,7% de los estudiantes utiliza estas herramientas y alrededor del 85% declara emplearlas para realizar tareas domiciliarias. A su vez, el 66% señala que las usa para resolver actividades durante las clases.
Entre los docentes, el 68,4% de quienes enseñan Comunicación y Sociedad o Idioma Español y el 61,7% de los profesores de Matemática afirmaron haber utilizado inteligencia artificial en su trabajo con los grupos. Sus principales aplicaciones son la elaboración de materiales didácticos y la planificación de las clases.
Sin embargo, el 60,6% de los estudiantes manifestó recibir orientación sobre el uso responsable de estas tecnologías, lo que deja a una proporción considerable sin ese acompañamiento, según sus propias respuestas.
El relevamiento también identificó dificultades en las condiciones de enseñanza. La mayoría de los docentes considera insuficiente el tiempo disponible para abordar los programas, especialmente en matemática, donde solo la mitad de los temas relevados fue trabajada por la mayoría de los profesores durante el año lectivo.
A esto se suman las dificultades para cubrir cargos docentes, el deterioro de los vínculos dentro de los centros educativos y las distracciones vinculadas al uso de celulares. Sobre este último punto, el 65,8% de los estudiantes afirmó que los teléfonos afectan muchas veces o siempre el desarrollo de las clases.
En sus conclusiones, el Ineed señala que el descenso de los aprendizajes coincide con un empeoramiento de distintos factores educativos e institucionales, entre ellos la motivación, las expectativas de los adolescentes, los hábitos de lectura y algunas condiciones de trabajo docente.
De todas formas, el organismo aclara que la evaluación permite identificar asociaciones y tendencias, pero no establecer relaciones de causa y efecto ni determinar el impacto de la transformación curricular implementada en los últimos años.
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