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¿Cómo dormir cuando todo se quema?

Eduardo Blasina: “Me parece bien conocer si hay petróleo; yo desearía que no lo hubiera”

El ingeniero agrónomo dijo que “no hay que pasar mal por el bien de la naturaleza, sino reencontrarse con ella”.

04.10.2026 13:00

Lectura: 6'

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Por Ignacio Palumbo

Eduardo Blasina lleva muchos años mirando cómo el deterioro ambiental avanza y la sociedad no reacciona. Ingeniero agrónomo, periodista y comunicador, acaba de publicar El filtro de la evolución. Entre restaurar los equilibrios naturales y profundizar el caos, un libro que, según él mismo advierte, probablemente sea “más relevante a cada año que pase”.

Según contó en entrevista con Montevideo Portal, el origen del libro viene de las lecturas de infancia de Carl Sagan y Bertrand Russell, dos pensadores que desde ángulos muy distintos pusieron sobre la mesa la fragilidad del planeta y la posibilidad de que la humanidad se extinguiera por sus propios errores.

Pero hubo un momento concreto que actuó como detonante. En un viaje al sur de Chile, Blasina conversó con un productor que había hecho una inversión muy importante en una estructura de riego para captar agua del deshielo de la cordillera. El hielo ya no estaba y el productor no entendía por qué. “Fue la primera expresión tangible que vi del proceso del cambio climático”, recordó.

Esa imagen lo acompañó durante años, mientras observaba cómo el deterioro continuaba acelerándose sin que a nivel social se produjera “ninguna reacción relevante”.

Esa inacción le genera dos cosas simultáneas: preocupación por su hijo, que va a vivir en la segunda mitad del siglo XXI —cuando “las cosas se van a poner realmente complicadas”, y una curiosidad sociológica sobre cómo ante un riesgo cada vez mayor la sociedad no logra salir de una parálisis que “pareciera difícil de revertir”.

Entender el planeta

El libro no está pensado para especialistas. Blasina lo define como una invitación al “disfrute intelectual” de entender el planeta que habitamos. “Nadie te enseña qué pasa si los hielos se derriten, qué pasa si se alteran las corrientes marinas, qué pasa si se acidifican los océanos”, dijo.

De tal forma, Blasina trazó una línea entre el siglo XX y el XXI. Al caer el muro de Berlín, muchos estaban convencidos de que la democracia liberal y el mercado libre llevarían al mundo hacia la “armonía”. Sin embargo, el diagnóstico de hoy es muy distinto: “Estamos viendo que este siglo es cada vez más distópico”, lamentó Blasina, debido a “tensiones crecientes, conflictos cada vez mayores y volatilidad en la pérdida de cosechas”.

“Quien no entienda eso va a subestimar riesgos y lo va a pagar caro”, afirmó, y aunque apuntó especialmente a productores agropecuarios, dejó en claro que la advertencia vale para todos.

Asimismo, en la contratapa del libro el escritor sostiene que el lector “encontrará el aporte de distintas disciplinas para comprender” que el planeta “se calienta”. Al ser consultado respecto a qué espera que haga el lector con ese aporte, contestó que imagina dos tipos de consecuencias: una más cotidiana, en la que entienda que sus acciones dejan una huella y que reducirla “es algo interesante y que en muchos casos aporta calidad de vida”, y otra más política, que no apoye a dirigentes que “desprecien la ciencia”, que ignoren la evidencia y que “solo prioricen la ganancia de corto plazo por encima del mundo que le quede a quienes son jóvenes hoy”.

Ganar-ganar

A su vez, al ser consultado sobre qué puede hacer cada uruguayo en concreto, Blasina no apeló al sacrificio sino a una lógica de “ganar-ganar”. “No hay que pasarla mal por el bien de la naturaleza, sino que hay que reencontrarse con ella y sentir que uno luego recibe algo muy satisfactorio”, argumentó.

Así, su lista de acciones es específica y casera: usar lana en lugar de fibras sintéticas derivadas del petróleo; tener plantas, que describió como “hermosos mecanismos de capturar carbono de la atmósfera” y que además “alegran la vida”, o “electrificar todo lo electrificable”, es decir, cambiar la cocina a gas por una eléctrica o reemplazar el auto a nafta por uno eléctrico, que además, según dijo, “va a salir mucho más barato”.

Para ilustrar el punto citó a los japoneses, quienes tienen el contacto “más cercano con la naturaleza” y practican caminar por los bosques los fines de semana. “Son los más longevos del mundo y las dos cosas están correlacionadas”, consideró.

“Yo creo que uno puede ser más amigable con el entorno y ganar calidad de vida en ese proceso”, sintetizó el ingeniero agrónomo.

Uruguay y el petróleo

El libro dedica un capítulo a Uruguay como “plataforma de soluciones ambientales”. Al respecto, Blasina mencionó activos concretos: una matriz energética limpia, un sector de energías renovables muy dinámico, campo natural en proporción importante y protección de montes nativos, al menos en la legislación.

Por eso, al ser preguntado si la exploración de hidrocarburos que se está desarrollando actualmente representa un paso atrás, no dudó en calificarla como “un paso por lo menos muy polémico”.

“A mí me parece que está bien tener el conocimiento respecto de si hay hidrocarburos, si hay petróleo concretamente. Yo desearía que no lo hubiera. Y si lo hay, desearía que se demorara la extracción por lo menos 20 años y que sean los uruguayos dentro de 20 años los que tomen esa decisión”, esgrimió el ingeniero agrónomo.

A su entender, pues, convertirse en país petrolero “borraría con el codo lo que Uruguay ha venido escribiendo con la mano”.

Los números del presente

El libro llegó a las librerías en agosto, el mes “más caluroso desde que existen mediciones”, indicó su autor. No fue una coincidencia buscada, pero sí una confirmación. Al momento de la entrevista, las temperaturas en los océanos están en niveles récord y los científicos anticipan el fenómeno de El Niño más intenso no solo en décadas sino en cientos de años, aseguró su autor.

El dato que Blasina considera más elocuente es el del umbral de 1,5 °C de calentamiento global, el límite que los países firmantes del Acuerdo de París establecieron en 2015 como frontera entre lo que él llama las zonas “segura” e “insegura”. Ese límite ya está siendo cruzado en 2026 y será “bastante más elevado el año que viene”. El mencionado acuerdo, consideró, “se acordó en el papel y nunca se cumplió”.

Finalmente, ante la pregunta de si ya se llegó a un punto de no retorno, respondió que no lo puede saber con certeza. “Hay quienes dicen que sí, quienes dicen que no y quienes dicen que todavía hay tiempo”, matizó, pero hizo hincapié en que si no se producen cambios culturales, tecnológicos y políticos “muy rápidamente” ese punto se cruzará y el deterioro “se volverá imposible de detener”.

Quienes vivan en la segunda mitad del siglo XXI, sostuvo, “van a pasarla realmente muy complicado”.

“Tiene una cosa paradojal, que es un libro que escribo esperando estar equivocado. Pero bueno, todos los datos indican que va a ser más relevante a cada año que pase”, concluyó.

Por Ignacio Palumbo