Stevens Millancastro, de 30 años y residente en Palmdale, California, fue sentenciado el miércoles a dos años y medio de cárcel por "untar su semen en el teclado y el mouse de una compañera de trabajo", en numerosas oportunidades, acción que también hizo en otros objetos que la víctima tenía en su escritorio, como un frasco de miel y otros alimentos a medio consumir.
Según informa la cadena local KHOU 11, estas acciones se veían facilitadas por el hecho de que ambos compartían oficina. Si bien Millancastro había sido encontrado culpable el pasado 21 de setiembre, su sentencia se dio a conocer esta semana.
El depravado fue condenado por cinco cargos de agresión por la jueza de la Corte Superior del Condado de Orange, Kathleen Roberts, quien resolvió el caso sin recurrir al jurado.
En principio, Roberts iba a sentenciar al acusado a dos años de cárcel más cinco años de libertad condicional, pero Millancastro rechazó la libertad condicional, por lo que la magistrada añadió esos eis meses a la condena de cumplimiento efectivo.
"Sabemos por su propio testimonio y el de su médico que puso su semen en los artículos de la víctima más veces de las que realmente se le acusó", dijo Roberts.
"Esto es mucho más serio e invasivo que un puñetazo ‘normal' o una bofetada", expresó la jueza, explicando por qué estaba impartiendo el máximo castigo previsto para los cargos presentados. "Este fue un acto de motivación sexual, algo emocionalmente devastador para la víctima".
Roberts señaló que el acusado "la acosó durante cuatro años, mirándola, haciéndola sentir incómoda en el trabajo hasta el punto de lograr que ella modificara su atuendo".
Harta de la situación, la mujer se quejó de manera informal tres veces, hasta que finalmente decidió hacerlo por escrito.
"Cuando finalmente se presentó la denuncia, el acusado se vio obligado a someterse a un taller sobre acoso sexual", dijo Roberts, subrayando que fue precisamente después de ese episodio, y a modo de represalia, que Millancastro comenzó a embadurnar con esperma los objetos de su compañera de trabajo.
La jueza dijo que su "venganza sexual" obedecía a un "plan sofisticado para que ella ingiriera su semen, después de que ella lo denunciara".
Michael Morrison, defensor de oficio de Millancastro, rechazó que su cliente cometiera sus crímenes por gratificación sexual, e insistió en que actuó movido por el deseo de venganza.
En contraposición, la fiscal de distrito adjunta, Laila Nikaien, argumentó que el acusado se excitaba sexualmente sabiendo que la víctima comía y bebía su semen. "Es un depravado" y su conducta "es una forma de tener poder sobre la víctima, de humillarla. Eso es lo que hace un delincuente sexual. Eso es lo que hizo el acusado ... Lo hizo una vez y lo disfrutó y quiso seguir haciéndolo", condenó.
En la argumentación de su fallo, la jueza Roberts también señaló que a la hora de brindar su testimonio, el acusado reconoció que después de ensuciar por primera vez las pertenencias de la víctima, "su ira no quedó satisfecha" y negó necesitar el taller al que se le había obligado a concurrir.
"Eso lo convierte en alguien muy peligroso para la comunidad", consideró, , y agregó que la víctima dudó largamente antes de radicar la denuncia por acoso "porque sabía que el acusado y su jefe eran amigos cercanos y pensó que habría consecuencias negativas para ella".
La jueza detalló que el condenado reconoció haber colocado semen en pertenencias y alimentos de la víctima en ocho oportunidades, entre finales de 2016 y principios de 2017.
"Su ira creció y se salió de control. La evidencia muestra que no puede contener su furia. Eso es una señal de alerta para el tribunal de que no puede controlarse a sí mismo", prosiguió
Millancastro y la mujer, cuyo nombre no se hizo público, habían trabajado juntos desde 2014, según contó la fiscal Nikaien, quien dijo que el acusado "fue en realidad quien entrenó a la víctima" cuando ella tomó el empleo.
La víctima contó que Millancastro comenzó a enviarle insistentes mensajes invitándola a salir.
En el primer mensaje "mencionó algo sobre recogerme. No tenía ni idea de lo que estaba hablando", testificó. "Básicamente me estaba invitando a salir al cine. Le dije que no, tengo novio".
La mujer contó que las invitaciones se sucedieron a pesar de sus negativas. "Me miraba todo el día ... de una manera incómoda, de una manera loca", recordó
Nikaien dijo que el acusado "la observaba de la cabeza a los pies. La miraba fijamente cuando caminaba hacia una impresora, cuando caminaba hacia un archivador cerca de su escritorio". La víctima vivió esta situación con sumo desagrado. "Comenzó a usar un buzo atado a la cintura para cubrirse de sus miradas", relató.
En ese punto, la trabajadora comentó el caso de manera informal con su jefe, quien a su vez habría pedido al acosador que cambiara de actitud, algo que no hizo. Por ello, aproximadamente un mes más tarde, ella presentó una denuncia por escrito ante el departamento de recursos humanos de la empresa.
Poco tiempo después, en noviembre de 2016, notó que una botella de agua a medio consumir que había dejado en su escritorio se veía turbia y la tiró, dijo Nikaien.
"Una semana después de eso, dejó otra botella de agua empezada en su escritorio y cuando regresó al trabajo al día siguiente, el agua también estaba turbia, así que también la tiró", refirió la fiscal. "Una semana después encontró otra botella de agua a medio beber en su escritorio y esa vez la abrió", descubriendo su sospechoso contenido
Luego de ese episodio, "el jefe hizo instalar una cámara de vigilancia al lado del escritorio de la víctima" sin advertirle al resto del personal. Al mediodía del 12 de enero de 2017, la cámara registró a Millancastro "agarrando algunos pañuelos de papel y dirigirse al baño", donde según la fiscal "se masturbó hasta eyacular". Luego, las cámaras lo mostraban "sosteniendo un pañuelo arrugado y caminando directamente hacia el escritorio de la víctima", describió.
Además de purgar condena en prisión, el nombre del acosador quedará inscrito de por vida en un registro estatal de delincuentes sexuales.
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