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Una eternidad más tarde...

Dos rugbiers lo golpearon al salir de un boliche y la Justicia falló nueve años después

El hecho ocurrió en La Plata, Argentina. El joven tiene 18 tornillos en el rostro. Los atacantes deberán pagarle una indemnización.

21.08.2025 17:05

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2025-08-21T17:05:00-03:00
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Montevideo Portal

La Justicia de Argentina emitió un fallo nueve años después de una golpiza sufrida por Ivo Zulli, quien tenía 18 años cuando fue atacado a la salida de un boliche en La Plata, en el año 2016. Dos rugbiers fueron hallados responsables y uno de ellos deberá pagarle a la víctima una indemnización de 110 millones de pesos argentinos, además de otros montos fijados por daños y perjuicios.

El hecho ocurrió la madrugada del 16 de octubre de 2016 en el bar El Copetín, ubicado en diagonal 74 de La Plata. Una confusión dentro del local derivó en la agresión, que continuó en la calle cuando Zulli fue expulsado junto a los atacantes. Allí recibió golpes en el rostro que le provocaron graves lesiones. “Vivo con cuatro placas y dieciocho tornillos insertados en el rostro para sostener los huesos”, relató el joven a Infobae, ya que debió someterse a cirugías y tratamientos médicos y psicológicos.

La sentencia del Juzgado en lo Civil y Comercial nº 17 de La Plata concluyó que uno de los agresores generó el conflicto y participó en la golpiza inicial, mientras que el otro fue autor del golpe más grave. En consecuencia, ambos deberán pagarle a Zulli una suma de 317.800 pesos argentinos por daños y perjuicios, mientras que el segundo de ellos tendrá que abonar además $110 millones extras debido a la incapacidad física que le provocó a la víctima.

El abogado de Zulli, Marcelo Szelagowski, remarcó que se trata de un precedente. “Si este fallo hubiese salido antes, los agresores de Fernando Báez Sosa lo habrían pensado dos veces”, dijo. Y añadió: “Es por ello que la sanción civil, en una sentencia ejemplificadora como esta, es el único camino que queda”.

Hoy, Zulli es diseñador industrial y asegura que convive con las secuelas físicas y emocionales del ataque. Durante el juicio, los agresores y sus familias pidieron disculpas. “No quiero nombrarlos, pero siento una obligación moral de compartir un mensaje”, expresó la víctima, y concluyó: “Si se puede evitar, que se evite. Y si alguien va a arrojar una piña, que piense en las consecuencias”.

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