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Diego Ibáñez, el influencer que vive del tránsito y vio cómo mataban a un delivery

El joven contó cómo le impactó la muerte del repartidor, a quien un conductor atacó de una puñalada e Ibáñez filmó el hecho.

06.06.2026 08:00

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Por Joaquín Symonds

Diego Ibáñez es creador de contenido especializado en tránsito y seguridad vial en Uruguay. Hoy tiene más de 100.000 seguidores y lleva dos años construyendo una marca personal desde cero, luego de renunciar a su trabajo en una financiera para dedicarse de lleno a las redes sociales.

Todo comenzó con una duda concreta en una intersección de Montevideo. Ibáñez subió un video consultando si había actuado bien al doblar en una esquina. Los comentarios dijeron que no. Fue al mismo lugar, hizo lo contrario y los comentarios volvieron a decir que estaba mal. “Buscá en internet y no encontrás nada claro”, recordó. De esa confusión surgió la idea: “Hace falta claridad, y decidí ser ese alguien que diga: ‘Esto es así’”.

Su enfoque no es solo citar la ley textualmente. “Un artículo nos dice una cosa y la gente interpreta tres cosas distintas”, señaló. Por eso, elige bajar las normas a tierra con lógica, explicando el razonamiento detrás de cada regla, incluso cuando la norma “parece ilógica” o es, a su entender, “utópica” en el Uruguay actual.

La renuncia y la incertidumbre familiar

Dejar el trabajo no fue fácil. Sus padres, ambos de más de 60 años, no entendían cómo alguien podía vivir de subir videos. “Era como que estoy dejando esta estabilidad, que, para lo que es el nivel de remuneración de Uruguay actualmente, era muy buena”, dijo.

Trabajar ocho horas, editar, crear contenido y mantener las redes al mismo tiempo le generó un estrés físico que se manifestó con un tic en el ojo durante varios meses. No quería ser, dijo, “un clavo”: alguien que se queda en un trabajo que no le gusta por comodidad. Renunció cuando tenía aproximadamente 100.000 seguidores. “Yo voy a aspirar a más y me voy a dedicar a esto, ya que la gente confía”, explicó en diálogo con Montevideo Portal.

Los primeros meses solo y el episodio del delivery

Ibáñez admitió que los primeros meses como creador independiente son duros. “Durante dos años estuve acostumbrado a trabajar y tener redes, no a depender de las redes”, señaló. La ansiedad de subir un video sin saber si va a funcionar es parte del proceso. También chocó con personas que le decían que “criticaba a los demás”. Su respuesta: "Si querés educar, tenés que marcar lo que está mal, no a la persona, sino a la maniobra".

El momento más difícil fue el episodio del delivery que terminó en asesinato. Ibáñez estaba presente cuando ocurrió el hecho, lo filmó y llamó al 911. Circula habitualmente con dos teléfonos y lentes que graban. “Cualquier persona que vea el video no va a sentir lo que sentí yo”, dijo.

Estaba temblando cuando posteó el material. Se enteró del fallecimiento de la víctima dos horas después por mensajes privados. “Fue como un cachetazo a todo el trabajo que uno viene haciendo hace dos años”, definió. Lo describió como “el peor escenario posible” y “el desenlace que uno trata de evitar totalmente con el contenido”.

Marcas, valores y proyectos

A la hora de trabajar con marcas, Ibáñez pone condiciones. Rechazó publicidad de casinos pese a que implicaba “mucha plata”. “No voy a salir yo con un código por el que voy a ganar sobre tu pérdida”, explicó. Su criterio es claro: “Si voy a hacer algo, tiene que ser aportando información”. A corto plazo, su foco está en la marca personal: libros y cursos propios.

Sobre el ecosistema de creadores en Uruguay, lo definió como “difícil”. Señaló que quien no sabe negociar “regala con grandes números el trabajo de todos los demás”, complicando las condiciones para el resto. Aunque sus 111.000 seguidores no son los números más grandes del mercado, ciertas marcas lo eligieron específicamente por la seriedad del contenido y del público. “Eso es como una caricia al alma”, dijo. Estima que unos 100.000 de sus seguidores son uruguayos, de los que alrededor de 40.000 podrían ser el público activo que una marca busca impactar.

Para Ibáñez, la violencia en el tránsito no es un problema de la vía pública, sino de las personas que llegan a ella. “Vos me chocaste a mí en una esquina, nos bajamos y nos empezamos a dar golpes. No es un problema que tenga yo contigo o vos conmigo. Es un problema que nosotros ya veníamos cargando”, planteó. Según advirtió, el auto funciona como un “caparazón” donde la gente siente que no le va a pasar nada, y eso baja los filtros.

También señaló el doble estándar habitual: el conductor de auto se queja de las motos, las motos de los autos, el ómnibus de todos. El mismo que critica al que para en doble fila haría lo mismo si tuviera que buscar a su hijo.

Sobre la fiscalización, lanzó una pregunta retórica: ¿cuántos autos de más de cinco años cumplen con la ITV? ¿Por qué la revisión técnica es obligatoria solo en Montevideo?

Acerca de las motos, reconoció que están siendo exigidas por el sistema de delivery, lo que las pone en una situación particular dentro del tránsito.

Por Joaquín Symonds