AgregarSuscribite al canalWhatsApp AgregarAgreganos en GoogleGoogle

En sus palabras

Delgado: “Lacalle Pou es el único que tiene saldo positivo en simpatía. Antes era Mujica”

El presidente de los blancos se refirió a la candidatura del dirigente nacionalista y dijo que no debería tener competidores en la interna.

08.08.2026 08:00

Lectura: 12'

Compartir en

Por Joaquín Symonds

El presidente del directorio del Partido Nacional, Álvaro Delgado, asumió su rol con cautela y con al objetivo de zurcir una interna blanca complicada luego de que él junto a Valeria Ripoll perdieran las elecciones frente a Yamandú Orsi y Carolina Cosse. 

Más de un año y medio después de los comicios, Delgado asegura que la unidad es un concepto asumido en las filas de su partido y, si bien dice que falta, piensa en 2029 para que su fuerza política —en conjunto con la coalición— vuelvan a ser una “opción”.  

Con respecto a la candidatura, si la coalición no va bajo un lema común, consideró que Luis Lacalle Pou debería ser candidato único y que la puja electoral se dé para obtener bancas en el Parlamento. Además, en entrevista con Montevideo Portal, consideró que Cabildo Abierto votó más de lo que él pensaba con el Frente Amplio y que no es que el gobierno tenga un rumbo errado, sino que en realidad no tiene dirección. 

—¿Cómo ves la interna blanca hoy, después de varios meses en el directorio?

—El Partido Nacional está en una unidad de acción y unidad de concepto que todo el mundo asumió. Pocas veces en la historia había un partido tan unido. La diversidad, las diferencias, los matices y los sectores son oportunidades y una realidad. La unidad es una obligación y todos la asumieron como tal. El Directorio tiene todos los sectores representados y desde ahí coordinamos la oposición parlamentaria, la bancada de intendentes —gobernamos en 14 departamentos—, los 96 alcaldes, los ediles y los jóvenes. Todos los estamentos partidarios participan en el directorio o en comisiones. Esa dinámica se potenció con los festejos de los 190 años. En la casa del Partido Nacional hay varias comisiones trabajando simultáneamente todos los días: reuniones de grupos, listas, comisiones de trabajo, conversatorios. Y arrancamos a descentralizar: el Directorio empezó a sesionar en el interior, a recibir organizaciones sociales, a reunirse con las estructuras partidarias de cada departamento. Recorro con algunos directores alcaldías y municipios —tenga o no alcalde blanco— para escuchar los problemas de cada zona. Eso genera cercanía con el primer nivel de gobierno.

—¿Qué te pareció que no votarán la Rendición de Cuentas? ¿La foto con la que se lo comunicó?

—No tengo diferencia con la resolución de fondo. La foto es una anécdota. El tema importante es lo que se decidió. Este gobierno todavía no se dio cuenta que no tiene mayoría en el Parlamento. No cambió ese chip. Manda en vez de negociar primero y después busca votos, cuando podría generar condiciones previamente. Lo mismo pasó con el presupuesto nacional: hubo riesgo real de que no saliera. El Partido Nacional tomó la decisión de votarlo pese a críticas internas, porque es la columna vertebral de la política de gobierno. No podíamos dejar al país ni al gobierno sin presupuesto. Pero la ejecución fue deficiente. La nota es 4 sobre 10. No pasa. Ahora bien, no votar la Rendición en general no implica no votar artículos específicos. La Rendición de Cuentas es una mini LUC: tiene más de 360 artículos. En muchos vamos a coincidir, en otros vamos a proponer mejoras y acordaremos. Lo que no vamos a acompañar es lo impositivo —poner más impuestos—, la falta de confianza y algunas cuestiones más. El primer artículo, el que dice “apruébase la Rendición de Cuentas y balance de ejecución presupuestal” no lo vamos a acompañar porque no compartimos cómo ejecutaron el presupuesto. Y si Cabildo no da los votos, la rendición va a salir igual. En el peor de los casos, muchos temas se resuelven por decreto o con leyes específicas. El propio ministro Oddone ya habló de eso, y el Partido Nacional ya anticipó que va a acompañar esas leyes.

—¿Qué te parece la crítica de que dejaban a la infancia sin recursos al no votar la rendición?

—Me parece una crítica berreta, mediocre. El gobierno trató de justificar su negligencia con una acción política futura que ya dijeron que no va a pasar. El Partido Nacional está dispuesto a votar los artículos correspondientes, incluyendo el incremento de transferencias, y a mejorarlos. Si no se da en la rendición, harán una ley aparte —como lo dijo el propio ministro de Economía— y va a tener los votos del Partido Nacional. Pero hay que ir al fondo del tema: no es un tema de pobreza estadística. Hablar de eso después de 15 años de gobierno con bonanza económica suena un poco berreta. Falta creatividad y profesionalismo para justificar la inoperancia.

—¿En qué hay consenso? 

—Hay consenso en abordar la pobreza infantil, pero no todos votaron medidas anteriores. En la rendición de cuentas de 2022 hubo US$ 50 millones por año de incremento para políticas de infancia, principalmente pobreza infantil. El Frente Amplio no la votó. Yo no salí a decir que estaban en contra de los niños: entendí que fue por razones políticas o de forma de ejecución. Intento ser un poco más profesional y serio en el debate. Ahora, si se duplican las transferencias medidas por ingresos, se trabaja sobre la estadística —la línea de corte—, no sobre el problema de fondo. Un niño pobre generalmente está en un hogar pobre. Las cuatro prestaciones de transferencias —bono bebé, bono crianza, tarjeta Uruguay Social y asignación familiar Plan de Equidad— tenían condicionalidades razonables. El bono crianza y la tarjeta Uruguay Social estaban condicionados a usarse en artículos de higiene personal, limpieza y salud. La asignación familiar tenía condicionalidad vinculada a vincular al niño con el sistema educativo y el plan de vacunación. Absolutamente razonable. Además, pasar a transferencias en efectivo es muy gracioso: el Frente Amplio quiso bancarizar todo Uruguay y ahora da plata en efectivo. Con tarjeta accedés al descuento del IVA; con efectivo pagás IVA. La transferencia va a ser menos que lo que dice en el papel.

—¿Cómo ves la coalición y de cara al proceso electoral, sobre todo con Cabildo que dice que no está formalmente?

—Hablo seguido con Manini, tengo buena relación con él. Acordamos tomar una definición en el mientras tanto para no estar ante cada reunión discutiendo si Cabildo está o no en la Coalición Republicana. Sacaron un comunicado diciendo que no están en la coalición, pero que no descartan coincidir en el proceso rumbo al balotaje. Mi evaluación es que Cabildo fue un poquito más allá de esa posición y acordó más de lo que yo suponía con el Frente Amplio. Eso lo condiciona y posiciona políticamente, para bien o para mal. Pero al menos quedó definido. Mi convicción es que el próximo gobierno va a ser de coalición, liderada por el Partido Nacional. Para ganar no podemos esperar que el gobierno se equivoque. Tenemos que hacer cosas para ser opción, generar esperanza. Era verdad que mintieron para ganar y era verdad que no estaban preparados para gobernar. No veo otra forma de gobernar que no sea una coalición.

—¿Ves viable el lema común para todos los partidos?

—Es una discusión que se va a venir. Cuido mis opiniones porque represento tanto a los que están a favor del lema común como a los que prefieren lemas separados. Lo veo como un proceso de maduración. La coalición ya tiene un nivel de maduración mayor: hay coordinación parlamentaria y coordinación política. La próxima reunión de representantes de los partidos la encaro con Javier García y Luis Alberto Heber por el Partido Nacional; Mieres con dos más por el Partido Independiente; y Ojeda, Tabaré Viera y Robert Silva por los colorados. Ya hicimos eventos técnicos conjuntos, como el de Seguridad Social. En ese tema, el diálogo sobre AFAP fue una aberración. El gobierno desvirtúo la voluntad popular: el pronunciamiento era mantener la capitalización individual y la administración de AFAP, y el diálogo social concluía en crear un organismo estatal para administrar los ahorros. Eso es estatizar el ahorro de cada uno. Se echaron para atrás cuando las calificadoras de riesgo y misiones de mercados empezaron a preguntar. Es parte del grado de improvisación de este gobierno. La suma hace que sea el peor gobierno del 85 para acá.

—¿Ves necesarios otros candidatos en la interna del Partido Nacional más allá de Lacalle Pou?

—Los procesos de definición no son de arriba para abajo, son de abajo para arriba. Hay que escuchar el pulso partidario. Luis Lacalle Pou es el candidato cantado y el líder transversal del Partido Nacional. Es el tipo más conocido, con mayor nivel de aprobación. El único que tiene saldo positivo en simpatía de todo el sistema político. Antes era Mujica, ahora es Luis. Tendrá que tomar decisiones a sus tiempos; yo quiero dejarle esos tiempos. Si no hay coalición formal y si Luis es el candidato, no veo la necesidad de generar alternativas dentro del partido. La competencia se dará un escalón más abajo: en las corrientes, rumbo al Parlamento, en listas al Senado, en las corrientes nacionales. La discusión será con qué perfil votar a Luis, con qué elenco, con qué equipo.

—¿No ves viable acordar entre oposición y gobierno en materia de seguridad?

—Es difícil ayudar a quien no se deja ayudar. El ministro Negro convocó un diálogo para un plan de seguridad sobre finales del año pasado. Yo le cuestioné la necesidad: cuando votás una fórmula, votás un programa de gobierno, ahí tenés tu plan. El primer año del gobierno fue casi un año perdido. El año cualitativamente más importante por el crédito popular, y lo desperdiciaron por descoordinación, falta de rumbo, falta de liderazgo y errores no forzados. En seguridad, continuaron con lo del gobierno anterior sin usarlo bien y empezaron a elaborar un plan tardíamente. Cuando pidieron que convocara a los partidos políticos, como hicieron ministros anteriores hasta Vázquez, fui a la primera reunión. El directorio delegó a tres compañeros que presentaron 19 propuestas. Negro fue a esa primera reunión y después no fue a ninguna más. La subsecretaria fue una vez y no volvió. Terminó coordinando un asesor consultor sin peso político ni decisión. Fue una mise en scène, para el show. Presentamos 19 medidas y no tomaron ninguna. Es difícil ayudar a quien no se deja ayudar.

—¿De los avances de HIF en Paysandú supieron algo?

—Cuando dejé la Secretaría de Presidencia en diciembre de 2023, había casi pronto un memorándum de entendimiento con HIF Global. Estábamos conectándonos con compradores de la producción, principalmente combustible de aviación. El gobierno anterior terminó firmando ese MOU. El gobierno actual frenó el proyecto: cuestionamientos ambientales, relocalización, falta de línea de ejecución. Hay algo peor que tener un rumbo equivocado: no tener rumbo. HIF es la inversión más importante de la historia del Uruguay en hidrógeno verde. Y no fue la única interesada que nos visitó. Hay una contradicción interna en el gobierno: el presidente le dijo al intendente Olivera que lo iban a hacer relocalizado, mientras la ministra de Industria pone una tranca todos los días. El origen de esa oposición es que cuando se discutió el proyecto con UTE, ella se oponía porque consideraba que HIF sería competidora de UTE.

—En Cardama y Arazatí el gobierno sí parece tener un rumbo en los pasos a tomar. 

—El primer año del gobierno fue dedicado a poner en el retrovisor, a desandar lo hecho por el gobierno anterior por el solo hecho de que lo había hecho el gobierno anterior, sin evaluar previamente si estaba bien hecho o era necesario. ¿Eran necesarias las patrullas Cardama? Sí. ¿Era necesaria una fuente alternativa de agua potable como Arazatí para 1.800.000 habitantes de la zona metropolitana? Sí. La respuesta fue no porque lo había hecho el gobierno de Lacalle Pou. Nosotros también encontramos cosas que no nos gustaban. El Ferrocarril Central estaba muy mal diseñado y caído financieramente, pero era un compromiso ya firmado. Lo honramos por seguridad jurídica, lo reestructuramos, negociamos con UPM aportes adicionales, monitoreo del Río Negro, corredores forestales. La seguridad jurídica es un activo del Uruguay que tiene décadas, y este gobierno la perforó. Con Cardama: sin el debido proceso salieron a anunciar el final. Pagaron dos cuotas y un año después anunciaron la rescisión sin haber hecho el proceso previo —intimar, avanzar, tener información, el proceso jurídico adecuado para una rescisión internacional. Empezaron por el final, lo hicieron hablar al presidente y hoy estamos en un lío enorme. Las patrullas oceánicas no van a estar el año que viene. Festejan los narcos y los que hacen la pesca ilegal en el Río de la Plata. Van a perder un juicio internacional por mal procedimiento. Y van a perder reputación de seguridad jurídica.

—¿Qué esperás del discurso de Lacalle Pou el domingo en el acto de los 190 años?

—Hablé con él sobre el acto pero no le pregunté qué va a decir. Le dije que la expectativa generada se fue de las manos en cantidad de gente, y le bromeé: “En realidad es más por Lucas Sugo que por vos, ¿eh?”. El acto convoca por los 190 años y la épica blanca. Participarán todos los intendentes, alcaldes, ediles, legisladores, el directorio, expresidentes del directorio, todos en un estrado muy potente. Luis me dijo que capaz sea la única actividad pública donde va a hablar en los 190 años del partido. Mi predicción es que no va a hablar mucho de la coyuntura. Será un discurso mucho más conceptual. Y lamento que el Frente Amplio esté esperando que el mismo día voten la rendición de cuentas, porque no va a pasar.

Por Joaquín Symonds