Por Valentina Temesio
val3nt3na
El sol comienza a despedir el cielo montevideano y las luces fluorescentes de una nueva atracción iluminan el Parque Rodó. Los más chicos y sus padres comienzan a irse mientras los más grandes llegan. Las manzanas acarameladas, los algodones de azúcar artificial y los churros son el menú especial de la jornada. Los refrescos y las flores iluminadas envueltas en plástico son también parte de la escenografía. Los juegos, los gritos, la diversión.
¿Por qué las personas van a los parques de diversiones? ¿Por qué algunas disfrutan de la adrenalina? Hay teorías, hay autores, hay textos. Para muchas, podría ser un sobresalto de la vida cotidiana, una forma de romper la rutina, la seducción del miedo seguro. Para otras, el riesgo pensado y bajo control. La velocidad, la posibilidad de ver el mundo del revés por un instante. El sinsentido y la entrega.
Un niño de 10 años, que viste una campera de Peñarol, viajó desde Río Negro con su madre. Tranquilo y tímido, hace la fila para subirse a la nueva atracción del parque de juegos montevideano: Caída Libre. Es su primera vez.
El niño está expectante; hace un rato se bajó del 360, una especie de martillo que da vueltas y hace que sus pasajeros vean Montevideo dada vuelta. Para muchos, el más temido, el que hace gritar hasta a los más viriles y juega con los nervios de todas las personas que miden más de 1,50 metros y eligen subirse.
El pequeño se enteró del nuevo juego por TikTok. Dice su madre que “le llama mucho la atención porque es nuevo”. Ella lo acompaña en todos los juegos.
Hay otros menores que miran el juego. Uno se acerca y mide menos de lo que debería. De todos modos, su madre insiste en que intente subirse. No lo logra. Lo mismo ocurre al revés. “Vos no podés subir ahí”, advierte un padre a otro pequeño. Los grandes y los chicos miran de afuera a los que sí pueden elegir divertirse al mismo tiempo que combaten miedos.
El juego no está recomendado para personas con problemas cardíacos, vértigo, hipertensión ni para embarazadas. Está prohibido el ingreso con objetos sueltos o mochilas y también usar el celular durante la experiencia.
El encargado de Caída Libre chequea que todos los pasajeros estén con la seguridad puesta, se retira y suena un timbre. Nadie parece recordar que el día que el juego entró en funcionamiento se quedó trancado y la UTE afirmó que se inauguró “sin las condiciones técnicas”.
Es el momento; el juego empieza a subir. Las personas que están abajo, en el suelo, comienzan a hacerse más pequeñas, el verde de la cancha del estadio Luis Franzini se hace más potente entre la oscuridad del cielo, las luces del estadio se hacen más distantes y la Facultad de Ingeniería se ve casi entera.
Otros ven el horizonte. “¡Mirá, la rambla!”, grita un adolescente a otro amigo que no ve nada porque tiene sus ojos cerrados. Gritan, se ríen, se asustan. Ven de qué forma la caída se sobrelleva mejor: no mirar para abajo, no cerrar los ojos, mantener la vista al frente.
Llega arriba y cae. Lo volverá a hacer durante dos minutos más. Mientras, quienes se animen a mirar podrán ver a la ciudad desde una perspectiva poco usual: desde arriba, como un mirador que también trae atracciones. El juego del miedo.
La tarde de Gimena transcurría con normalidad. Había bajado con su amiga a la rambla y se estaban yendo a sus casas cuando les vino un impulso. “¿Nos vamos a Caída Libre?”, se preguntaron. Su cara está mojada, se tiró agua para refrescarse, porque sufre de vértigo.
Ante la pregunta de por qué elige hacerlo, dice, entre risas: “Para ver si supero el miedo”. Para la joven de 23 años, subirse al nuevo juego es un desafío. “Fue algo random, porque nunca lo pensamos; surgió porque sí”, explica. Y se subió. Y lo superó.
Otra joven también se acercó para probar el juego por primera vez. “Grité como loca, está buenísimo. Es una experiencia la primera vez, como cuando te subís al Barco Pirata y te dan mareos”, dice Erica.
La mujer de 23 años dice que no es de gritar, pero igual lo hizo. Para ella, el momento más memorable del juego fue la primera bajada. “No sabés qué se viene. Sentís algo en el estómago y tenés que largarlo de alguna forma; lo mío fue gritando, otros vomitarán”, dice.
La nueva atracción se integra con las de siempre. El Mambo y sus movimientos toscos, en el que las personas se mueven para arriba y para abajo, se agarran de los seguros y se mueven al son de la música —por ratos electrónica comercial y otros cumbia y reguetón—, sigue lleno. Los jóvenes y niños hacen filas, esperan, se quejan de la música, pero lo siguen eligiendo.
Los jóvenes cuentan la plata que les queda para poder seguir subiendo. Un boleto sale $ 100, pero una cuponera de seis vale $ 500. Eso sí, la única forma de adquirirla es con efectivo.
Los autitos chocadores también siguen siendo un clásico. Grandes, acentos variados, niños con sus madres se suben a colisionar con otros. En una lógica que solo podría ser viable en un juego: manejar para golpearse con otro auto, escapar, ir en ninguna dirección.
El nuevo tren fantasma, que lleva en sus carritos a los más pequeños y tiene una fila menor a la del resto. Las sombrillas: el clásico que atrae todas las vistas de los presentes, los colores y la luz que le dan un toque especial a la capital. Y el Barco Pirata, la aventura que puede llevar a la mayoría a la niñez.
En los últimos años, el Parque Rodó fue escenario de momentos no tan felices. En marzo de 2024, una policía subió al Mambo con su arma reglamentaria en el bolso, y con el movimiento del juego se disparó e hirió a otras dos mujeres. En 2025, un niño de dos años cayó del Gusanito Manzana, a pesar de que no cumplía con los requisitos para subirse al juego, y luego murió en su casa.
Después de esos episodios, la Intendencia de Montevideo instaló nuevos juegos: Caída Libre, el renovado Gusanito Manzana y la montaña rusa —que aún no está activa—. Nueva infraestructura, nuevos requisitos de seguridad y más opciones para los casi 4.000 uruguayos que los fines de semana se acercan a una de las mayores atracciones de la capital.
Por Valentina Temesio
val3nt3na
Acerca de los comentarios
Hemos reformulado nuestra manera de mostrar comentarios, agregando tecnología de forma de que cada lector pueda decidir qué comentarios se le mostrarán en base a la valoración que tengan estos por parte de la comunidad. AMPLIAREsto es para poder mejorar el intercambio entre los usuarios y que sea un lugar que respete las normas de convivencia.
A su vez, habilitamos la casilla [email protected], para que los lectores puedan reportar comentarios que consideren fuera de lugar y que rompan las normas de convivencia.
Si querés leerlo hacé clic aquí[+]