De ser amenazado por terroristas a vender panchos: el relato del turco que eligió Uruguay
Llegó sin conocer el idioma ni a nadie y aprendió español en la calle; encontró en Uruguay tranquilidad y sueña con traer a su familia.
Por Agustín Bassini
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Se llama Ozan Yerli, es de Turquía, llegó a Uruguay hace tres años y hoy vende panchos en Montevideo con un carro que compró tras años de intentos, y que está en Eduardo Acevedo y la avenida 18 de Julio. Su historia empieza lejos, en las favelas de un país que dejó atrás para buscar libertad.
¿Por qué vino a Uruguay? “Porque después del Medio Oriente quería vivir con gente educada y en un país tranquilo, pacífico y sin una religión, por supuesto; en un país laico y un país libre”, explica. Antes de decidirse, investigó “sobre casi todos los países del mundo”, y las condiciones de Uruguay le parecieron las mejores.
En diálogo con Montevideo Portal, Yerli habló sobre su infancia marcada por la violencia terrorista, su llegada a un país donde no conocía a nadie y su asombro ante la cultura uruguaya.
Una infancia difícil
—¿Cómo fue tu infancia en Turquía?
—Siempre con muchos problemas. Por ejemplo, un día estábamos solos en la casa con mi madre, la casa estaba en las favelas de Turquía. Dos hombres llegaron a mi casa —nuestra puerta era de madera, así que podían romperla fácilmente—; golpearon la puerta y nos gritaron. Con mi madre, tuvimos que llevar todo lo que teníamos en la casa contra la puerta para que no pudieran entrar.
Golpearon la puerta y nos gritaron. Con mi madre, tuvimos que llevar todo lo que teníamos en la casa contra la puerta para que no pudieran entrar.
—¿Por qué elegiste Uruguay?
—En mi país querían matarme por la religión, tengo solo una vida. Por eso vine a este hermoso país, porque es un país laico; puedes creer en cualquier cosa, porque es tu vida, son tus creencias, y nadie quiere meterse en tu vida. La gente se respeta. Acá son vecinos y no tienen problema. Este es Uruguay, esta es la cultura de este país. Para mí, es el mejor país del mundo, es el mejor ambiente del mundo. Extraño a mi familia y mi gran objetivo es traerla para acá.
Extraño a mi familia y mi gran objetivo es traerla para acá.
—¿Cómo fue el recorrido sin saber el idioma, sin amigos, sin trabajo?
—Intenté varias cosas al principio, pero ninguna salió bien. Estuve vendiendo panchos en la calle, en las ferias, pero no era suficiente para traer a mi familia. Solo podía manejar mi vida, no podía ahorrar. Soy veterinario e instructor de buceo; antes de venir para acá, trabajé bastante y ahorré poca plata, pero con las condiciones de Uruguay, esa plata se derritió; se fue inmediatamente, en menos de dos años. Hasta que pude comprar este carrito.
El español de la calle
—¿Cómo en tres años lograste adaptarte al idioma?
—Aprendí español en la calle. En otros países del mundo no es posible. En Europa no podés imaginar esto. Estaba yendo a la Intendencia para unos trámites, y en ningún país del mundo un empleado de gobierno te trata con tanta paciencia. Estaban esperándome; yo les daba el traductor, tardaba demasiado, pero ni una vez me hicieron una mala expresión.
Después de andar en la calle, en las ferias, empecé a hablar más uruguayo.
Hablé con una persona de Alemania que también hablaba español, pero ella no podía entender mis expresiones uruguayas. Me siento un uruguayo más; me gusta decir que soy de Salto.
“Al uruguayo no le pagan bien”
—¿Cómo te ha recibido el uruguayo?
—Siempre estoy muy agradecido y re contento. Desde mi primer día me tratan demasiado bien. Un vecino me trajo una tele, me la regaló. Siempre son así.
—¿Qué fue lo que más te sorprendió de Uruguay?
—La tranquilidad, y más esta forma de pensar sobre la vida. Estaba yendo a una feria, y la gente estaba desarmando a las 13:00 horas. ¿Cómo pueden desarmar todo a las 13:00? En otros países, a esa hora recién empieza a venir la gente y siguen hasta la noche. Le dije: "¿Por qué no quieren trabajar? ¿Por qué no quieren ganar más plata?” Y me dijo: "No estamos acá solo para trabajar, tenemos una vida también, queremos divertirnos, quiero descansar”. Dije: “Wow, qué palabras, son re correctas”. Se dice que el uruguayo no quiere trabajar, esta frase me molesta. ¿Por qué? No le pagan bien al uruguayo. Este es el problema. La mayoría no puede ganar más de 40.000 pesos, por eso no quieren trabajar. Pero la gente, ¿cómo puede trabajar más? La mayoría tiene dos trabajos, trabajamos mucho, todo el país. El uruguayo quiere divertirse en su vida, pero también trabajar bien.
Se dice que el uruguayo no quiere trabajar, esta frase me molesta. ¿Por qué? No le pagan bien al uruguayo. Este es el problema. La mayoría no puede ganar más de 40.000 pesos, por eso no quieren trabajar. Pero la gente, ¿cómo puede trabajar más? La mayoría tiene dos trabajos, trabajamos mucho, todo el país. El uruguayo quiere divertirse en su vida, pero también trabajar bien.
Mujica y el amor por la Celeste
—¿Conocías Uruguay estando en Turquía?
—Uruguay era famoso en el mundo, pero especialmente en Turquía. Había blogs y sitios web, “las 10 mejores razones para vivir en Uruguay”. Me dije, ¿cómo pueden tener un presidente como Mujica tan humilde? Sus palabras, su visión, me afectaron demasiado. Por suerte, todavía pocas personas conocen Uruguay y acá somos muy pocos, es muy precioso. Cuando llegué a Uruguay, pude conocer a Mujica. Alquilé una habitación en Montevideo y le hablé a la dueña del Pepe. Me dijo que al día siguiente su mujer, Lucía, iba a hablar en la intendencia, que la acompañara, y que si iba quizás me podía sacar una foto con él. Fui; estaba esperando en la sala donde iba a hablar su mujer. Luego, un viejito se metió; era él. Estaba con muy poca guardia de seguridad. Le dejé una carta escrita a mano; él me agarró y me saludó, no lo podía creer.
Cuando llegué a Uruguay pude conocer a Mujica. Alquilé una habitación en Montevideo y le hablé a la dueña del Pepe. Me dijo que al día siguiente su mujer, Lucía, iba a hablar en la intendencia, que la acompañara, y que si iba quizás me podía sacar una foto con él. Fui; estaba esperando en la sala donde iba a hablar su mujer. Luego, un viejito se metió; era él. Estaba con muy poca guardia de seguridad. Le dejé una carta escrita a mano; él me agarró y me saludó, no lo podía creer.
A Uruguay también lo conocía mucho por el fútbol; cuando me gustaba el fútbol, era hincha de la Celeste, porque estaban poniendo “huevos” en la cancha. Suárez, Forlán y Cavani; esa selección estaba de moda.
Por Agustín Bassini
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