De lustrar zapatos a ícono: murió empresario que marcó clásica esquina de Punta del Este
Teodoro González nació en 1933, no supo leer ni escribir de joven y construyó una de las confiterías más queridas de la península.
De lustrar zapatos en las calles de San Carlos a convertirse en uno de los nombres emblemáticos de la gastronomía de Punta del Este. Teodoro Orosmán González González, fundador de la confitería Les Delices, falleció en las últimas horas, a los 93 años, y dejó su huella en una de las esquinas más icónicas de la península.
Según relata el Diario Correo Punta del Este, Teodoro era conocido como Gonzalito por su familia y allegados. Nació en 1933 en San Carlos y era el mayor de diez hermanos en un hogar humilde. Desde chico vendía diarios y lustraba zapatos para ayudar en casa. Ya adolescente, su padre lo mandó a trabajar gratis a cambio de formación como panadero, mientras debía conseguir otro empleo para sostenerse. A los 17 años se fue del hogar paterno con un oficio aprendido y sin nada más.
Se casó con Yolanda Busquets y juntos, con poco dinero y mucho trabajo, abrieron su primer emprendimiento: la panadería La 2 en la Parada 2 del barrio La Pastora.
El negocio pegó. Se convirtió en un punto de referencia del barrio y Teodoro empezó a construir alrededor. Levantó el edificio lindero y abrió otros locales que luego cedió a personas de su confianza.
Con los años vendió la panadería y siguió moviéndose. Fue propietario del Hotel Córdoba, en las calles 27 y 20, pegado al mítico almacén El Ciclista. También adquirió el gran local que había sido el Supermercado Cassola, en la esquina de Gorlero y la calle 25, una de las más codiciadas de la península.
Pero el giro definitivo llegó en 1983. Ese año alquiló, y luego compró, la esquina de las calles 20 y 29, en donde nació Les Delices.
La confitería, con más de cuatro décadas de historia, se convirtió en institución y parada obligatoria en parte de la memoria afectiva de generaciones de veraneantes y residentes.
Su nombre en francés, la estética cuidada y la exigencia con la calidad, marca registrada de la casa desde el primer día, le ganaron un lugar que ninguna campaña publicitaria podría haber construido. Solo el tiempo y la constancia.
Además, Gonzalito no supo leer ni escribir de joven porque no había podido estudiar. Sin embargo, edificó todo esto con inteligencia práctica, intuición empresarial y una perseverancia que quienes lo conocieron recuerdan como su rasgo más definitorio.
“Era muy intenso en el trabajo. Una persona muy perseverante, prolija”, dijo su hijo Gustavo en diálogo con el medio citado. Desde hace diez años, Gustavo lleva adelante Les Delices, manteniendo vivo lo que su padre construyó.
Yolanda Busquets, su esposa y compañera en el camino fundacional, lo precedió en la muerte. Teodoro González deja también a sus tres hijas: Tany, Laura y Jeanette.
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