Sheila Fabiana Liesegang no sabe cómo se pronuncia en alemán su apellido. Su madre, en el Barrio Sur, donde se crió, siempre le dijo que se apellidaba como suena. Pero eso es lo de menos. Lo que importa es que creció en un conventillo y en un entorno donde cundía la pobreza y ella, apenas una niña de 5 años, veía la delincuencia como algo común. Lo dice sin más: veía delinquir, y los malandras andaban en el barrio; los niños sabían quiénes eran.
Cursó hasta tercero de liceo y desertó del sistema educativo, pero no porque tuviera que trabajar para ayudar en la casa. Dejó el liceo por “la joda, los bailes, los novios, las malas juntas”. Esas dizque “malas juntas” la llevaron a robar autos con una compinche en la Ciudad Vieja. Y un día “perdió”, dice. Estuvo unos meses presa y salió. Pero seguía en la misma. Pasó de consumir cocaína a pasta base, y una madrugada de excesos, a las cinco de la mañana, fue abordada por un hombre que estaba tirado en una carpa, en la vereda. Sheila, que estando sobria se hubiera sabido defender, no lo hizo. Y la impotencia la siente hasta hoy.
Dos días después, ya recuperada de la resaca, se fue hasta el Palacio Box (que funciona en las entrañas del Palacio Peñarol) y le dijo al entrenador que había allí: “Quiero empezar boxeo, porque quiero competir”. Ramón Barrero, el entrenador, la frenó en seco. Le dijo que la cosa no iba tan rápido. Tenía que venir un día, probar si le gustaba, volver al otro día, seguir concurriendo, mejorar su técnica, salir a correr, comer mejor, llevar una vida saludable. Y mucho tiempo después, si tenía condiciones y había cumplido los requisitos inherentes a una deportista, entonces competiría.
Ese fue el clic que Sheila (31) necesitaba. Comenzó a asistir al gimnasio, entrenó duro, luego dejó el alcohol y las drogas (a pesar de alguna que otra recaída) y fue fumando cada vez menos tabaco, hasta que también dejó el cigarrillo. Entonces, se convirtió en boxeadora. Primero amateur, luego profesional. Y se enamoró de su entrenador, Ramón Barrero, quien muchos años atrás entrenó a una jovencísima Chris Namús.
Recientemente, la campeona uruguaya de categoría superligero (63,5 kilos) perdió su invicto ante una multicampeona rusa en Los Ángeles, California. Pero para Sheila es todo aprendizaje y fue una gran experiencia. Ahora se prepara para pelear antes de fin de año en Francia, y como soñar es gratis, sueña con coronarse con algún título internacional en el Antel Arena, ante el público de su país.
Foto: Javier Noceti / Montevideo Portal.
¿Quién sos?
Soy una madre deportista.
Te criaste en el Barrio Sur. ¿En qué entorno familiar y vecinal?
No sé cómo llamarlo, pero bastante complicado. Tuve una crianza de barrio. Mi familia estaba formada por mi madre, mis tres hermanos y yo.
¿Papá no?
No, solo mamá. No conozco a mi papá. Gracias a mi madre, con ella estábamos bien. Mi mamá trabajaba, era limpiadora. Después pasó a ser chef, muchos años cocinó. Fui a la escuela 94 Roger Ballet, del Barrio Sur.
¿Cómo dirías que fue tu infancia?
Mi infancia fue bastante complicada, en el sentido de que éramos muy pobres. Mamá luchaba por todos nosotros y vivíamos entre la delincuencia... Nosotros vivíamos en el conventillo Peñarol, que estaba en Soriano y Cuareim. Yo tenía 5 años, y nos quedamos ahí. Y después nos fuimos mudando, pero a la vuelta nomás... Siempre en el barrio.
Cuando decís “la delincuencia”, ¿es porque sabían quién robaba o porque se veían los actos delictivos?
Sí, veíamos y nos criábamos en eso. Éramos muchas familias conviviendo en un mismo lugar. Veíamos todo, éramos chiquitos y veíamos todo. Después fuimos creciendo y cada familia fue tomando su camino. Sabíamos que no era bueno, pero era la situación en la que estábamos y no podíamos salir. Porque éramos menores, éramos chicos, y no teníamos más remedio que convivir con ellos.
¿Terminaste el liceo?
No, no lo terminé. Tengo tercero de liceo aprobado. A futuro tengo pensado terminarlo, ya que ahora hay más opciones para hacerlo.
“Dejé el liceo por la joda, los bailes, los novios, amigas, salidas. Después me mudé sola con amigas, a los 16 años. Nos hacíamos las grandes, pero todavía no teníamos 18. Cumplí la mayoría y salí a trabajar: en una peluquería, de vendedora, de cocinera”.
¿Y por qué dejaste el liceo después de tercero? ¿Tuviste que salir a trabajar o qué pasó?
No fue por tener que salir a trabajar. Viste cómo es… A veces te ponés medio rebelde, dejás porque se te antoja dejar. Obviamente que tus padres no quieren que dejes de estudiar. Dejé por la joda, los bailes, los novios, amigas, salidas. Por esas razones... Después me mudé sola con amigas, a los 16 años. Nos hacíamos las grandes, pero todavía no teníamos 18. Nos hacíamos las grandes, hice mi vida fuera de mi familia.
Después cumplí la mayoría de edad y salí a trabajar: en una peluquería, de cocinera, vendedora.
¿Vendedora de qué?
De todo. Probé todo, hice feria también, fui vendedora en un almacén. Probé muchas cosas. Trabajaba tres meses en una peluquería, tres meses de cocina, fui probando cosas…
¿Practicabas deporte antes de comenzar con el boxeo?
No, nunca. La primera vez que conocí un gimnasio fue a los 16 años. Y me gustó, pero no me llamaba mucho la atención. Hay una etapa en que necesitás descargarte. Yo entrenaba un poco, pero no era que entrenaba dos meses seguidos. Iba un día sí, un día no. Te hablo de ir al gimnasio a levantar algunas pesas y hacer ejercicio. Pero practicar un deporte, no.
¿Qué o quién te inspiró para incursionar en el boxeo, en 2013?
Yo no conocía mucho de boxeo. Sí había escuchado nombrar a Chris Namús, que era una referente. Decían “Chris Namús” y era la reina del boxeo en Uruguay, era muy inspiradora, pero yo no estaba muy metida en el boxeo. Yo empecé por defensa personal. Como todo adolescente, quería salir de las jodas, de las juntas, de las drogas y todo eso.
Y me había pasado que por acá cerca, por este barrio (Cordón), eran como las cinco de la mañana, yo andaba borracha por la calle, había salido de un baile, y estaba haciendo tiempo para irme para casa. Estaba sentada en la puerta de una casa, y había un tipo en una carpa, yo recuerdo que era invierno, y se me tiró arriba para robarme. Yo en ese momento quedé en shock, empecé a los gritos, y no pude defenderme, producto del estado en el que estaba… Yo siempre pude defenderme, siempre me gustó defenderme, pero estaba tan mal que no pude hacerlo, y quedé shockeada.
Y después de ese episodio, dijiste: “Tengo que aprender boxeo”.
A los dos días, cuando me recuperé, dije: “Quiero empezar a hacer un deporte que me ayude a defenderme”. Yo había escuchado que había un gimnasio de boxeo cerquita, y me vine para acá (Peñarol Box), y le digo a Ramón (Barrero, entrenador de boxeo): “Quiero aprender para competir, quiero competir”. ¡No tenía ni idea lo que era pegarle a una bolsa!
Yo estaba a punto de cumplir los 19 años. Y me dice Ramón: “Primero tenés que probar la primera clase, después venir todos los días, entrenar todos los días. Primero tenés que ver cómo te sentís y si aguantás, no podés competir de un día para el otro”. Vine, y estuve dos meses entrenando —o más, creo que más—, entrenando sin parar. Pero, claro, yo sentía que andaba bien, ya quería competir. Antes no existía mucho eso de las grabaciones y verte cómo estás, sino que sentías que estabas bien y ya querías subirte a competir. Y él me decía: “No, te falta un montón, te falta mucho. Además, tenés que ir a correr de mañana también, hacer otro entrenamiento físico”.
A los tres años debuté como boxeadora amateur. Fue cambiando el proceso, fue muy duro pasar de no haber entrado nunca en un gimnasio, no saber saltar a la cuerda, a hacer todo el entrenamiento físico del boxeo, que es mucho. Fue mucho sacrificio... no solo entrenar, sino que dedicarte en serio, dejar las jodas, dejar reuniones, la familia, porque a veces no hay tiempo para nada, solamente tenés que entrenar y descansar. Eso también me enseñó un montón. Para competir se necesita dedicarse al 100%.
Tu entrenador personal, Ramón Barrero (exentrenador de Chris Namús en sus inicios), es también tu pareja. ¿Qué llegó primero: el amor o el deporte?
El boxeo llegó primero. Cuando empecé a entrenar, él se había separado y estuvo solo como tres años. A los cuatro años que yo había empezado a hacer boxeo, y a un año de empezar a competir, empezamos a conocernos. Primero lo conocí como entrenador y después fuimos de a poco… Hoy en día tenemos una hija de 5 años y estamos cumpliendo nuestros sueños de pelear cada vez más arriba.
¿Cómo hacen para compatibilizar el amor con el trabajo? Es decir, cuando llegan a su casa, ¿dejan las charlas sobre boxeo en el gimnasio?
En realidad, nos levantamos hablando de boxeo y nos acostamos hablando de boxeo, porque vivimos acá (en el gimnasio). También acá tenemos una familia, no solo en casa. Acá tenemos amigos de años que se criaron con nosotros, nos vemos todos los días y no podemos no hablar de boxeo. Acá también nos tratamos como pareja, a veces, menos en mi entrenamiento. Cuando se dedica a entrenarme, ahí se corta el amor. Somos 100% profesionales.
“Con Ramón nos levantamos hablando de boxeo y nos acostamos hablando de boxeo, porque vivimos acá (en el gimnasio). Acá, en el gimnasio, tenemos amigos de años que se criaron con nosotros. Acá también nos tratamos como pareja, menos en mi entrenamiento. Cuando se dedica a entrenarme, ahí se corta el amor”.
En el 2021 sé que hiciste un parate. ¿Por qué? ¿Por el embarazo?
En el 2021, en realidad, yo estuve entrenando todo el embarazo, hasta una semana antes de tener a Sara, entrené, hacía funcional. Tuve a Sara, ahí paré, y al año y medio empecé a competir como amateur. Y un año después ya me hice profesional.
Hablaste de drogas. ¿En algún momento te hiciste adicta a las drogas?
Sí. Cuando yo tenía 18 años estaba en pareja. Después me separé, y por un tiempo… viste que las juntas te llevan a los bailes, las salidas y todo lo otro. Yo me había enganchado con la cocaína, el alcohol, y estaba mal anímicamente, pero simplemente por cosas de la adolescencia: la rebeldía de la edad. Y llegó un momento en que esa droga no alcanza, fui probando, probando…
¿Caíste en la pasta base?
Sí, terminé probando pasta base, pero no fue por muchos años, fue poco tiempo, gracias a Dios. Y cuando me pasó lo que te conté, que a mí me habían robado, yo estaba en ese estado, estaba bajo los efectos de la droga... Y no pude hacer nada, quedé en shock, no pude reaccionar. Al otro día estaba re deprimida, porque por estar drogada no pude defenderme, y me cuestionaba qué carajo hacía yo a las cinco de la mañana ahí sentada, con lo joven que soy. Uno siente cuando no es para uno… No está bueno estar en ese estado a las cinco de la mañana. Estaba mal porque fue mi culpa, nadie me obligó, yo estaba ahí porque yo quería, porque fue mi decisión.
¿Qué hiciste para salir de las drogas? ¿Fuiste a alguna clínica de rehabilitación, apelaste a otro tratamiento o fue el boxeo el que te sacó de la droga?
En realidad, sucedió que a mí me pasó eso, yo quedé en shock, me fueron a buscar unos amigos conocidos para ir a buscar a la persona que me robó. Yo quedé re quemada, y dije: “Este flaco no me puede robar, porque yo siempre supe defenderme”. Estaba enojada, con la sangre en el ojo lo fui a buscar, y no lo encontramos. Me recuperé después de dos días (estaba muy drogada), me encerré, deprimida, desilusionada conmigo misma por no poder defenderme, pero a la vez estaba enojada, porque fue mi culpa haber estado ahí, y encima en ese estado. Y dije: “Tengo que hacer algo, yo no puedo seguir así, tengo que recuperarme de alguna manera. No quiero más esto para mí”.
Estuve dos días en depresión, y al tercer día me vine para acá (Peñarol Box), me habían hablado de este lugar y, además, me habían recomendado hacer boxeo. Y ahí fue que acá le dije a Ramón que quería competir y me dijo que no era tan simple, que tenía que entrenar mucho antes. Yo estaba porfiada en querer pelear, pero, obviamente, me faltaba un montón.
“Tuve muchas recaídas, pero después me enfoqué en el boxeo. Fue todo producto de mucho esfuerzo. No solo hacía boxeo, también miraba mucho por YouTube otras peleas, miraba los entrenamientos de los campeones del mundo, salía a correr, y eso también me aliviaba”.
O sea que saliste de las drogas por vos misma…
Sí, tuve muchas recaídas, de todos modos, pero después me enfoqué en el boxeo. Fue todo producto de mucho esfuerzo. No solo hacía boxeo, también miraba mucho por YouTube otras peleas, miraba los entrenamientos de los campeones del mundo, salía a correr, y eso también me aliviaba… Y las fui superando con mucho esfuerzo.
La verdad es que no es fácil dejar las drogas de un día para el otro. Yo tuve mis recaídas… Es más, yo fumaba bastante cigarrillos también, y yo luchaba también para dejar de fumar (tabaco), y de a poco fui fumando menos. Cuando tenía ganas de fumar, lo prendía, daba unas pitadas y tiraba el cigarro. Y ahí fue cuando lo fui dejando, pero no de golpe, porque costaba mucho.
Y en 2023 te hiciste profesional. ¿Qué implica y qué conlleva ser profesional?
El boxeo profesional es más duro, es más duro el entrenamiento también. Los guantes son más chicos, peleás sin cabezal. En lo amateur te vas preparando para lo profesional, para corregir la técnica, la defensa, y cada vez tenés que ir entrenando más, exigiéndote más, cuanto más pasa el tiempo, más tenés que entrenarte. También tenés más chances de ganar dinero, o de perderlo.
Acá en Uruguay no hay mucho apoyo del Estado para el boxeador que representa a Uruguay, por lo tanto, la mayoría se dedica a seguir luchando con los estudios, con el trabajo a diario, con la familia. Hay muchos boxeadores y boxeadoras que tienen hijos, y tienen una vida normal, y a eso le suman el entrenamiento físico en la mañana y el entrenamiento de boxeo de tarde, y además, compiten. Se cuidan mucho con la alimentación, también en lo psicológico, algunos se tratan con psicólogo deportivo, que es muy importante para competir. Pero es difícil llegar a un nivel muy alto acá en Uruguay, por eso mismo, por la falta de apoyo del Estado, porque la mayoría no tiene dinero como para bancarse una carrera buena en lo profesional.
Foto: Javier Noceti / Montevideo Portal.
Estudiaste reiki, sanación y meditación. ¿Con qué intención?
Con la intención de hacer una terapia personal. Me lo recomendó una amiga que es masajista y reikista y me recomendó hacerme sesiones de reiki. Y me dijo: “Si no, podés hacer un taller o curso de reiki y te lo podés practicar vos misma”. Y lo hice, probé para ver qué tal y me encantó. La verdad que me hizo muy bien.
Te conocí por un posteo en Instagram donde alguien te nombraba “Cirujana”. Pensé que eras doctora, pero no… Es un apodo. ¿Por qué te llaman así? ¿“Operaste” o “cosiste” a alguien a golpes?
Ramón me puso así cuando yo era amateur, porque hacía unas combinaciones similares a las de un boxeador yanki, Frankie Randall. Yo hacía esas mismas combinaciones muy seguido, las repetía. Se ve que le hacía acordar a ese boxeador, y me puso Cirujana. Es diferente al resto de los apodos, que son la Leona o la Guerrera. Al principio, me indignaba ese apodo, no me gustaba. Por lo general se te busca un apodo para intimidar un poco a la rival, algo característico de un boxeador. Y después, me gustó, es diferente. Acá en Uruguay soy la única con ese apodo.
“La mayoría de las boxeadoras pasamos por etapas duras antes de competir profesionalmente en el boxeo”, me dijiste en un audio. ¿Por qué creés que pasa esto?
Por lo general, la mayoría de las boxeadoras comienzan a hacer boxeo por problemas personales, por problemas de adicciones. Yo creo que es porque te saca la ira y el entrenamiento es muy duro. Te ayuda a sacar todo, todo, hasta lo que no tenés, digamos. A veces es eso lo que necesitamos para pensar más tranquilos y hacer mejor las cosas. Creo que un entrenamiento fuerte y completo como el boxeo es una buena terapia para ese tipo de situaciones. En mi caso, fue lo mejor que me pasó en mi vida.
Yo te conté que nunca había pisado un gimnasio. Yo siempre fui de defenderme, siempre me sentí fuerte, pero nunca había escuchado eso de un gimnasio y de boxeo, menos todavía. Pero la vida me fue llevando hasta que me dejó acá y hoy en día soy profesional y estoy compitiendo internacionalmente y poco a poco fui siendo mi propia motivación.
“Yo nunca había pisado un gimnasio. Pero la vida me fue llevando hasta que me dejó acá y hoy en día soy profesional y estoy compitiendo internacionalmente y poco a poco fui siendo mi propia motivación”.
En ese audio me decías que en el presente muchos deciden aprender boxeo para “descargarse”, como algo más recreativo. Pero para muchas como tú es una salida hacia un lugar más luminoso tras momentos oscuros, ¿no?
Es un “me voy a defender a golpes de todo lo que me pasa”. En mi caso, sí. En mi caso fue para aprender a defenderme, y también para salir de todo lo malo. Yo cumplí 18 años y ya venía desde la adolescencia consumiendo drogas, mucha joda, también anduve en cosas horribles, hasta llegué a estar privada de libertad, ni bien cumplí los 18 años, por el tema de consumo.
¿Cómo privada de libertad “por consumo”? El consumo no está penado en Uruguay. ¿Por qué te detuvieron y fuiste encarcelada?
Mirá, yo tenía una compañera (éramos dos), con las que íbamos a robar, hurtábamos en la Ciudad Vieja. Fue como en el 2002 o 2003, cuando no existían cámaras en la Ciudad Vieja. Y nosotras estábamos drogadas, queríamos drogarnos, no teníamos plata, y robábamos los autos de los extranjeros que embarcaban ahí en el puerto. Era todos los días, tres veces por día, que hacíamos siempre lo mismo. Llegó un momento que, de tantas entradas a la comisaría, justo cumplimos la mayoría de edad —ella cumple unos meses antes que yo—, y a los dos días nos agarraron, me salvé de pedo.
Después, justo antes de las fiestas, “perdimos”, nos agarraron y no había más remedio. No zafamos, y a raíz de eso, pasé por esa etapa fea, no recomendable para nada. Después de eso, yo salí (de prisión) y no me recuperé para nada, seguí peor. Ahí fue cuando yo empecé a fumar pasta base, porque salí peor. Yo firmé un año y medio y estuve solo unos meses. Ahí tenía 18 años. Ahí fue cuando yo salí. Después yo y mi compañera nos separamos.
Ella siguió su vida afuera y yo seguí la mía. Ella se recuperó un poco, pero yo seguí fumando. Hasta que pasó ese episodio donde me quisieron robar en la calle, a las cinco de la mañana. Y yo estaba tan mal, en ese estado re intenso que no pude responder, lo único que hacía era agarrarme el bolso y gritaba, pero nadie vino.
Quedé re depresiva después de eso, y a raíz de eso dije: “Yo no puedo seguir así, no quiero volver a lo mismo, no quiero volver a estar presa, no quiero arruinarme”. Porque, en realidad, no estaba tan deteriorada físicamente, pero sí era muy adicta. Entonces dije: “Yo tengo que dejar como sea, porque voy a terminar mal”. Y bueno, gracias a Dios, a mí me salvó el destino. A los dos días vine para acá, para el gimnasio, y consulté por las clases, ya queriendo competir de entrada sin saber siquiera cómo pegarle a la bolsa.
De a poco, con el entrenamiento, fui dejando la noche, y haciendo más amistad con personas que seguían el camino del deporte, que entrenaban.
Hoy ya no consumís drogas. ¿Tomás alcohol o fumás cigarrillos, cada tanto?
No, no, ya ni fumo. Y le digo a todo el mundo que está mal, que te destruís. No tomo alcohol tampoco.
“Yo nunca había pisado un gimnasio. Pero la vida me fue llevando hasta que me dejó acá y hoy en día soy profesional y estoy compitiendo internacionalmente y poco a poco fui siendo mi propia motivación”.
En noviembre de 2025 te coronaste campeona uruguaya, en la categoría superligero (63,5 kilos). ¿Qué significó ese cinturón en tu carrera?
Yo en mi carrera amateur nunca había tenido una competencia por un título, por un título uruguayo o lo que fuere. He tenido campeonatos, pero es lindo saber que peleás por un título, que es algo más importante también. Y nunca tuve esa oportunidad porque éramos muy pocas boxeadoras, éramos cuatro o cinco en mi categoría y en otras categorías, y subíamos y bajábamos… Yo, como siempre fui muy grande, las otras subían para pelear conmigo, porque no tenía rival. Y entre entrenadores quedaban como que arreglaban: “Vos la hacés subir a la tuya, así pelea con la mía y no se queda sin pelear”. Y ahí nos íbamos ayudando entre todos para tener más experiencia. Entonces nunca tuve esa experiencia de pelear por un título. Eso surgió ahora, de profesional, y fue una motivación impresionante.
Para mí fue lo más lindo que me pasó ser campeona uruguaya (ante la boxeadora de Maldonado, Ximena Espagniolo). Fue hermoso, hermoso. Fue muy importante, porque fue una dedicación impresionante también... Cada vez más esfuerzo para ponerle a cada pelea. Fue muy lindo porque fue la primera vez que peleé por un título. Y sentir el apoyo de la familia, de los amigos, fue tremendo.
El 21 de agosto perdiste el invicto en Los Ángeles, California, ante la rusa Albina Moldazhanova. ¿Cuánto te afectó esa derrota?
Albina Moldazhanova es una rusa con una experiencia impresionante, jovencita, 24 años, una múltiple campeona de su país, una excelente boxeadora. Y la verdad es que fue muy linda la experiencia. En realidad, me afectó perder el invicto, pero en lo personal, no perdí nada, simplemente gané una experiencia muy linda. Y estoy re orgullosa de haber peleado con esa boxeadora. Nunca en mi vida me imaginé poder pelear con una boxeadora de ese nivel. La verdad es que estoy re orgullosa.
Se dice que aprendemos más de las derrotas que de los éxitos. ¿Qué aprendizaje sacaste vos de esa caída?
De esa derrota aprendí a reconocer a qué altura estamos de nuestro rival. Y me di cuenta que ella está mucho más allá arriba que yo, pero por estilos de vida diferentes. Simplemente por eso, porque si yo me entreno a la par, como se entrena ella, tres veces por día, con una alimentación muy buena, pero estrictamente sana, con sparring duros de verdad, como tiene ella, con más apoyo de empresas y del Estado, el resultado podría ser otro.
Con apoyo del Estado yo estaría entrenando a alto nivel, tres veces por día, entrenando duro y descansando muy bien, pensando solo en la rival. Ahí sería una pelea muy diferente.
Foto: Javier Noceti / Montevideo Portal.
¿Vos hoy trabajás, además de competir en boxeo? ¿Tenés un empleo?
Sí, doy clases acá en el gimnasio. Además, vendo ropa y antigüedades en redes sociales. No puedo dedicarme 100% al boxeo como me gustaría.
Yo hacía feria los domingos en la Tristán Narvaja, y tuve que cortar con eso porque me llevaba todo el domingo. Me levantaba a las cinco de la mañana, justo el único día de descanso que tenía, tenía que levantarme a las cinco de la mañana, lloviera o tronara, sacar las cosas para afuera. Si llovía, no vendíamos nada, si hacía calor nos iba bien. Las dos primeras semanas nos iba bien, pero es muy sacrificado, haya o no haya plata hay que estar ahí, porque perdés el lugar, hay que cuidar el espacio, porque nadie es dueño de la calle.
Por eso desde hace dos meses le dije a mi madre: “Mamá, no voy a hacer más feria, me voy a dedicar a entrenarme duro, porque sé que tengo potencial, sé que algo va a salir”. Dicho y hecho: dejé la feria para descansar y disfrutar más de mi hija, porque con el entrenamiento y el gimnasio después de la escuela, no tengo tiempo para sacarla a ningún lado con este frío.
¿Qué vendías en la feria con tu madre?
Vendía todo, ropa usada, ropa nueva, gracias a Dios tengo muchas conocidas, amigas, familia, que me dan cosas, me dicen: “Madre, tengo esto para vos, para regalarte, para ganarte unos pesos”. Pero al menos dejé de vender en la feria y uso el domingo para descansar y hacer las cosas bien.
Le dije: “Mamá, no te voy a poder hacer el dos, sé que algo me va a salir, y tengo que estar pronta”. Porque te llaman dos semanas antes o una semana antes y hay que estar pronta. Dejé la Tristán Narvaja, y gracias a Dios, me salió la pelea (en Estados Unidos) y viajamos. Yo creo que era para mí, es como un regalo del universo por haber hecho las cosas bien. Yo creo que fue eso.
¿Viste cómo le quedó la cara a la argentina Sofía Montenegro? Peleó en UFC, pero el boxeo no deja de ser violento... ¿Vos no tenés miedo a que te lastimen y te desfiguren el rostro como le pasó a ella?
No, nunca tuve miedo, porque sé que esas son las consecuencias. Y cuando me subo a pelear, me subo con la cabeza de que me puedo bajar. No, nunca tuve miedo.
Antes de fin de año vas a pelear en Francia por un título internacional. Contame más.
Todavía no sabemos contra quién, ya consultamos, pero no nos quieren decir las posibles rivales todavía. Creo que será en Mónaco. Se comunican con mi manager, Leo Slier, y gestionan para pelear contra mí. Antes de pelear contra Albina, ya nos habían llamado diciendo que querían cerrar el año con una pelea por un título conmigo. No paro de sorprenderme, estoy re feliz.
¿Cuál es tu sueño deportivo? ¿Qué ambicionás?
Sueño con pelear un título del mundo acá, en Uruguay. Y con una muy buena rival, con rivales de alto nivel. Y me encantaría pelear en el Antel Arena.
¿Y en la vida? ¿Cuál es tu sueño?
Viajar por el mundo con mi hija y Ramón, mi pareja. Conocer el mundo por ser campeona del mundo. Tener una carrera profesional muy buena, que yo esté orgullosa de mí. Quisiera ser un ejemplo para muchas chicas que salen de la calle, que están en las adicciones, que no pueden salir. Me encantaría ser una buena inspiración para ellas.
¿Te gustaría conocer a tu padre? ¿Es un pendiente en tu vida conocerlo y preguntarle por qué te abandonó?
No, ¿vos sabés que no? Cuando íbamos a la escuela, teníamos esa intriga de saber quién era y qué pasó… Nosotros lo habíamos conocido, pero mi madre se separó cuando yo era bebé, tenía apenas un año. Y, ta, nunca más, mamá se mudó y nunca más lo vimos, nunca más supimos de él. Y en la escuela, cuando empiezan a preguntarte los amigos por tu padre, yo decía: “Yo no tengo padre”. Yo tengo una hermana que es un año más grande que yo y dos hermanos más. Y mi madre nos decía: “Si te preguntan por papá, tenés una mamá y con eso estamos bien”. Con mamá estábamos bien, éramos felices, No necesitábamos a nadie más. Y nos criamos así.
No necesito saber de él. Capaz que soy muy dura, muy seca, pero yo me crié así y fue la mejor forma de superar esa ausencia.
¿Te gustaría que tu hija Sara, de 5 años, siguiera tus pasos y fuera boxeadora?
Me encantaría que pruebe, sí, y después, si ella elige ser boxeadora, yo la voy a apoyar. Va a ser difícil, porque tengo compañeras boxeadoras cuyos hijos boxean y es muy duro ver...
Pero una cosa es que la vida te haya llevado hasta el boxeo, y otra que vos sueñes con que tu hija se dedique a eso.
Sí, pero, ¿sabés qué? Para mí no está mal. Yo creo que sería un aprendizaje muy lindo. Porque Es un deporte muy duro, te agarrás a las piñas con cualquier compañero o compañera, pero después, abajo del ring, sos una persona como todas las demás. Está bueno que aprenda lo que es una competencia y la vida de un deportista. Porque no es solo una persona que se agarra a las piñas, es un deportista que se cuida, que entrena, que compite (porque es una competencia). Entrenás para competir, para ganarle al otro, y después, abajo del ring, son dos personas, que se saludan y hasta se quieren. Yo creo que puede ser un lindo aprendizaje para ella. Pero ella va a decidir lo que le guste, ¿no?
¿Sos feliz?
Sí, por suerte, gracias a Dios, estoy muy feliz.