De la yihad a la visita del papa: Marwan Gill y su llamado a “tender puentes”
El imán ahmadí analiza la polarización, la inmigración y los prejuicios religiosos: “Nadie se salva solo”.
Marwan Gill nació en Alemania, hijo de inmigrantes, y hoy es el imán de la Comunidad Musulmana Ahmadía en el Río de la Plata. Teólogo de formación, viaja constantemente para tender puentes entre culturas y comunidades religiosas. Conoció al papa León XIV en el Vaticano, representa a su comunidad en foros internacionales y tiene un lema que repite como convicción: “Amor para todos, odio para nadie”. En diálogo con Montevideo Portal, habló sobre la visita papal, los conflictos armados, la islamofobia, el verdadero significado de la yihad y por qué considera que el mundo atraviesa un momento bisagra.
¿Cómo vivís la visita del papa a la región? Vos tuviste un encuentro con él.
Sí, estuve con el papa León XIV en el Vaticano. Fue en el marco de los sesenta años del Nostra Aetate, un documento histórico de la Iglesia que, en términos simples, terminó con las cruzadas medievales. A través de ese texto, la Iglesia reconoció sus vínculos con el judaísmo, condenó el antisemitismo y estableció relaciones con el mundo musulmán. Fue una respuesta directa a la Segunda Guerra Mundial y al Holocausto. La comunidad ahmadía trabaja mucho con la Iglesia, y el jalifa me asignó como representante para ese evento. Ahí pude saludar brevemente a Su Santidad.
¿Y qué pensás de que haya elegido venir a Argentina y Uruguay?
Puede sonar raro que un imán celebre la visita del papa, pero la celebro genuinamente. La última vez que un papa visitó Uruguay fue con Juan Pablo II, hace casi cuarenta años. Lo mismo en Argentina, con el dolor adicional de que Francisco nunca volvió a su país. Cualquier líder que transmita un mensaje de paz, unión, fraternidad y reconciliación es más que bienvenido. Realmente necesitamos más voces por la paz, por la unión. Mi única preocupación es que la visita no quede como un simple archivo histórico. Espero que sirva para sanar diferencias, para sentarse en la misma mesa con el objetivo común de la convivencia.
¿Por qué esa urgencia?
Porque el panorama es muy oscuro. Esa semana hubo una reunión en la ONU con datos que asustan: más de sesenta conflictos armados en el mundo en este momento. El lema fundacional de las Naciones Unidas era nunca más guerras mundiales, nunca más genocidios, nunca más crímenes de guerra. Y estamos al borde de una posible guerra mundial. Los focos en Irán, Medio Oriente, Israel, Líbano, Gaza... Eso te asusta. En la región no hay conflictos armados, pero sí tensiones sociopolíticas, una brecha entre ricos y pobres cada vez más grande y una polarización sin precedentes. El compromiso con la paz no es deber de un sector político o religioso: es un deber compartido.
El Jalsa Salana que celebraron hace poco también abordó estas tensiones. ¿Cuál fue el eje central?
El Jalsa Salana es el encuentro anual masivo de la comunidad ahmadía en las afueras de Londres. Vienen personas de todo el mundo con angustias similares, aunque las realidades sean distintas. En África hay otros desafíos, pero en el fondo lo que amenaza el bienestar humano es siempre lo mismo: la falta de paz. Y en el primer mundo cada vez más jóvenes sufren depresiones y soledad. El enfoque del Jalsa fue iluminar el mundo, transmitir la paz, pero empezando desde adentro. Si no tenés paz en tu corazón o luz acá, no podés iluminar a nadie en tu entorno. Por eso es tan central la espiritualidad: la relación personal con Dios. No la limito a los musulmanes. Como teólogo, considero elemental tener esa relación íntima con el Creador, que puede llamarse de distintas maneras según la tradición, pero al final es la fuente de la paz.
¿Y cómo se conecta esa paz espiritual con la justicia global?
Esa es la gran contradicción. Muchos dicen querer la paz, pero quieren su paz: la de su gente, su pueblo, su partido, a costa de los demás. Mientras no establezcamos como pauta que la dignidad de la vida humana es igual sin importar etnia, nacionalidad ni fe, no habrá paz. Podríamos pronunciar más discursos en la ONU de shalom, de salam, de paz, pero con los discursos no alcanza. Necesitás decisiones concretas basadas en principios universales de justicia. Un ejemplo doloroso: muere una persona en un país y ciertos sectores condenan y conmemoran; muere un niño inocente en otro país y muchos hacen silencio. Lo que falla en las relaciones internacionales es la justicia.
Hablando de desigualdades: ¿cómo ves la situación de los inmigrantes, que están en un momento muy crítico por el trato que reciben?
Yo nací en Alemania y soy hijo de inmigrantes, así que esto me toca de cerca. Avalo cien por ciento una migración controlada y regulada. Hay que controlar quién viene al país, no hay disensión en ese debate. Mi gran preocupación es otra: no se puede echar la culpa de todos los problemas sociales, económicos y políticos a un grupo y convertirlo en chivo expiatorio. Escuché el argumento de que los trenes en Alemania no llegan con puntualidad porque aumentó la cantidad de migrantes. Es un argumento sin sentido. Los migrantes tienen la obligación de integrarse: aprender el idioma, respetar leyes, normas, costumbres. Es como si vos vas a la casa ajena: tenés que adaptarte a las reglas. Pero del otro lado, si invitás a alguien a tu casa, tenés que tratarlo como invitado y con igualdad. El lema republicano habla de igualdad, fraternidad y libertad. Eso aplica para todos.
¿Podés dar un ejemplo concreto de esa doble vara?
La semana pasada surgió el tema del velo por Meloni en Italia. Una monja católica puede usar el velo por convicción propia. ¿Por qué no puede hacerlo una mujer musulmana? Yo estoy en contra del velo impuesto, defiendo el libre albedrío de la mujer. Pero una judía o una monja pueden usarlo y nadie lo cuestiona. A la mujer musulmana se le niega ese mismo derecho. Esa es la doble vara. A quienes llegan hay que otorgarles los mismos derechos sin distinción.
La comunidad ahmadía es vista como un ejemplo de integración. ¿Cómo explicás eso desde adentro?
Somos ejemplo de que la religión no es una barrera para la integración. No hay choque entre los valores occidentales —el secularismo, los derechos humanos, la separación de poderes— y los valores del islam. Islam, literalmente, significa paz. El islam condena el terrorismo y la violencia, y avala categóricamente la separación entre el Estado y la mezquita. Estamos en la frontera para derribar prejuicios. Reconocemos que muchas sociedades musulmanas atraviesan una crisis moral, social e intelectual. Pero no es correcto señalar al islam como el origen de esa crisis. Un hombre machista en una sociedad árabe no es machista por ser musulmán. Un hombre fanático, extremista, terrorista, violento, no lo es porque leyó tal mensaje en el Corán.
La palabra yihad genera mucho miedo.
La palabra asusta, sí. Pero yihad no significa guerra santa ni tiene connotación bélica. Yo practico yihad veinticuatro horas, todo el año. ¿Qué es la yihad? La yihad es esforzarse por el amor de Dios y luchar contra tu propia maldad, contra tu propio vicio. Ayunar, rezar cinco veces, no agredir a nadie, no lastimar a nadie, tratar bien al otro. Esa es la yihad de un musulmán.
Viajás mucho. ¿Sentís que hay más tensión hacia los musulmanes en otros países?
Hay siempre altibajos. El 7 de octubre marcó un punto de inflexión vinculado al tema migratorio e islámico. En años electorales, en Europa y Estados Unidos, se usa a los migrantes como sinónimo de musulmanes. En la región latinoamericana, gracias a Dios, todavía no hay islamofobia. En Uruguay, nada que ver. Sí existen prejuicios. Las redes sociales son una bendición por el acceso a información, pero las fake news circulan casi seis veces más rápido que las noticias verdaderas. Mucha gente tiene como única fuente las redes con una narrativa sesgada sobre el islam. Por eso la comunidad tiene la responsabilidad de salir de la zona de confort, salir de la mezquita, buscar el diálogo para derribar prejuicios. No se trata de coincidir ni de pensar igual. Se trata de buscar el diálogo. Para eso viajo: para tender puentes.
Pero parte de ese prejuicio también está alimentado por musulmanes que sí son violentos, aunque se tienda a generalizar.
Quizás si yo fuera uruguayo, no musulmán, y mi única fuente fuera leer las noticias, seguramente tendría también muchos prejuicios contra los musulmanes. Es importante informarse y no generalizar. No hay que meter a todos los musulmanes en la misma bolsa ni responsabilizar al islam por los hechos de un individuo o grupo. En todas las religiones se cometieron atrocidades en nombre de Dios: la Inquisición, el imperialismo, la colonización. Llevar una cruz y agredir a alguien no hace responsable a Jesús ni a la Biblia. La premisa de nuestra comunidad es que el mundo musulmán necesita una reforma. Por eso nuestro fundador proclamó ser el Mesías y el reformador: el mundo musulmán se alejó de las enseñanzas de paz, igualdad, justicia, educación, igualdad entre hombre y mujer, respeto a las minorías no musulmanas. La solución es volver a esas enseñanzas a través de herramientas pedagógicas y educativas.
¿Y grupos como el Talibán, Al Qaeda, ISIS, Hamás?
En el fondo no son agrupaciones religiosas. Son cien por ciento agrupaciones con una agenda netamente geopolítica militar. Usan el islam como tapa para esconder su ideología. Al Qaeda fue el brazo extendido de Estados Unidos en la guerra contra la Unión Soviética; Estados Unidos apoyaba a los muyahidines. Hamás: Netanyahu, públicamente, en el Parlamento, pedía apoyo por Hamás. ISIS nació después de la caída de Saddam Hussein, en el vacío político que dejó la intervención en Irak. No surgió en un vacío. Y en cuanto a Irán: no soy simpatizante del ayatolá, pero bombardear un país no libera a las mujeres ni democratiza la sociedad. Genera un escenario peor. Hay mucha hipocresía desde Occidente en todo esto.
¿Todo eso se habló en el Jalsa?
El jalifa abordó la integración de los musulmanes en Occidente, el rol de la mujer y las relaciones internacionales. El mensaje central fue que cuando Dios está ausente en el corazón, nacen todos los pecados, vicios e inmoralidades. La peor forma de esa ausencia es la guerra. El ser humano en ese estado cae debajo del mundo animal y está dispuesto a matar al otro por sus propios intereses. Por eso el jalifa insistió en dos cosas: desarrollar la paz interior propia y transmitir ese mensaje al entorno, tanto en Occidente como en sociedades musulmanas.
Y la comunidad sigue creciendo año a año.
Y eso es gracias también a personas que aceptan el diálogo y se suman a la misión. Avalan la libertad religiosa, la convicción de cada persona a elegir su camino, creyente o no creyente. Estamos en un momento bisagra. La llegada de la inteligencia artificial es uno de los desafíos que tenemos por delante. Nadie se salva solo. Sí o sí tenemos que trabajar juntos: entre creyentes, no creyentes, entre musulmanes, judíos, cristianos. Yo diría como humanidad, como familia humana. Tengo dos hijos que se pelean por los juguetes. Mientras no haya alguien que establezca los derechos de todos, uno cree que tiene derecho a quitarle el juguete al hermano y no lo ve mal. Eso mismo pasa entre pueblos. Sin principios universales de justicia, sin alguien que controle y establezca esos derechos, no habrá paz ni armonía.
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