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Judiciales

Tres que son multitud

De la promesa de Sara Goldring al desastre: la caída de CVM golpeó a cientos de familias

Tres historias, con muchas similitudes, resumen cómo el declive del fondo de inversión terminó con muchos de sus sueños.

27.09.2025 09:00

Lectura: 8'

2025-09-27T09:00:00-03:00
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Por Joaquín Symonds

El tendal de fondos de inversión que se han caído en Uruguay ha dejado millones de dólares tirados a la basura. Son años de ahorros, esfuerzos y sueños que se desvanecen cuando llega un comunicado, cuando las personas se enteran a través de una nota de prensa o cuando algún allegado comenta que es el principio de la tormenta.

Las reacciones son variopintas, pero se pueden resumir en tres: descreimiento, rabia y culpa. En el medio, pasa de todo. Hay enfermedades que se acentúan, depresiones que se descubren por primera vez y un insomnio que parece nunca calmarse pese a probar decenas de somníferos.

Pero hay algo que une todas las historias de inversores que, de buenas a primeras, terminaron siendo damnificados: la familia. Y es que los sueños y los planes casi nunca se piensan en soledad, sino con un hijo o una pareja. Por eso, los fondos de inversión que han caído en Uruguay dejaron a miles de familias partidas al medio.

El caso de la Custodia de Valores Mobiliarios (CVM), a cargo de Sara Goldring, reúne estas características. La empresaria fue imputada en 2023 por un delito de apropiación indebida, pero la Justicia no hizo lugar a prisión domiciliaria, por lo que no tiene medidas cautelares, salvo la prohibición de salir del país.

Martín abrió tres cuentas luego de que su hijo naciera con discapacidad. No quería que le faltara nada cuando ni su madre ni su padre estuvieran en este mundo y él no pudiera valerse por sí mismo.

Florencia, de Maldonado, quería que su hijo estudiara en la universidad y se pudiera instalar en Montevideo. Trabajó, junto a su esposo, durante 30 años y ahorró US$ 200.000. El joven no pudo empezar la facultad en la capital.

María, de 65 años, vivía con los intereses que le generaba CVM. Se pensaba jubilar y no ser una carga para su única hija, a quien crio sola y sin ayuda económica de nadie luego de divorciarse. Hasta ahora se culpa de no haberse dado cuenta antes de que fuera tarde.

Goldring vive en un edificio cercano a la rambla de Montevideo, en el piso 11, donde a veces se la puede ver en el balcón al final de la tarde.

La mujer, que dirigía la empresa junto a sus hijos, operaba a través del Banco Jefferies de Estados Unidos. Con el dinero de los inversores, hacía cientos de movimientos por día a través de la entidad bancaria.

El Banco Jefferies daba a la operadora de bolsa una ganancia por cada inversión, sin importar el resultado. Cuanto más riesgo se tomara, mayor era el porcentaje que generaba. En inglés esto se conoce como churning.

Foto: Banco Jefferies

Foto: Banco Jefferies

Más movimientos, más riesgo, más ganancia era la fórmula con la que Goldring buscaba su éxito personal y también para sus clientes. La familia Cukier Goldring es conocida en el mundo de las inversiones, tiene una trayectoria de muchos años y siempre fue exitosa en el rubro.

Se comprobó que en Uruguay tienen alrededor de 90 propiedades, más las que se presume que están a nombre de testaferros en Miami, uno de los sitios a los que frecuentaban como corredores de bolsa y para hacer negocios personales, según las denuncias presentadas por damnificados, que son alrededor de 700.

Goldring mostraba riqueza, que en este caso no era vulgaridad, cuando se reunía con los inversores: oficina en Aguada Park, un apartamento en el puerto de Punta del Este o su casa en la rambla de Montevideo.

Martín, Florencia y María recuerdan con exactitud algunas frases que decía Goldring antes de que esos encuentros terminaran: “Antes de irte, ¿me firmás en las crucecitas? No te preocupes, es un tema protocolar”.

Así fue que le permitieron a CVM dejar de tener un perfil de inversor conservador —es decir, sin riesgo— y pasar a tener uno agresivo. Sin embargo, ellos dicen que no lo sabían.

Se comprobó que Goldring y su equipo, una vez que los documentos estaban firmados, los modificaban. Así fue que la cuenta de Florencia quedó con saldo negativo y, en términos legales, quedó debiendo US$ 300.000.

Con estos permisos, y ante la falta de liquidez que tenían las cuentas de los inversores, la empresaria comenzó a utilizar el dinero de unos y otros, pero luego no devolvía los montos correspondientes. Aquí es donde se configura el delito de apropiación indebida por el que es investigada.

Martín nunca tocó el dinero de las ganancias, salvo una vez que necesitaba pagar un seguro de viaje para su hijo con discapacidad. “Yo no quiero que vayas y juegues al abismo, porque estamos hablando de que es un dinero para una persona que no lo va a disfrutar, no va a comprar un bien. Es para que tenga una vida digna”, le dijo a Goldring cuando abrió su primera cuenta.

La empresaria conocía la situación del joven y le decía a su padre que se quedara tranquilo, que ella también es madre y que iba a invertir con seguridad.

El Banco Jefferies le embargó la cuenta a Goldring en Estados Unidos. Ella envió a sus abogados y alegó que no había cometido ningún delito en ese país. Ante la negativa de la entidad financiera y la insistencia de la Fiscalía uruguaya en que hay una investigación en curso, la empresaria aseguró que existía un principio de acuerdo con el Banco Central del Uruguay.

Meses después, se conoció el acuerdo privado de reorganización (APR), que busca una salida sin consecuencias judiciales para Goldring.

Banco Central del Uruguay. Foto: Gastón Britos / FocoUy

Banco Central del Uruguay. Foto: Gastón Britos / FocoUy

Florencia opina que el APR propuesto a los damnificados es tan siniestro como cuando la propia Goldring, a meses de que la situación de CVM explotara, le preguntaba cómo le iba a su hijo en el liceo y cuánto tiempo le faltaba para estudiar en Montevideo.

El texto, informado en primera instancia por El Observador y al que accedió Montevideo Portal, propone que los damnificados accedan al 50% de sus créditos. Ante esto, Goldring queda blindada dado que se retirarían todos los reclamos formales tanto a nivel civil como penal.

De los US$ 120 millones que quedó debiendo CVM, el acuerdo devolvería alrededor de US$ 9 millones.

María recuerda las noches sin dormir y los llantos en la cama. También las discusiones con su hija, quien por momentos le reprochaba que no se hubiera dado cuenta antes y que no hubiera sacado los ahorros. “Es dantesco todo”, resume, e insiste con que su vida cambió para siempre.

Se va a jubilar a los 70 años de un empleo público y sabe que no podrá volver a ahorrar, porque no tiene capacidad para hacerlo. Pero todo esto no importa tanto como los pensamientos de que podría terminar siendo una carga para su hija.

“Mi hija me dijo que se iba a borrar de la mutualista, que yo se la pagaba, para recortar gastos. Fue un hachazo en la espalda eso”, dice María.

Florencia recuerda cuando le dijo a su hijo que no podría ir a estudiar a Montevideo porque el dinero con el que contaban ya no estaba más. “Él estaba al tanto de todo, pero esa charla fue dura”, cuenta.

Martín también rememora las batallas internas en las noches sin dormir cuando pensaba en su hijo, que no tiene idea de nada de lo que pasa, pero que tampoco va a tener ese seguro de vida para cuando su madre y su padre ya no estén. “Tenemos otra hija, pero la idea no es que ella asuma la responsabilidad de madre de su hermano”, se lamenta.

Ninguno sabe a ciencia cierta si va a recuperar algo de lo invertido. María dice que sí, porque necesita una esperanza para no volver a caer en depresión; Florencia llegará hasta las últimas consecuencias porque ve cómo su hijo se quedó en su casa sin poder ir a estudiar una carrera universitaria, y Martín busca que la Justicia actúe, con la certeza de que Goldring cometió varios delitos, más allá del de apropiación indebida.

El acuerdo no les parece una solución, pese a que está avalado por el BCU y la Liga de Defensa Comercial. Reconocen, además, que existe una especie de presión sobre los damnificados para llegar al 75% de los créditos del concurso y que así un juez lo avale.

Martín, María y Florencia recibieron estados contables presuntamente adulterados, también consejos cuando querían comprar un terreno o un apartamento y Goldring les decía que no, que no era el momento. Las tres familias están quebradas y el periplo no está cerca de terminar.

Goldring sale a caminar todos los sábados de mañana por la rambla de Montevideo.

*Los nombres de los damnificados son ficticios, porque ninguno quiso identificarse.

Por Joaquín Symonds