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Arrancar de cero

De Migues al Louvre: fue mamá a los 16, un tornado le voló la casa y hoy expone en París

La artista uruguaya Silvana de Armas creció en Canelones, tiene un atelier en EE. UU. y dos obras en el Carrousel du Louvre.

16.10.2026 08:34

Lectura: 8'

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Por Avril Andrés
  [email protected]

Silvana de Armas, conocida como Sibu, nació en Migues, un pueblo del departamento de Canelones que casi nadie fuera de Uruguay ubica en el mapa. Fue mamá a los 16 años, se casó a los 15, trabajaba en el Casmu del pueblo y en 2001, con dos hijos y un tornado que les había volado la casa, decidió que ya era suficiente. Se fue a Canarias. Después a California. Y en ese camino, sin universidad ni grandes recursos, fue armando una vida entera alrededor del arte y la música.

Hoy tiene 50 años, un atelier al que llama El Nido en Estados Unidos y dos obras seleccionadas para la feria internacional en el Carrousel du Louvre en París, una de las más concurridas del panorama francés y que se encuentra al lado del museo más visitado del mundo, el Louvre. El evento se llevará a cabo del 23 al 25 de octubre de este año.

Aunque está agradecida con la oportunidad de exponer en un lugar tan importante, le quita peso. Lo que de verdad la atraviesa en su arte es la pregunta: “¿Cómo le ponés precio a una emoción?”, dice en diálogo con Montevideo Portal.

Su historia es la de alguien que aprendió a moverse. Primero dentro de Uruguay, cantando en la escuela, pintando camisetas de bomberos, pintando paredes “cuando fue necesario”, participando en concursos como en el Festival del Olimar, en Treinta y Tres.

Después afuera, de isla en isla en España, de festival en festival, hasta llegar al amor que la plantó en California. En cada parada, el arte apareció como ancla. Y cuando todo lo demás faltó, también fue el arte el que la sostuvo.

UN TORNADO y una isla

Silvana recuerda el 2001 como un año que no era fácil para nadie en Uruguay, y menos para una familia joven del interior. Ella tenía dos hijos, trabajaba en el Casmu de Migues y junto a su pareja empezaban a ver que lo que ganaban no alcanzaba para las aspiraciones que tenían.

“No es hablar de vivir con decencia, sino poder tener más aspiraciones para sacar a tu familia adelante”, aclara.

Empezaron a organizar eventos folclóricos para juntar dinero para el viaje. Pero en enero de 2001, la ciudad de Migues fue golpeada por un tornado, de entre 180 y 250 km/h. Volaron techos, se destruyeron hogares, se cayeron cientos de árboles y columnas de energía eléctrica. Unas 199 familias fueron afectadas, entre ellas, la de Silvana.

“Nos quedamos sin casa. Hubo gente que nos preguntó: ‘¿Y ahora qué van a hacer?’. Y yo respondía: ‘Ahora con más razón nos vamos’”, recuerda.

Primero se fue Rafa, su pareja. Silvana siguió trabajando en la mutualista hasta que, en agosto de 2001, tomó a sus dos hijos y se fue. Meses antes de que estallara la crisis financiera que paralizaría al país en 2002.

“Fuimos muy bien acogidos en Canarias”, recuerda Sibu, donde construyó una vida. Trabajó como decoradora, organizadora de eventos, productora artística. Estuvo años vinculada al Mallorca Live Festival.

Tuvo una banda de rock/fusión nacida en las Islas Canarias, La Gurisa, que llegó a compartir escena y abrir conciertos para grandes referentes del rock rioplatense como las bandas uruguayas No Te Va Gustar o Attaque 77, en el festival Canarias Rock. Su hijo, hoy músico en Canarias con su banda Good Franco, tocó con ella en esa época.

Pero cuando Canarias “no le dio para más”, siguió moviéndose. “Es la vida del emigrante, y a mí se ve que me gustó emigrar”, dice con una mezcla de ironía y orgullo. La siguiente parada fue California, y la razón fue el amor. Se casó, se quedó, y ahora está en un proceso de regularización migratoria que le impide moverse. No puede volver a España a trabajar en festivales. No puede salir.

En ese impasse, volvió a pintar.

Foto: Gentileza de Silvana de Armas

Foto: Gentileza de Silvana de Armas

pAIN(T): PINTAR CON DOLOR

La primera vez que la asesoría artística Vivemos Arte —que pone en contacto a coleccionistas y compradores de arte con los mismos creadores— la contactó fue en 2018, por un dibujo que publicó en Instagram en un momento que atravesaba mucho dolor. “Estaba en mi noche más oscura en ese momento”, recuerda.

Separación, situaciones difíciles, sin dinero. “Tengo que sacar esto”, se dijo a sí misma sobre lo que sentía en su interior y así fue como nació su serie llamada Pain(t), un juego de palabras entre “pintar” y “dolor en inglés”, compuesta por catorce obras y once poemas. “A través del arte me desahogo”, indica.

Una de las obras que llegó a ser expuesta en el Salón Internacional de Arte Contemporáneo Art Shopping del Carrousel du Louvre en aquel entonces era un corazón sangrante en un pecho. “No todo el mundo quiere eso en su casa”, admite sin problema.

Obra de la serie Pain(t). Foto: Gentileza de Silvana de Armas

Obra de la serie Pain(t). Foto: Gentileza de Silvana de Armas

Sus obras no son decorativas. Son viscerales, explícitas, incómodas. “Lo que yo hago es simple porque no utilizo mucha técnica, y quizás impactante porque no es agradable a la vista”, explica Sibu.

Estudió arteterapia en España, y eso le dio herramientas para entender lo que hacía. “Pinto desde la emoción. Y una vez que pinto y veo cómo me sentía en ese momento, puedo de alguna manera elegir transformarlo o elegir transitarlo hasta que se transforme por sí solo”, agrega.

He(art) y el regreso al louvre

Este año, Vivemos Arte la volvió a convocar porque quería que Sibu participara en el Carrousel du Louvre en París. Ella, en pleno impasse californiano, dijo que sí. Se puso a pintar de nuevo. Esta vez desde otro lugar.

La nueva serie se llama HE(ART), un juego entre “heart” (corazón) y “art” (arte). “Viene de otro proceso creativo, desde un lugar de reencuentro, desde un lugar más amigable conmigo misma y con otro”, explica sobre la colección.

La serie, compuesta por cinco acuarelas, incluye la obra que se llama Homecoming (volver a casa), “pero no solamente desde el reencuentro con otro, sino desde el reencuentro con uno mismo, de aceptarse, de saber desde la madurez y desde el cariño”, explica. La otra que también irá al Louvre se llama Mindfog, una pieza que surgió de un día en que no podía pintar y se sentó igual.

“Yo no sé si quiero que la gente tenga colgada una original mía, de una emoción tan privada. ¿Quién va a tener esa emoción mía colgada en su casa? ¿Realmente siente lo que estoy sintiendo?”, cuestiona al ahondar sobre cuál es la finalidad de su arte.

Obras de la serie HE(ART). Foto: Gentileza de Silvana de Armas

Obras de la serie HE(ART). Foto: Gentileza de Silvana de Armas

Después del Louvre, irá al Miami Art Week en 2027, al que también fue invitada. Mientras, ella está intentando soltar un poco el peso dramático que deposita en sus obras.

“Ahora estoy con un proyecto de sacar más arte desde la imaginación, no solamente desde la emoción. Crear más imaginativamente sin ponerle el peso dramático de la emoción, porque yo he sido muy dramática”, comenta y se ríe.

URUGUAY siempre presente

A Uruguay volvió en 2013 con la banda, en 2018 para cerrar etapas, y en 2024. Cada regreso fue distinto. Salió enojada del país, cansada de trabajar sin progresar, y con los años fue entendiendo que la cosa era más compleja.

No romantiza el proceso ni le carga la culpa a nadie. “No todo el mundo tiene las mismas herramientas ni las mismas posibilidades. Yo nací en un pueblo del interior que casi nadie conoce”, indica Silvana, y agrega: “También siendo mamá tan joven, las posibilidades merman, porque uno tiene que priorizar la educación de sus hijos, poner la comida en la mesa, salir adelante”.

¿Hubiese tenido las mismas oportunidades si se quedaba? “No, desafortunadamente no”, responde sin dudar.

“A mí me brindó mucha posibilidad el irme porque había más oportunidades, había más facilidad de trabajo. No tuve oportunidad de estudiar o tener una carrera universitaria, pero siempre estuve dispuesta a aprender y a mejorar en lo que podía dar”, afirma.

Y aun así, Uruguay no se fue. “La mayoría de mis afectos y mis memorias de la infancia están en Uruguay. Aprendí que el hogar está dentro de mí, porque al final uno se va moviendo y todo lo que habita dentro de uno es lo que va acompañándote en el camino”, explica. El que se va, aunque acumule acentos ajenos, no suelta la esencia. En el nido californiano, una pequeña Sibu de Armas de Migues se sigue colando entre los lienzos.

“Agradezco mucho la niña que fui, la adolescente que fui y la fuerza que siempre me sacó adelante de todas las situaciones. Puedo decir que sí, hay algo de mi ser que me permite decir: ‘Yo puedo, yo valgo, y aquí estoy, me lo merezco’”.

Por Avril Andrés
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