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Hola, Susana

De Artigas a peinar a Natalia Oreiro y Susana Giménez: la historia de Diego Alfonso

Con 21 años dejó su pueblo, atravesó incertidumbres y construyó una carrera que lo llevó a las alfombras rojas y a grandes producciones.

23.08.2026 13:30

Lectura: 9'

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Por Agustín Bassini
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Diego Alfonso tiene 44 años y hace más de dos décadas que vive en Montevideo. Llegó desde Artigas, “del campo, a 100 kilómetros de la ciudad, un pueblo llamado Baltasar Brum”, con 21 años, un bolso y muchas ganas de cambiar de vida. Hoy es uno de los peluqueros más reconocidos del país, con un nombre que se transformó en marca personal y una clientela que incluye desde vecinas de barrio hasta figuras como Natalia Oreiro y Susana Giménez. 

Alfonso habló con Montevideo Portal y comenzó presentándose como alguien que dedica gran parte de su vida al trabajo. “Para vivir de lo que te gusta tenés que trabajar mucho, siento que son muy pocas mis horas fuera del trabajo”, dice.

El arranque: necesidad, no vocación

“Mi vínculo con la peluquería empezó por necesidad. No te lo voy a romantizar como que fue por amor”, admite sin rodeos. “Hay gente que me dice: 'Ay, cuando eras chico vivías jugando a esto'. Y yo digo: '¿Qué me dicen?' Si yo no soñaba con ser peluquero. Es un bolazo”, comenta entre risas.

Primero probó con la cocina, pero no funcionó. Después agarró la peluquería. “Yo creo que a uno no le gusta lo que no sabe hacer hasta que aprendés a hacerlo. Y de repente te funciona. Hoy no puedo creer que me encante tanto la peluquería”.

Cuando se vino para Montevideo no sabía si iba a poder pagar la residencia al mes siguiente.

Compara su experiencia con la de un amigo suyo, Tavo García, oriundo de Tacuarembó, que hizo el vestuario de la serie de Moria Casán que se estrenó recientemente. “Le mando un mensaje y le digo: 'Pará, qué loco. Me imagino vos viniendo de Tacuarembó, cuando te tomás ese bondi y decís ‘me cambio la vida’. A mí me pasó. Me armé un bolso y me vine a Montevideo con nada. Muchas ganas y muy poco para poder cumplir todas esas ganas”, rememora.

Natalia Oreiro: exigencia y generosidad

La primera vez que peinó a Natalia Oreiro fue cuando ella venía de grabar la serie Nasha Natasha, con el pelo rubio. “Venía con varias cosas. Yo la veía y decía: '¡Pá!, qué responsabilidad'. Cuando alguien que se conoce tanto te dice 'quiero esto', vos tenés que responder con eso. Es una persona que se sabe peinar, se sabe maquillar. Entonces vos tenés que saber que estás a la altura o demostrarle que estás a la altura”.

Destaca que Oreiro es exigente, pero también “una de las personas más generosas y respetuosas que he conocido”. “Es exigente, pero al mismo tiempo yo nunca aprendí tanto como con ella. Te aclara: 'No, esto no es lo que quiero'. Y me encanta, porque ahí es donde vos te desafiás a mejorar y a aprender constantemente”.

Con los años, la relación laboral se convirtió en amistad. “Los artistas que trabajan, vos pensás que tal vez pasan más tiempo con la gente que trabaja con ellos que con sus amigos. Entonces termina siendo ese círculo social. Me pasa en mi trabajo también. Imaginate en un rodaje. Te estás grabando una temporada de Got talent que son meses de audiciones. Todos los días la primera persona que ves cuando te levantás temprano para el rodaje es ella: pelo, make-up. Entonces de alguna manera todo se transforma en familia”, comenta.

El día que llamó Susana Giménez

Otra de las experiencias que recuerda con gratitud es cuando lo convocaron para peinar a Susana Giménez en plena época de covid, para la serie Porno y helado. “Susana es Susana. Entro a la Mori y de repente era Susana arriba de las escaleras. Todo lo que me había imaginado sucedió”, cuenta.

Pero lo más bizarro vino después. “Yo estaba cortando en la peluquería y de repente —viste que antes las llamadas de WhatsApp se abrían con la foto en redondel— miro mi teléfono y se abrió una foto de una rubia que era Susana. Y dije: '¿Quién es el ridículo que se pone la foto de Susana Giménez para llamarte por WhatsApp?' Y atendí: 'Hola'. Y me dice: 'Hola, Diego'. Y vos reconoces la voz de Susana. Y yo le digo: 'Hola, Susana'. Y me empecé a reír. Me daba mucha vergüenza. No le podía hablar de tanta tentación”.

Después vinieron las referencias a las dos de la mañana. “No sé si duerme. Pero mandándote fotos de lo que le gustaba, de lo que quería, de cómo quería verse”. Sobre el trabajo con ella, dice: “Es muy sencilla, muy amorosa. Hay personalidades que son muy sencillas. Su imagen ya es tan general, es un ícono. ¿La vas a cambiar? Siempre va a arreglarse de la misma manera. A Susana Giménez no te la imaginás con una peluca. Sabés que siempre es algo para show. Pero ella va a ser siempre esa rubia de pelo voluminoso que estuvo en la tele”.

Alfombras rojas y momentos surrealistas

Alfonso acompañó dos veces a Natalia Oreiro a los premios Emmy en Nueva York y también a los premios Platino en España. “Es la persona más internacional que tiene Uruguay, en lo que tiene que ver con la actuación, como actriz o cantante. Tenés a Jorge Drexler, sí, tremendo artista. Pero en la rama femenina, eso que te da esa espectacularidad de artista, es Natalia”, afirma.

Recuerda una entrada a una alfombra roja en Nueva York: “De repente, ves que hay colas de rusos gritando. Eso tal vez no sucede en Uruguay porque el uruguayo es muy tranquilo en todo eso. Pero es muy loco poder acompañar a una persona de mi país que está haciendo eso. Y que de repente hay un montón de gente allá afuera que la reconoce”.

El año pasado estuvo con ella en Madrid y había gente en el hotel desde Israel, Polonia… “Vos decís: qué impresionante y al mismo tiempo qué divertido. Yo pienso en mí. En Baltasar Brum, estaba hace 30 años jugando en el campo, andando a caballo. Y de repente estoy poniéndome un traje para acompañarla en una alfombra roja, donde había un montón de gente famosa o gente que yo veía por tele y que nunca me imaginé que podía estar ahí”, dice con una sonrisa.

El miedo que nunca se va

“El miedo lo tenés siempre”, reconoce. “Yo antes no tenía nada más que el bolso que me traje para vivir acá. Hoy en día puedo tener otras cosas más, que son materiales, pero también todo es el día a día. Estás trabajando, estás con proyectos más grandes que requieren de mucho más esfuerzo y atención. Y si esos proyectos no funcionan, pueden ser devastadores”, agrega.

También confiesa que todos los días piensa en abandonar. No el oficio, aclara, sino “las ganas y el esfuerzo”. Trabajar con público es muy exigente. “A veces pasa que hay personas que te exigen o llegan con una expectativa, porque te ven peinando a Natalia Oreiro para una premier en Francia o acompañándola en premiaciones. Y la gente llega con esa expectativa. Pero después, claro, hay un montón de cosas que tienen que darse para que suceda todo eso”, señala.

Y pone el ejemplo de Natalia Oreiro: “No es solo el pelo. Es todo. Todo un conjunto, un combo. Entonces a veces hoy, con las redes sociales, con la inteligencia artificial, se percibe de una forma muy diferente. Y vos tenés que bajar a la realidad todo eso. Y a veces a la gente no le encanta que le digan las cosas. Pero bueno, es mi trabajo también”, comenta.

Hoy: de Got Talent a Yo, narciso

Antes de la entrevista, Alfonso peinó a Natalia Oreiro para el estreno uruguayo de Yo, Narciso, la película en la que actúa junto a Adrián Suar. “Natalia viene con un cambio de look para el estreno, porque esa película se hizo hace un año. Ella en el medio grabó otra serie. Y de repente, bueno, a los estrenos cambiamos de look”. Explica que nada es al azar. “La película tiene un formato, hay una idea de colores que vas a verlo en todo el estreno. Todo está estudiado. Nada va al azar. No es que traje esta ropa y me la puse. Todo está pensado, porque hay un montón de gente, estilistas profesionales trabajando, hasta en la colorimetría. Lo que se va a usar para un estreno”, cuenta.

Antes de cada evento, hay coordinación entre todos los profesionales: estilista de Buenos Aires, maquillador, peluquero. “Probamos lo que llega, la ropa. Hay una conexión de todos los colegas que trabajan en el área. Sabemos que esas fotos van a salir en revistas, en portales. Es la imagen de alguien lo que estás cuidando. Entonces, a la hora de las notas con el maquillador nos sentamos, vemos que las luces peguen bien en la figura para que se vea bien. Porque al final del día el trabajo es de todos. La cuidás a ellas, y nos cuidan a nosotros”, apunta.

El pánico de la primera vez en Nueva York

La primera vez que trabajó en la Fashion Week (semana de moda) de Nueva York sintió pánico. “Llegué y de repente no encontraba lugar para sentarme ni nada. No me daban el lugar. Imaginate que son 40, 50 peluqueros más el doble de maquilladores. Y lo que tiene allá es que peinas a una modelo por desfile. No es que hacés dos o tres. Acá en Uruguay somos tres peluqueros para 50 personas. Allá es al revés. Son muchos profesionales para pocas modelos”, recordó.

Un colega le explicó la dinámica: “Venite muy temprano, agarrate el lugar, no te lo van a dar. Venís, te sentás y que nadie te corra de ahí”. Fue cinco temporadas a trabajar a Nueva York. “La segunda temporada ya llegaba temprano, trataba de ponerme al lado de la persona que estaba al frente para tratar de peinar más. O por lo menos que me tocara una modelo. Era muy competitivo”, concluyó.

Por Agustín Bassini
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