Seré curioso

Damián De Alava, el coiffeur que intenta que su peluquería no sea “un carro de panchos”

Empezó a trabajar como ayudante de peluquero a los 15 años. Hoy tiene siete locales donde sus clientes viven una “experiencia”.

23.05.2026 08:00

Lectura: 12'

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Por César Bianchi

Damián De Alava (53) es licenciado en Relaciones Internacionales. Sin embargo, nunca ejerció. Siente más su oficio de toda la vida que su carrera universitaria. Es peluquero, y se fue haciendo empresario. Como propietario tiene dos peluquerías para hombres, dos para mujeres, y una cafetería, emplea 50 personas —casi todas mujeres— y busca llegar a la excelencia no solo con sus cortes, sino con una masita, café o refresco, o un whisky de cortesía.

Damián “mamó” el oficio cuando era quinceañero y necesitaba conseguir algo de dinero para ayudar a su familia. Se maravilló con una peluquería de barrio y no lo dudó: era su vocación. Hoy lo visitan empresarios, políticos y comunicadores, desde Jorge Barrera al ministro Gabriel Oddone o el senador Martín Lema, de Federico Buysán y Diego Jokas a Ignacio Álvarez o Rafa Villanueva, a quien por estos días visitará para cortarle el pelo en la casa. Muchos de sus clientes le piden que disimule las canas. Muchas mujeres son “más difíciles” de contentar, según él.

Lejos de sentirse amenazado por las barberías que pululan en las calles montevideanas, De Alava —propietario de las marcas Urban Cut y Cute Cut— dice que éstas apuntan a otro público, y él no las recomienda. “Las barberías son un carro de panchos: sin higiene, sin lavarte la cabeza… Salen todos con el mismo corte. Tres semanas de curso y a cortar”, dijo. Para él, el aspecto personal “es todo”.

Foto: Javier Noceti/Montevideo Portal

Foto: Javier Noceti/Montevideo Portal

¿Quién sos?

Mi nombre es Damián de Alava. Soy peluquero desde los 15 años, tengo 38 años de profesión. Estoy en esto desde que, en la peluquería, como en todos los oficios, se aprendía en la vuelta, trabajando. Me preparé, estudié Administración de Empresas, soy licenciado en Relaciones Internacionales, soy padre de dos hijos, y soy bastante emprendedor.

Arrancaste a los 15 años como ayudante de peluquero. Pero fue en una peluquería como pudo haber sido ayudante de odontóloga… ¿O sí o sí querías arrancar en una peluquería?

Yo tenía hermanos más grandes, y mis hermanos iban a peluqueros más exclusivos, en cambio yo iba al peluquero del barrio, y les servían Coca-Cola, y estaban como en una tarima, yo los veía como si fueran: “Wow”, algo por encima de la media. Empecé en una peluquería que se llamaba “Eduardo”, en Río Negro y Canelones, trabajábamos más de 30 personas. Era brutal.

“Mi primer negocio fue un gimnasio, que tuve durante 10 años. Combiné gimnasio, peluquería y el liceo nocturno. Siempre estuve dedicado a lo estético. Me parece que la presentación de la persona es importante”

Ahí, ¿fuiste peluquero o ayudante de peluquero?

Arrancabas como ayudante, después aplicabas tinta, después hacías brushing, y a los cinco o seis años empezabas a hacer un corte. No era como ahora, que a los tres meses, seis cortes, un cursito y ya quieren abrir su peluquería. Paralelamente, hice el liceo nocturno, en Andes y Canelones.

¿Necesitabas el dinero o fue una forma de hacer tus primeros pesitos para comprarte tus cosas?

No, necesitaba dinero. Mi viejo se enfermó, se topeaban las jubilaciones y, bueno, se redujo bastante el dinero de su familia.

¿Fue el destino o había un inicio de vocación en cortar el pelo? Porque, para hacer tus primeros mangos y ganar independencia económica, pudiste haberte dedicado a cualquier otra cosa...

Siempre me dediqué a lo físico. Mi primer negocio fue un gimnasio, que tuve durante 10 años. Combiné gimnasio, peluquería y el liceo nocturno. Siempre estuve dedicado a lo estético. Me parece que la presentación de la persona es importante.

Pero nunca dejaste de estudiar, ¿cierto?

Nunca dejé de estudiar. Estuve como 20 años en facultad, entre Administración y mi graduación en Relaciones Internacionales.

Si hace algunos años eras varón y decías que querías ser cocinero, enfermero o peluquero, seguramente te miraran con cierto prejuicio. ¿Por qué cambió eso? ¿evolucionamos como sociedad o qué pasó?

Siempre me banqué esa broma, siempre me reí, siempre la utilicé. Trabajé con compañeros gays, la mitad de mis compañeros de toda la vida, y conviví en una cierta temporada en Punta del Este. Nací con eso, nunca me molestó y nunca le presté tanta atención.

“Creo que tengo gente de todos los ámbitos y es gente exitosa. Me decís un economista y bueno, va Oddone, me decís un periodista deportivo y te digo que va Buysán. Me decís canal 4 y tengo a varios de ustedes, y al conductor del informativo. No tengo al que conduce un programa de cumbia”

¿Hubo una profesionalización del oficio de peluquero?

Hay un grupo que somos cada vez más rigurosos, más profesionales, más empresariales. Y hay otro grupo, como el caso de barberías o cosas así.

¿Qué diferencia hay entre coiffeur y peluquero? Suena mejor coiffeur, como con más prestigio, y más artesanal peluquero...

Naaa, coiffeur y peluquero son dos lindas palabras.

Los uruguayos, ¿le damos más atención a la atención estética y el cuidado masculino?

Cada vez más. Por los tiempos que corren, por la información que hay, porque uno se ve mejor. Lo que sí se sabe es que nunca vamos a llegar al número de la estética femenina. No estamos ni cerca. En algún momento las transnacionales se pensaron que íbamos a estar cerca de ese número, que los hombres íbamos a estar como las mujeres, pero no.

¿Sos “el peluquero de los famosos”?

Mmmm, no sé si es un privilegio ser el peluquero de los famosos. Creo que tengo gente de todos los ámbitos y es gente exitosa. Me decís un economista y bueno, va (el ministro de Economía, Gabriel) Oddone, me decís un periodista deportivo y te digo que va (Federico) Buysán. Tengo clientes que son líderes, pero no podés atender a todo el mundo. Me decís, ponele, canal 4 y tengo a varios de ustedes, bueno, tengo el conductor del informativo (NdeR: se refiere a Jaime Clara). No tengo al que conduce un programa de cumbia. Creo que está bien segmentado y tiene que ser así.

¿Y qué te piden los famosos uruguayos? ¿Qué valoran, qué reclaman?

Un corte moderno, un corte diferente, un corte más estilo italiano. No un corte de barbero ni de rasurar. Se trabaja mucho con el camuflaje de canas, con reflejos.

¿Has notado un incremento en el implante capilar entre los varones que llegan a tu negocio?

Sí, sí…

¿Y a qué se debe?

Es accesible, no hay prejuicios, quedan bien.

¿Hay una saturación del sector peluquería o hay trabajo para todos? ¿Es un sector atomizado?

Sí y no. Hay mucho laburo, la gente se atiende cada vez en menos espacio y cada vez hacen menos cortes en la casa. Eso hace que haya laburo para todos y la gente va más rápido a la peluquería.

¿En qué buscás destacarte o distinguirte vos? ¿En el corte en sí, o en la atención?

Es un todo, es un todo. No dejar nada librado al azar.

Hay como una moda de las barberías (en realidad, vos me dirás si es una moda o no). ¿Amenazan a los peluqueros, o no?

Llegaron para quedarse y para mí, no amenazan. Es cumbia.

¿Cómo “es cumbia”?

Cumbia: tres notas.

Una vez, en confianza, comparaste algunas barberías con un tipo de comida, y el trabajo de algunas peluquerías con el de otra comida, más cara y menos popular. ¿Se puede contar?

Sí, las barberías son un carro de panchos: sin higiene, sin lavarte la cabeza… Salen todos con el mismo corte. Tres semanas de curso y a cortar.

Sé que ofrecés café y masitas, gratis, a tus clientes, mientras esperan su turno. ¿Esto lo viste en otro país y decidiste aplicarlo, o viste que otros peluqueros uruguayos lo hacían y decidiste copiarlo?

Eso lo hacíamos en la peluquería que te conté, en la que trabajé cuando tenía 15 años. Pero se hacía en ocasiones especiales como Navidad, como Día de la Madre. Y dije: “¿Por qué no hacerlo todos los días? ¿Por qué no recibir a la gente siempre así?” Y hace 20 años con Cute Cut arranqué y no paré.

Hay un eslogan que hoy se escucha en muchos lados que dice: “Vivir la experiencia”. Y es un eslogan que usé hace 19 años y medio: “Viví la experiencia Cute Cut”. La experiencia era eso: un masaje capilar, una coca, un whisky. Se tomaban seis botellas de whisky por mes en mi peluquería.

¿Gracias a qué género obtenés más ingresos: gracias a las mujeres o a los hombres?

Gano más con las mujeres. El 80% de la facturación es con las mujeres.

“Hay un eslogan que hoy se escucha en muchos lados que dice: 'Viví la experiencia'. Y es un eslogan que usé hace 19 años y medio: 'Viví la experiencia Cute Cut'. La experiencia era eso: un masaje capilar, una coca, un whisky. Se tomaban seis botellas de whisky por mes en mi peluquería”

¿Y qué te piden las mujeres?

 Ah, son peleadoras. Es bastante complicado atender a las mujeres. Hay mujeres que todavía no entienden que una manicura está libre, y viene una persona a hacerse el color y tienen que esperar. Porque tienen que hacerse el color y la colorista está ocupada, y viene otra persona al minuto y se va a hacer manos y pasa primero. Es difícil. Yo vi mujeres peleándose por la revista Caras en una de mis peluquerías.

“A mí me gusta cortarle el pelo a gente inteligente, independientemente de su educación o sus estudios”, le dijiste a la revista Noticias (Uruguay). ¿Cómo es eso?

Lo que te dije hace unos minutos: los clientes míos están destacados. En economía, en empresas, en el periodismo y la comunicación, son profesores, médicos. Yo atiendo 50 o 60 periodistas. ¿Son todos? No. Es un segmento, es un nicho. La mayoría de los periodistas que vienen conmigo se dedican a la economía, a lo político… Son un poco más inteligentes que el resto.

¿Pero qué tiene que ver eso con el corte de pelo?

Va decantando la conversación, va decantando el estilo de corte que usan. Se va eligiendo ese ambiente. Encontrarse en ese ambiente.

En esa misma entrevista, de 2019, dijiste: “Yo intento no hacer cortes planchas. Les digo a los jóvenes que se lo replanteen y no se hagan el mismo corte que el que anda robando”. ¿Esto no es estigmatizar a una persona por su corte de pelo?

Volvemos a lo mismo. Y bueno, sí, yo creo que el aspecto es todo. Por eso yo estoy tan convencido de que el aspecto y el corte de pelo en el marco de la cara es importante.

¿No te parece que estás estigmatizando?

Puede ser. Todos lo hacemos, todos lo pensamos.

Supongo que tu peluquería, Cute Cut, también es un sitio de confidencias. ¿Cuál es tu actitud ante algún secreto o desahogo que llega a tus oídos? ¿Escuchás y no opinás, o das tu opinión sobre episodios que te cuentan?

Escucho y ayudo. ¿Cómo? Con un contacto, por ejemplo. Está el caso de Rafa Villanueva, estuve al lado de él desde el principio.

A propósito, sos amigo personal de Rafa Villanueva, quien comenzó siendo tu cliente. Lo que le sucedió ha despertado todo tipo de comentarios en redes sociales, desde solidarios y empáticos a viles y crueles. ¿Qué reflexión te merece?

Empezó siendo cliente. Lo conozco desde que hacía Planta Baja (canal 12), hace 25 años. Con un cliente podés ir a comer algo o tomar algo, con otros no. Me entristece… Fue una desgracia para dos familias. Y me entristece mucho lo que le pasó. Por suerte lo vi la semana pasada con una actitud muy buena, muy mejorado y va a salir adelante. Debería pagar también la gente que está haciendo las cosas mal.

Más temprano hablamos de los estudios. Vos te recibiste hace 13 años de licenciado en Relaciones Internacionales, pero nunca ejerciste. Si no te interesa ejercer tu título universitario, ¿por qué recibirte? ¿Para dejar contenta a tu mamá, o para tener el “cartoncito” enmarcado?

Para todo… En un momento quería representar alguna marca, alguna cosmética, y vi que existía una triangulación importante, cosas ilegales, y decidí no meterme.

“Me entristece mucho lo que le pasó a Rafa (Villanueva). Por suerte lo vi la semana pasada con una actitud muy buena, muy mejorado y va a salir adelante. Debería pagar también la gente que está haciendo las cosas mal” 

Hoy tenés tres peluquerías de mujeres, tres de hombres y una cafetería. ¿Cuándo creció aquel adolescente ayudante de peluquero en este coiffeur y empresario?

Creció mucho, pero sigue peleando y sigue con miedos.

 ¿Hoy sos más empresario que peluquero?

No, miti-miti. De mañana empresario y de tarde peluquero.

 Y como saxofonista... ¿sos un gran peluquero?

Jaja, sí.

Sos padre de Juan y Federico. ¿Cuál es la mayor enseñanza que les has dado a tus hijos?


Que se alejen de la peluquería. Se están por recibir los dos de ingenieros.

¿Pero cómo? Amás tu oficio, te dedicás a eso desde hace décadas y te permitió crecer económicamente, y le recomendaste a tus hijos que se dedicaran a otra cosa. ¿Cómo se entiende?

Es que esto es muy sacrificado y depende 100% de lo físico, y los años te pasan factura. ¿Sabés cuánto pago de BPS y DGI por mes? Dos millones de pesos. ¿Sabés con cuánto te jubilás en un comercio hoy? Unos 40.000 pesos. Es muy triste. En el rubro “industria y comercio” es complicado.

El lector dirá: “Bueno, factura muy bien, le va muy bien”.

Sí, facturo como ocho millones de pesos por mes, y tengo 50 empleados.  ¿Y te parece que dándole trabajo a 50 personas —y hablamos de feminismo, porque 40 son mujeres que bancan su casa, porque las mujeres que trabajan en la peluquería bancan su casa—, que te jubiles con 40.000 pesos?

¿Sos feliz?

Sí. Muy.

Por César Bianchi