Contenido creado por María Noel Dominguez
Entrevistas

Contra todos y todas

Daiana Abracinskas: “La Justicia no puede regirse por dogmas ni consignas ideológicas”

La periodista y abogada lanza una crítica al feminismo selectivo, las filtraciones y la falta de rigor en los procesos judiciales.

01.10.2025 08:58

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2025-10-01T08:58:00-03:00
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Por María Noel Domínguez

Daiana Abracinskas sabe que su nombre suele aparecer vinculado a polémicas. Ella, sin embargo, insiste en que no es una persona conflictiva. “Soy cero conflictiva. Pero cuando buscás respeto en espacios dominados por hombres, terminás forjando un carácter fuerte para que no te pasen por arriba”, sostiene.

Su trayectoria comenzó en el periodismo deportivo a fines de los noventa, en una época en la que —según recuerda— su rol inicial se reducía a atender los teléfonos y pasar los números de la radio. Con el tiempo, se transformó en la primera mujer en muchos años en comentar fútbol en Uruguay, un hito que no estuvo exento de resistencias. “Cuando relatamos un Uruguay-Bolivia con Karen Todoroff y otra colega, las críticas fueron feroces. El mensaje más repetido era: ‘Vayan a lavar los platos’. Eso muestra que el techo de cristal sigue vigente”, afirma.

Ese mismo espíritu de desafiar barreras la llevó a dejar atrás la zona de confort para dedicarse a la abogacía en el ámbito penal, otro terreno en el cual las mujeres son minoría. “En el derecho penal también cuesta el doble hacerse respetar”, subraya. Y admite que, de algún modo, busca esos espacios incómodos: “Lo cómodo es quedarse donde estás, pero alguien tiene que abrir camino en los lugares más difíciles”.

Feminismo y sororidad selectiva

Abracinskas se reconoce feminista, pero critica lo que llama una sororidad condicionada. “La sororidad es selectiva: funciona solo cuando escuchan lo que quieren oír. Para mí eso es una aberración”, dispara. En su experiencia, el disenso debería ser motor de crecimiento: “No creo tener la verdad absoluta. Crecemos en la discrepancia. Quien te muestra otra parte de la verdad te ayuda a verla más completa”.

Esa postura la enfrentó a fuertes cuestionamientos dentro del propio movimiento feminista. “El primer mensaje que recibí tras una audiencia en el caso de Valizas fue: ‘¿No hay congéneres que defendieran a los machos violadores?’. Era alguien a quien yo respetaba mucho. Hubiera preferido que me llamara para preguntarme por qué defendía ese caso. Al final, los jóvenes fueron absueltos en primera y segunda instancia, y nadie me escribió para decirme ‘vamos arriba, ganaste un caso de inocentes’”.

El desgaste de la doble defensa

Convertirse en abogada penalista implicó aceptar una carga doble. “Yo no solo defiendo al cliente en los tribunales. Termino defendiendo públicamente la causa. Y por eso nadie te paga”, reflexiona. Abracinskas ha sido atacada en redes y en los medios en distintas causas, como el caso Mauvezín, al cual finalmente decidió renunciar. “Había colegas hombres, pero a la que atacaban era a mí. Es mucho más fácil pegarle a una mujer que a un hombre”, asegura.

A pesar de ese desgaste, su motor sigue siendo la convicción: “No podría mirarme al espejo si no defendiera lo que creo que es real. Prefiero pagar el precio antes que ser hipócrita”.

Justicia, medios y filtraciones

Su mirada crítica se extiende también al rol de los medios de comunicación. Abracinskas admite que su pasado como periodista genera sospechas de ser fuente de filtraciones, algo que descarta tajantemente: “Yo no filtro nada, salgo y pongo la cara”.

Para ella, el problema no está en el trabajo periodístico en sí, sino en el origen de la información: “Cuando las filtraciones salen de Fiscalía es gravísimo, porque es el Estado el que está habilitando esas irregularidades. Otra cosa es un periodista que consigue datos: ese es su trabajo”.

Lo que cuestiona es la falta de rigor y el sesgo ideológico: “He visto a periodistas vender como verdad revelada filtraciones incompletas o malintencionadas. El periodismo no puede hacer política disfrazada. Si querés militar, hacelo, pero no desde un micrófono”.

En ese marco, critica las consignas dogmáticas: “He escuchado decir que ‘la víctima no miente’. Y eso es un error. Las personas mienten: víctimas, acusados, familiares. No es una cuestión de género”.

Un filtro personal y ético

Al contrario de lo que se espera de muchos abogados penalistas, Abracinskas reconoce que elige qué casos llevar. “No defiendo a alguien en quien no creo. Prefiero perder un cliente antes que no poder dormir tranquila”, dice. Esa postura, explica, tiene que ver con su vida personal: “Soy mujer, tengo amigas mujeres, tengo un hijo. No quiero violadores sueltos, ni quiero contribuir a que se dé esa imagen de los hombres”.

La necesidad de un cambio profundo

Abracinskas también apunta al sistema judicial y a la necesidad de pericias técnicas de calidad. “Hoy muchos informes se reducen a repetir lo que dice la denunciante, sin verificar nada. Eso genera una Justicia para ricos, que pueden pagar metapericias, y otra para pobres, que quedan indefensos. Necesitamos un Instituto Técnico Forense con profesionales capacitados y no ideologizados”, sostiene.

Rechaza conceptos como “violencia vicaria” o “síndrome de alienación parental”: “No existen, no tienen sustento científico. Usar tragedias para validar consignas es aberrante. Lo que hubo en el último caso fue un hombre muy enfermo, con problemas de salud mental, que arrastró a dos niños inocentes”.

Entre la abogacía y la vida personal

Consciente de que su rol la expone más de lo que quisiera, Abracinskas intenta reducir su presencia pública, pero sabe que su historia merece ser contada. “Estoy donde quiero estar, aunque implique desgastes. Mi motor es poder apoyar la cabeza en la almohada y dormir tranquila”, concluye.

Por María Noel Domínguez