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Tierra de nadie

Cuidacoches informales: el control ilegal sobre la cancha del Maeso y la omisión de la IM

Su terreno de juego fue ocupado dos veces por cuidadores sin autorización. La IM no intervino, evidenciando un problema de toda la ciudad.

25.01.2026 08:55

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2026-01-25T08:55:00-03:00
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Por Clemente Calvo
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Corría diciembre, y con él llegaba un aire de alegría, calor y euforia por el comienzo del verano, el cierre del año y, cómo no, las clásicas fiestas a orillas de la rambla de Punta Carretas. Una de las más populares, La Bajada, abrió sus puertas a las 15:00 del día 16 de diciembre, empezando a recibir las más de 60 mil personas que finalmente colmarían la costa montevideana.

A pocos metros del show del DJ Sanata, sobre un costado de la Facultad de Ingeniería, el Maeso FC se preparaba para una noche clave para el futuro del club: las elecciones dirigenciales y presidenciales. Cuando la música empezó a sonar en la rambla Presidente Wilson, la sede seguía desierta: faltaban unas horas para la votación y para la práctica de una de las categorías que jugaría ese fin de semana. La expectativa previa a la jornada electoral se interrumpió por un hecho inusual que alteraría los planes de los padres del club.

Enrico Rossi, padre de uno de los chicos que juega en el equipo, recuerda que todo inició a las 16:30, cuando un vecino, que también es padre de uno de los niños del club, escribió al grupo de WhatsApp. Las fotos y videos venían acompañados del siguiente mensaje:

—Che, ¿qué pasó con esto?

Aprovechando la gran afluencia de gente, dos hombres con chalecos similares a los que usan los cuidacoches aparecieron en la puerta de la cancha. A cada auto que pasaba por Julio Herrera y Reissig buscando un lugar donde estacionar para ir a La Bajada, los hombres le agitaban el chaleco, indicando que el Maeso tenía espacio. Ya dentro de las rayas de cal, los “cuidacoches” acomodaban los autos para aprovechar al máximo el lugar. Eso sí, cada estacionamiento costaba $ 500, un precio que muchos aceptaban sin objeciones, cansados de dar vueltas y desesperados por llegar a la fiesta.

Las imágenes de autos estacionados sobre la canchita dejaron a los padres boquiabiertos. Como el terreno es propiedad de la Universidad de la República (Udelar), el Maeso no puede realizar obras ni reformas sin la autorización del ente académico, tal como describió El País en un informe sobre los problemas de comunicación pasados entre el club y la universidad.

Por esta razón, el predio del equipo permanecía abierto las 24 horas para todo público. Para los padres, era habitual recoger las heces de perro dejadas por vecinos descuidados, pero nunca habían vivido algo así. La situación se replicaba en todo el barrio: había cuidacoches estacionando autos alrededor del estadio Luis Franzini y sobre los juegos del Parque Rodó, en zonas inhabilitadas.

Falta de respuesta

A pocas horas del entrenamiento, la cancha ya estaba ocupada por cerca de 80 autos. Sin mucho por hacer, los miembros del club comenzaron a llamar en simultáneo a la Intendencia de Montevideo (IM), denunciando que dos supuestos cuidacoches estaban estacionando vehículos en una zona prohibida. El gobierno departamental no ofreció ninguna solución.

“La intendencia lo que nos decía en ese momento es que, si está dentro de propiedad privada, no es competencia de ellos hacerse cargo, sobre todo del guinchado y de ir a multarlos”, comenta Rossi. Aun así, había un asunto por el que debían responder.

La IM cuenta con 627 cuidadores de vehículos autorizados para desempeñar la tarea de vigilancia de automóviles. El registro busca formalizar el oficio y también otorgarles a las autoridades departamentales una mayor autoridad en la vía pública. Desde enero de 2019, la IM dispone de un decreto que fiscaliza la actuación de cuidadores de vehículos, tanto de “registrados y/o intrusos”.

Cuando Enrico Rossi denunció la situación ante la IM, le indicaron que tomarían acción sobre los vigilantes: “Decían que se iban a encargar de los cuidacoches, que iban a ver ese tema. La realidad es que no hubo una respuesta desde ese punto de vista”, dice en diálogo con Montevideo Portal.

El gobierno departamental cuenta con inspectores que fiscalizan de manera periódica y aleatoria a los cuidacoches autorizados. Quienes poseen el permiso pueden elegir un máximo de tres lugares para trabajar, aunque tienen prohibido exceder las 12 horas de trabajo diarias. Tampoco pueden realizar otras tareas, como lavar autos, reservar lugares o cobrar más allá del ticket de estacionamiento tarifado. Las sanciones van desde una simple observación hasta la suspensión o baja definitiva del registro. Ahora bien, ¿qué ocurre cuando los cuidacoches problemáticos no están registrados en la IM?

“Yo creo que, en este caso, eran dos personas que vieron la oportunidad por la masividad de los eventos en la zona”, explica el padre. Desde Montevideo Portal se intentó comunicar con la alcaldesa del Municipio B, Patricia Soria, para consultarle sobre el conflicto puntual en el Maeso. También, con la prosecretaría de la intendencia, responsable de fiscalizar a los cuidacoches, para conocer más sobre los trabajadores regularizados y cómo actúa el gobierno departamental frente a los cuidadores informales. En ningún caso hubo respuesta.

La gente del Maeso también se contactó con la Policía, que acudió al lugar y logró correr a los cuidacoches, pero advirtió que no tenía autoridad para retirar los vehículos de la cancha. "Quedamos en un limbo: la IM decía que no tenía competencia porque era propiedad privada, y la Policía nos decía: ‘nosotros de acá no los podemos sacar’. Lógicamente, quedó en nada”, dice Rossi. La práctica fue cancelada. Al rato, los cuidacoches volvieron a aparecer.

Foto cedida a Montevideo Portal

Foto cedida a Montevideo Portal

Barajando opciones

“Quizás sea algo de una noche”, podrían haber pensado los miembros del Maeso. Pero tres días después, el viernes 19 de diciembre, la situación se repitió. Esa noche, quien se presentaba en la rambla de Punta Carretas era la banda Cumbia Club.

A diferencia de la tarde del martes, esta vez el club colocó una cadena en la entrada a la cancha para bloquear el ingreso. Sin embargo, la débil oposición no impidió que los cuidacoches cortaran la traba y volvieran a usar el predio como estacionamiento. “Se hicieron las denuncias de nuevo y demás, pero pasó lo mismo”, indica Rossi.

A partir de ese día, el acceso a la cancha tiene una barrera para impedir la entrada de cualquier persona ajena a la institución. “Eso no quita que mañana haya otro evento, venga un cuidacoche, te abra la barrera y te meta los autos de nuevo. Porque nosotros, hoy en día, no tenemos seguridad, no hay vigilancia en el predio”, explica Rossi.

Los dos incidentes llevaron al club a comunicarse con la universidad para explicar la situación: “Se le avisó a alguien de facultad para decir: ‘Che, mirá que nosotros no estamos haciendo uso del predio para cobrar’. Porque claro, la gente puede pensar que era el club que estaba usufructuando con el predio para sacar plata, y la realidad es que no teníamos nada que ver”, dice el padre del club. Ante la falta de respuesta por parte de las autoridades, a los directivos del equipo les quedó claro que deberían arreglárselas por su cuenta. La única opción que parece viable para evitar que esto vuelva a suceder es el cercado de la cancha.

Desde hace tres años, el Maeso tiene como objetivo remodelar su predio: dejar atrás la humilde canchita de tierra para instalar césped sintético y refaccionar la sede. En 2023, la anterior directiva del club, que tuvo rispideces con las autoridades de la Facultad de Ingeniería, presentó a las autoridades del centro educativo un proyecto de remodelación.

En su momento, la universidad respondió con una serie de requisitos para aprobar la obra: “A modo de ejemplo, uno de los requerimientos era el no cercado de la cancha”, admite Rossi. El problema es que, ante lo sucedido en diciembre y pensando en el mantenimiento de las posibles mejoras, el cerrado del predio es fundamental. “Si no sería como tirar la plata a la basura”, agrega.

La nueva directiva del Maeso reconoce que en el pasado se hicieron las cosas mal, y están dispuestos a elaborar desde cero un nuevo proyecto que siga los lineamientos de la facultad.

Según Rossi, desde el club están esperando para coordinar una instancia de diálogo con la universidad, cuando ambos retomen su actividad en febrero, y así aclarar las bases para una posible reforma: “Una de las intenciones nuestras es sentarnos y preguntar: ¿qué quieren que hagamos? ¿Dónde ubicamos esto? ¿Cómo? ¿Qué nos dejan hacer? ¿Qué no?”. A partir de ahí, la directiva elaboraría el plan de renovación del predio.

Eso sí, sin la posibilidad de cercar la cancha y, en vista de lo sucedido en diciembre junto a la ausencia de intervención de la IM, el proyecto no tendría pies ni cabeza.

Por Clemente Calvo
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