Creció en la extrema pobreza del Borro y hoy tiene un doctorado en educación emocional
Albana Sanz es uruguaya, pero hace 20 años está radicada en España. Es una experta multipremiada en educación emocional.
Por César Bianchi
@Chechobianchi
La historia de Carmen Albana Sanz (56) es la de Cenicienta de Perrault. Una niña que nació y creció en la extrema pobreza de Los Palomares del Borro, con un padre tuberculoso que solía estar internado en el hospital Saint Bois, y una madre que se ausentaba más de lo que estaba en casa y era víctima de depresión. Entonces, Albana y sus dos hermanos debían ingeniárselas para ir a la escuela solos, asearse y comer. Pero antes de comer tenían que conseguir algo para comer.
Por eso un día ella tomó un ladrillo, le hizo un hueco con un destornillador y le pusieron un rulo de resistencia para enchufarlo a la corriente. Fue ahí, con ese improvisado calentador, que ella y uno de sus hermanos pusieron a hervir agua y tiraron en la olla una cabeza de ajo, lo único que tenían para comer. Al ajo le pusieron un poco de sol, y listo. Cuando el agua hirviendo “hizo bailar” los dientes de ajo, ellos se mataban de la risa. Ese mediodía tomaron la mejor sopa que tomó Albana en su vida. Y ese recuerdo, imborrable en su memoria, sirve para ilustrar las “emociones” que la marcaron para forjar su temple en la adultez.
Es la misma niña que revisaba la basura para encontrar alguna fruta o verdura para comer, y que jugaba con latitas de atún en el gran basurero del barrio. Repitió segundo año de Primaria, y un día escuchó que su maestra no le pronosticaba un buen futuro porque entendía que “no le daba la cabeza”. Pronto supo que ella sería maestra, una buena maestra. Le agarró el gustito a la lectura, terminó la escuela, el secundario y comenzó a estudiar Magisterio.
Desde hace 20 años está radicada en Barcelona, a donde fue a acompañar a su esposo. Antes de revalidar su título debió ganar algo de dinero limpiando casas. Hoy tiene una maestría y un doctorado en educación emocional, y su CV registra varios premios como mejor docente de Cataluña y de toda España. De paso por su país natal contó su historia de resiliencia y explicó por qué es importante que los nuevos docentes apliquen protocolos que validen las emociones.
Foto: Javier Noceti/Montevideo Portal.
¿Quién sos?
Yo soy madre, abuela, soy amiga, soy profesora, soy investigadora, soy católica.
Naciste y te criaste en Los Palomares del Borro, un barrio malhadado, por decirlo de alguna manera. Creciste junto a dos hermanos, con escasos recursos en el hogar y dos padres con poca presencia en la casa. ¿Cómo fue tu infancia?
Yo he tenido una infancia feliz, eh. Lo que sí es cierto es que vivíamos con muchas escaseces, muchas necesidades. Sobre todo, provocado porque mi madre y mi padre se llevaban una diferencia de 25 años, y esto muchas veces provocaba que mi madre no estuviera muy presente. Entonces mi padre, que sufría de tuberculosis, generalmente estaba ingresado en el Hospital Sant Bois. Y cuando estas dos variables de alguna manera se juntaban, pues quedábamos solos. Y éramos tres niños, éramos muy pequeños: 5 años, 4 años, 7 años. Y mi madre, cada tanto, desaparecía. Y después volvía.
¿Y por qué desaparecía?
Cuando uno es pequeño, no se da cuenta. Sabe que algo no está bien, porque tú preguntas por mamá y no hay nadie, no sabemos dónde está. Con el tiempo te das cuenta que ella no estaba bien. Hoy por hoy, con las herramientas que tengo, puedo decirte que estaba pasando una depresión. Entonces, ella necesitaba escaparse, para después volver.
Pero había momentos en que siempre estaba muy presente, fundamentalmente en el verano. Después me di cuenta que tenía que ver con el sol, el verano, que motiva mucho a las personas. Pero después había momentos en que desaparecía. Y creo que la soledad es una de las cosas: el sentirse solo, más que nada, que te levantas y no tienes a nadie al costado. Es muy difícil. Porque de repente nos dolía una muela y no había nadie. Tenía que buscar a mi vecina al otro día, porque no me atendían en la policlínica (tenía que ir con un adulto referente). Y como el adulto no estaba, le pedía a mi vecina que fuera conmigo.
Entonces, cuando no hay un sostén en la familia ni una persona que te acompañe, te sientes muy solo. Un día, un periodista me preguntó qué era lo peor que me había pasado, si lo peor había sido la necesidad que pasé, el hambre. Y no es la necesidad, porque el hambre, bueno, uno se hace experto en esperar para comer después. Pero la soledad, la soledad es muy puñetera. El sentirte solo, el saber que no te espera nadie en casa, el saber que nadie está por ti, que no hay una persona de sostén ni de referencia. Es complicado. Creo que la soledad es lo más duro que he pasado.
Sé que pasaron hambre tú y tus hermanos, pero que se las ingeniaban para conseguir alimento como fuere...
Cuando tú eres muy pequeño, te conduces en la vida como los que ves que tienes a mano. Entonces, si cuando íbamos no había nadie, entonces ¿qué hacíamos? Bajábamos las escaleras, porque vivíamos en la primera planta y siempre había algún vecino que algo te daba, pero cuando ese vecino no te daba nada, pues corrías, cruzabas la calle y estaban las canteras. Las canteras eran como grandes espacios donde los camiones de la ciudad recogían la basura de toda la ciudad y la tiraban ahí. Y, bueno, muchos niños como yo, jugábamos ahí entre la basura… Empecé a observar lo que hacían otros y otros cogían un palo y revolvían la basura y si había algo ahí, mirábamos las condiciones en las que estaba, quitábamos lo que no estaba, que lo que estaba feo, y comíamos lo otro.
O sea, ¿comían de la basura?
Comíamos de la basura, sí. Comíamos de la basura. Y luego, mis hermanos y yo, descubrimos que si recogíamos mucho papel o recogíamos las botellas de Manzanares, que antes eran de cristal, y las vendíamos en el depósito o recogíamos cobre, nos daban dinero. Y rápidamente aprendimos lo que era comer, lo que salía la comida y cómo cocinar.
“Comíamos de la basura. Y luego descubrimos que si recogíamos mucho papel o botellas de vidrio de Manzanares, y las vendíamos en el depósito o recogíamos cobre, nos daban dinero. Aprendimos lo que era comer, lo que salía la comida y cómo cocinar”
Hay una anécdota de cómo cocinaron una cabeza de ajo de una forma muy rudimentaria. ¿Cómo fue eso?
No sé si te acuerdas, pero nosotros antes teníamos el primus. Entonces el primus funcionaba con querosén. El querosén salía caro, no teníamos dinero para querosén. Pero observamos que en otras casas cogían un ladrillo y lo hacían con unos destornilladores, con unas canaletas y metían una resistencia adentro. Y nosotros lo hacíamos, teníamos 7 años. Eso lo metíamos en la pared, porque teníamos corriente eléctrica, y metíamos una olla con agua. No había nada en ese momento para comer. Lo que sí observamos es que en la nevera (heladera) había una cabeza de ajo. Entonces, metimos la cabeza de ajo y un poco de sal. Y estábamos con mi hermano, los dos, como que estuviéramos aquí detrás de la olla. Y cuando el agua comenzó a hervir, nos empezamos a reír, porque aquellos ajos se desgranaban y parecía que estuvieran bailando en el agua caliente. Y echamos un poquito de sal ahí. Y esa noche comimos una rica sopa de ajo.
O se iban hasta el Mercado Modelo…
Sí, íbamos caminando. Porque claro, dentro de lo que es la pobreza hay una estratificación de la pobreza también. Es decir, hay gente en hogares pobres que tiene a la madre presente. En el caso de nosotros, éramos los más pobres de los más pobres. No había Reyes Magos, no había cumpleaños, no sabíamos lo que era el papel higiénico, lo que era pasta de diente. Nadie estaba con nosotros para explicarnos. Entonces cogimos un cajón de verduras y yo le puse un eje con un palo de escoba y lo até con alambre a dos rulemanes por los agujeros de las tablas de la caja. Y ese día salimos de ahí con mi hermano hasta el Mercado Modelo.
¿A pedir frutas y verduras?
Sí, porque nos decían que había un lugar donde tiraban frutas. La fruta que no estaba en buen estado de ser vendida, la gente la tiraba. Y esa fruta nosotros la tomábamos, y la comíamos. Entonces, como teníamos tanta necesidad, pasábamos tanta necesidad, que un día llené ese carro de verduras hasta que se desbordó de cosas que encontrábamos. ¡Pero estábamos felices! Nos sentábamos en el borde de la acera y nos reíamos y comíamos mandarinas y naranjas y bueno, parecíamos millonarios con la comida aquella.
¿Es cierto que repetiste segundo año de escuela, y escuchaste decir a una maestra que vos "no llegarías lejos" porque "no te daba la cabeza"?
Es verdad, es verdad. Y bueno, uno también la pasa mal, porque en ese momento yo sabía perfectamente lo que me estaba queriendo decir. Pero yo era incapaz de decirle a la maestra que a mí sí me daba la cabeza porque yo iba al mercado, requechaba, vendía en el depósito, sabía lo que valía el cobre, sabía lo que valía el cartón, las botellas de Manzanares...
Lo que pasa es que yo no sabía leer, no comprendía, no sabía que una letra tenía un sonido, que ese sonido sumado con otro sonido formaba una sílaba y que ambos formaban una palabra y que la palabra tenía un significado para un significante. Pues no lo sabía. ¿Por qué? Porque la lectura requiere un proceso mucho más abstracto del alumno con otras estrategias mentales y necesitas a una persona que te acompañe continuamente en el proceso de la lectura.
Sin embargo, terminaste Primaria, luego Secundaria, y después Magisterio. ¿Cuándo advertiste una vocación por el magisterio? Seguro que no fue a causa de esa maestra...
A veces es tan evidente la vocación de uno que ni la propia persona se da cuenta. En otros, demoras toda una vida para descubrir qué es aquello que te gusta, dónde encajás, cómo tienes que encajar. En mi caso particular, yo me acuerdo que iba a la basura, recogía las revistas, recortaba con tijeras, recortaba con los dedos las muñecas y las enganchabas un poco de engrudo o harina, y ahí les hablaba a las muñecas. Y les hablaba como si fueran alumnas. Yo ya estaba convencida que esto de poder enseñar me gustaba. Porque también piensa por un momento que un niño en un contexto tan vulnerable, la única persona extraña, diferente de su círculo, es la maestra. Es el referente. Entonces yo quería ser como ella, idealizaba ser como ella.
“La educación emocional es una acción educativa. Es continua, es sistemática, es evaluable. Tiene por objetivo el desarrollo de las competencias socioemocionales como elemento indispensable del desarrollo integral de un ser humano”
Tenés una maestría y un doctorado en educación emocional. Empecemos por el principio: ¿Qué debemos entender por educación emocional?
La educación emocional es una acción educativa. Es continua, es sistemática, es evaluable. Tiene por objetivo el desarrollo de las competencias socioemocionales como elemento indispensable del desarrollo integral de un ser humano.
La educación emocional es una acción preventiva. ¿Preventiva de qué? De determinados comportamientos de riesgo social, como son la violencia, las faltas de respeto, las conductas autolesivas, el suicidio, la depresión, la ansiedad. Todos aquellos comportamientos que en el fondo están vinculados, porque todo está vinculado al aspecto emocional, pueden ser reconducidos o pueden ser prevenidos con actividades de educación socioemocional en poblaciones sanas.
La educación emocional, que surgió más o menos por la década del 90, cuando comenzó a haber mucho material académico de divulgación en el ambiente. La educación emocional viene de unas teorías que estaban antes, de unos antecedentes que son la inteligencia emocional. La inteligencia emocional se llama el libro de Daniel Goleman (NdeR: psicólogo y periodista estadounidense), que es el que más impacto ha tenido en la sociedad, porque tiene un lenguaje muy cercano, muy ameno, que fue un best-seller en su época. La inteligencia tiene que ver con funciones de alta integración cortical, como lo son la memoria, la atención, la percepción, que nos encontramos en el prefrontal.
Nosotros hablamos de educación emocional. Es un concepto mucho más abarcativo, que tiene sus orígenes en la inteligencia emocional, pero que consideramos que todos pueden ser educados en las emociones, que las emociones se educan, se pueden hacer visibles en la escuela y se pueden regular en ambientes pedagógicos. Los maestros, cuando aplican la educación emocional, no son psicólogos, no se hace terapia con esto. Simplemente son actividades pedagógicas, así que, por ejemplo, actividades como, por ejemplo, enseñar a leer, están dentro de un modelo. Se utiliza la misma metodología, los mismos métodos, los mismos pasos, el mismo proceso que se ha sostenido en el tiempo para enseñar a educación emocional.
Vuelvo al episodio de esa maestra que no veía un futuro venturoso para vos... ¿Cuánto nos marcan las emociones y cosas que nos pasan en la infancia, en nuestra vida adulta?
Bueno, si hoy por hoy, si yo te digo: “Cierra los ojos y recuerda qué experiencias has tenido tú en relación a la educación”. Seguramente vas a recordar aquellas experiencias que te han impactado, tanto positiva como negativamente. No vas a recordar el docente que te enseñó las tablas de multiplicar o los ríos de Europa, te vas a acordar de aquel maestro o profesor que te impactó. Las emociones son como el pegamento del aprendizaje. Recordamos siempre aquello que va unido a una emoción.
Hay personas que marcan a los seres humanos para bien y otros que no. Hay personas y educadores que empujan el carro de vida de un ser humano y el carro sigue avanzando, y hay otros que rompen el eje y el carro no avanza.
Porque en los primeros años de vida de una persona se configuran sus estructuras neurológicas, ¿no?
Sí, correcto. En la primera infancia se desarrolla algo que se conoce con el nombre de apego. Y hay diferentes tipos de apego. Hay mucha gente que habla de muchas clasificaciones. La más sencilla es: desarrollamos un apego seguro, uno inseguro, que se puede dividir en ansioso o ambivalente, y un apego desorganizado. Depende del comportamiento que tiene el adulto con los requerimientos del niño es cómo se va a desarrollar el apego. Si vemos que tenemos un adulto que responde a lo que el niño está demandando, ya podemos hablar de un apego seguro. Por ejemplo, hay madres que piensan: “Yo lo tengo limpio, le doy de comer en sus horas y hago todo lo bueno por él”. Como cuando a veces le decimos a los jóvenes: “Yo te pago la luz, el internet, lo tienes todo”. Pero falta el vínculo.
En el vínculo es donde se genera el trauma, pero en el vínculo es también donde se cura el trauma. Los vínculos que se establecen en la primera infancia son fun-da-men-tales para determinar una vida, tanto escolar como adolescente. ¿Qué ocurre? Que si tenemos algunos de los otros vínculos que te hablé, del vínculo inseguro que se divide en dos —ansioso y ambivalente— o el apego desorganizado, el peor de todos para las criaturas… El apego desorganizado es aquel en que el niño no tiene un adulto de referencia, y no tiene un buen concepto del adulto, pero tampoco tiene un buen concepto sobre sí mismo. Entonces encontramos aquellos chicos que parece que no les duele nada, que igual pueden andar con un cuchillo y pueden matar a alguien y les da lo mismo.
Entonces el apego desorganizado es el peor… pero hay esperanza. ¿Por qué? En 1904 nuestro amigo Santiago Ramón y Cajal (NdeR: médico y ex senador en las Cortes Generales de España) descubre algo importantísimo para la humanidad, que es la neuroplasticidad cerebral. ¿Qué nos quiere decir la neuroplasticidad cerebral? Te lo voy a decir con una frase que está en su libro: “Todo ser humano, si se lo propone, puede ser arquitecto de su propio cerebro”. Él dice “todo ser humano”, no dice “el niño”, “la niña”, “el adulto”, “el anciano”. Todo ser humano que se proponga algo en lo cual pueda sostener esos procesos en el tiempo, ya sea solo —en mi caso fui sola, pero en compañía todo es mejor— se pueden lograr cambios. ¿Por qué? Porque la neuroplasticidad cerebral hace que se desarrollen los neurotransmisores y esos neurotransmisores son todas las experiencias nuevas que tenemos el leer. Funcionamos por circuitos eléctricos, las neuronas hacen sinapsis. En el único momento donde no hay un circuito eléctrico es cuando las neuronas se chocan entre sí, hacen sinapsis y hay una reacción química, pero todo lo demás es electricidad. Cuando un niño continuamente hace lo mismo, por ejemplo, hacer la cama (se levanta y hace la cama). Entonces, por suerte, todas las personas, no importa si seas niño, adolescente, adulto, todos podemos aprender. Se desarrollan nuevas conexiones neuronales diariamente.
“En el vínculo es donde se genera el trauma, pero en el vínculo es también donde se cura el trauma. Los vínculos que se establecen en la primera infancia son fun-da-men-tales para determinar una vida, tanto escolar como adolescente”
En una entrevista que diste a El Observador hace unos años, hablaste de “hambre, soledad y dolor” en tu niñez, cosas que también padecieron tus hermanos. Sin embargo, no todos se desarrollaron de la misma forma. Contaste que a tu hermana le hermana no había podido “levantar cabeza”. ¿De qué depende salir adelante de escenarios inhóspitos y de poco augurio, en definitiva?
Empecemos diciendo que una mano está formada por cinco dedos y todos son diferentes, pero todos pertenecen a la misma mano. Entonces, hay personas que desarrollan algo que viene ya de serie contigo que es la resiliencia. El cerebro aprende de las experiencias, el cerebro aprende de las experiencias cotidianas, del día, de lo que vive, de lo que hace. Creo yo que el tema de mi hermana fue que unos necesitan más contención, más cuidado, más cariño que otros.
Yo viví la misma historia que mi hermana y tuve la bendición de poder dar con la iglesia. En la iglesia hay alguien de referencia, hay alguien que te sostiene, están los sacerdotes, las monjas están contigo, te hablan: “¿Cómo estás?”, te muestran cariño y te vas con ellos. Y yo absorbía, yo era una niña muy tímida. Yo me veo ahora, y si me pregunto: “¿Cómo es mi niña interior?” Yo me veo muy tímida, muy retraída, observándolo todo, hasta que vas descubriendo que eres inteligente, vas aprendiendo cosas, vas descubriendo que vas conectando ideas, nombres, autores, que te van haciendo con mucha facilidad y te das cuenta que ahí está una fortaleza.
Yo creo que todo ser humano tiene grandeza y está llamado a la grandeza, no estamos llamados a la mediocridad. Depende de las experiencias cercanas que tengamos, estas personas son las oportunidades de crecimiento.
¿La lectura te salvó?
Sí, sí, sin duda. En los contextos muy vulnerables la música es una de las variables que hay y que existen en todo barrio: la música estridente, una cumbia, el otro no sé qué, y yo tenía que estudiar y se escuchaba todo lo que escuchaban los vecinos, porque teníamos cortinas en las casas y una puerta de chapa. Todo se escuchaba. Entonces, cuando aprendí a leer se me abrió un mundo impresionante porque podía imaginar, podía crear, podía evadirme de la realidad, aprendí nuevas palabras. Era muy curiosa, yo siempre tuve curiosidad intelectual. Con la lectura vas aprendiendo nuevas palabras, vas hablando. Aquí en este país no hay matrícula de honor, pero si hubiera matrícula de honor, yo hubiese sacado todas las matrículas de honor. Y estudié sin un libro, eh.
Solés citar el ejemplo de Alejandro Magno cuando llegó a Persia y a la titánica tarea de vencer a un ejército invencible. ¿Por qué? ¿Qué nos puede ilustrar ese ejemplo?
Alejandro Magno tuvo como maestro a un grande, Aristóteles. Y Aristóteles le mostró a Alejandro Magno los territorios conocidos en la época. Alejandro era un gran conquistador. Cuando llegó a la India, esas montañas que estaban ahí, que separaban lo que era Europa de Asia, Aristóteles le había enseñado que el mundo se terminaba ahí. Y el general que iba con él, su primer general, le dice: “Bueno, ahora tenemos que pegar la vuelta, porque ya nos enseñó Aristóteles, el mapa lo tenemos hasta aquí, y ya hemos recorrido todo esto hasta aquí. Ahora no hay más”. Entonces Alejandro Magno dijo: “No he llegado hasta aquí para no atravesar eso que tengo ahí”. ¿Qué nos ilustra? Que tenemos, muchas veces, que salir de nuestra zona de confort, porque lo que hay fuera de la zona de confort puede ser mejor que lo que estés dejando. Imagínate todo lo que descubrió después: China, Asia…
“Un niño con hambre no aprende. Yo me acuerdo que eran las 12 y sentía el olor de comida que venía del comedor y le preguntaba a la maestra: '¿Cuánto falta para comer?' Es que no se puede pensar, porque el cerebro se construye en el ambiente”
“Un niño que no está emocionalmente estable, no puede aprender”, has afirmado. Ampliame este concepto.
Por ejemplo, un niño que va a la escuela y está preocupado porque en la casa vino la Policía y se llevó a su hermano o su padre se perdió con su madre o la abuela murió, ese niño no aprende. Un niño con hambre no aprende. A veces pensamos que los niños no están y los niños están, inclusive de bebés y bebés durmiendo ojo; hay estudios de imagen en los cerebros de los niños que han dormido a los bebés y los padres, las figuras que él recuerda, que tiene el sonido grabado de sus padres discutiendo, y quedó demostrado que el cerebro se altera. No pensemos que el niño no escucha, el niño escucha, aún durmiendo ¿vale? Cuando un niño tiene estas experiencias y tiene que ir a la escuela, evidentemente su cabeza está en otra cosa, está preocupado.
Hay una canción de No Te Va Gustar que dice: “Con hambre no se puede pensar”.
Por eso te decía: un niño con hambre tampoco aprende. Yo me acuerdo que eran las 12 y sentía el olor de comida que venía del comedor y le preguntaba a la maestra: “¿Cuánto falta para comer?” Es que no se puede pensar, porque el cerebro se forma en el ambiente, se construye en el ambiente.
¿Cómo se lidia con los niños violentos y agresivos en la escuela?
Primero hay que tener mucha tolerancia, mucha paciencia y buscarle la vuelta. Yo tenía un alumno que se llamaba Raúl, su madre era mi amiga, su madre era prostituta, le decían “La Pelada”, porque la pasaban pelando, pobre, porque tenía piojos. Pero era la Cristina, entonces la Cristina se casó, tuvo de pareja un delincuente, con el cual al principio tuvo dos hijos, dos niñas, pero él quería un niño. Al final nació el niño, le pusieron Raúl como él. Y entonces, ¿qué aprendió este niño? Aprendió muy tempranamente lo que era pegarle a alguien. ¿Sabes qué hacía su padre? Como los gallos de riña que los llevas a pelear, bueno, con un añito o dos añitos, el padre lo hacía pegarse con otro, y él aprendió que, si él no pegaba primero, el padre le pegaba después. Pero si él ganaba alguna pelea, el padre se lo ponía sobre los hombros y lo paseaba por todas las sendas y El Palomar. Y decía: “Miren, aquí tengo al machito, mi hijo, al machito”. Al final ese niño terminó con el apodo del “Machito” y con los años continuó siendo muy violento porque aprendió la violencia. Los niños aprenden lo que viven. Entró a la escuela y me tiraba las sillas, tiraba todo.
¿Qué pensé del “Machito”? Que lo que él quería era jugar. Le traje de mi casa una alfombra con autitos porque los maestros hacen maravillas actualmente. Entonces le traje una alfombra con coches de mi hijo, y él pasaba horas jugando. Él quería jugar, no había jugado nunca. ¿Y qué pasó? Que él se vinculó con la violencia y la forma de vincularse que conocía era la violencia, y por la violencia se vinculaba, hasta que al final mató a un taxista en Aparicio Saravia, entre Burgues y San Martín. Tenía 14 años. Y a los 16 lo matan a él.
¿Y con el bullying, específicamente? Digo, ¿cómo debemos atender a los niños o adolescentes que son víctimas de los acosadores escolares o liceales? Te lo pregunto porque sos una de las autoras del libro académico Educación emocional: de la teoría a la práctica.
Hay que estar formados y hay que activar protocolos. Antes el bullying se daba en la escuela y tú sabías identificar quién era el acosador y quién era la víctima. Hoy por hoy tienes el ciberbullying, la información se maneja rápidamente, el impacto de daño es muy grande. Yo hace 20 años que estoy trabajando en un centro educativo y lo que hacemos es trabajar en grupo. Los docentes de este centro educativo, ¿qué buscamos? Cuáles son las conductas más difíciles que están radicadas entre los adolescentes, las apuntamos, nos reunimos, estandarizamos las preguntas y decimos “el 80% está hablando de qué es el bullying”. Vamos al bullying, buscamos material, activamos un plan de actividades y hablamos con los alumnos. Porque el problema está en el grupo, pero la solución también está en el grupo. Y a partir de ahí comenzamos a trabajar.
En 2017 fuiste elegida Maestra del Año en Cataluña, premio otorgado por la Fundación Jordi Sierra i Fabra. Fuiste nominada dos veces a Mejor Maestra de toda España, recibiste el premio que da la Fundación Gala al Mejor Proyecto de Educación Emocional, y volviste a recibir el premio que antes daba la Radio y Televisión Española. También recibiste el premio a la Mejor Innovación Pedagógica por el Programa Bambú. Y acá en Uruguay recibiste el premio Mujer Brillante que da la organización internacional Redder (Red de Referentes) en la Universidad de Montevideo. ¿Qué significan esas distinciones para vos, y para aquella niña que creció en Los Palomares?
Ha servido para mi reconocimiento en Uruguay, para aquí. Pero, ¿a mí? Si no los hubiera obtenido, podría pasar perfectamente sin haberlos ganado. Pero bueno, está bueno que te validen, que te legitimen, que te reconozcan el trabajo que has hecho. Te están diciendo: “Hay otras escuelas que toman lo tuyo. Tienes un programa de educación emocional que es válido académicamente”.
Me consta que has vuelto a tu barrio, el Borro, para aplicar los programas de educación emocional en los que confiás en las escuelas de contexto crítico. A grandes rasgos, ¿en qué consisten?
Más allá de “confiar”, es la evidencia académica la que nos está demostrando que vamos por buen camino. Primero la educación emocional es una acción educativa, se desarrolla en las escuelas, formamos profesores. Tenemos un programa de actividades, desarrollamos un modelo como un paradigma —nosotros le pusimos “Paradigma Bambú” —, pero hay muchos en el ambiente, eh. Entonces, dentro de ese Paradigma Bambú desarrollamos cinco grandes habilidades. Trabajamos con los niños la conciencia emocional, tomar conciencia que tenemos emociones, la regulación emocional. Una vez que nos damos cuenta que tenemos emociones, regulamos esas emociones, desarrollamos la autoestima, la empatía, trabajamos la autoestima, trabajamos en el relacionamiento con los otros: cómo trabajo en grupo, cómo desarrollo la escucha asertiva, cómo respondo al otro. Y luego, las habilidades para la vida y el bienestar: habilidades sociales y otras. Son cinco habilidades estas cinco habilidades forman la competencia emocional y esta competencia emocional forma parte de las competencias personales de cada ser humano.
Trabajar estas cinco habilidades implica que durante 10 meses trabajo una competencia cada dos meses. ¿Cómo las trabajo? Pues las trabajo de acuerdo a lo que la escuela tiene como recursos humanos, como infraestructura humana. ¿Qué recursos tengo? Trabajo la conciencia emocional en marzo y abril y establezco un programa. Aquí en este libro podéis encontrar actividades para trabajar y nombrar las emociones, adquirir un lenguaje emociona, no ser analfabetos emocionales, sino que se ponen nombre a lo que estoy sintiendo (“estoy contento”, “tengo rabia”, “tengo asco”, “tengo tristeza porque se me murió mi gatito”), hay que reconocer las emociones que tenemos para no encontrarnos con personas que en la vida no sepan nombrar lo que están sintiendo.
Una persona que reconozca sus estados emocionales es una persona que puede llegar a ser feliz. Quien no conoce, quien no regula sus estados emocionales, quien no los reconoce, difícilmente sea feliz en esta vida.
“Más allá de 'confiar' en mi programa, el Paradigma Bambú, es la evidencia académica la que nos está demostrando que vamos por buen camino. Primero la educación emocional es una acción educativa, se desarrolla en las escuelas, formamos profesores”
En 2021 volviste a Uruguay para avanzar en un anteproyecto de ley que buscaba promover la educación emocional. ¿En qué quedó eso?
En la anterior administración el anteproyecto de ley pasó a proyecto de ley, el proyecto fue llevado adelante por la senadora (del Partido Colorado) Carmen Sanguinetti y obtuvo media sanción por la Cámara de Senadores. Luego el proyecto hace el camino que requiere la ley, tenía que pasar a Cámara de Diputados y quedó archivado en Cámara de Diputados debido a que no hubo tiempo en la legislación anterior para aprobarlo.
¿No se puedo reflotar en esta administración?
Nosotros destrabamos el proyecto, lo desarchivamos, pero no tenemos ningún senador ni ningún diputado que se haga eco de ese proyecto que fue aprobado en la anterior administración por el Codicen y por la Cámara de Senadores. Ahora no creo que haya voluntad política de poder aprobarlo.
Y en caso de aprobarse en algún momento, ¿en qué consiste?
Son cinco artículos que entran dentro de la Ley General de Educación. Cuatro de los artículos tienen una modificación inocua a la ley. ¿Qué quiero decir con inocua? Que ponen al costado de la palabra “educación” la palabra “emocional” y el último artículo, que es el artículo 5, habla de la creación de una comisión multidisciplinaria con ANEP al mando, y que generaría esa comisión con los recursos que tiene ANEP, con las personas que ANEP considera adecuadas, ¿para qué? Para desarrollar programas capacitar a la gente, desarrollar evaluaciones, materiales, etcétera. Es un proyecto que le da a la potestad a ANEP de que pueda generar todas las formaciones, pero que existan. ¿Y por qué la ley? Porque la ley es una garantía ante los cambios de color del gobierno.
Recién decías que una persona que no conozca sus estados emocionales difícilmente pueda ser feliz. Ahora, reconocer sus sentimientos es apenas el punto de partida, no es sinónimo de felicidad... Y aquellos docentes que no están debidamente formados en educación emocional, ¿a qué están condenados?
Yo creo que cada ser humano al final da lo que tiene, educa como fue educado, con los recursos que fue educado. Un profesor de liceo que ve violencia en el liceo se está dando cuenta que los alumnos se organizan entre ellos pero que él está aislado, está solo delante de estos alumnos. ¿Y qué hace? O reprime o se enfada o expulsa a los alumnos… Busca la manera de como él fue educado, lo traslada, y a veces hacemos lo que podemos con lo que tenemos y con los recursos que tenemos. Lo importante es que, a nivel académico, a nivel mundial, hay una manera de darle herramientas a los profesores y dotarlos de recursos para poder trabajar la violencia en las aulas.
¿Y tú sos feliz?
Ay sí, ay sí. Pero, ¿sabés qué pasa? También depende de la posición en la que te encuentres tú. Hay un psicólogo, William James, que decía: “Eres tú, con tu forma de mirarte cuando te caes, el que determina si te has caído en un pozo o en un bache. ¿Qué te vas a decir a ti cuando has caído? ¿“Fracasado” o “fracasada”? ¿O vas a decir: “¿Qué tengo que aprender de lo que acabo de vivir”?” Entonces, depende de cómo te posiciones en la vida. O lo ves como una dificultad o lo ves como una oportunidad de aprendizaje, teniendo en cuenta que no todos vemos lo mismo. Si yo aquí dibujo un 6, ¿qué estás viendo tú? Un 9. Pero yo veo el 6, y los dos estamos en el mismo nivel. Yo tengo que respetar lo que tú ves y tú tienes que respetar lo que yo estoy viendo, porque te estoy hablando desde lo que cargo detrás y yo tengo que respetarte a ti desde lo que tú cargas detrás.
Por César Bianchi
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