Chloe tiene 31 años y vive en la localidad inglesa de Gravesend, al este de Londres.
Nueve años atrás vivía en la misma ciudad, pero en otra casa: un loft que ocupaba todo el último piso de un edificio recién construido.
No era precisamente uno de los antiguos palacios y caserones británicos que suelen abrigar historias de fantasmas. Sin embargo, a poco de instalarse allí la mujer comenzó a vivir experiencias “sobrenaturales”.
La semana pasada, Chloe narró su experiencia en una entrevista a la emisora local LBC, y se convirtió de inmediato en un éxito viral.
La mujer refirió que en el cielorraso de su apartamento había una trampilla que comunicaba con un ático. Su hija, que entonces tenía dos años, notó que la portezuela siempre estaba abierta. “Me pareció extraño, pero no le di importancia”, dijo al citado medio.
Esa misma noche, mientras veía la televisión, tuvo una sensación extraña. “Hay alguien ahí, me están mirando”, fue lo que sintió.
Chloe contó que llamó a una amiga que vivía en el piso de abajo, quien le aseguró que no había nadie en su altillo. Pero, más tarde, esa misma noche, cuando Chloe no podía dormir, oyó pasos que venían del desván.
Preocupada, llamó a todos los vecinos, pero nadie la tomó en serio: todos le decían que no había ninguna “presencia extraña” y que los sonidos se generaban en su propia cabeza.
“Nadie me creyó, pero no los culpo”, dijo Chloe, quien agregó un detalle relevante: en aquella época estaba bajo la atención de los servicios de salud mental y lidiaba con problemas como la ansiedad y el trastorno de estrés postraumático. Además, padecía una afección que le hacía oír “ruido ambiente” de sitios muy específicos, como piscinas o bares, aunque no estuviera ni cerca de ese tipo de lugares.
Tras días de insistencia de la joven acerca de los sonidos en su altillo, los vecinos formaron una alianza para ayudarla con su problema.
“Llegó un punto en que pensaron que estaba alucinando o teniendo un episodio psicótico. Me sentaron y me dijeron que necesitaba ver a un médico”, contó la joven. “Y yo empecé a pensar que quizás no era cierto lo que oía, y que tenían razón con lo del médico”, añadió.
“Cuando fui a ver al doctor, le dije: ‘Creo que hay alguien en el ático y que hay gente entrando y saliendo de mi casa’. De verdad lo creía”, dijo a la emisora.
Posteriormente, a Chloe le recetaron quetiapina, un fármaco antipsicótico que se utiliza para tratar afecciones de salud mental como la esquizofrenia, el trastorno bipolar y los trastornos depresivos mayores.
El edificio donde ocurrieron los hechos
El medicamento le generó una gran apatía y somnolencia, al punto de que casi le hace perder su empleo. Sin embargo, dos meses después de iniciado el tratamiento, llegó la revelación: los ruidos y voces obtuvieron un rostro.
Ese día, la trampilla del ático estaba cerrada cuando un hombre abrió el pestillo “descaradamente” delante de sus narices. “Me estaba mirando fijamente y bajé corriendo las escaleras hacia donde estaba mi amiga, gritando y pidiendo ayuda”, relató.
Si bien su amiga y otros vecinos trataron de calmarla con los argumentos de siempre, ella no les hizo caso y llamó a la policía. “Ya había tenido suficiente, lo había visto. Estaba tomando antipsicóticos y lo veía”, narró.
La mujer dijo que, al contrario de la gente de su edificio, la policía jamás puso en cuestión su denuncia. Poco más tarde, los agentes entraron al altillo y sacaron a un sujeto esposado.
En ese momento, el caso dio una vuelta de tuerca que lo hizo parecerse al argumento del clásico filme Luz de gas, de 1940, en la que un hombre manipula a su esposa para que crea que se está volviendo loca.
Se supo que el intruso era en verdad un hombre desempleado, amigo de uno de los vecinos de Chloe. Este vecino siempre supo la verdad, e incluso le alcanzaba comida y ropa limpia al ocupante ilegal. A sabiendas de que la mujer estaba en tratamiento psicológico y “oía cosas”, fue de los primeros y más firmes defensores de la postura de que el problema era la imaginación de la inquilina.
Chloe en la actualidad y en su nueva casa
Chloe, que entonces era muy joven y era madre soltera, contó que su amiga y los vecinos no involucrados se disculparon con ella. También dijo que ahora, nueve años después, se ríen de lo ocurrido, pero que en su momento fue muy traumático. De hecho, su primera decisión fue mudarse a otro edificio.
Por su parte, la empresa responsable del “loft embrujado” explicó que procedió a “asegurar el sector del ático” y que no volvieron a reportarse incidentes.
Las intrusiones como la que sufrió Chloe no son tan raras como podría creerse. De hecho, en inglés existe el término “phrogging”, que define el acto de vivir en secreto en la casa de otra persona sin su conocimiento ni permiso.
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